20070806222702-periodismo-vs.literatura.gif

Por Yansulier García Álvarez

Este alumno escribió el presente artículo cuando cursaba el quinto año de la carrera, pero desde el principio de sus estudios le apasionaba el tema del Periodismo y la Literatura. Al final, ese resultó el tema de su Tesis de Diploma, que terminó con calificación de Excelente. Ahora trabaja en la televisión de Cienfuegos, pero aún su tecla sigue sin cafeína, es decir, descontaminada. (Su profe, Mercedes) 

Cuenta el Nóbel colombiano Gabriel García Márquez que el buen novelista John Hersey escribió un reportaje sobre la ciudad de Hiroshima devastada por la bomba atómica, y es un relato tan apasionante que parece una novela. Entretanto, Daniel Defoe, que era también un gran periodista, escribió una novela sobre la ciudad de Londres devastada por la peste, y es un relato tan sobrecogedor que parece un reportaje (García Márquez, 1990).

Grande y polémico escarceo han levantado el impúdico coqueteo del plebeyo y la doña, periodismo y literatura; señaladas sus diferencias de clase: modalidades de trabajo y de técnica, estilo y función, perspectiva temporal o nivel de realidad. Tal hibridación, basada no tanto en las diferencias como en las afinidades, no es un fenómeno nuevo, por supuesto; mas solo ahora empezamos a reflexionar sobre ello y a crear concientemente desde ese baluarte.

Según la definición enciclopédica, el término literatura –excluyendo la científica– designa un acto peculiar de la comunicación humana, definido como arte cuyas manifestaciones son las obras literarias de un país, una época, estilo o movimiento; expresadas con palabras escritas, o bien de manera oral; con valor estético en sí mismas, que las hace trascendentes, apreciables, valorables o medibles por críticos y lectores no solo en su época, sino en cualquier momento.

En general, para que un texto tenga valor literario debe reunir las siguientes características: intención del autor en realizar una creación estética; uso de un lenguaje literario, aunque no recargado de figuras retóricas o de vocablos cultos y poéticos; validez universal; destinada a gustar, a proporcionar un placer estético por encima de consuelo, alegría, formación o información.Información, en particular la noticiosa, verídica, codificada en géneros y difundida por medios de comunicación social, es periodismo: tipo de literatura más utilitaria, menos elaborada en algunos de sus géneros; formación estilística de trabajo abierta, “pluriestilística”, por cuanto se alimenta de préstamos de la oralidad y del lenguaje tecnocrático y administrativo, y otras manifestaciones sociales y económicas, con las cuales cumple su esencial función informativa.

La estilización del híbrido que resulta de esa mezcla de lenguajes procura la claridad, la concisión y una estructura interesante capaz de seducir al receptor, tentándole la atención, la curiosidad, donde termina el alcance de su aparato técnico-estilístico (Sexto, 2006).De modo que ambas categorías buscan, como fin supremo, captar el interés del lector, gustar, comunicar; aunque con diferentes propósitos: la literatura enfatizando en lo estético, el periodismo en lo informativo. Ejercen, pues, funciones similares (informativas, educativas, gnoseológicas, cognoscitivas); pero las funciones primordiales los separan.

La estética caracteriza a la literatura, formación estilística de arte, y seguidamente las demás; al periodismo, formación estilística de trabajo, lo distingue la función que comunica el acontecer de actualidad, condicionado por factores como la brevedad y rapidez. La función informativa periodística es efímera, muere con el crepúsculo; la función estético literaria trasciende en el tiempo (Sexto, 2006).

En su Poética, lo dicho sobre el historiador y el poeta por Aristóteles, es aplicable, en ese orden, al periodista y al escritor: el primero escribe la cosa que ha sido, y el segundo la clase de cosa que podría ser. “Todo escritor que crea, es un mentiroso”, dijo Juan Rulfo: “la literatura es mentira pero de esa mentira sale una recreación de la realidad” (Rulfo, citado por Padrón, 2004: 42). E

l periodista ha de reconstruir la “realidad real” de manera veraz; mientras el escritor puede inventar una “realidad de ficción”, siempre y cuando sea verosímil. Sin embargo, hay recursos intercambiables, aunque la norma tiene injusticias de ambos lados. “En periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos”, advierte García Márquez.

“En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas (…) en periodismo hay que apegarse a la verdad aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto” (García Márquez, 1990: 368, 369).Hemos hecho un distingo entre periodista y escritor, aun cuando para Alejo Carpentier tal no es posible, pues ambas funciones se integran en una misma personalidad, sin que los oficios sean iguales.

“El periodista trabaja sobre la materia activa, cotidiana”, señala. “El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva, como un acontecer cumplido y terminado” (Carpentier, 2004: 6).   “El periodismo es síntesis”, ha dicho Marta Rojas; “la literatura no”. En efecto, apremiado por la inmediatez noticiosa y constreñido por la brevedad espacial del periódico, el periodista adopta un “estilo elíptico”, jerarquizando los acontecimientos en “pirámide invertida”; respondiendo desde el “lead”, también en orden decreciente de importancia, las clásicas preguntas de Quintiliano: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué. El novelista, en cambio, tiene un “estilo analítico” y usa técnicas narrativas, como los puntos de vista espacial, temporal y del nivel de realidad, el monólogo interior, las mudas, el salto cualitativo, los vasos comunicantes, la caja china, el dato escondido, etc.

