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Fresa y chocolate: 20 después o las alegorías del re (descubrimiento)

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8:03:16 a.m.

Un encuentro casual con el actor Jorge Perugorría durante la Bienal de La Habana en 2012 supuso, para la joven realizadora Lianed Marcoleta, el primero de muchos otros descubrimientos. O lo que es lo mismo, la génesis de un proyecto audiovisual que intenta aproximarse a las resonancias casi telúricas de la película Fresa y chocolate en la sociedad cubana, más allá de su impronta cinematográfica.

“Estaba haciendo la documentación de una pieza de la Bienal y Perugorría se encontraba presente. Para mí fue algo increíble, porque me parecía que estaba viendo a Diego. A partir de ese momento empecé a formularme una idea sobre qué sucedería si este personaje regresara a Cuba en el año 2014, después de haberse ido hace más de dos décadas”.

La pregunta, posible detonante de muchos otros cuestionamientos, devino punto de partida para revivir la trascendencia de esa obra fílmica a través del documental Fresa y chocolate: Veinte años después, cuyo estreno está previsto próximamente.

Según adelantó Lianed en entrevista realizada por Anailí Román para Cuba Contemporánea, “la principal intención es poner en perspectiva los conflictos esenciales que aborda la película y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Fresa y chocolate se estrenó en diciembre de 1993, en circunstancias muy dolorosas y terribles para nuestro país, y no quisiera que se olvidara un hecho cultural tan significativo. El propósito no ha sido realizar un recuento de todos los acontecimientos ocurridos durante estos años, ni aportar una cronología en términos históricos exactos; más bien hemos tratado de ver qué trajo a colación la película y qué está sucediendo hoy con algunos de esos asuntos”.

Un primer corte en agosto de 2014 con el cual Lianed no quedó complacida –“en ese momento faltaba en el documental toda una visión de Cuba que yo quería estuviera presente”, dirá después– supuso la búsqueda de nuevos caminos expresivos para el equipo de realización. Caminos que, luego de casi tres años de trabajo, han devenido un homenaje audiovisual merecido y necesario.

—¿Desde qué enfoques –conceptuales y estéticos– pretende aproximarse este documental a una obra de culto para la historia del séptimo arte en Cuba como es Fresa y chocolate?

—La homofobia, la emigración y la fe de los jóvenes en el proyecto de la Revolución cubana son, para mí, los temas más significativos presentes en la película, y por lo tanto constituyen los ejes temáticos centrales del documental. Las preguntas que se plantean los personajes funcionan como hilo conductor para introducir los temas y generar el debate. En correspondencia con ello, la estructura se articula a partir de saltos temáticos y espaciales que contemplan también la utilización de fragmentos de la película e intertítulos. 

"El objetivo fue, desde un inicio, realizar un documental de espacios que posibilitara el intercambio y el diálogo entre los actores en los mismos lugares donde Diego y David descubrieron su amistad. De este modo, en Coppelia se concentró el debate acerca de la homofobia, La Guarida devino un sitio más íntimo para que los actores hablaran sobre sus sentimientos hacia Cuba, mientras que en El Cristo de La Habana Vladimir Cruz explica lo que significó para ellos hacer la película junto a Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y todo lo que les aportó desde el punto de vista profesional y humano"

Me interesaba que los actores regresaran a esos lugares, y que su edad y su propia piel fueran una metáfora de los años que han pasado sobre Cuba. En principio esta era una de las intenciones primordiales, y me parece que al final logramos que ese sentir estuviera en el documental.

—Según has explicado, uno de los objetivos fue proponer un análisis de la sociedad cubana actual a partir de los temas respecto a los cuales discursa la película. De acuerdo con este propósito, ¿se valoró la participación de otros entrevistados que complementaran los puntos de vista aportados por los actores?

—La base discursiva del documental son los protagonistas del filme: Vladimir, Perugorría y Mirtha Ibarra conducen el proceso de búsqueda y dialogan todo el tiempo entre ellos. Mirtha constituye, de hecho, el principio y el final del documental. Pienso que el personaje de Nancy –que es el que ella interpreta en la película– es una alegoría a Cuba, y David, a la juventud cubana. Ellos representan una relación de amor entre Cuba y los cubanos que ha tenido muchos avatares a lo largo de la historia. Eso es lo significativo para mí entre Mirtha y Vladimir, y por eso también he intentado rescatar qué significa esa historia de amor para nosotros.

