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LA TECLA CON CAFÉ

En Santiago de Cuba el pueblo despidió a su Comandante en Jefe

 

6:41:27 a.m.

Un homenaje póstumo al Comandante en Jefe Fidel reunió ayer de noche a decenas de miles de cubanos y personalidades extranjeras, que colmaron la Plaza Mayor General Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, encabezados por Raúl Castro Ruz, General de Ejército (C), presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba.

"Fidel recibió el testimonio de amor de los cubanos", dijo el presidente Raúl Castro en su discurso en el acto en medio de un silencio total de la multitud, que agitaba banderas nacionales.

Anunció que el sepelio hoy domingo de su hermano y líder "será una sencilla ceremonia" durante la que será sepultado "muy cerca" del prócer cubano José Martí y de "sus compañeros de lucha" que tienen sus tumbas en el cementerio de Santa Ifigenia, de la ciudad, que mencionó como "cuna de la revolución".

Raúl agregó que Fidel Castro siempre rechazó cualquier "culto a la personalidad". Por ello, divulgó que la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) analizará un documento para que "se cumpla su voluntad".

"La autoridad de Fidel y su relación entrañable con el pueblo fueron determinantes para la histórica resistencia del país", expuso, y citó como ejemplo la grave crisis que sufrió la isla al caer la Unión Soviética.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios”, dijo.

"Ante los restos de Fidel juramos defender la Patria y el socialismo y juntos", expuso el presidente de Cuba, y terminó su discurso al expresar "Fidel, hasta la victoria".

Los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, de Bolivia, Evo Morales, y Daniel Ortega, de Nicaragua, asistieron al último adiós masivo a quien han descrito los tres su maestro.

Estaban además los expresidentes brasileños Luiz Inacio Da Silva y Dilma Rousseff, y el ex futbolista argentino Diego Maradona, quien llamó a Fidel su "segundo padre".

Hoy en Santiago de Cuba acto masivo póstumo a Fidel

Hoy en Santiago de Cuba acto masivo póstumo a Fidel

 

8:38:14 a.m.

Este sábado a las siete de la noche, se realizará un acto de masas en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, en el que el aguerrido pueblo santiaguero, junto a una representación de las provincias orientales rendirán homenaje póstumo al líder histórico de la Revolución.

En el memorable acto estarán presentes mandatarios y personalidades de diferentes partes del mundo. Harán uso de la palabra, dirigentes de las organizaciones de masas, sociales y de la Unión de Jóvenes Comunistas, en representación de nuestro pueblo.

 

Fidel parte de Granma rumbo a Santiago

Fidel parte de Granma rumbo a Santiago


7:59:48 a.m.

La urna con las cenizas del Comandante en Jefe partió del Museo Ñico López, en Bayamo custodiada por los generales  de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; Ramón Espinosa Martín, viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y Joaquín Quinta Solá, viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Hoy, la Caravana de la Libertad siente el mismo calor humano que en 1959, cuando el Comandante de la Revolución, Juan Almeida, comentaba: 

«Al paso de Fidel, surge de los corazones del pueblo el grito de: «¡Viva Fidel, viva Fidel, viva!», que repiten con entrañable sentimiento y alegría. El pueblo nos rodea en multitud. Se encuentran los padres con sus hijos; varios los ven por primera vez en los brazos de las mujeres que dejaron embarazadas. Con besos a los héroes, hay despedida a los combatientes que continúan en la Caravana».

Eusebio Leal: “Fidel se entregó sin límites a la causa de su patria y tuvo por patria al mundo”

Eusebio Leal: “Fidel se entregó sin límites a la causa de su patria y tuvo por patria al mundo”

 

7:16:48 a.m.

El triunfo de la Revolución abrió todas las puertas a varias generaciones de cubanos. “Seguir las palabras de Fidel, que eran compartidas por todo un pueblo, fue para mí más que una sensación y una vivencia, un magisterio.” Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, tenía entonces mucha avidez de conocimiento y le había sido negada en la pobreza familiar la educación escolar anhelada.

