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Por Mercedes Rodríguez García

«Que un viejo como yo pueda comunicarse con los jóvenes
me parece lindo. La musicalización de algunos
poemas pudo haber influido
porque de esa manera llegan siempre a más gente.
Y a veces quienes
entraron a mi obra por la zona de la canción
terminan invadiendo la de la poesía..»”


Cuando un poeta como Mario Benedetti muere, las almas entran en una especie de conflicto mucho más desconcertante y profundo que el generado por la actual crisis económica o la gripe que amenaza convertirse en pandemia.


Aunque nos avisó un poco antes, se marchó intempestivamente. Y me dejó  sin ramas, sin brazos, sin hojas, aunque creyendo para siempre que la utopía constituye el verdadero motor que mueve al mundo y que la indiferencia continúa siendo una palabra obscena.


Desde mi adolescencia de amores descarriados,viví al ritmo de sus poemas escritos en hojas de libretas. De adulta, fui adúltera por culpa de su Poema de Amor  cantado por Serrat, y susurrados en un parque dominguero y nocturno de boca de un amante desesperado y furtivo.


Ahora, con 30 años menos que  Benedetti —y sin próximo libro que escribir—, el tema de la muerte me obsesiona. ¡Claro que a los 18 años a ninguno de los dos nos importaba su sombra!

Por eso sigo tu consejo, me preparo para recibirla con los brazos abiertos, aunque tan desordenados como entonces.
Pero mejor, Mario, que como a usted, me sorprenda escribiendo.

http://www.patriagrande.net/uruguay/mario.benedetti/
http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mbenedetti/autor.shtml