"No obstante, además de los actores protagónicos, decidimos incluir a otros entrevistados con el propósito de que el documental estuviera sostenido por criterios de testigos y expertos. Primero que todo, a Juan Carlos Tabío, el codirector de la película; a José María Vitier, compositor de la música original del filme, y a Rebeca Chávez, quien realizó un documental sobre el proceso de rodaje de Fresa y chocolate. De igual modo, están presentes Antón Arrufat, Julio César Pagés, Mariela Castro, Jorge Ángel Sierra, Carolina de la Torre, Magda González Grau, Lohania Aruca, Ariel Dacal, Julio César Guanche y Milena Recio, entre otros especialistas.

"También entrevistamos a jóvenes escogidos al azar, quienes comparten sus criterios sobre qué es para ellos la fe, en qué tienen fe hoy, y cuánto creen que han cambiado o no, en nuestra sociedad, las problemáticas que trató la película. En este caso, el propósito esencial era escuchar aquello que tenían que decir, sin importar su procedencia social, género o raza.

Graduada del Instituto Superior de Arte en la especialidad de fotografía, Marcoleta contaba con experiencias precedentes en la realización, pero nunca antes había incursionado como directora en el género documental. Y aunque en algún momento pensó “ficcionar” un posible regreso de Diego a la Isla como parte del discurso audiovisual de Fresa y chocolate: Veinte años después, terminó constatando que “cada obra es un espacio vacío que se va llenando de significado. Mi trabajo es descubrirla, respetarla y dejarla ser”.

—Qué complejidades supuso para ti asumir por primera vez la dirección de un proyecto documental?

—Solo la intensa necesidad de comprender y cuestionar nuestra realidad podía impulsarme a emprender este proyecto conociendo bien todos los enormes obstáculos que dificultan la realización de cualquier tipo de obra audiovisual en un país como este, donde no existe una Ley de Cine que incentive, apoye y respalde la producción cinematográfica nacional independiente.

"En medio de ese panorama, concebir el documental, organizar la producción, filmarlo y posproducirlo representó una tarea abrumadora, únicamente mitigada por el hecho de contar con un equipo de profesionales y seres humanos excelentes: el ingeniero de sonido Evelio Manfred Gay, coproductor y grabador de sonido directo de la obra; Joel del Río como coguionista, el editor Fermín Domínguez, Nancy Angulo en la corrección de color, Irina Carballosa y Osmany Olivare a cargo de la posproducción de sonido, y Helman Avelle en el diseño gráfico. Además, quisiera destacar la especial colaboración de Ismael Perdomo, quien nos brindó su set de edición incondicionalmente, y de Lino Lores, compositor de la música original.

"Conciliar la participación de las personas que iban a intervenir en el documental resultó también un proceso complejo que no pocas veces implicó cierta demora durante la etapa de filmación. Sin embargo, el mayor desafío fue lograr de los actores conversaciones que pudieran establecer un análisis sobre la realidad cubana de hoy, buscando propiciar una intimidad entre ellos y que el espectador recordara la naturalidad que emanaba de la película. Tanto Mirtha Ibarra como Vladimir Cruz y Jorge Perugorría fueron excelentes colaboradores y estuvieron dispuestos todo el tiempo a compartir sus visiones sobre Cuba.

"Durante la realización hubo para mí dos etapas: la primera, en la que creía conocer la realidad que filmaba, hasta que en agosto de 2014 tuvimos un primer corte de edición y sentí que faltaban por esbozar visiones de la Cuba post Fresa y chocolate; y la segunda, donde cada día de rodaje era un nuevo descubrimiento. De algún modo, me ocurrió lo que a David con Cuba: descubrí el país que amo, el dolor que me causan sus frustraciones como nación, y el sufrimiento íntimo de nuestro pueblo abatido por tantas circunstancias desfavorables impuestas por la política nacional y la injusticia global".

—De esos descubrimientos inesperados, ¿cuál consideras que fue el más relevante para orientar el documental hacia los nuevos caminos de búsqueda que emprendió el equipo de realización tras aquel primer guion hace dos años?

—Tal vez una de las mayores sorpresas fue descubrir que la semilla de lo genuinamente revolucionario –sin que aburra o harte el término– y del amor a Cuba, está en la mayoría de las personas con las que hablé. Siento que en el alma de los cubanos está la esencia de un país mejor, y yo quisiera que el documental dejara establecido que esa semilla existe, que los cubanos podemos hacer que este país prospere en todos los sentidos y que esa capacidad no puede ser ahogada por el estado de cosas.

Considero que es algo menor si nuestro documental se vale de los recursos expresivos clásicos del género o de las técnicas del reportaje periodístico. Al final, pienso que tendremos suerte si logramos que ese descubrimiento esté presente, si conseguimos crear una memoria audiovisual de cómo es Cuba hoy, en qué punto estamos, y así poder a establecer nuestro devenir con honestidad.

