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La Copa del Mundo me devuelve íntegra a mi primera familia. España contra el mundo, nuestra tierra contra todas las tierras. Evoco mi primer Mundial en blanco y negro, con mi padre al alcance de mis brazos y mis besos. Luego vino el color, pero él ya no estaba. Evoco a mi madre preparando meriendas para muchos. Evoco gritos, pullas y... ¡chuta ya! Evoco que nunca tuvimos suerte, que alguna trampa del destino nos dejaba fuera antes de tiempo. Y evoco que la culpa era de todos menos del comentarista. Evoco nuestra casa, llena de amigos siempre y cuando España pasara a la siguiente ronda. Más allá de los octavos o los cuartos, no quedábamos más que mamá, los cuatro hermanos y algún noviete o novieta poco interesados en la pantalla y en la pelota.

No eran jugadores de fútbol los modelos a seguir. Evoco a papá: "Somos un puñado de buenas intenciones, no un equipo. Lo nuestro son los toros". Frase repetida por mi marido hasta hace cinco años, a la que agregaba: "Tienen que aprender a jugar como Xavi Hernández". Hemos aprendido a jugar como Xavi, mirando al compañero, al rival y al balón a un tiempo y hoy España juega el fútbol más grato de ver.

El mundo entero lo dice. Eso no basta en fútbol, lo sé. Pero, si aun así nos eliminaran, la culpa será de todos menos del comentarista, Blanca Oteyza.

(Fuente: http://www.elpais.com.ar)