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Las tensas relaciones entre los trabajadores jóvenes y los veteranos es una de las grandes preocupaciones de los directivos actuales. El conflicto de las plantillas multigeneracionales constituye el tema que Terrence Gargiulo, escritor, consultor de desarrollo organizativo y mediador en procesos de grupo, aborda en coautoría con Robert W. Wendover, en el libro «El cielo abierto».

Según Gargiulo las tensiones generacionales en el trabajo van por ciclos. Y cita dos factores capitales que los afectan: la tecnología y la diversidad.

La tecnología, dice: «Está cambiando constantemente y el ritmo de estos cambios puede ser insoportable para algunos. Cuando las organizaciones se centran en aprovechar las nuevas tecnologías, con el fin de alcanzar nuevos niveles competitivos, vemos un incremento en las tensiones generacionales.»

Aunque generalizar no resulta de su agrado, afirma que las generaciones jóvenes «están menos amenazadas por la tecnología», porque la ven como una herramienta y no como una imposición. Las viejas generaciones, sin embargo, «la ven como una obligación.»

Entre los argumentos refiere que las viejas generaciones han vivido con menos diversidad en las organizaciones que las jóvenes. «Pero hay una suposición por parte de las jóvenes generaciones de que cada uno entiende y respeta diferencias de todo tipo.»

Para Gargiulo estas últimas han estado acostumbradas a ver el mundo como un lugar pequeño, lleno de gente muy diferente.

La parte positiva de esto según él, radica en que las nuevas generaciones son muy abiertas, en cuanto a respetar y aceptar la diversidad en sus variadas formas. «Irónicamente, sin embargo, puede ser difícil para estas darse cuenta de que las viejas no han tenido las mismas oportunidades, lo que puede causar la irritación, la frustración y, últimamente, la tensión entre unas y otras.»

Cabría preguntarse: ¿Quién desconfía más de quién en el trabajo, el viejo del joven o el joven del viejo? «La confianza en el trabajo -expresa-tiene más que ver con la cultura organizativa que con aspectos generacionales.»

Y añade: «La cuestión de la edad en torno a la confianza es opaca, en comparación con las barreras que las empresas establecen que hacen perder la confianza en el lugar de trabajo. Cuando el respeto y la sinceridad se fomentan, los temas entre las generaciones son fácilmente administrados. Incrementar la confianza en la organización ayuda inmediatamente a mejorar los retos generacionales.»

Pero conciliar a los trabajadores jóvenes con los veteranos no resulta coser y cantar.

«Necesitamos crear más tiempo y más espacios para que la gente se comunique. Es bueno que compartan sus experiencias de un modo estructurado. La gente desarrolla obligaciones duraderas cuando escucha las experiencias de otras personas», explica en su libro.

«En vez de ver al otro como un extraño que infunde sentimientos de miedo, lo vemos con nuevos ojos, con la mente abierta y el corazón receptivo.» Así que no vendría mal un poco de atención y reflexión para acercar a unos y a otros. Las empresas y directivos que cumplan estos cambios serán las ganadoras del mañana, advierte.

Lo contrario: si sus responsables no logran dar una solución cuando sus miembros tienen distintos puntos de vista, puede acarrear grandes dificultades.

Cuando se alcanza el punto en que un jefe tiene que intervenir en una pelea entre trabajadores es, a menudo, demasiado tarde. Las diferentes opiniones significan diversidad y desarrollo. La clave radica en cómo llevar los conflictos. Corresponde a los directivos crear un ambiente donde los distintos puntos de vista sean fomentados y donde a la gente se le dé las herramientas y ayuda para oír a cada persona y negociar sus diferencias con respeto, sinceridad.

Rodearse de gente con experiencia resulta una fuente vital de conocimiento. Tomar buenas decisiones en el presente depende de las lecciones aprendidas de nuestras rutinas pasadas, algo que no acaban de aprender muchos directivos.

Si transformando las prácticas en sabiduría, entonces podremos ser capaces de ver modelos y anticipar tendencias con muy pocos datos.

Coincido con Terrence Gargiulo cuando asevera que los trabajadores experimentados llegan a ser barómetros para las toma de decisiones. «Ellos -escribe- pueden constituir «la solución que se intentó en el pasado pero que finalmente no funcionó.»