—¿Cómo concretar la idea de un homenaje audiovisual a Fresa y chocolate sin que los 20 años de su estreno terminaran convirtiéndose en un pretexto para dialogar sobre temas en torno a los cuales aún hay tanto que decir?

—Para mí no son un problema los pretextos. Me parecen bastante exentos de conflicto; por lo tanto, espero que cada cual establezca con libertad su propio criterio. Una obra carente de trascendencia normalmente no se convierte en pretexto. Aun así, si Titón y Tabío, a partir del guion de Senel Paz, no hubieran hablado sobre esos temas en la película, si los personajes no se hubieran hecho todas las preguntas que plantea Fresa y chocolate, sería más probable que pareciera una mera excusa para hablar de la Cuba de hoy.

"Al tomar como punto de partida una obra cinematográfica para analizar la realidad, nuestro objetivo ha sido también luchar contra la desmemoria, ubicar los hechos en contexto, mostrar –primero que todo a los cubanos– realidades propias de las que normalmente no se habla. Evidenciar que, tras el paso de 20 años, una película sigue ofreciéndonos luces y sombras sobre nuestra existencia es, tal vez, el mejor homenaje posible a una obra de arte. ¿O no?"

 

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Un himno a Lionel Messi en imágenes

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6:39:57 a.m.

Un interminable himno de alabanzas de hora y media dedicado al genio y figura de Lionel Messi dirigido por el cineasta español Alex de la Iglesia fue presentado  por la sección "Venice Days".

Nada que objetar acerca de la calidad del producto ordenado por la Iglesia, utilizando las proezas de la "Pulga" Messi, sus goles imparables y su dominio cerrado del balón, documentados por cientos de horas de grabaciones de partidos, sin olvidar las películas familiares y las entrevistas realizadas desde su llegada a Barcelona a los 13 años.

Con la ingeniosa estratagema de reunir en mesas de restaurantes en Buenos Aires y Barcelona a parientes, amigos, profesores, entrenadores, compañeros de juego de Newell’s y Barcelona y periodistas varios de ambos lados del Atlántico, de la Iglesia hilvana un rosario de alabanzas de la "Pulga" y las combina con escenas recreadas de la infancia y las demostraciones de su talento de jugador.

Sobre una armazón de guión escrito por Jorge Valdano, que integró el seleccionado argentino triunfador en el mundial de México de 1986 y comenzó a jugar en el mismo Newell’s de Messi, los entrevistados alaban a la "Pulga".

El filme vale sobre todo por esa seguidilla de goles que salen disparados milagrosamente del pie zurdo (y a veces el derecho) de Messi y por esas cabalgatas solitarias con las que la "Pulga" se aproximaba al arco enemigo para vencerlo repetidas veces.

Una de las mejores secuencias del filme es la comparación entre los estilos futbolísticos de Diego Armando Maradona (que lanza un mensaje de amor a su heredero) y Lionel Messi, especialmente comparando aquel famoso gol de mano del "Pibe de Oro" contra Inglaterra, repetido exactamente años después por el crack del Barcelona.

El filme se detiene justo antes del Mundial de Brasil de junio pasado, que para muchos significó el principio del ocaso de Messi, pero sabiendo su capacidad de renacer de sus cenizas como la mítica Ave Fénix, el vaticinio podría ser desmentido en la temporada que acaba de inaugurarse en España.

Tal vez, el primero de septiembre, cuando el diminuto crack jugará en Roma el partido de la paz auspiciado por el papa Francisco.

(Fuente: ANSA)

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La película A Hard Day’s Night, ahora restaurada

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7:27:11 p.m.

La película de los Beatles A Hard Day’s Night ha sido restaurada para su exhibición en una nueva edición. Dirigida en 1964 por Richard Lester, con guión de Alun Owen, el film muestra un día en la vida de Harrison, McCartney, Lennon y Starr en plena beatlemanía.

La película se estrenó en el Pavilion Theatre en Londres el 6 de julio 1964—un día antes del cumpleaños de Ringo Starr—y la banda sonora homónima fue lanzada cuatro días después. Esta sería la primera banda sonora que The Beatles lanzarían durante su trayectoria musical.

A Hard Day’s Night fue nominada a dos Premios de la Academia, al Mejor Guión (Alun Owen) y Mejor Banda Sonora (adaptación) (George Martin).