Las oportunidades posteriores fueron de gran provecho para quien hoy tiene sus espacios ganados en disímiles academias y altas casas de estudio de Cuba y el mundo. Pero ante cada lauro, la reacción siempre es de gratitud a quien le permitió integrarse al proceso revolucionario desde su singularidad, su condición de cristiano, su devoción por una historia patria despojada de arquetipos y omisiones y su probada pasión por la defensa del patrimonio nacional.

Una noche intercambiaron pañuelos bordados con las iniciales, y Leal correspondió a la deferencia: “Le doy mi Lealtad a cambio de su Fidelidad”. Y la lealtad y la fidelidad coronaron una amistad incondicional: “cuando tuve algún problema personal, se apartaba rápidamente de lo que estaba haciendo, me escuchaba, y si estaba en sus manos, daba una solución.”

Así Leal fue comprendiendo cómo el liderazgo de ese cubano universal se había inspirado en el ideario de José Martí “el más agudo, el más intenso intérprete de la realidad de su tiempo, el más profundo conocedor de los cubanos”. Fidel rechazó todo dogma, reinterpretó continuamente la realidad y creyó sinceramente en las capacidades del hombre, en la vocación redentora de todo revolucionario. No le gustaban el engaño y la simulación. Con él “había que estar dispuesto a la verdad”.

Pero el atractivo mayor fue descubrir en “Fidel a un hombre de la cultura, a un pensador que se prepara, estudia y nunca cree suficiente el conocimiento adquirido”. Frente a él “no se podía improvisar” y contrario a lo que algunos suponen, dada su inmensa capacidad como orador —podía hablar horas ininterrumpidamente—, en el brazo de su butaca quedó la huella del pequeño hoyuelo marcado por el golpe seco de su dedo durante las largas horas que dedicó a escuchar el testimonio de otros y a cultivarse en la sabiduría ajena.
“Cuando conocí de él a partir de los testimonios de su propia vida —asegura Leal— supe que, por ejemplo, en los estudios universitarios era capaz de llevar muchas asignaturas al mismo tiempo, estudiar y a la vez, como está consignado en su expediente académico demostrar la enorme lucidez y capacidad para emplearse a fondo en muy diversas materias.

“Ha sido un lector incansable, ha leído de todo lo necesario para el conocimiento de la historia de la humanidad, de la cultura, la literatura, el arte. Ahí entran muchas apreciaciones cruzadas en mi memoria, de intelectuales que conocí que lo conocieron; de amigos y compañeros de lucha que compartieron con él momentos muy trascendentes y una de las cosas que a todos más nos impresionó fue su capacidad de adquirir conocimientos y proyectarlos en sus relaciones y en su discurso político.

“Una convicción le acompañó desde los primeros años de su vida: su destino estaba ligado indisolublemente a una causa de justicia social por la cual sacrificaría fortuna, tiempo, momentos para los amigos… todo cuanto fue necesario dejar a un lado para llevar adelante lo que él consideró justo, conveniente y necesario para Cuba”.

—Esa capacidad intelectual y ese cultivarse en el ejercicio constante del conocimiento le facilitaron sin dudas convertirse en el estadista y el hombre de connotación universal que es. ¿Qué hitos nos resaltaría hoy de esa impronta global de Fidel?

Hay que depositar todo eso dentro de una personalidad muy singular. Un hombre pulcro, atildado, muy cuidado en su imagen en todo tiempo, un caballero, quiere decir, alguien que con cualquier persona, de cualquier ideología, de cualquier confesionalidad, podía hablar, conversar y traducir en su palabra ese sentimiento de respeto que su propia cultura y conocimiento humano le confirió como una virtud y una capacidad.

Lo recuerdo delante de mí conversando con figuras tan importantes como Rajiv Gandhi que era un hombre también de gran refinamiento personal; lo recuerdo hablando con el Papa Juan Pablo II y su impresión en relación con Su Santidad; lo recuerdo conversando con diferentes líderes revolucionarios latinoamericanos; lo recuerdo en las incontables visitas en las cuales guié a mandatarios que él acompañó al Centro Histórico habanero.

