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Un comentario a tono con la reciente determinación de la jueza Joan Lenard, de Miami, de rebajar a 21 años y 10 meses la condena de Antonio (Tony) Guerrero Rodríguez.

Por Mercedes Rodríguez García

Se les llama indistintamente: agentes, espías, héroes, compañeros, según la filiación o tendencia del medio de prensa donde aparecen estos calificativos antecedidos o precedidos de sus nombres: Antonio, Fernando, Ramón, Gerardo y René. Cada cual desde su «bando» cuenta la historia de todos o de cada uno de ellos por separado.

En Cuba, cuando hacemos referencia a estos hombres -no ya tan jóvenes- apresados en Miami en 1998 y condenados a penas que van de 15 años de prisión a dos cadenas perpetuas por monitorear la actividad anticubana de grupos terroristas asentados en la Florida, les nombramos, simplemente, LOS CINCO. Como los dedos de una sola mano, como las puntas de la estrella solitaria en medio del triangulo rojo de la insignia nacional.

Ahora uno de ellos vuelve a ser noticia: Antonio Guerrero Rodríguez (Tony), quien fuera condenado este martes a la pena de 21 años y 10 meses de cárcel de acuerdo con la decisión de la jueza Joan Lenard, en audiencia celebrada este martes, a las 10:30 de la mañana, en Miami.

Antonio había sido condenado a cadena perpetua y a otras dos penas de cinco años de privación de libertad. Los justos jueces de la Florida lo hallaron culpable de espionaje bien, aunque las evidencias referían que «no fue capaz de obtener o pasar secretos a sus jefes en La Habana.», tal y como consigna el Miami Herald.

La propuesta consistía en disminuir los años a 20, pero la magistrada del la rechazó por «ser demasiado suave», y sentenció a Antonio a 21 años y 10 meses., pues si bien Guerrero no obtuvo secretos del gobierno estadounidense «toda la evidencia indica que él estaba buscando hacerlo».

El diario añadió que «el año pasado, Lenard fue criticada por la Corte de Apelaciones del 11 circuito en Atlanta por imponerle una sentencia de cadena perpetua, condena la cual la corte consideró excesiva debido a la falta de pruebas de peligro a la seguridad nacional»..

Si pensara ingenuamente estaría más o menos satisfecha porque, como dice un refrán popular, «del lobo (¿la loba?), aunque sea un pelo». Pero no, todavía quedan varias arbitrariedades judiciales por rectificar, aunque no pienso que será mi fácil ni relativamente rápido conseguirlo, pues de momento no existe esa voluntad y continúan las presiones de los grandes de la mafia anticubana aderezadas con una peligrosa de odios y cuentas lejanas por cobrarle a Fidel Castro, amén del intrincado laberinto del sistema de leyes de la gran potencia norteamericana donde la corrupción corre a la par del dinero.

Sin embargo mantengo las esperanzas. Mucho más ahora que el carismático e inteligente presidente Obama a pocos meses de alcanzar la presidencia de los Estados obtuvo el Premio Nobel de la Paz, nada más que por hechos intencionales muy bien definidos en sus discursos pero que aún no se han concretado. Y ojalá se cumplan.

Con ese fin, Ramón, Antonio y Fernando se encuentran desde finales de agosto pasado en el Centro de Detención Federal de Miami, a donde fueron llevados procedentes de las diferentes prisiones en que han sido confirmados. En otras palabras, cuando Barak Obama no ha andado ni la mitad del camino anunciado durante su campaña electoral, y por supuesto previsto en su agenda presidencial.