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Por Mercedes Rodríguez García

Aunque naciera en Argentina el Che pertenece a la Humanidad; sin embargo, los cubanos lo hicimos nuestro para siempre. Su rostro, inmortalizado por el lente de Korda, compite con el de Jesucristo y se erige como el mito más revolucionario de la historia. Su imagen, estampada en carteles, ropas y hasta perforada en la piel, converge icono genético de los rebeldes, explotados y oprimidos del universo. Su estatua de Guerrillero Heroico, encuentra sitio en los más diversos parques y plazas del mundo. Pero existe otro Che, más humanizado, real y polémico y sobre el cual expresan sus criterios dos intelectuales cubanos: el doctor en Ciencias Filosóficas Pablo Guadarrama y el escritor Luis Pérez de Castro.


PABLO GUADARRAMA GONZÁLEZ, es Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba, Doctor en Ciencias y Doctor en Filosofía; Profesor Titular de la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, y autor de varios libros sobre problemas de la cultura y el pensamiento filosófico latinoamericanos, así como de numerosos artículos publicados en la Isla y en otros países. De hecho, esta apretada síntesis curricular le otorga crédito suficiente para debatir y opinar sobre cualquier tema por muy difícil que sea.

—En carta al semanario Marcha, el Che decía "El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje: los crearemos". En este sentido ¿Cuánto le falta a la sociedad cubana por tenerlo puesto, por tenerlo como fuente?

—Permíteme primeros dos anécdotas. El año pasado, en un hotel de Cochabamba, me percato de que el jefe de la policía, muy indígena y viril él, con todos los atavíos de un guardia normal, traía una imagen del Che en su gorro pasamontañas. ¡Qué se iba a imaginar el Che que cuarenta años después el jefe de una unidad de la policía boliviana iba portaba en su frente, con un orgullo extraordinario la imagen del Guerrillero Heroico.

—Nada, los tiempos cambian y las mentalidades también. ¿Le preguntaste por qué lo llevaba?

—Claro. Me explicó que para él el Che era un héroe. Y es verdad.

—¿Admites al Che como un símbolo?

—El simbolismo es importante, y debe tomarse en consideración, sobre todo en estos tiempos necesitados de revivir imágenes, porque no solo de ideas se vive, se vive también de imágenes, de símbolos. Y así un símbolo de la cruz ha marcado a la humanidad y una imagen puede ser para bien o para mal, porque una cruz puede ser también para el Ku Kuk Klank o puede convertirse en una svástica, depende de cómo se utilice. En el caso del Che, que es una figura tan simbólica, ha sido utilizado hasta para mercantilizarlo. Un hombre que daba en su vida personal potencial para muchas leyendas.

—¿Y como un heterodoxo?

—El Che poseía una sólida formación filosófica, nutrida no solamente de los clásicos: Marx, Engels y Lenin, como algunos piensan. También de Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Hegel, Mao Tse, Thung, Trosky, de Gramsci, lo que le permitió tener una visión muy heterodoxa, muy herética, de lo que hemos llamado marxismo, Porque el Che es ante todo un hereje de todos los dogmas, y ante todo del dogma de la construcción de una sociedad nueva.
Su pensamiento económico del Che reconoce que la construcción de una sociedad nueva, llámese socialismo, comunismo, no vamos a entrar en esa discusión, requiere de una serie de ingredientes que, primero, no están en ningún libro.

 —¿Che retoma algunas de las ideas del socialismo que no estaban en Marx, y sí en Gramsci, por ejemplo?

—Para el Che el socialismo no es simplemente un cambio de economía, un cambio de fuerzas productivas, si no un cambio de concepción, de ideas, es el cambio de mentalidad de las personas. O sea, Che quiere un hombre distinto para una sociedad distinta. Gramsci había dicho que el socialismo no es solamente un cambio de relaciones de producción, un cambio de cultura, ideología, un cambio de formas de pensamiento. Y eso parece que el Che lo interiorizó bastante temprano. Y además, la idea de oponerse también a todos los determinismos históricos, es decir: que si usted toma este algoritmo y este otro y este otro, entonces tiene que darse el socialismo y tiene que darse el comunismo. El Che era totalmente enemigo de tales criterios.

—¿Crees que el ideal del Che se haya materializado en la Cuba de hoy?

—La historia demuestra, y eso es de Marx en "El Capital", que hay que tratar de que lo real se aproxime a lo ideal para que el ideal se aproxime a lo real. Nosotros asumimos una sociedad que no es ideal, pero tenemos ideales y conservamos una serie de cambios que se han ido produciendo en la sociedad cubana en medio de adversidades terribles.

—¿Optimista con relación a la Revolución Cubana?

—Cuando salgo fuera del país siempre me preguntan: ¿cómo está Cuba? Y yo digo: mejorando. Por los años 90 me preguntaban: ¿y como está aquello? Decía: está muy mal, pero mejorando. Lo malo es que por acá, (me sucedió en Colombia), lo veo todo empeorando. En esa misma década nuestro optimismo pudo resquebrajarse un poco ante ciertas situaciones difíciles que atravesó la Revolución cubana, pero había confianza. Y el Che sí tenía confianza en el pueblo, porque si algo ha caracterizado a Fidel ha sido eso, y si algo ha caracterizado a esta Revolución y a este pueblo mismo, es la confianza. No solamente en Fidel, si no en sí mismo, en el pueblo mismo. Entonces, yo sí creo que la Revolución Cubana avanza...