Tuve la oportunidad de estrechar la mano a distintos líderes mundiales y latinoamericanos con los cuales él sostuvo una intensa relación como fue, por ejemplo, Salvador Allende a quien saludé por intermedio de Fidel como senador visitante en Cuba primero y luego en su visita presidencial.
En sus encuentros, más privadamente, Fidel siempre expresó aquél comedimiento, ese sentido que lo llevaba a saber desde cómo comportarse a la mesa, cómo hablar y sentarse, cómo dirigirse a las personas. Ejercía una especie de magnetismo sobre los demás. Y es que, a diferencia de lo que algunos creen, Fidel tenía una gran capacidad de escuchar al mismo tiempo que una gran capacidad para lograr ser escuchado. 

—Entre esos hombres universales resalta la amistad de Fidel con Hugo Chávez que se expresó cual amor entrañable entre un padre y un hijo. Usted fue testigo del surgimiento de esa relación ¿cómo se produjo ese abrir la puerta a una amistad para toda la vida?

—Tengo fundamentos para creer que la persona con la que tuvo la mayor empatía, la que le sorprendió tremendamente por su capacidad, su patriotismo que era como un manantial que brotaba de manera espontánea, también un lector voraz, poseedor de una memoria fotográfica increíble, fue Hugo Rafael.
Tuve la suerte de estar entre los primeros cubanos que le conocieron. Estuve presente en el recibimiento cuando llegó por primera vez a Cuba y en la primera conversación entre los dos.

“Recuerdo la fascinación que Fidel sintió por aquél joven que venía tras las huellas de los próceres y con el interés de visitar los escenarios progresistas latinoamericanos y conocer de otras experiencias de militares comprometidos. No olvidemos a Omar Torrijos, a la revolución de las fuerzas armadas en el Perú… por ese camino andaba él inicialmente. Era un camino que debía lógicamente recorrer pues había sido un soldado formado, un oficial nacido en el seno de la academia, que tuvo muy buenos maestros, que conocía al dedillo la historia de su supremo mentor que era Simón Bolívar, quien lo fue también para Martí y Fidel.

“Estaban creadas las condiciones para que Chávez se convirtiera en lo que fue. Recuerdo el momento en que estando juntos en Venezuela – tuve el honor de acompañar al Comandante Fidel – el venezolano le hace la solemne promesa de no defraudarlo. Y efectivamente, así fue con la vida y con la muerte.

—Evocaba a José Martí quien fue el asidero y la raíz del ideario del Comandante en Jefe. El Apóstol de Cuba en su tiempo dijo que cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que llevan en sí el decoro de muchos hombres… ¿Qué relación establecería usted entre esos dos grandes iluminados de la historia patria?

—Fidel fue profundamente martiano, no de fragmentos de la obra de José Martí sino de leer todas las biografías escritas, el epistolario sobre todo y podía recordar a la perfección distintos momentos no sólo de la vida sino de la obra política unitaria del Apóstol. A él le fascina cómo Martí logra de las causas y razones que perdieron la Guerra de los Diez Años abogar por y crear y convertirse en el factor de la unidad.

“Esa idea de la unidad va a estar permanentemente en el ideario político de Fidel. Nada que desuna es para él importante. Nos dice como Martí que hay que estar siempre ardiendo en la luz del sol y no a la sombra. Nos dice que debemos situarnos en el hecho político que Martí supone y en toda la historia del país, al tiempo que reverencia a aquellos que se sacrificaron en aras de ese ideal y no lograron alcanzarlo.

“Por eso su admiración por Bolívar o por Carlos Manuel de Céspedes. Profundamente cespediano, profesó una devoción al Padre de la Patria. Fidel fue un revolucionario que estaba movido por un gran patriotismo, de un alto sentido del deber que se impuso él mismo como disciplina.

