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El rey del pop Michael Jackson murió a causa de una sobredosis de Propofol, un potente calmante, según el informe del forense de Los Ángeles que examinó el cadáver del cantante y cuyas conclusiones se han conocido a última hora del lunes al desvelarse los detalles de la orden de registro del domicilio del doctor Conrad Murray, su médico personal.

Jackson murió el pasado 25 de junio, a los 50 años, rodeado de un misterio que aún está por descifrar. Desde esa fecha, la policía se ha embarcado en una investigación cuyo principal foco de atención ha sido el tratamiento médico que recibía la estrella estadounidense, que ultimaba el regreso a los escenarios con un multitudinario concierto en Londres. En el centro de la polémica está el cardiólogo Conrad Murray.

Murray admitió en los interrogatorios efectuados por los agentes -que nunca lo han considerado oficialmente sospechoso de la muerte de Jacskson- que había estado tratando al autor de Thriller de insomnio durante las seis semanas anteriores a su muerte empleando diferentes medicamentos. El cardiólogo empezó inyectando al artista 50 miligramos de Propofol, aunque fue bajando la dosis por temor a que Jackson pudiera hacerse adicto a ese fármaco, según sus propias declaraciones.

Cóctel explosivo

El médico decidió entonces rebajar a la mitad la cantidad del calmante y combinar su efecto con el de dos sedantes: lorazepam y midazolam. Murray afirmó que dos días antes del fallecimiento del cantante retiró el Propofol de la mezcla.

Pero el 25 de junio, cuando murió Jackson, Murray explicó que a la 1:30 de la madrugada proporcionó valium al artista para ayudarle a dormir, pero que, al seguir desvelado, le inyectó media hora más tarde una dosis de lorazepam. Jackson continuaba despierto, por lo que a las 3 de la madrugada el doctor optó por suministrarle midazolam, a la que siguieron sin éxito otras sustancias no especificadas hasta que finalmente el médico le inyectó 25 miligramos de propofol a las 10.30 de la mañana.

El doctor aseguró que Jackson había pedido reiteradamente que se le administrase ese anestésico. El artista se quedó dormido y el médico se ausentó para hacer unas llamadas telefónicas, según declaró a la policía.

A su regreso a la habitación, comprobó que Jackson no respiraba e intento reanimarle sin éxito. El cantante fue trasladado al hospital, donde se certificó su muerte.