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LA TECLA CON CAFÉ

Recuerdos de Jara y un informe revelador de la verdad

Por Mercedes Rodríguez García

Conocí a Víctor Jara la tercera semana de agosto de 1973, poco antes del Golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet al gobierno del doctor Salvador Allende, hace hoy 36 años.

Fue en una barra de soda de la calle Luis Gandarilla, en Maipú, con un frío que nos helaba la garganta. Sentado sobre una mesa, junto a un grupo de lolas y cabros chicos, Víctor Jara tocaba canciones que nunca había escuchado en Cuba. Tal vez improvisaba.

Fueron mis amigos chilenos, Jaime y Lucía, quienes insistieron en acercarme al grupo para presentarme como su compañera de estudios, cubana residente en la Isla. El hecho que no trascendió más allá de un «hola, chucha, tu patria es bellísima», por parte del cantante y un «me gustan mucho tus canciones», que le dije estirándole mi mano. Nos sumamos al grupo pero como a la media se marchó en una furgoneta blanca con dos o tres lolas, y nosotros nos quedamos un tiempo más hasta que nos recogió la madre de Jaime para llevarnos en auto hasta su casa, en Santiago. Allí empacaría algunos libros que traería al volver a Cuba cuatro días después.

En este 11 de septiembre   recuerdo como nunca aquellos días, muy especialmente a ese Jara barbudo y desaliñado, con jeans, casaca café y bufanda gris, cuyos discos de acetatos fui comprando cada vez que se me presentaba la oportunidad. Me gustaban sus canciones, además de la música, por el profundo conocimiento que expresaban de la pobreza de los campesinos y los habitantes de los suburbios, elementos que afloran y constituyen el origen de su obra, indiscutiblemente comprometida con la realidad de la época.

Hoy leo y transcribo con pena y dolor parte de un informe realizado por un equipo multidisciplinario del Programa de Derechos Humanos del Servicio Médico Legal (SML) chileno, donde se revela que Víctor Jara, recibió múltiples impactos de bala en el cuerpo y cráneo, el 15 de septiembre de 1973, cuando fue asesinado por militares leales a la dictadura que derrocó al difunto ex presidente, Salvador Allende.

Dice el documento bajado de Internet, que «efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) y del Servicio Médico Legal chilenos exhumaron el pasado jueves 4 de junio, el cuerpo de Víctor Jara, en el Cementerio General en Santiago. La tesis de que el cantautor fue sometido al juego  la ruleta rusa fue mencionada por el ex soldado José Paredes Márquez, de 54 años, procesado como autor material del homicidio calificado del cantautor.»

Víctor Jara fue asesinado por un subteniente, conocido como «El loco», quien, tras jugar a la ruleta rusa con su revólver, le disparó en la sien y luego ordenó que un grupo de soldados lo remataran.

¡Qué muerte tan inútil! Yo, como tantos ciudadanos del mundo que odiamos las dictaduras, disfruto todavía muchas de sus canciones que he logrado digitalizar, entre ellas mis preferidas: Te recuerdo Amanda, Plegaria del labrado, El derecho de vivir en paz, Las casitas del Barrio Alto...

Jara fue detenido un día después que las fuerzas golpistas de Pinochet asaltaron la Universidad Técnica Metropolitana, donde se desempeñaba como profesor.

Luego de sufrir brutales torturas por parte de las represivas fuerzas militares en el Estadio de Chile, que en la actualidad lleva su nombre (Estadio Víctor Jara), y que en esa época fue convertido en centro de prisioneros, fue acribillado el 15 de septiembre de 1973 y su cuerpo arrojado cerca de un cementerio de Santiago.

Desde Cuba me consternó la noticia de su asesinato. Los padres de mis amigos chilenos marcharon al exilio. Con todos he perdido el contacto, incluso con aquellos que decidieron residir en Cuba, pero que al final regresaron a su patria. ¡Ojalá me leyeran... si viven y desde donde estén!

 

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