—¿Razones?
Yo tengo más de una razón para seguir siendo optimista, para seguir siendo revolucionarios, y seguir siendo comunista en el sentido en que algunos no profundizaron mucho y que Marx insistía. Porque el comunismo no es un estado de cosas a implantar, es un movimiento crítico, de superación permanente de un estado de cosas Ah, que hay problemas, sí; que hay enajenación, eso no se va a acabar nunca. Entonces yo si creo que el ideal comunista se está realizando y el ideal del Che se está realizando.

—Lo que pasa es que el ser humano se enfrenta a formas históricamente enajenables y las supera para asumir otras...

—Pero la sociedad si avanza, y avanza con creses, y sobre todo avanza gracias a la juventud, o a nosotros que fuimos jóvenes también y en un momento determinado tuvimos que alfabetizar, cortar caña. Entonces las revoluciones son eso: la confianza en la juventud y yo creo que tenemos que tener razones suficientes para confiar en los jóvenes Si algo caracteriza las juventudes en las sociedades capitalistas contemporáneas es la crisis existencial, la pérdida de referente, la pérdida de valores esenciales, esperando el Mesías, un nuevo presidente con su varita mágica a resolver todos los problemas de esa sociedad, la droga, el alcoholismo, la inseguridad en los empleos...Yo sí creo que el Che criticaría algunas actitudes y posiciones asumidas por determinados personajes y personajillos nuestros de cada día, pero también se sentiría muy satisfecho de ver realizado en esta Revolución el humanismo práctico que él mismo preconizó en muchas cosas, en muchos aspectos. Existen paradigmas y "paradogmas" El Ché está en Santa Clara, no solo porque aquí descansan sus restos, él mismo anda diseminado por toda Cuba llena de gente buena, saludable, alegre, solidaria, humana, capaz...

—Y su imagen está en todas partes del mundo...

—Pero no es la imagen, es el mensaje de que sí es posible una sociedad distinta al capitalismo. Entonces yo, sí: me siento cada vez más optimista."
 
LUIS PÉREZ DE CASTRO, es escritor y abogado de profesión, a quien pido me comente el siguiente presupuesto: comenta al respecto: En el "Socialismo y el hombre en Cuba" el Che señaló la necesidad de romper todas las cadenas que enajenaran al hombre, cuestión que a su juicio "se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y a la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte."

—Se ha mistificado la imagen del Che como la del Guerrillero Heroico y se desconocen otras de sus facetas, como la del gran intelectual que fue. En ningún momento el Che estuvo alejado del arte, de la literatura, de la cultura en general. Él era de los que planteaban que un título no te da cultura, sino cierto nivel en determinada especialidad. La cultura se va creando con el tiempo. El magnetismo que emana de su personalidad (médico, combatiente, guerrillero, ministro, articulista, escritor, poeta) es fabuloso".

—Pienso que lo más fascinante del Che resulta lo polémica de su personalidad, incluso he escuchado definirlo como hereje. Lo cierto es que no se andaba con tapujos ni aceptaba verdades a medias, rompía esquemas en muchos sentidos, odiaba a los burócratas, a los aduladores, a los oportunistas y, como revolucionario, en el amplio sentido de la palabra le gustaban los cambios. Todo ello, junto a su sólida cultura universal, y el conocimiento y dominio de los clásicos del marxismo, lo convierten en un personaje muy carismático y, por supuesto, controvertido. ¿Crees que de haber sobrevivido y compartido todos estos años de Revolución, pudiéramos haber evitado algunos errores estratégicos?

—No tengo dudas de que el Che se erige como una de las figuras más polémica de nuestra Revolución, y que su personalidad lo hace un hombre de grandes contrastes. Sabía ser duro y firme en el momento que tenía que serlo, y a veces, tierno, muy tierno. Su valentía no solo se puso a prueba en la lucha guerrillera, sino en la hora de asumir retos, de enfrentar ideas y conceptos nuevos sin temor. Cuestionó mucho el método de copiar métodos, estilos y tendencias de otros países ajenos a nuestra idiosincrasia, propugnaba una revolución socialista abierta y auténtica, que se pareciera al cubano, un socialismo nuevo protagonizado por el hombre, con una vanguardia estrechamente vinculada a las masas. Por muchos años el Che seguirá siendo entre y para los intelectuales una figura emblemática, un paradigma de revolucionario y un hombre de palabra y de acción.

—Y entre los intelectuales, ¿crees que en esencia su pensamiento y acción se mantengan vigentes?

—Totalmente. Yo nací en 1966, un año antes de su muerte en combate, sin embargo el Che me marcó como persona, y supongo que a todos los de mi generación y a los que nacieron después y a mis propios hijos que son pequeños y que lo imaginan en sus dibujos.

—En el reciente VIII Congreso de la UNEAC, ¿hubo alguna manifestación en concreto?

—El Congreso de la UNEAC llamó las cosas por su nombre y en sentido general rompió el dogma de que los intelectuales no eran capaces de continuar la obra que el Che y Fidel, juntos, propugnaron. Yo diría que de lo menos que se habló fue de la obra individual de cada cual. El llamado no fue por la cultura en sí, si no por la Educación, por la problemática educacional que estaba atravesando el país. ¿Otro reclamo?, Bueno, aumentar la diversidad y tirada de textos sobre Historia, para ahondar en las figuras de Maceo, Martí, Gómez, pero también de Mella, Guiteras, Pablo de la Torriente, Villena, y por supuesto, del Che Guevara.

—¿Cuál es tu Che, sobre el que tú escribes y conviertes en poesía?

—Me gusta estudiar e interpretar a los héroes como hombres normales, no dioses como erróneamente suelen pintárnoslos con frecuencia. En mis textos y poemas sobre el Che trato de desmitificar su figura, y lo asumo, por ejemplo, como padre de una ternura singular, sin uniforme, despojado de cualquier atributo político. Veo al individuo íntegro y en todas sus facetas."