Se trata de una comedia cinematográfica británica de 1964 escrita por Alun Owen y protagonizada por The Beatles —John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr— durante el apogeo de la Beatlemanía. La película fue dirigida por Richard Lester  y publicada originalmente por United Artists. La película fue hecha en un estilo de documental ficticio, que describe un par de días en la vida del grupo.

El guión fue escrito por Alun Owen, quien fue elegido porque The Beatles estaban familiarizados con su obra No Trams to Lime Street y por su buen manejo del diálogo liverpuliano. Lo escribió desde la visión que The Beatles estaban viviendo, se habían convertido en prisioneros de su propia fama, de forma que su calendario lleno de actuaciones y el trabajo de estudio se había convertido en un castigo.

El rodaje

La película fue rodada por United Artists usando un estilo de cinéma vérité en blanco y negro y fue producida durante un período de dieciséis semanas. Contó con un presupuesto bajo para su tiempo de £200,000 (0,000) y el rodaje fue terminado en seis semanas. 

A diferencia de la mayoría de las producciones, fue filmada en orden consecutivo inmediato, según lo declaró Lennon en 1964.  La grabación comenzó en la estación Paddington, el 2 de marzo de 1964, The Beatles se reunieron con el conjunto de actores, Equity, esa mañana.  La primera semana de rodaje fue en un tren que viajaba entre Londres y Minehead.

El 10 de marzo, se grabaron las escenas de Ringo en el pub turco en Twickenham, y durante la siguiente semana se grabaron varias escenas en los Twickenham Studios. Del 23 al 30 de marzo, el rodaje se trasladó al Teatro Scala,  y el 31 de marzo, todo el concierto fue filmado allí, aunque el grupo hizo playback en los distintos temas. 

Antes de que A Hard Day’s Night fuera lanzada en América, un ejecutivo de United Artists le sugirió a Lester doblar las voces del grupo con acentos americanos. McCartney respondió enojado: «Mira, si podemos entender a un puto vaquero hablando tejano, ellos pueden entendernos hablando liverpuliano.» Lester posteriormente dirigió la segunda película de The Beatles, Help!, y más tarde hizo lo mismo con varias películas populares, incluyendo Los Tres Mosqueteros y Superman II.

La trama

«Acosados por su mánager y el abuelo de Paul, The Beatles se marchan de Liverpool por tren para un programa de TV en Londres». Después de haber escapado de una horda de fans, la banda intenta relajarse a bordo del tren, pero diversas interrupciones empiezan a poner a prueba su paciencia, lo que lleva a George ir al furgón del tren para conseguir algo de paz y tranquilidad.

A su llegada a Londres, The Beatles son conducidos a un hotel donde se sienten acorralados. Después de una noche en la que el abuelo de Paul causa problemas de menor importancia en un casino, el grupo se dirige hacia al escenario donde su actuación van a ser filmada.

Los preparativos son largos así que Ringo decide pasar un tiempo solo leyendo un libro. El abuelo de Paul lo convence de que debería estar fuera disfrutando la vida en vez de leer libros, así que Ringo se retira. Trata de tomar una copa en un pub, después decide ir a caminar por un canal y comienza a pasear en una bicicleta a lo largo de un andén de la estación de tren. Mientras tanto, el resto de la banda está buscando a Ringo frenéticamente (y sin éxito).

Finalmente, Ringo vuelve después de haber sido detenido por la policía junto con el abuelo de Paul, y el concierto sigue adelante como estaba planeado.

Cuando a Ringo se le pregunta si él es un Mod o un Rockero, él responde: «Uh, no, yo soy un Mocker». La frecuente referencia al abuelo de McCartney como un «viejo limpio» contrasta con la descripción del otro personaje de Wilfrid Brambell en la serie Steptoe and Son, Albert Steptoe, como un «viejo sucio».

La película se estrenó en el Pavilion Theatre en Londres el 6 de julio 1964—un día antes del cumpleaños de Ringo Starr—y la banda sonora homónima fue lanzada cuatro días después. Esta sería la primera banda sonora que The Beatles lanzarían durante su trayectoria musical.

A Hard Day’s Night fue nominada a dos Premios de la Academia, al Mejor Guión (Alun Owen) y Mejor Banda Sonora (adaptación) (George Martin).

Las canciones

Todas las canciones se acreditaron a John Lennon y Paul McCartney, excepto donde se anota.

