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Por Mercedes Rodríguez García

Si se hubiera tratado de una misión  militar ahora mismo me terciaría ante tí, con el brazo derecho doblado hacia la frente, la mano segura  sobre la sien y...

Pero la que escribe carece de ese tipo de disciplina y prefiere notificarte de la manera más informal, dulce y responsablemente posible que ya están listos los muchachos que en septiembre de 2002 no pasaban de una tropa alegre, desordenada, y con no sé cuántos sueños en sus mochilas.

¿Recuerdas cuando les diste la bienvenida en la Casa de la Prensa y echaste aquellas décimas entre jocosas y picantes? ¡Qué lástima que quien lo anota todo —o casi todo— no trajera dispuestos lápiz y papel o grabadora! ¿Quedarán imágenes?

Pero antes de aquella tarde hubo que trabajar mucho. Tanto que nos cogían las madrugadas en tu oficina o delante de la computadora planificando estrategias de categorización con tribunales de La Habana. ¡Qué clase de rollo el que nos había legado Pantoja cuando planteó a Fidel lo de la carrera de Periodismo en Villa Clara.

Memorable marzo de 1999: VII Congreso de la UPEC, en el que no estuviste porque tu mandato llegó poco después. Y fue entonces cuando nos pusimos bajo tus órdenes a confeccionar los expedientes de los primeros periodistas que, como profesores adjuntos asumiríamos la docencia en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.

Bien sabes que no fue nada fácil. Pero como todo lo que se emprende con amor, saldría.

¿Y luego? ¡Ah, tu misión en Paraguay, y de ahí a Venezuela! Por eso fue que Rayma cogió por un tiempo la batuta de una singular orquesta de maestros y pupilos bisoños de toda la región central.  Hasta que llegaste. Y con algo de ángel tutelar, te convertiste en guía y guardián de la criatura. Desde entonces no le perderías pies ni pisadas.

La carrera se convirtió un una benéfica obsesión que figuraba en cada  informe a la UPEC nacional y en objeto de decenas de reuniones “con todos los factores”, como solemos decir.Se afirma de un tirón, pero ya pasaron cinco cursos y  en la Universidad Central existen varios pelotones en preparación y ha salido la primera hornada. Los tienes de Camagüey, de Ciego de Ávila, de Sancti Spíritus, de Cienfuegos,  de Villa Clara.T

e faltaba la voz para darnos las órdenes, pero llevabas  bien puestas las botas de guerrillero para seguirnos los pasos, y orientar y pedir, y exigir vía correo electrónico, desde tu casa, tantas veces convertida en puesto de mando, con almuerzo, merienda y comida incluida. Y por supuesto, café, y a veces discrepancias y malos entendidos superados sobre la marcha cuando nos dábamos cuenta de que nuestro lema era el mismo de Los Tres Mosqueteros.

Hasta el último día, en el hospital, te mantuvimos al tanto. William mismo te llevó la noticia de que todo su grupo terminó las defensas con calificación de Excelente. Al otro día, de vuelta a la Universidad, me contó: “Mercedes yo no lo vía tan mal, anota los nombres de todos los que van a verlo”.

Nada. ¡Genio y figura hasta la sepultura!

Y aunque no alcanzaste a ver a estos primeros 31 jóvenes recibiendo ayer sus títulos de Licenciados en Periodismo; y aunque no hubo fiesta porque tú, el principal animador no estarías; y auque no se tratara de una misión militar, desde donde quiera que te encuentres, colega, amigo, Presidente... Con el brazo derecho doblado hacia la frente, la mano segura  sobre la sien, te comunico como la más disciplinada soldado, en nombre de todos los involucrados en la formación de periodistas revolucionarios: ¡Misión cumplida, Ifraín Sacerio Guardado!