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Tras la noticia de la desaparición del comandante Cienfuegos, el Club de Pesca y Exploración Submarina de Cienfuegos recibió la orientación de cooperar con las fuerzas armadas. Así, varios buzos de la localidad se ofrecieron para cumplir la misión. Entre ellos figuraba Leopoldo Álvarez García, alias Polín, quien recuerda aquellos días de intenso y ansioso rastreo.

«Era muy grande el deseo de no encontrar nada, para poder seguir alimentando la esperanza de que estaba vivo y podía aparecer en algún cayo», refiere Leopoldo a Laura Brunet Portela, estudiante de Periodismo en la Universidad Central, autora de la entrevista que publica el diario digital

5 de Septiembre, y que puede consultar para más detalles.

EL TESTIMONIO

«Se conformaron brigadas de reconocimiento. Nosotros llevábamos rastras, o sea, una pareja de barcos remolcadores con motores potentes unidos por una cadena lo suficientemente pesada como para llegar al fondo e ir peinando la zona. No había descanso, trabajábamos día y noche, comíamos una sola vez, a mitad del día».

Leopoldo refiere que la zona era muy fangosa y la visibilidad, casi nula, de ahí que les llamaran «buzos ciegos».

«A veces uno de los integrantes del grupo se sumergía atado para evitar accidentes a causa del cambio de la densidad del agua; arriba, en la embarcación, quedaban los responsables de impedir algún percance que comprometiera la vida del buzo, pues muchas veces en un abrir y cerrar de ojos ya estaba metido en el fango, sin contar con que nos arriesgábamos a bajar a un lugar donde hay varias especies marinas peligrosas».

Fueron días de extrema tensión, con momentos que pusieron a prueba el valor humano. Cuenta Leopoldo que en una ocasión, cuando le correspondía bajar a él, la cadena se enredó. Un día, en la zona de Trinidad hubo un hecho que cambió la dirección del rastreo...

«Una señora de la serranía cercana a la costa informó haber visto la caída de un objeto semejante a un avión. Se tomaron muestras de una mancha de aceite fino y las enviaron al laboratorio, en La Habana. Allí estimaron que se trataba de lubricante de aviación, pero análisis posteriores, demostraron que nada tenían que ver trágica desaparición de Cessna 310 ejecutivo en que viaja Camilo».

De haber encontrado algún vestigio de la avioneta, Leopoldo no sabe qué hubiera pasado, «porque realmente era muy grande el deseo de no encontrar nada, para poder seguir alimentando la esperanza de que Camilo estaba vivo y podía aparecer en algún cayo.»

MAL TIEMPO. LA AVIONETA CAE AL MAR

Desde el 21 de octubre hasta el 28, fecha de su desaparición, hizo frecuentes viajes por vía aérea a la capital camagüeyana con el objetivo de normalizar la situación en la ciudad, donde se había amotinado el jefe militar de la provincia, el traidor Hubert Matos.

Generalmente utilizaba un avión ejecutivo marca Cessna, que tripulaba el piloto Luciano Fariñas. El 28, cuando salió del aeropuerto de Ciudad Libertad a las 11:59 a.m. rumbo a Camagüey, lo acompañaban además el Capitán Senén Casas y el soldado Félix Rodríguez en función de escolta.

Camilo y Rodríguez descendieron en la ciudad de Camagüey, mientras Fariñas continuó viaje a Santiago de Cuba para llevar a Senén Casas. A las 4:40 p.m. ya estaba de regreso el pequeño aparato identificado con las siglas FAR 53. El despegue rumbo a la capital se produjo a las seis y un minuto. El viaje a su base desde este punto requería dos horas de vuelo como promedio y llevaba gasolina para tres.

En la terminal aérea militar de Libertad, el Capitán Manuel Espinosa (Cabeza), ayudante personal de Camilo, comenzó a impacientarse, pues su jefe le dijo que lo esperara de 7:00 a 7:30 p.m., sabe que había salido y tenía tiempo suficiente para haber llegado.

El 29 de octubre, y pese a los ingentes esfuerzos por ubicarlo, no apareció en ninguno de los lugares en que se suponía podía encontrarse. Fidel, junto con Raúl, Almeida, el Che y otros dirigentes, se dan cita en la Jefatura de la Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR) y comenzaron de inmediato los preparativos de la búsqueda.

El viernes 30 de octubre se desató la vorágine. Decenas de aviones de diferentes tipos, militares y civiles se hicieron al aire con las primeras luces desde los aeropuertos capitalinos. Pasadas las 7:00 a.m. despegó el bimotor Sierra Maestra llevando a bordo al Jefe de la Revolución, Celia Sánchez, Osmany Cienfuegos, William Gálvez... rumbo a Camagüey.

Simultáneamente con la pesquisa aérea, numerosas unidades de la Marina de Guerra, así como yates de recreo y embarcaciones pesqueras recorrían los archipiélagos de Jardines del Rey al norte y de Jardines de la Reina al sur de Cuba, al tiempo que miles de ciudadanos peinaban el terreno en toda la región central del país, sin resultado alguno.

La hipótesis aceptada por la mayoría era la de que, ante la severa turbonada encontrada aquel día aciago en el trayecto, el piloto Fariñas decidió desviarse hacia el norte, y el pequeño avión desorientado y alejado en extremo de su ruta cayó al mar por falta de combustible.