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(A propósito del comentario publicado en Rebelión el día 27 de mayo, con el título «Trangénicos: ¿La herencia de Prometeo?» y la polémica que se desencadenó a partir de la información aparecida en JR «Promueven maíz transgénico en Sancti Spíritus.» En la misma página de Rebelión constan otras opiniones sobre el tema, incluyendo la del funcionario que le negó información al colega Miguel Angel Valdés Lizano, quien fuera mi alumno de Periodismo en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas)

«Transgénicos. ¿Qué se gana? ¿Qué se pierde? Textos para un debate en Cuba», constituye una de las joyas presentadas este año por Publicaciones Acuario, del Centro Félix Varela. En el caso de la tecnología de los transgénicos en Cuba, el debate no empieza en los laboratorios y termina allí. Empieza en la sociedad y termina en la sociedad.

Los alimentos transgénicos

Son los que se obtienen a partir de la modificación del material genético de plantas y animales. Para ello se identifica a los genes responsables de los caracteres deseables de un individuo y se los transportan a otro mediante técnicas de ingeniería genética. El resultado es un Organismo Genéticamente Modificado (OGM), semejante a su antecesor, pero con información genética adicional.

Por su parte, la estructura capitular del texto recoge artículos de autores cubanos y extranjeros sobre los riesgos de los cultivos de este tipo, la sostenibilidad del maíz transgénico cubano FR-Bt1, obtenido en los laboratorios del Centro de Ingienería Genética y Biotecnólógica (CIGB), la bioseguridad de los (OGM) y por qué desarrollar estos cultivos en Cuba, entre otros.

Los compiladores Fernando R. Funes y Eduardo F. Freyre proponen un debate en todas las esferas del país sobre la utilización de transgénicos, pero el texto solo aborda la perspectiva negativa del asunto. (Ver infografía: Beneficios de los transgénicos)

Funes, agrónomo y agroécologo, aseguró que es un privilegio compartir el libro con un grupo excepcional de autores. «Es una obra de gran potencial polémico. El tema de los transgénicos ha suscitado numerosas dudas y cuestionamientos dentro del campo de la bioética, la ecología y el desarrollo social, en el mundo entero».

El maíz transgénico cubano FR BT1 presenta dos modificaciones genéticas: una que lo hace resistente a los herbicidas; y otra que lo hace resistente a la palomilla del maíz, principal plaga del cultivo en Cuba. En 2008 fueron sembradas en el país 6 mil hectáreas con las semillas modificadas por el CIGB.

Una de las grandes preocupaciones de los investigadores cubanos en el texto es que solo diez compañías controlan el 67 por ciento de mercado de semillas en el mundo, afectando así la soberanía alimentaria de varias naciones.

Una realidad que es parte de la vida

«La irrupción de los transgénicos en Cuba pone sobre la mesa una realidad que no quisiéramos aceptar pero es parte de la vida. Con la intención de crear un debate abierto a la sociedad decidimos esta obra. Ponemos en las manos de los lectores cubanos estas ideas y concepciones que muchas personas han elaborado con grandes competencias profesionales y agudeza en el análisis científico», dijo Funes.

Los compiladores, sin embargo, no informaron que los alimentos transgénicos pueden contener mayores características nutricionales que las que tienen las especies naturales. Los cultivos se vuelven más resistentes a las adversidades (plagas, sequías, etc.), asegurando la cantidad de alimentos producidos.

Al lograr cultivos resistentes, se reducen los laboreos de la tierra evitando su desgaste, como también se disminuye o anula el uso de pesticidas. Y mediante estas modificaciones genéticas se puede aumentar la duración de la vida útil del alimento.

Diferencia con las transnacionales

Por su parte, el Doctor Carlos Borroto, Vicedirector del CIGB asegura que para promover el debate, el texto debe analizar ambas posiciones. «El libro tiene una cantidad de alertas válidas pero en Cuba se hace de una manera completamente diferente a las trasnacionales. Hay muchas afirmaciones que no se ajustan a la realidad».

«Hicimos un debate en la Academia de Ciencias, otro en el Instituto de Ciencias Agrícolas, pero los artículos no incluyen otros criterios: no hay un texto de las ventajas. Hay que decir los riesgos, las ventajas y después las soluciones.»

Finalmente, uno de los autores recogidos en el libro, Carlos Delgado, profesor de la Facultad de Filosofía y Historia de la Universidad de la Habana, dijo que la necesidad del debate en Cuba es extraordinaria.

«Gracias a su realidad sociopolítica, las posibilidades que el país ofrece son magníficas pero estamos ante un problema en el que la Ciencia no tiene base de solución: el problema del conocimiento no manejable al que se enfrenta la Ciencia a partir del Siglo XX a través de la Física Nuclear, y después de los años 50 entra dentro de ese conocimiento la Química y la Biología; es decir, conocimiento riesgoso.»

Cada vez más, la Ciencia deja de ser observadora para ser creadora, productora. «Trabajar en las bases materiales de la vida profunda, intensa y extensamente para obtener conocimientos de calidad. Debemos tomar decisiones y asumir riesgos pero quién: la sociedad. No es una polémica entre pares, los científicos solo representamos fragmentos académicos de la sociedad.»

En el caso de la tecnología de los transgénicos en Cuba, el debate no empieza en los laboratorios y termina allí. Empieza en la sociedad y termina en la sociedad.

Fuente: Maité López Pino/ Cubahora