  • «A Hard Day’s Night»
  • «I Should Have Known Better»
  • «I Wanna Be Your Man» (sample)
  • «Don’t Bother Me» (Harrison) (sample)
  • «All My Loving» (sample)
  • «If I Fell»
  • «Can’t Buy Me Love»
  • «And I Love Her»
  • «I’m Happy Just to Dance with You»
  • «Tell Me Why»
  • «She Loves You» 

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El mejor film cubano en 2012

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14/01/2013 19:06:05

 

En un año cuando los largometrajes de ficción cubanos se comprometieron con los rigores de la experimentación, o se aplicaron a géneros de muy difícil integración en nuestro medio, apareció la agradable sorpresa que significó La película de Ana, dirigida por Daniel Díaz Torres, quien cuenta con amplia experiencia, sobre todo en la comedia, a partir de realizaciones como Alicia en el pueblo de maravillasKleines TropicanaHacerse el sueco y Lisanka.

 

La más reciente película de Díaz Torres cumple con tres de las expectativas siempre latentes en cualquiera de los aficionados tradicionales del cine cubano: combinación dosificada de melodrama y comedia de costumbres, fuerte contenido contextual contemporáneo, y capacidad de seducción, sugestión e identificación de los personajes, las acciones y la trama. Dicho de otra manera: todo parece que La película de Ana se inserta entre las mejores producciones del ICAIC últimamente.

La Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica la seleccionó como el mejor largometraje del año, poco después de que el filme obtuviera sendos galardones en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano: mejor guion para Eduardo del Llano, y mejor actuación femenina para Laura de la Uz.

 


Pocos días antes de que se dieran a conocer tales lauros, escribió Rolando Pérez Betancourt en el periódico Granma: «Durante mucho tiempo se recordarán esos primeros 30-40 minutos de La película de Ana (…) historia de una actriz de poco talento que se ve precisada a disfrazarse de prostituta para cumplir los requisitos de unos documentalistas europeos, interesados en captar durezas del oficio en esta orilla nuestra. (…) Primer tiempo fílmico durante el cual cabe imaginarse que La película de Ana va camino de coronar la cima de esas comedias trascendentes, capaces de reírse y de hacer reír desde las realidades más dolorosas».

Entre las «realidades dolorosas» que alude el cronista, probablemente se localice el empeño de muchos extranjeros por espectacularizar, o mostrar con cinismo, nuestros problemas y dificultades. Los personajes que interpretan el actor austríaco Michael Ostrowski y el alemán Tobias Langhoff representan al extranjero dispuesto, más que a mostrar la realidad, a imponerle a la realidad el punto de vista dictado por sus prejuicios. Y la realidad de la prostitución es compleja, y los desborda, tanto a los cineastas extranjeros como a los cubanos habituados a que el tema se presente desde la sociología barata o desde el melodrama sin redención.


De los comentarios aparecidos en Internet, luego del estreno de la película en el Festival, destaca también el de PL: «Una mirada alegre, optimista, profunda y bien criolla a la Cuba de hoy ofrece La película de Ana. (…) La prostitución como pretexto, sirve de hilo conductor para hurgar en otros temas sociales medulares como la familia, la realización personal y profesional de los individuos, las escaseces económicas y materiales; pero, sobre todo, la dignidad del ser humano y su voluntad de enfrentar las dificultades sin perder la alegría de vivir». 

Más adelante, escribe la crítica de PL que «inspirada en hechos reales, Díaz Torres no solo ofrece una mirada diferente hacia la prostitución, sino también todo el ambiente y los por qué de este fenómeno. Pero lo más interesante de la propuesta cinematográfica, y a la vez su principal éxito, radica en mostrar este flagelo más allá del simple placer del sexo, en tanto refleja una realidad social compleja matizada por la profundidad de sus diálogos (el guion fue escrito de conjunto entre Eduardo del Llano y el director), el humor criollo y el optimismo».

La película de Ana significa también la confirmación de la versatilidad omnímoda de Laura de la Uz y la creciente competencia de Yuliet Cruz en el género de la comedia. Reconocida en nuestro medio sobre todo por sus papeles para Fernando Pérez en Madagascar Hello Hemingway, la actriz ha declarado a Prensa Latina su agrado por una historia que «trata temas muy vulnerables asociados a la mujer como el maltrato y la realización personal y profesional.


A esto se suma la calidad del guion, el cual realmente me encantó, pues está escrito con mucho humor, pero a la vez con un grado muy alto de reflexión sobre temas puntuales de la sociedad cubana actual. En lo particular, me fascina la comedia porque es un género con el cual me divierto mucho y me relajo, por eso la disfruto. Ana me dio la posibilidad de improvisar y poner algunos ingredientes de mi historia personal de una manera natural y fluida, sobre todo pasajes asociados a los difíciles momentos vividos durante el llamado periodo especial en la década de los 90, un tema poco tratado en el cine cubano».