“Si de Martí se pudo decir que subía y bajaba escaleras como quien no tenía pulmones, que pasaba días enteros en vigilia, visitando y hablando, de Fidel igual. Lo he acompañado en jornadas inacabables que han comenzado por el día y por la noche también. Su más grande obsesión era dejarle al pueblo cubano una bandera. El servicio más grande o el último que ha prestado en vida a su patria no es solamente el haber dejado un acumulado de ideas, proyectos, iniciativas y obras, sino también habernos dejado en este momento crucial una bandera no sólo de resistencia sino de triunfo.

En el momento en que escuchamos expresiones groseras de unos pocos y a otros que irrespetuosamente celebran la muerte, nosotros asistimos al espectáculo conmovedor de la despedida multitudinaria y universal de alguien que ha luchado tanto por la vida. Y la expresión del pueblo cubano en este instante, la que apreciamos y sentimos contenida en ese silencio que percibimos por las calles, es la más grande manifestación de respeto a un hombre que se entregó sin límites a la causa de su patria y tuvo por patria al mundo.

—Hay quienes auguran que después de Fidel Castro la Revolución cubana desaparecerá, que las jóvenes generaciones no están preparadas para continuar ese legado, que el país definitivamente se convertirá en esa fruta madura que caerá destruyendo a la nación independiente por la cual él tanto luchó junto a su pueblo. ¿Qué nos diría usted?

—Un hormiguero es lo que verán esos agoreros cuando traten de tocar al país en su yaga, en sus debilidades o defectos… un hormiguero. El pueblo cubano en este momento está tranquilo pero muy celoso de la dignidad de la cual Fidel ha sido un símbolo absoluto.

“Tengo fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud y en la vida futura como decía Martí. Y sé lo que él ha significado y lo que significará para las futuras generaciones. No se podrá escribir la historia universal del siglo XX, ni se podrá escribir la historia de nuestro país sin mencionarlo a él. Será como lo que respondió una vez Máximo Gómez ante una provocación: prueben a escribir la historia de Cuba sin mencionarme a mí.

La corbata negra que usted porta hoy es como la encarnación simbólica de los momentos de más intimidad que compartió con Fidel. Usted hablaba del gran caballero que fue y sé que conoció de la inmensa bondad y también de la cólera de un hombre muy especial. ¿Cómo era ese Fidel que usted pudo disfrutar más próximamente?

—Fidel me honró con su amistad y honró con su amistad a mi madre que era alguien muy importante para mí y que él apreció en su valor como testigo de una época dura en la cual a ella le tocó vivir. Ella coincidió un poco generacionalmente con él aunque le llevaba casi veinte años. Por eso estoy muy cerca del sentimiento humano, de la capacidad de ser por un instante ese ser humano tan cálido y próximo; porque él —vale la pena aclararlo— era un político ante todo y todo el tiempo pues comprendió el valor de la política y sacrificó sentimientos muy propios. Pero cuando le planteabas alguna situación personal enseguida se apartaba y atendía ese tema.

“Sé lo que significa su abrazo en un momento oportuno y sé lo que significa su mano en un momento oportuno. No era cosa que se regalaba y prodigaba. Él sabía ser severo, austero e ignorar la adulación que le molestaba extraordinariamente. Tenía un gran sentido de la cultura del refinamiento, vanguardista diría.

“Yo tenía una corbata que llevaba por otras razones, siempre negra. Un día le dije a él: quiero pedirle algo, e inmediatamente abandonó lo que estaba atendiendo sentado a la mesa y me preguntó: ¿De qué se trata? Le planteé que necesitaba una corbata negra porque la mía se había deteriorado. Enseguida mandó las suyas y escogí entonces una. Es esta que llevo puesta hoy y que desde hace veintitantos años utilizo en ocasiones de gala. Siempre anudada porque entre mis tantos defectos está el no saber hacer el nudo de la corbata. En algunos lugares está raída, pero lo que no está raído es el recuerdo del que me la dio.

—El que se la dio le entregó muchos de los bienes personales que le habían obsequiado a lo largo de los años, en nombre de la nación cubana y para ella, y también muchos de lo que hoy se consideran bienes patrimoniales y se muestran en instalaciones museables del país. ¿Cómo se produjo ese legado?