Con todo, refuta Carpentier que ese estilo elíptico sea perjudicial al escritor, pues la práctica periodística constituye una maravillosa escuela de flexibilidad y entendimiento del mundo. Casi todos los grandes escritores, novelistas, historiadores –recuerda–, que vivieron desde comienzos del siglo XIX, fueron también admirables periodistas: Víctor Hugo, Emilio Zola, Anatole France, Mariano José de Larra, Marcel Proust, Marx y Lenin, John Reed, José Martí... Reportajes de Julius Fucik, Norman Mailer, Truman Capote o García Márquez, aún se estudian bajo la etiqueta de literatura, por el viejo prejuicio de no considerar dentro de los géneros del periodismo, tenidos como “menores”, textos de autores clásicos o famosos.

Hay géneros literarios que pueden ser acomodados al periodismo actual, como mismo algunas maneras de hacer periodismo han invadido a la literatura, enriqueciéndose ambos.En Cuba algunos géneros, sobre todo el reportaje y la crónica, se han erigido en una línea de demarcación invisible, en los dominios inciertos del llamado periodismo literario: periodismo que solicita el aporte de la literatura, aprovecha recursos poéticos y narrativos, deviniendo categoría estética (Sexto, 2006); “el que no solo refiere la peripecia histórica, la coyuntura accidental, sino aquel cuyo texto se arraiga en un medio ambiente para expresar toda una circunstancia social y quienes la han vivido” (según Lisandro Otero, citado por Rodríguez Betancourt, Miriam, 2005: 91).

Pues como mismo los novelistas han echado mano a recursos periodísticos para hacer verosímiles sus ficciones, los periodistas han aprovechado recursos técnicos y de estilo propios de la literatura, para contar una historia cual si fuera un cuento o una novela, conquistando el corazón de los lectores en una dimensión más duradera e influyente, semejantes a aquellos herejes del Nuevo Periodismo norteamericano en los años sesenta. Sea todo por un mejor periodismo, no solo informativo por antonomasia, sino también más poético.

En realidad, el llamado periodismo literario ha sido privativo de unos pocos creadores; pero si bien se ha dicho que necesita una afilada dote de aptitud y valor personales, hoy por hoy deviene norma, dada la competencia de medios más dinámicos que la prensa plana. Convocada a enriquecer la noticia valiéndose del análisis y la profundidad de las informaciones, combinando con armonía lo agradable con lo útil, al menos desde la perspectiva de un semanario de provincia, el obstáculo principal para consumar tales pretenciones no es tanto la inmediatez, sino la limitación del espacio.

Se pueden argüir asimismo otras objeciones. Cuando el ejercicio del periodismo es empleo y no vocación, difícilmente hay una vigorosa voluntad de estilo. Pero aun para quienes pugnen por trascender dentro del orden normativo periodístico y la política editorial del órgano de prensa, la masividad del destinatario supone una estandarización del lenguaje, en detrimento de la creación de un estilo personal. Aunque también son ciertos los progresos en la elevación del nivel cultural de nuestro pueblo; progresos de que la propia prensa ha sido constante artífice.

El resultado, en fin, ha sido más bien pobre en cantidad: apenas se han recogido en unos libritos un puñado de crónicas, y muy pocos reportajes han devenido libros.  Luis Sexto opina, sin embargo, que la práctica de la narración literaria y el empleo estético del lenguaje, como alternativas periodísticas, pueden adaptarse al espacio. Agotada hasta sus máximas posibilidades o adecuada al mínimo espacio disponible, enriquecen el reportaje, la entrevista, el artículo y la crónica incorporándoles un toque de vigor, realce y vigencia (Sexto, 2006: 12). Y agrega: “Lo más grave, sin embargo, es creer que uno nunca podrá saltar la barda, o que no es necesario emprender el vuelo. Lo otro, la duda, es tan solo el instante previo a la carrera de despegue”.

Bibliografía: 

Carpentier, Alejo (2004). El periodista, un cronista de su tiempo, Editorial Letras Cubanas.

García Márquez, Gabriel (1990). La soledad de América Latina. Escritos sobre arte y literatura, 1948-1984, Selección y prólogo de Víctor Rodríguez Núñez, Editorial Arte y Literatura.Heras León, Eduardo (compilador) (2001). Los desafíos de la ficción (técnicas narrativas), Editorial Abril.Padrón, Juan Nicolás (2004). Los géneros literarios y periodísticos, Editorial de Universidad Autónoma de Nayarit.  Rodríguez Betancourt, Miriam (2005). Tendencias del periodismo contemporáneo  (Selección de lecturas), Editorial Pablo de la Torriente.  Sexto, Luis (2006). Periodismo y literatura, el arte de las alianzas, Editorial Pablo de la Torriente.Wolf, Tom (2005). El nuevo periodismo, Editorial Pablo de la Torriente.