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Poco se ha escrito sobre el hijo de Martí con Carmen Zayas-Bazán: Ismaelillo, el del pequeño volumen que los emigrados cubanos de Nueva York conocieron en 1882; Pepito, el niño que solo compartiría casi cuatro años junto con su progenitor. Este artículo de mi colega Freddy Pérez Cabrera (angelfreddy2002@yahoo.es), hace justicia al afirmar que, "en el caso de Pepito cumplió con su progenitor, porque vivió puro y fue justo". José Francisco Martí y Zayas-Bazán -escribe Freddy-arrastró hasta el final de sus días el enorme peso que significaba ser hijo de un hombre de talla universal como José Martí. (Artículo reproducido de la edición del periódico Granma digital, sábado 26 de enero de 2007)

 

"Hijo: Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando deberías estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo."

Significa una gran carga llevar con dignidad un apellido ilustre. Suele exigirse, a veces hasta en demasía, que los hijos estén a igual altura que sus padres, mas los grandes hombres son irrepetibles. Tal es el caso de José Francisco Martí y Zayas-Bazán, quien arrastró hasta el final de sus días el enorme peso que significaba ser hijo de uno de talla universal como José Martí. En el caso de Pepito podemos afirmar que cumplió con su progenitor, porque vivió puro y fue justo.

Poco tiempo pudo permanecer nuestro Héroe Nacional junto a su hijo. Cuando Carmen Zayas-Bazán, la esposa del Maestro, regresa de Nueva York el 27 de agosto de 1891, será la última vez que Martí esté junto a su Ismaelillo, de apenas 12 años. .http://www.cmbfradio.cu/cmbf/marti/marti_00029.html

Su atormentada vida de revolucionario que se entrega, en cuerpo y alma, a la causa de la independencia de su Patria, y lo sacrifica todo, incluso a la familia, no le permite ese goce.

¿Qué tiempo han podido disfrutar del cariño mutuo esos dos seres? Puede resumirse así:

Del 22 de noviembre de 1878 al 25 de septiembre de 1879, tiempo que va desde el nacimiento del niño hasta la segunda deportación del padre; los siete meses que dura la primera estancia de Carmen y el niño en Nueva York, entre el 3 de marzo y el 21 de octubre de 1880; los dos años y tres meses que permanecen en aquella ciudad entre diciembre de 1882 y marzo de 1885; y por último, el periodo que media entre el 30 de julio y el 27 de agosto de 1891.

Como puede apreciarse, Pepito está junto a su padre solo tres años y diez meses. Sin embargo, la influencia del Apóstol sobre su vástago en tan breve tiempo es tal, que se verá en las decisiones tomadas por este último en el futuro.

Hijo: espantado de todo me refugio en ti.

"¡Qué te diré del niño! ¡si no podrás imaginarlo! ¡Qué lengüita, no para! Todo lo dice, te conoce y no te equivoca, se llama Martí José, es muy valiente y lindo, no te quisiera decir que creo será un talento, todos se asombran y yo lo adoro. ¿Cuándo lo verás?", refería Carmen en carta enviada desde La Habana en 1881.

De mayo del 86 hay una dura misiva de Carmen a Martí en la que le cuenta de sus sufrimientos y expresa que no tema, que en su alma no caben miserias y que siempre enseñaría al niño a que lo ame. Añade que desde ese día será el pequeño quien le escriba y ella lo hará solo en caso extremo.

Del niño se conserva una carta del 7 de agosto de 1886, muestra de que Carmen cumplió su palabra:

"Papá yo te quiero mucho. Cualquiera cosa que tú me mandes me gustará. Mamá sabe que nunca pasará un día sin acordarme de ti. Dicen que soy tu retrato y estoy contento. Muchos besos de tu hijito Pepe."

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Siendo muy joven aún, llega José Francisco a la Universidad de La Habana. Ingresa en la Escuela de Artes y Letras, y matricula la carrera de Derecho Civil y Canónico; luego cursaría otras asignaturas.

Sus estudios quedan interrumpidos por la muerte trágica de su padre en Dos Ríos. Trata de manera infructuosa de recuperar el cadáver, y ante la imposibilidad marcha a Nueva York, lugar desde donde envía una carta a Gonzalo de Quesada que evidencia el gran dolor por la irreparable pérdida:

"[...] Mi amor de hijo se ha resistido largo tiempo a creerlo. La horrible realidad se ha impuesto a mi espíritu de tal suerte, que mi pensamiento no puede apartarse de ese dolor [...] Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado [...] Tengo 16 años pero las energías todas de mi alma, están dispuestas para llorar a mi padre, como hijo y como cubano [...]"

Viene a Cuba en 1896 formando parte de una de las expediciones que se organizaban en apoyo de la guerra necesaria. No había cumplido 17 años y ya está en la manigua bajo el mando del general Calixto García Íñiguez; es soldado de artillería.

En gesto de grandeza no acepta montar el caballo Baconao, que le envía Salvador Cisneros Betancourt -el mismo que cabalgaba Martí cuando muere-, porque "no tiene méritos para ese honor".

Participa en varios combates, y por el arrojo mostrado en la toma de Victoria de las Tunas recibe los grados de teniente. Luego sería ascendido a capitán, grado con el que terminó la contienda del 95.

Tras la proclamación de la República, desempeña diversos cargos -llega a ser general jefe del Ejército y secretario de Defensa durante el gobierno de Mario García Menocal, su compañero de armas.

A los 37 años se enamora de María Teresa Vances (Teté), único fruto del banquero español Victoriano Vances, con quien contrae matrimonio en 1916. De aquella unión no quedó descendencia alguna.

El 22 de octubre de 1945 José Francisco Martí y Zayas-Bazán rindió su último aliento, víctima de una prolongada enfermedad. Por sus méritos recibió honores de mayor general durante el sepelio.

El hijo de Martí cargó con la gloria inmensa de ser engendrado por una figura cimera de la Patria, mas no intentó ser émulo de su padre ni se colgó nunca de los hilos luminosos de aquel para escalar. Su gran mérito fue asimilar el ejemplo de aquella vida ejemplar y comportarse a su altura.

Nota: Ismaelillo, título del pequeño poemario que José Martí dedicara a su hijo. Escrito en Venezuela entre enero y julio de 1881. Ismael era el hijo de Abraham y Agar, tronco de los árabes, y el nombre que alguna vez Martí dijo haber deseado para su José Francisco