—Cuando murió Celia (Sánchez) me ocupé personalmente por una designación de él de ordenar y clasificar todo lo que como jefe de estado había recibido. En ese sentido fue muy pulcro porque allí estaba absolutamente todo, desde un pañuelo bordado con sus iniciales, un libro dedicado, hasta cualquier objeto que le hubiesen entregado. Si un campesino en un campo de caña le había entregado una mocha de corte allí estaba.

“Pero también había regalos primorosos de presidentes de diversos sitios del mundo. Recuerdo la biblioteca donde habían libros dedicados desde el Papa Juan XXIII hasta la madre de Gandhi, Indira. Un día en medio del período especial me acompañó al lugar donde estaba depositado todo pues ya me había ordenado distribuir aquello en todos los lugares donde fuera útil a Cuba.

“Esa noche observó todo con detenimiento por última vez, en presencia del secretario del consejo de estado, el Doctor José Miyar (Chomi), quien le sirvió con una lealtad y modestia ejemplar. Le ordenó que levantara un acta y escribió el mismo de su puño y letra dándome ese legado y la responsabilidad histórica. Unas pocas horas después estábamos llevando a los asilos de ancianos la ropa y los abrigos que debieron ser adaptados por las monjas a las tallas propias del anciano que los usaría. A los museos de toda la isla de Cuba desde Sandino hasta Baracoa llevamos esas cosas personales con la sola condición de que no se podía poner en leyenda alguna o referencia que eso lo había entregado él. De ninguna manera, independientemente de que muchas piezas bordadas en objetos manufacturados de América Latina y el mundo llevaban grabado su nombre.

“Recuerdo que en una Mesa Redonda en la televisión, ante una calumnia, fue que entonces autorizó a contar esta historia y se reveló lo que con mucha prudencia, sentido común y silencio había hecho. 

—Fidel fue un amante de las artes y las letras y un defensor consciente del patrimonio. ¿Cómo nos ejemplificaría Leal esa condición de Fidel?

—Ahí está el Museo Nacional de Bellas Artes que se amplió a dos edificios y se reinauguró en momentos muy difíciles para el país. Otras voces siempre querían salvar a cambio del patrimonio pero Fidel nunca. Tengo un escrito de él en relación con un automóvil muy bello que estaba a la venta por parte de una familia y él ordenó comprarlo y pagar lo que la familia pedía para luego poner una nota que decía: que no se venda a ningún precio. O el reloj del Padre Félix Varela regalo de José Antonio Saco con el que pasó lo mismo.

"Y está el Decreto Ley 143 del Consejo de Estado firmado por él que considero es el monumento a la política más avanzada a escala mundial en la preservación del patrimonio de cualquier nación. Concedía personalidad jurídica, capacidad de poseer bienes patrimoniales y subordinaba mucho al interés de salvar la Habana Vieja que la veía como un bien extraordinario del país y serviría de ejemplo para un movimiento nacional de restauración y rescate del patrimonio.

“Con la mente siempre puesta en los precursores, en los que habían luchado y en otros compañeros a los cuales había encomendado esa tarea, viendo que en ese momento me correspondía, pues me dio esa facultad. Hace unos pocos días tuve la satisfacción de hacerle llegar un mensaje cuando convertimos en una lápida de bronce sus palabras del decreto, para convertir en perpetua memoria ese avanzado proyecto de preservación patrimonial. Está colocada sobre las piedras del antiguo Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas y así lo comuniqué al General Presidente, su hermano Raúl, también amigo y benefactor de la gran obra a favor del patrimonio.

“Este tema me resulta particularmente sensible y quisiera hoy agradecerle a él, a su memoria dedicarle estas palabras porque el tiempo pasa también para mí, por todo lo que hizo por el pueblo cubano, por la humanidad y por qué no, también por mí. Quisiera agradecerle a su familia y enviarle mi profundo pesar a su viuda Dalia Soto del Valle, a sus hijos todos, a su hermano Raúl, a sus hermanas y a todos los cubanos y a todas las personas del mundo que en este instante sienten como suyo el dolor de su transitoria partida. Como dijo una vez Martí: mi verso crecerá bajo la yerba y yo también creceré. Él también crecerá.

