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Por Mercedes Rodríguez García

A medida que las tecnologías de la información y las comunicaciones se hacen más accesibles, se generaliza su uso en la sociedad. En consecuencia —según la nota que acabo de leer— toda la población se convierte en «nativos digitales», independientemente de la edad.

Pero habría que acuñar otra terminología: «analfabetos digitales», pues se tiene acceso a mucha más información pero no se explota adecuadamente. Y no hablemos de la «falsedad» que circula por la red y en la que caen indefectiblemente toda clase de personas que se fían de cualquier «cosa» que se publica en internet y que permanece ahí por los siglos de los siglos, amén.

Cuando yo estudiaba la enseñanza media o la universitaria no existía la red de redes. Repasaba con el libro de texto. La carrera la hice consultando los apuntes de clase, las guías de los profesores  o las páginas mecanografiadas que nos dejaba otro compañero.

No podemos dar marcha atrás. Todo según los tiempos, sin extrapolar ni imponer situaciones. A cada uno lo suyo, lo que nos tocó a cada cual.

Eso sí, la expresión «nativo digital», lanzada en 2004 por Marc Prensky, se refiere a las nuevas generaciones, personas hablantes del lenguaje digital por haber nacido y crecido en un entorno tecnológico, que se caracterizan por la rápida adopción de las nuevas tecnologías, el interés por recibir información de forma rápida y el uso de las tecnologías colaborativas.

En la actualidad, aunque las estadísticas muestran cómo la penetración de Internet es mayor entre la población más joven, segmentos como el comprendido entre los 34 y 44 años no presentan variaciones muy notables respecto a otros grupos más jóvenes.

En este sentido, un ejemplo llamativo es el de las redes sociales. Según Royal Pingdom, la edad media del usuario de redes sociales es de 37 años. Específicamente, en el caso de la red social Linkedin es de 44 años; en Twitter, de 39 años; en Facebook, 38 años; y en MySpace, 31 años. Destaca, además, que en todas las redes sociales el 25% de los usuarios tiene entre 35 y 44 años, el 19% entre 45 y 55 años, y el 18% entre 25 y 34 años.

En el campo de los dispositivos también se pueden encontrar otros ejemplos de adopción por grupos de edad que no se encuentran entre los «nativos digitales».

El lector de libros electrónicos Kindle de Amazon es usado mayoritariamente por personas de más de 50 años. En cuanto al iPad de Apple, la edad media de las personas interesadas por él se sitúa en los 34 años.

Me parece válido el término utilizado por Prensky. Los jóvenes de esta era crecen y se desarrollan con la tecnología. La tecnología forma parte de la vida cotidiana de la llamada Generación Net. Ellos la utilizan como medio de comunicación, ocio, búsqueda de información y medio social.

Creo, finalmente, que el tema esencial no debería ser si los jóvenes deberían considerarse como «Nativos Digitales» y los adultos como «Inmigrantes Digitales». Roberto González Quesada, el Decano de la prensa en Villa Clara, murió de 85 años y aprendio a «navegar» a los 80. Y nadie, nunca, se anotó el mejor comentario internacional. Tenía escuela, le corría tinta por la sangre, y se "adaptó" al mundo de las NTIC.

Mejor, sin marca de edades,  hablemos de: «Competentes Digitales».

Estudios realizados en EE.UU. y Europa demuestran que los adultos de 30-45 años utilizan las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) como recursos para convertir la información en saber; en conocimientos. Mientras, los niños y jóvenes la utilizan más para socializar en redes como Facebook, jugar en la Web, buscar (consumir) información y comunicarse.

Cuando se les pide que redacten ensayos, editoriales, artículos en blogs y otros recursos de la Web, puede notarse claramente altas deficiencias de redacción: gramática, sintaxis, semántica y ortografía. En muchas ocasiones, sus presentaciones en PowerPoint se sobrecargan de textos e imágenes.

Sus destrezas de expresión oral están limitadas a lo que extraen del libro de texto y escriben en los «slides» creados. El hábito de buscar información más allá de lo que el profesor provee en la sala de clases es casi nulo.

La capacidad para evaluar y filtrar la información que acceden de la Web es deficiente. La competencia de saber cuestionar lo que dicen los autores en sus escritos es nula, así como la destreza de ir más allá de lo conocido, lo caótico, lo evolutivo, desordenado e impredecible.

Sin embargo, la mayoría de las personas adultas, consideradas «Inmigrantes» somos los que mejor uso le damos a los recursos tecnológicos desde la dimensión: social, personal, profesional y cultural.

Lo importante no es sólo saber manejar la tecnología, sino saberla utilizar para resolver problemas, pronosticar fenómenos complejos, manejar conflictos, tolerar la diversidad de opiniones, compartir el conocimiento, agilizar procesos y convertir los datos en información y en conocimientos.

No resulta cuestión de convergencia, sino de «transvergencia». O sea,  la capacidad de integrar efectivamente el conocimiento proveniente de diversas disciplinas de estudio.

Y bien puedo estar equivocada.