20100826072025-hongo-crter.jpg

Las explosiones nucleares producen muy diversos tipos de efectos todos ellos tremendamente destructivos en todos los aspectos. Se distinguen en dos categorías. Efectos inmediatos o primarios y efectos retardados o secundarios. Entre los inmediatos estarían la onda expansiva, el pulso de calor, la radiación ionizante y el pulso electromagnético (EMP). En el grupo de los retardados estarían los efectos sobre el clima, el medio ambiente así como el daño generalizado a infraestructuras básicas para el sustento humano.

A pesar de la espectacularidad de los primeros son los daños secundarios los que ocasionarían el grueso de las muertes tras un ataque nuclear.

Pero los daños no solo deben medirse por separado ya que en muchos casos actúan efectos sinérgicos es decir, que un daño potencia el otro.

Por ejemplo, la radiación disminuye las defensas del organismo y, a su vez, agudiza la posibilidad de infección de las heridas causadas por la explosión aumentando así la mortalidad.

Es precisamente esa multitud de efectos y sinergias lo que hace de las armas nucleares el arma más destructiva que existe.

La emisión inicial de energía se produce en un 80% o más en forma de rayos gamma pero éstos son rápidamente absorbidos y dispersados en su mayoría por el aire en poco más de un microsegundo convirtiendo la radiación gamma en radiación térmica (pulso térmico) y energía cinética (onda de choque) que son en realidad los dos efectos dominantes en los momentos iniciales de la explosión.

El resto de la energía se libera en forma de radiación retardada (lluvia radiactiva) y no siempre se suele contar a la hora de medir el rendimiento de la explosión.

Las explosiones a gran altitud producen un mayor flujo de radiación extrema debido a la menor densidad del aire (los fotones encuentran menos oposición) y, consiguientemente se genera una menor onda expansiva.

Durante tiempo antes de la invención de la bomba algunos científicos creyeron que su detonación en superficie podría provocar la ignición de la atmósfera terrestre generándose una reacción en cadena global en la que los átomos de nitrógeno se unirían para formar carbono y oxígeno.

Este hecho pronto se demostró imposible ya que las densidades necesarias para que se produzcan dichas reacciones han de ser mucho más elevadas que las atmosféricas y si bien es posible que haya reacciones adicionales de fusión en el corazón de la explosión estas no aportan energía suficiente para amplificar y propagar la reacción nuclear al resto de la atmósfera y la producción de elementos pesados cesa enseguida. A pesar de todo esta idea persiste en la actualidad como un rumor malentendido entre mucha gente.

Explosiones nucleares hasta la fecha

  • 2 bombas atómicas han sido detonadas en estado de guerra.
  • Se han realizado alrededor de 2.000 pruebas nucleares.
  • 27 de las cuales han sido realizadas para construcción.

 Habitante de Hiroshima

 Energía desarrollada por los diferentes efectos Onda de choque: 40- 60%

  • Radiación térmica: 30-50%
  • Radiación ionizante: 5%
  • Radiación residual: 5-10%

Cráter producido por una detonación nuclear mide 100 metros de profundidad y 390 metros de ancho con un total de 12 millones de toneladas de tierra desplazadas

En un artefacto nuclear todas las reacciones de fisión nuclear y fusión nuclear se completan estando la bomba aún intacta. En una bomba típica de unos 20 Mt se alcanza una temperatura en su interior de unos 300 millones de ºC. Téngase en cuenta que el centro del Sol tan solo alcanza los 20 millones de grados. Para encontrar temperaturas de ese orden hay que ir a los núcleos de las gigantes rojas de helio. La temperatura alcanzada en cuestión de nanosegundos es enorme, pero ni siquiera esto representa el grueso de la energía de la bomba. La mayor parte de esta energía se libera en forma de radiación.

Conviene destacar que existen considerables diferencias entre el rango y la calidad de los efectos si la bomba es detonada a ras de suelo (groundburst) o a una cierta altitud sobre el objetivo (airburst).

La Zona Cero

Esta es la zona situada en la vertical de donde se produce la explosión (epicentro) y sus cercanías. Aquí la mortalidad alcanza el 100% y todos los efectos se reciben simultáneamente sin desfase alguno.

El efecto conjunto es tan brutal que no puede quedar nada en pie. Se la conoce también como área de devastación o aniquilación total. De hecho, lo único que puede quedar tras la explosión en ese lugar es un enorme cráter. La zona cero solo está presente para explosiones a muy baja altitud a o a ras de suelo. Para la bomba que nos ocupa el resultado es un cráter de 3km de diámetro y 60 metros de profundidad, la altura de un edificio de 20 plantas.

A continuación se describen los principales efectos ordenados por el tiempo con que alcanzan un objetivo situado a cierta distancia de la zona cero yendo de menor a mayor.

La letra C designa la velocidad de la luz, 299.792 km/s

Radiación ionizante

Mecanismo de propagación: radiación electromagnética y corpuscular emitida directamente por la explosión.

Velocidad: c y próxima a c respectivamente.

Aproximadamente el 80% de la energía generada por las reacciones nucleares se emite en forma de radiaciones penetrantes de alta frecuencia extremas y peligrosas para el cuerpo, impacten donde impacten.

Se trata de la radiación ionizante. Esta se constituye de radiación corpuscular (rayos alfa y beta) y de radiación electromagnética (rayos gamma). Éstos últimos son los realmente peligrosos debido a su gran alcance y poder de penetración. Su velocidad es la de la luz por lo que sus efectos se perciben simultáneamente al flash luminoso.

A pesar de eso su alcance no es demasiado alto debido a la fuerte interacción de dicha radiación con la materia lo que hace que pierda intensidad rápidamente con la distancia. De hecho es esa interacción la que confiere la letalidad dicha radiación.

Conviene no confundir esta radiación con la radiactividad remanente tras la explosión. El pulso de radiación empieza y acaba con la explosión y es, por supuesto, mucho más letal e intenso que la radiación posterior.

Para una bomba de un megatón la radiación mataría a todo ser vivo situado en 15 km a la redonda. Sin embargo, en el caso de la bomba mayor, como en el ejemplo propuesto de 20 Mt, los daños producidos por dicha radiación no son importantes.

Esto es porque su rango de efecto es menor que el del choque térmocinético, lo que vulgarmente se conoce como la bola de fuego de la explosión que se detalla más adelante. En el caso de artefactos más pequeños como los que estallaron en las ciudades japonesas sus daños sí son considerables. Aquí su radio de efecto es mayor que el de la bola de fuego y pueden producir lesiones graves en los organismos vivos que sobrevivan a todos los demás daños.

Éste es el motivo de que muchos japoneses supervivientes de las explosiones murieran a las pocas semanas del ataque. Los primeros síntomas son sed intensa, náuseas, fiebre y manchas en la piel producidas por hemorragias subcutáneas. Estos síntomas parecen remitir pocas horas después. El paciente entra en un periodo de latencia durante el cual las defensas (glóbulos blancos) y la capacidad regeneradora del individuo menguan considerablemente dejándolo más expuesto a enfermedades e infecciones.

Una o dos semanas más tarde se entra en la fase aguda: diarreas, pérdida de cabello y hemorragias intestinales. Durante estas semanas la víctima puede morir o recuperarse.