Entre las sorpresas histriónicas se cuenta también el desempeño de Yuliet Cruz, quien, además de aceptar el reto de compartir toda la trama y los conflictos con el personaje de Laura de la Uz, asumió con incuestionable gracia un personaje de mujer ligera y resuelta, muy similar al que encarnó en Habana Eva y en Se vende. Espontaneidad, inteligente gestualidad, irradiación y coherencia en la composición exterior del personaje, son algunas de las características que despliega la joven actriz, quien deberá prestar extrema atención para que su ascendente carrera se aparte del encasillamiento.

«Intentamos —ha dicho Díaz Torres al periódico Juventud Rebelde— que la película no se quedara solamente en los marcos de la llamada comedia de costumbres o que fuera una película cubana más sobre la realidad contemporánea. Este trabajo versa más bien sobre la autenticidad propia del individuo. El concepto de prostitución aquí no tiene que ver solamente con pagar intercambios sexuales, sino que abarca también otras cosas que alguien tiene que hacer y que no le gustan, a cambio de obtener algún beneficio determinado. Eso, de alguna manera, también es prostituirse, y lo quisimos reflejar en La película de Ana».

A partir del 17 de enero, y durante el transcurso de este mes, se exhibirá en la Capital, y luego en provincias, La película de Ana, esta historia de una actriz amenazada por tensiones laborales, o por el imperativo de tener que actuar más allá del set televisivo habitual, y de comprender la inmediatez de los medios de expresión vinculada a la franqueza y la trascendencia.

 

(Fuente: La Jiribilla / Joel del Río )

 



 

 

 

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Esta no es una película de Jafar Panahi

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02/04/2012 10:09:33

 

Diario de a bordo y acto de resistencia a la vez, In Film Nist (This is not a film) de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb, se presenta en las Proyecciones Especiales. La película, que ha llegado de forma muy discreta a Cannes junto a Be Omid E Didar de Mohammad Rassoulof, narra el cotidiano de un director de cine iraní, en espera de su veredicto. 

 

Esta no es una película, claro que no. ¿Cómo podría serlo, si Jafar Panahi no tiene derecho a realizar películas. En marzo de 2010, el gobierno le acusa, junto con Mohammad Rassoulof, de preparar una película de propaganda en su contra. Los dos cineastas fueron condenados a seis años de cárcel y la sentencia les prohíbe hacer películas o salir del país durante los próximos 20 años. Los dos apelaron la decisión. 

En In Film Nist (This Is Not a Film ), realizado en colaboración con el director Mojtaba Mirtahmasb, Jafar Panahi narra la espera del veredicto de la Corte de apelación, y al mismo tiempo ofrece una visión clara de la situación del cine iraní. «La esencia reveladora del arte permite que el artista supere sus problemas y transforme las limitaciones en tema de trabajo artístico a través del proceso de creación» escribieron los dos directores en una carta enviada al Festival de Cannes, el 5 de mayo. 

Jafar Panahi, 50 años, es una de las figuras más influyentes de la nueva ola iraní. Sus películas, prohibidas en su país, han sido recompensadas en numerosos festivales: Caméra d'or en Cannes en 1995 por Badkonak-E Sefid, León de oro en Venecia, en 2000, por The Circle, Oso de plata en Berlín en 2006 por Offside… 

El director participó por segunda vez en la Sección Oficial, luego de Crimson Gold, seleccionada en Un Certain Regard en 2003 y ganadora del Premio del Jurado. El año pasado, cuando estaba en prisión, fue invitado a formar parte del Jurado. Su silla permaneció vacía durante todo el Festival. 

 

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A MÍ NO ME GUSTA HABLAR MUCHO DE ESAS COSAS

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Por Yandrey Lay Fabregat

Manuel de Feria, fotógrafo del periódico Vanguardia, de Villa Clara, conoció de cerca al Che. Casi cincuenta años después ofrece su testimonio.     

A mí no me gusta hablar mucho de esas cosas que la gente no piense que me estoy dando «bombo y platillos». Pero sí, yo conocí al Che. Un tipo de hombre de los que vienen pocos, a veces cada dos o tres siglos.

Era una gente en extremo como decimos nosotros «recta». No le gustaban las peroratas, ni las justificaciones. Mucho menos la adulonería. En las reuniones ponía el reloj pulsera sobre la mesa. Se paraban las personas que venían a rendir cuentas. El Che les decía: «Tienes tres minutos». A los tres minutos ya no podías seguir hablando porque se te había acabado el tiempo.