—Hoy, después de conocerle de tantas maneras, ¿cuáles cree el historiador que fueron las condiciones que en los orígenes de su vida allá en Birán —como si se tratara de un viaje a la semilla— condicionaron la naturaleza y el carácter de Fidel?

—Las recientes publicaciones de la obra hecha por Katiuska Blanco, son a mi juicio un aporte fundamental para el conocimiento de Fidel, la familia y de esa primera historia. He leído otros textos también y he tenido el testimonio directo, a lo largo de muchas conversaciones, con sus hermanos, Ramón, Raúl, con sus hermanas… todas me dieron en algún momento un testimonio de lo que fueron aquellos años.

“Birán es toda una explicación. Él tuvo un culto particular por sus padres como lo han tenido todos sus hermanos. Un culto particular por Lina y un culto particular por Ángel el soldado español que vino a la guerra de Cuba, levantado en las quintas españolas y que llegó a esta tierra y se enamoró del país. Estuvo enfermo en los hospitales de campaña, en la trocha de Júcaro a Morón y posteriormente, es embarcado de regreso con las tropas exhaustas, vencidas y enfermas. Pero apenas un año después regresa y en una proeza personal y con amigos fieles, logró la tierra que se fue convirtiendo en una especie de pequeño reducto entre los grandes cañaverales de los grandes latifundios norteamericanos.

“Birán fue en cierta medida una utopía. Veintisiete construcciones entre las cuales destaca la escuela, cosa que no era común de ninguna manera en una finca particular, en una casa de familia. Poseía una distribución que permitía tener ciertas condiciones muy excepcionales para los trabajadores que allí operaban en especial los trabajadores negros haitianos que allí llegaban forzados a emigrar de su país, a los cuales Fidel y Raúl siempre se han referido con mucho afecto y compasión.

“Birán fue siempre el punto de regreso pero también el punto de partida. Hay un momento en que la partida se hace definitiva porque los hijos de Ángel deben ir a enfrentar la populosa Habana. Ya no era el ambiente coloquial y familiar de Santiago de Cuba. Ahora sería la gran Habana, la urbe donde estaba la única institución de alta docencia en Cuba, la universidad.

“Y ahí llegaron los hermanos y Fidel con el más pequeño, con Raúl. Entonces comienza el gran debate. Muchas de las cosas aprendidas en Birán aparecen con fuerza, la disciplina, el amor a la tierra, a la montaña… Fidel narra su aventura subiendo a los montes, esos pinares que siempre recuerda, de Mayarí. Recuerda con mucha ternura la vida campesina que le confirió un sentido muy humano y particular a su vida. Me refrenda la idea de que el ser humano se forja en el seno de una familia y a partir de ciertas virtudes fundamentales como son el espíritu de trabajo, la honradez, la compasión hacia los demás, el sentido de la justicia… sobre esa base se levantan luego las virtudes políticas.

 —Fidel se refirió al Che alguna vez de este modo: Hay personas que da trabajo resignarse a la idea de su muerte. ¿Qué le diría hoy al pueblo cubano al cual le cuesta mucho resignarse a la idea de la muerte de Fidel?

—Él tenía su propia medicina reservada. Así nos lo expresó en su última comparecencia en el congreso del partido. Fidel era profundamente martiano y Martí dijo: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. Ahí está la clave.

 

Santa Ifigenia, el cementerio que acogerá los restos de Fidel

Santa Ifigenia, el cementerio que acogerá los restos de Fidel

 

11:13:30 p.m. 

Cuando en la mañana del próximo domingo 4 los restos mortales de Fidel Castro sean inhumados en el cementerio de Santa Ifigenia, habrá una nueva y poderosa razón para considerarlo un altar de Cuba. 

Muy cerca del Héroe Nacional, José Martí, en el Mausoleo que perpetúa su memoria, el sitio de descanso eterno del Comandante en Jefe será otro imán para los cubanos y personas de otras latitudes interesados y motivados por las páginas de gloria de una revolución de casi siglo y medio. 

