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Por Mercedes Rodríguez García

Foto: Ramón Barreras

El lunes 4 de septiembre Santa Clara amaneció más congestionada que de costumbre. A causa del Parque Vidal cerrado, el embotellamiento de las arterias principales se acrecentó —y ¡de qué manera!— a causa de los centenares de niños y niñas que, solos o de la mano del algún mayor, marchaban a sus escuelas. Alertados desde hace días por los medios de difusión masiva, los conductores de vehículos andaban a paso de jicotea y con los cinco sentidos en el timón. No se reportaron accidentes en las primeras horas y espero que, a la salida de los planteles, mantengan esa actitud y cierre el primer día de clases feliz. Por lo demás, sin novedades: sol brillante, cielo despejado y amenaza de chubascos y truenos para la tarde. Como cada año, todas las escuelas abrieron sus puertas y ningún chico o chica quedó sin matricular. Una parte con uniformes nuevos y otra, arreglado pues, de curso en curso, sufren desgaste o, simplemente, se acortan por el crecimiento natural de las extremidades. En la época del estirón, no queda más remedio que inventar porque siempre no se encuentran las tallas idóneas. Pero ninguno, ninguno en absoluto, entra al aula sin uniforme. Los libros también se les entregarán, así que hoy será noche de papel, tijera y goma... ¡Ah! Y de acostarse temprano, con la Calabacita y no con la novela de turno, que considero muy mal hábito de algunos padres. Entonces, hasta mañana, cuando se repite la rutina y continúe la alegría. www.invasor.islagrande.cu/.../01/estudiantes.jpg