Toda la historia viene de un concuño mío, Manuel Marzoa Malbesado, que había pertenecido al Pelotón Suicida. Terminó la guerra con los grados de capitán y lo ubicaron en una dependencia del Ministerio de Industrias, bajo los órdenes del Che. Manolo me llamó porque necesitaban jóvenes revolucionarios. Fui para La Habana. Allí estuve como dos años. Veía al Comandante Guevara cada cierto tiempo, en una que otra reunión.

Atendí la parte de servicios internos en la Industria Química Básica: comunicaciones, cartas, despachos. Trabajaban conmigo dos viejitos casi en edad de retirarse. A menudo se equivocaban al entregar los documentos. Mandaban para personal lo que debía ir para servicio, para producción los documentos de transporte. Tremendos líos que se armaban.

Puse eso en un informe que iba para el Ministerio. El Che vino al análisis del documento. En un momento determinado leyó mi parte en el informe. Luego preguntó: «¿Quién atiende aquí servicios internos?»

Por esa época yo tenía veintidós años. Al ver mi edad, dijo: «Pero vós sos el único que no puede hablar de los viejitos --él siempre hablaba de vos--. Vós seguro sos el más joven del departamento, ¿no? Pues si hay algún problema vós lo tenés que resolver.» Esa lección no la olvidé jamás.

Así eran las cosas con el Che. Una vez invitó a unos compañeros a una reunión en su oficina. Los citó para los dos de la mañana y dijo que tenía una sorpresa. Todo el mundo estaba embulladísimo por la reunión. Cuando llegaron allí se enteraron que era para un trabajo voluntario.

Tenía tiempo para trabajar hasta las madrugadas. Citaba a los subordinados para esas horas. Los domingos trabajaba voluntario. Jugaba ajedrez, atendía a su familia. No perdía el tiempo.

Iba a las reuniones a resolver los problemas, no a discutirlos. En la capital había una planta que se dedicaba a producir quesos. Un compañero se paró en un consejo y le preguntó al Ministro qué estaba pasando con el queso. El producto estaba perdido de la ciudad.

«Nada, que yo sepa», contestó el Che. Después explicó que él comía queso con bastante frecuencia. El hombre le dijo: «Usted tiene queso porque es el Che Guevara y se lo llevan a su casa». El Che se puso rojo y le contestó: «Mira, ahora yo no tengo razones para explicarte, pero la semana que viene te voy a dar respuesta».

Efectivamente, pasaron siete días. Antes de comenzar el encuentro, el Comandante se paró y le dijo al compañero: «Es verdad lo que tú decías. Me llevaban el queso unos guatacones, para congraciarse conmigo. Ese problema se analizó y tomamos las medidas pertinentes. Tú verás como el queso no va a faltar más.»

Al Che le gustaban los tabacos. Los aprovechaba hasta el fin. Parecía que se iba a quemar los dedos. Fumaba tabacos «desechables», porque decía que los «buenos» eran para la exportación. Si no quería fumar más, apagaba el tabaco contra el borde del jacket verdeolivo y guardaba el pedacito en la chaqueta. Después lo sacaba de nuevo.

Una vez vino a una reunión en Santa Clara. Le entran ganas de fumar y saca un mochito de aquellos. Había un dirigente que tenía en el bolsillo dos habanos enteros y le ofreció uno. El Che lo miró con una cara tremenda. Así, de abajo hacia arriba, y siguió con su mochito. El hombre aquel se puso blanco.

El Che nos enseñó que en nosotros mismos está la solución para nuestros problemas.

Más tarde yo decidí regresar a Santa Clara. Quería casarme, fundar una familia. La mujer que me gustaba vivía aquí. Dejé de ver al Che. En una ocasión voy subiendo la escalera del local donde ahora se ubica la delegación de MINAZ, en pleno boulevard, y veo un hombre de uniforme que pasa por al lado mío.

Me pregunta: «¿Vós que hacés aquí? ¿Dónde dejaste a Marzoa?». Era el Che que se interesaba por mi concuño. Yo sabía que él mismo lo había mandado a una misión en el exterior. Se lo dije. «Ya lo sé, ya lo sé», susurró con el tono irónico que siempre tenía a flor de labios.

Enseguida me reconoció. Hacía un año y pico que yo no lo veía. Además no fui un colaborador cercano suyo. Tenía una memoria gigantesca.

Fue la despedida. Después vino el Congo, Bolivia. Y la noticia terrible de que lo habían matado. Tres o cuatro veces hablé con el Che. Tuvo tiempo de halarme las orejas. Con él aprendí, en todo caso, que nuestros problemas tenemos que resolverlos nosotros mismos.

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La belleza es un camino que se pierde en el horizonte.

