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Regresaba yo de La Habana a Villa Clara, cuando escuché en la radio del ómnibus la noticia de la muerte de Celia Sánchez Manduley. El suceso provocó un extraño murmullo colectivo. El próximo 11 de enero, se cumplirán 30 años. Imposible pasar por alto a «la flor más autóctona de la Revolución», como la calificara Armando Hart Dávalos. En la foto que acompaño, puede observarse a Celia entre Mariposas, la flor nacional cubana con la cual se le identifica. Como prueba de mi admiración por ella, unos instantes de contemplación frente al enorme lienzo, en el pasillo central de la Escuela de Trabajadores Sociales que lleva su nombre, en Santa Clara.

Celia organizó la ayuda a los expedicionarios del yate Granma, fue la primera mujer que se incorpora al Ejército Rebelde y por consiguiente a la lucha en la Sierra Maestra, trabajó 23 años junto al Fidel, y sobresalió por la modestia, la firmeza y el humanismo.

En su natal Media Luna, municipio de la provincia Granma, en el oriente de Cuba, pioneros, estudiantes, obreros y campesinos rinden desde ya tributo a Celia. En los más diversos sitios de Cuba también recibe honores, se inauguran exposiciones de artes plásticas y organizan coloquios sobre su vida y obra.