Inaugurado en 1868, justamente el año en que comenzaron las gestas por la independencia, fue el tercer camposanto en el país y cobró mayor notoriedad a partir de junio de 1951 con la inauguración del monumento al Apóstol. 

A lo largo del tiempo, tanto en el siglo XIX como en el XX, al igual que la urbe fue epicentro de hitos en los afanes independentistas de los cubanos y como capital de la antigua provincia de Oriente, su cementerio devino paisaje funerario que resume el devenir nacional.


El tesoro espiritual que guarda tiene entre sus más notables exponentes, además de la tumba de Martí, la de Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de la guerra de 1868 y considerado el Padre de la Patria, junto a las de 30 generales de las campañas emancipadoras. 

 

Allí encontraron también reposo eterno Mariana Grajales, madre de los Maceo, esa noble estirpe; los jóvenes asaltantes al cuartel Moncada, la mayoría de ellos masacrados después de la acción comandada por Fidel el 26 de julio de 1953, y luchadores clandestinos como Frank y Josué País. 

A esos valores patrióticos se sumaron virtudes patrimoniales, escultóricas y arquitectónicas al punto de ser considerado un museo a cielo abierto y merecer desde 1979 la condición de Monumento Nacional. 


Desde el 30 de julio del 2007 una llama eterna, encendida por el presidente Raúl Castro en el área frontal de la necrópolis, añade fuerza simbólica al perenne tributo de los cubanos a los caídos en pos de la soberanía y la dignidad nacionales. 

La guardia permanente de honor comenzada el 19 de mayo del 2002 ante los restos de José Martí, en el aniversario 107 de su caída en combate, sumó solemnidad a la propia del ámbito funerario y motiva desde entonces la curiosidad y la admiración de quienes visitan Santa Ifigenia. 

 

Iniciado cada día con la salida del sol y finalizado con el ocaso, el rito transcurre con los acordes musicales de la Elegía a José Martí, compuesta por Almeida, y tiene su momento de mayor lucimiento durante el cambio de guardia que se ejecuta cada media hora. 

Con la participación de estudiantes de escuelas militares de diversas provincias cubanas, la guardia cobra connotación especial en fechas históricas relacionadas con el nacimiento y la muerte de Martí y otros hechos cruciales de la vida cubana. 

(Fuente: LD)

¡Fidel, en la tierra del Padre de la Patria!

¡Fidel, en la tierra del Padre de la Patria!

 

11:04:14 p.m.

Las cenizas de Fidel llegaron hoy a Bayamo, la tierra de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y ciudad Monumento Nacional que prefirió arder en llamas antes que ser sometida por el yugo español.

Arribaron el mismo día en que el Comandante desembarcó por Las Coloradas en el Yate Granma, en 1956, para librar la última etapa de nuestras guerras de independencia al frente del Ejército Rebelde, en la Sierra Maestra.

 

Maradona en Cuba para despedirse de Fidel

Maradona en Cuba para despedirse de Fidel

 

10:47:36 p.m. 

El exfutbolista argentino Diego Armando Maradona llegó a Cuba hoy, para participar en los homenajes al líder de la Revolución cubana, Fidel Castro. (Foto tomada en 2005) 

Vengo a estar con mi segundo papá, con la leyenda que se nos va, pero nos deja un legado muy claro que no podemos traicionar; quien cree que Cuba se debilita porque se fue el más grande, se equivoca, expresó el astro del fútbol mundial en declaraciones a la televisión nacional. 

Agradeció al dirigente histórico por abrirle las puertas de la nación cubana en el momento difícil de su recuperación por problemas de adicción a las drogas, y elogió el liderazgo de Fidel, al decir que podrían haber muchos jugadores, pero él era el líder del equipo mundial de los políticos. 

Maradona, quien mantuvo una estrecha amistad con el Comandante en Jefe desde 1987 cuando visitara la Isla por vez primera, alegó que ha venido a decirle ¡Hasta siempre Comandante! 

