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Cuando los pies no pueden; cuando los sonidos no llegan o la voz no sale; cuando los ojos no ven, la voluntad hace capaz a quienes físicamente se encuentran limitados, y hay que contar con ellos.

Por Mercedes Rodríguez García

 

LA SEÑA DEL CAMPEÓN

 

Bien me escucha cuando le pregunto su nombre, pero no puede responderme. La voz quedó trasquilada en el quirófano. Saca un bolígrafo y en un pequeño bloc de notas escribe, Isidro Pérez. Y debajo, con letra más grande, fuerte y sinuosa, detalla «bombero». ¿Bombero? ¡Ah, bombero! Dudo y me asombro. Mientras afirma con la cabeza, el exlanzador del equipo Cuba en los 70 hace detonar entre los labios negros una incompleta sonrisa blanca, como diciéndome: «El tiempo me ha tumbado algunos dientes pero no la vergüenza. Por eso estoy aquí.» Y comienza el desfile. Pienso que el «apagafuegos» va a levantarse con las notas del Himno Nacional. No, tampoco le resulta posible. La sangre atascada en el cerebro le enervó hace tiempo las piernas. Entonces... ¿Se alista? ¡Claro! Por eso trinca las muletas entre los brazos de la silla, baja ambas extremidades superiores y apuntala sus grandes y rugosas manos a los aros externos de las ruedas. ¿Esperando la seña? «La del campeón. Ya hace rato que me la dio Fidel.» No. No lo escribió. Lo vi en sus ojos. Diminutos cuerpos prismáticos que me permitieron ver mi Isla como un arcoiris.

 

DIFERENCIA MARATÓNICA

 

Me le identifico y sonríe. Mi nombre no le dice nada. ¿Nada? «Pero tú voz me es conocida.» ¿Cansada? «No.» ¿Calor? «No». La mañana está fresca. «Muy linda, y ¡como vino gente!» Milagros Montegudo guarda silencio por breves minutos. Mantiene baja la cabeza e imagino que la afianza en las zapatillas deportivas blancas y azules recién estrenadas. ¿Por qué sabes que vino mucha gente al desfile, Milagros? «Porque los ciegos vemos de cierta manera.» Yo diría que más que mucha gente que no quiere ver. «Anjá» ¿Trabajas? «Hago sobres, pico papelitos en una maquinita...» Ya está al salir el bloque y aún no sé mucho sobre Milagros. No usa espejuelos oscuros. No le molesta la luz, la lleva dentro. Su rostro luce fresco y juvenil. Se lo digo y solamente asienta con la cabeza. ¿Cansada? « ¿De qué?» De caminar, claro. «Bueno, sí, ahora estoy lesionada.» ¿Lesionada? «En La Habana, entrenando. Ya me retiré» ¡Ah, te retiraste! Milagros cambia de manos el bastón y con la que ha dejado libre me atrae hacia sí, como si fuera a contarme un secreto: «Me duele un poco el pie, pero como cualquier cubana tengo que cumplir con mi deber.» No debiste venir, la tirada es larga. «No creo en distancias ni en tiempos.» ¿No? «No, cuando pude corrí de todo: 400, 800, mil 500 metros, tengo seis medallas en atletismo: cuatro de oro y dos de plata.» Pero hoy es distinto, no es lo mismo, digo yo, ¿verdad? «La única diferencia es que hoy, Primero de Mayo, el maratón es colectivo y los competidores somos muchos...»

 

EN NOMBRE DE LA GLORIA

 

Todo lo que Deysi Blanco sabe lo aprendió desde el mismo momento del primer llanto, por lo que la vida para ella resulta sonidos y sensaciones. Así conoció a su esposo y así parió a su hijo, ya un hombre convertido en maestro. «Este año vino más gente que el pasado, ¿verdad?» Sí creo, que sí. «Y está mejor organizado el desfile...» Sí, va a llevar menos tiempo. «Me gusta, mucho el colorido de las banderas.» También carteles y algunos globos. «Se ven muy lindas las pañoletas anaranjadas del bloque de la FMC» Me gusta mucho ese color, es el del equipo Villa Clara. «Por eso me puse la gorra, aunque no hace sol.» ¿Su esposo es el que la guía? «Sí, desde hace muchos años.» ¿Cómo se llama? «Alejandro» Me gusta mucho ese nombre. «A mi él» Alejandro, qué es lo que más te gusta de Deysi? «Sus sentimientos» ¿Siempre juntos para arriba y para abajo? « ¡Siempre!» Y de la Revolución, Deysi, ¿qué es lo que más le gusta? «Todo, porque nos lo ha dado todo a cambio de nada.» Sí, pero algo en particular... «Todo las escuelas, las obras sociales...» ¿Y Fidel? «Bueno, yo no sé como hay que gente que no ve las cosas grandiosas de este país, porque lo más colosal que tiene Cuba se llama Fidel. ¡Fidel es mi gloria!»