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Por Mercedes Rodríguez García 

Murió Oriana Fallaci, la reina de la entrevista. Esa especie de Diosa irreverente que solo creía en sí misma. Mi profesora a distancia. Amada, pero odiada mucho más desde que las Torres Gemelas cayeron ¿inexplicablemente? y ella sintió el estruendo desde su mansión en Manhatan sin opinar nada. A pocos kilómetros del World Trade Center, debió ver el humo y olfatear la carne y los huesos chamuscados. 

¡Qué lástima de muerte! Desde que supe que odiaba a los musulmanes y eras más norteamericana que italiana, entendí su posición en los años 70, el hijo que no le hicieron en Grecia ni pudo concebir en otra parte. Oriana descansa en la paz del Periodismo de altos quilates. Por él la conocí, la imité, y aprendí a respetarla porque se enfrentaba a puro guante con reyes y mandatarios. Su «Encuentro con la Historia» sigue con al fondo una lápida o bajo tierra en el el mas cierto y largo camino hacia la fama peremne.

He aquí la noticia que, de seguro, me conmovió:  Roma, 15 sep (PL) La periodista italiana Oriana Fallaci, quien se abrió paso en la profesión a fuerza de audacia, talento y una estela polémica, murió en su Florencia natal, a los 77 años, víctima de cáncer.Su deceso ocurrió la víspera en una clínica privada donde permanecía ingresada en los últimos días.Ex corresponsal de guerra en los años 60 y 70 del siglo pasado, Fallaci entrevistó a los más importantes personajes de esa época, entre ellos Yasser Arafat, Indira Ghandi, Mao Tse Tung, Robert Kennedy y Henry Kissinger. Su retrato de este último fue particularmente ácido, al punto de ponerlo en ridículo. Kissinger reaccionó airadamente.Sagaz entrevistadora, a menudo se aseguraba que, una vez transcritos los diálogos con sus entrevistados, reacomodaba a su gusto las preguntas para ajustarlas a las respuestas. Las manipulaba, afirmaban algunos.De todas formas, en ellas emergía su poderoso arsenal técnico, su estilo brillante, indagador, ágil. A veces no ocultaba sus simpatías hacia el personaje sometido a diálogo, como fue el caso de Indira Ghandi. Si bien comenzó declarándose a favor de las corrientes de izquierda, en los últimos tiempos dio un giro a la derecha. Fallaci comenzó a ejercer el periodismo a los 17 años en el diario Il Corriere della Sera y viajó, como enviada especial, por el mundo entero. Logró imponerse a fondo en un campo en esa época dominado por los hombres.  Entre sus best-sellers se incluyen su libro Entrevista con la historia, un clásico del género, cuya lectura recomiendan como material de estudio muchas escuelas de periodismo. Tuvo numerosos romances y amores apasionados como el sostenido con un miembro de la resistencia contra el régimen griego de los coroneles, Alekos Panagoulis, de quien se enamoró tras entrevistarlo en los años 70. Sus reportajes han ayudado a generaciones enteras a conocer el mundo y entender la historia, dijo el alcalde de Roma, Walter Veltroni, al lamentar su deceso. Aunque no compartíamos las mismas ideas, hay que reconocerle su coraje intelectual y sinceridad humana. Era una interlocutora con la que se podía discutir siempre de manera franca, declaró el secretario del partido Democráticos de Izquierda, Piero Farsi.