Quiero mandarle un gran saludo a todos los cubanos y decirles que mi corazón está con ellos; soy un soldado cubano, antes que ser un soldado macrista; mi corazón y todo mi cuerpo lo daría por esta bandera, por Cuba, Fidel y por el Che, aseguró. 

Las cenizas de Fidel Castro, fallecido el 25 de noviembre pasado a la edad de 90 años, son trasladadas en una caravana fúnebre hacia Santiago de Cuba, adonde llegarán mañana por la ruta inversa que tomaron los revolucionarios en enero de 1959 desde Oriente hacia La Habana. 

(Fuente: LD)

Fidel como el tiempo

Fidel como el tiempo

 

1:37:19 p.m. 

Por Mercedes Rodríguez García 

El tiempo es inexorable. Es decir, no se detiene. No se deja vencer con ruegos. No se le puede evitar, ni burlar, ni hostigar, ni cambiar. Es como él. Es él, y acaba de hacer un alto en Santa Clara.

¿No lo sintieron acercarse? ¿No escucharon sus pasos —zancados de siete leguas— dejando atrás aire y salitre capital? ¿No le vieron salir con un Sol de
equinoccio en la frente, tocado de campaña oliva y tricolor, aromático de lirios y de cedro? ¿No le imaginaron nunca marchando a la inversa, victorioso y sublime, ensortijado el cabello, negrísima la barba, macizo, sonriente, gallardo, valeroso? ¿No le sintieron increpando a los yanquis, gritando embravecido Patria o Muerte, Venceremos, sin declinar un segundo ni el corazón ni la
frente?

Lleva nombre breve e insigne, y a contrapelo de las luces y las sombras, sin venir de otro planeta, trajo luz divina en un yate y dio candil de proa al pueblo.

Se le conocía martiano. ¿Socialista?, todavía no. Una vez, cuando enterraba a sus muertos de los bombardeos, lo dijo sin tapujos, y paralizó a la tarde. Después, en un crítico octubre de corazones rotos, viró literalmente al mundo de cabeza. En Girón aceleró los relojes y adelantó la victoria. Congeló al imperio. Ningún arma galáctica: municiones ígneas entre las piernas y las ingles. (Ingle de varón, diría Carilda).

Sobre ruedas, blindado bajo el vidrio, entró a la Plaza, tarde en la noche. Ya no fijó banderas, ni cantos, ni rostros; ni arriba, la luna y las estrellas; ni pegadas a la tierra las palmas, las fuentes y luces mortecinas. Fue directo al amigo, al hermano, al Guerrillero Heroico, que —aseguró— no está convertido en estatua, ni forjado en bronce, ni esculpido en mármol.

Lo imagino. Un fuerte apretón de manos y un dilatado abrazo. Como en casa de María Antonia, antes de salir por Tuxpan.

Hablan de Aleida y los muchachos, y del ciclón Flora, con Raúl; de cuando se marchó «camuflado» al Congo y, «disfrazado», a Bolivia. Se ríen. Hablan de Cuba, del Partido, de las nuevas generaciones, de lo que ocurre en Venezuela, de Chávez, de Evo, de Nicaragua, de Argentina, de Correa; de Colombia, la firma de la Paz y el destino deAmérica; de los peligros de Trump, de los desaciertos de Europa, de la Inglaterra del Brexit. ¡Mundo tan enrevesado este!, Che. Lo que no se puede es retroceder, dejar que los imperialistas nos planten la pata encima, como tú dices: «ni un tantito así».

La madrugada avanza. Amanece. No hay adiós ni despedida en la ciudad gloriosa que los venera y reedita.

Ahora ¡a continuar la marcha! A entrar de nuevo al Parque, a otra hora, pero lo mismo que aquel resplandeciente 6 de enero de 1959. Al combate. «Vamos a cantar el Himno Nacional», ordena.

En minutos, parte. Íntegro, cabal, humano, solidario, invencible, sanador de los pobres.

Va con ojos de águila, oteando el horizonte, agitando las manos señalizadoras.