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Por Mercedes Rodríguez García

 

Como la explosión que provocan las burbujas apretujadas contra la pared de cristal de un gigantesco botellón de soda sometido a agitación constante, las noticias nacidas de la efervescencia hondureña, disparan la red de redes y, a esta altura, sí que logran opacar -por lo insólito- las generadas tras las protestas por las elecciones en Irán, la crisis económica y la Gripe Porcina, entre otras relegadas  a un segundo plano por el fallecimiento de Michael Jackson.

 

La noticia de la muerte del llamado "Rey del Pop" se esparció por el mundo como la pólvora. Los canales de televisión en Japón, India y Australia interrumpieron sus programaciones para informar sobre las causas de su deceso. Sin embargo, detalles sobre el troglodismo de los actos de insubordinación militar y secuestro del legítimo presidente de la República de Honduras, permanecen silenciados por la gran prensa capitalista en su tan bien orquestada manipulación y tergiversación de los hechos que ya parecían borrados de la faz de los pueblos.

 

¿Cómo empezó todo? ¿Se trata en verdad de una crisis política como aseveran los emporios mediáticos? ¿Es legítimo y democrático el gobierno interino e facto? ¿Un nuevo mandatario cuando Manuel Zelaya, electo mediante el voto popular, fue secuestrado por militares sin honor cuya desobediencia a la Carta Magna del país centroamericano debía ser castigada con la pena máxima?

 

Todas estas interrogantes encuentran respuesta en la reacción internacional generada hora tras horas desde que se fueron conociendo detalles de los bárbaros sucesos luego que el  domingo 28 de junio en la mañana, los ciudadanos hondureños  se levantaron con la nueva de que su presidente había sido capturado por tropas del ejército, aparentemente en cumplimiento de una orden judicial, y llevado por la fuerza a Costa Rica, en camiseta de dormir y totalmente indefenso.

 

Mentiras, mentirillas y mentironas gorilezcas las que pretenden sustentar que Zelaya firmó una carta de renuncia irrevocable a la presidencia de la República.

La conveniencia de que en última instancia pase a la historia como un cobarde, es obvia, y estimo bien estudiada por sucesor al titular del Congreso, Roberto Micheletti, cuya única y verdadera pretensión es ejercer el usurpado poder hasta enero de 2010 cuando finalizaría el mandato de Zelaya.

 

No incluyo a Zelaya entre los «renunciadores.» Es de los hombres que ha demostrado pensar, actuar y obrar en consecuencia. Tal vez por ello moleste tanto a la retrógrada y abyecta derecha, decida a todo por tal de no peder nada. De ahí que, como el alacrán en los estertores de la muerte, decida clavarse ella misma la ponzoña.

 

No existe otra definición para lo sucedido en Honduras que conspiración política apoyada por un golpe militar. La prensa burguesa y proimperialista, sumisa cada vez más a los designios del que paga porque es el que manda, muestra un nivel de perfeccionamiento en eso de combinar palabras para cambiarle el sentido a los hechos, y así le llama «proceso de transición absolutamente legal» a lo que sin circunloquios semánticos no tiene otro nombre que usurpación del poder.

 

Los militares poseen el poder de las armas y la sinvergüenza de la fuerza mediática. Pieza clave en los sucesos, les asisten además un historial de golpes de ese tipo. Era de esperárselo: los mandos del ejército ya se habían pronunciado en contra de la consulta popular impulsada por el presidente Manuel Zelaya, quien destituyó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vázquez, por oponerse a su propuesta. La remoción de Vázquez fue posteriormente revertida por la Corte Suprema de Justicia.

 

Zelaya debía haber dormido en camisón, pero con un ojo abierto y otro cerrado, y una pistola debajo de la almohada.

 

Puede que la Organización de Estados Americanos logre restablecer la institucionalidad en Honduras. Puede que Obama haga posible que los actores políticos hondureños respeten las normas democráticas, el estado de derecho y los principios de la Carta Democrática Interamericana. Ojalá prime el diálogo para resolver pacíficamente tan grave asunto. Ojalá surtan efecto las condenas a los golpistas formuladas enérgicamente por los gobiernos de países  como Brasil, Colombia, México, Venezuela, Bolivia, Argentina y Cuba, entre otros.

 

Como bien escribiera Fidel Castro en sus últimas Reflexiones, lo que ocurra en Honduras será una prueba para la OEA y para la actual administración de Estados Unidos.

 

¿Negociar con el alto mando golpista? ¡Nunca! Ello sería desandar el difícil camino recorrido, renunciar a un gobierno cimentado sobre bases legales, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.»

 

La proyección global que Michael Jackson tuvo es innegable. Pero ahora no se trata de un thriller, ni de un cortometraje, ni de un video musical. Y aunque el golpe tiene mucho de guión cinematográfico hollywoodense, no hay chance para extender la película, so pena de que tengan lugar segundas partes dramáticas y sangrientas en tiempo real.