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Un cuento de Yansulier García Alvarez

 

El recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años.

Marcel Proust, Por el camino de Swann.


A veces, camino al trabajo en las mañanas, Alejandra se siente como recogiendo estrellas en un lago con el balde agujereado. No está ni triste ni feliz; tiene 25 años y a veces le parece que todo carece de sentido; es "La Niña de la Pluma Rota".

Sí: atraviesa una crisis. Una crisis harto incómoda; no tanto por la imposibilidad de definirla como por su dificultad para salvarla. No es una crisis amorosa; aunque perdió a su último novio hace poco menos de un mes, estaba ya en este estado antes de perderlo, ahora no sufre por eso. Tampoco es una crisis profesional; Alejandra es licenciada, confía en sus capacidades y está haciendo una maestría. No hay nada que le moleste en su cuerpo o en su espíritu; tiene salud y tranquilidad, lo más importante para ella. Sin embargo, está vacía, totalmente. Su amiga más íntima y sabia le ha dado buenos consejos. Los que le darían otros: que busque motivaciones, cosas que le guste hacer, que la hagan sentir realizada, metas... Pero si te sintieras como un peluche al que le sacaron todo el relleno y fueras consciente de eso, ¿querrías que te volvieran a rellenar con guata? De modo que todos los intereses y motivaciones recomendables le parecen un relleno banal. Sabe que si les dedica tiempo lograrán entretenerla y hacerla olvidar el vacío; pero ella no quiere entretenerse, no quiere olvidar. Alejandra quiere llenar el vacío con una pasión auténtica, no por hombres ni mujeres: Alejandra quiere apasionarse por la vida.

  De niña viajó muchas veces a África. Con un mapa y la imaginación. Encerrada a cal y canto por la tía de hierro y una madre católica que leíale bastante y le explicaba más, alérgica al padre ausente como a los ositos de dormir, Alejandra se consagró a la exploración del universo impreso del librero. Imitaba el hermetismo intelectual del tío a la vez que evadía la cándida dictadura de la abuela, rescatada por cuatro mosqueteros o travestida entre una turba de gitanos. Había una ciudad en un cuento ruso, la ciudad de Sopla Vientos, donde había a su vez una calle empedrada que terminaba en el mar. (Todavía Alejandra recuerda aquella calle de fábula con mucho cariño.) De pequeña, pues, fue la suya la ciudad inexplorada, el espacio vasto y desconocido "allá afuera". Para la adolescente, el reto, el desafío de sus calles y personas, la revelación paulatina y asombrosa del misterio. De joven, la jaula de oro, la engalanada ciudad de invisibles muros para quien conservara y mantuviera incólumes su más ferviente pasión y su más antiguo objetivo: crecer para ser gitana y no vivir nunca en el mismo pueblo, y andar con bandoleros que le arrojasen los cuchillos; tal como salen en las películas, con sus carromatos tirados por caballos y sus campamentos gitanales, y sus gitanitos descalzos y llenos de churre correteando por el campo, durante el tiempo que están en el mismo lugar... hasta que recogen los corotos y las carpas multicolores y se largan a otra parte, al son de las panderetas y de sus pavorosas adivinaciones.

Por cuanto le hicieron creer en una posible continuidad entre la vida real y las ilusiones de la infancia, las montañas fueron para Alejandra el primer descubrimiento prodigioso. Gibara sería luego su propio Macondo, el lugar donde todo es posible y nada demasiado, el rincón donde la política es una ofensa, la economía un juego y la sociedad, la suma de las felicidades compartidas. La tierra de su primer amor. La Habana, una reina. Solo en dos sitios Alejandra se ha sentido muy cubana: en el malecón de La Habana y en la Gran Piedra. Baracoa, sin dudas, la tierra más hermosa que ha visto hasta hoy en su país. El Toa, más que una graduación, una escuela; recorrer esa caudalosa serpiente de agua la hizo más humana. Perderse en las grutas de Santo Tomás, casi una broma, un reto a la energía juvenil; cuando ya no tenga fuerzas al menos recordará que pudo caminar doce horas seguidas por una cueva. Imágenes del Cabo de San Antonio hay que la acompañarán siempre. ¿Cuántos cubanos han visto ese faro, esas playas?

Durante sus aventuras y desvaríos, Alejandra ha conocido mejor sus limitantes y fronteras como ente biológico, sabe hasta qué punto está condicionada por la civilización y hasta qué punto no; sabe con precisión cuánto necesita al resto de la sociedad para sobrevivir -nos necesitamos mucho, por cierto-, y ha descubierto algunas perogrulladas: que la posmodernidad es egoísta; que un camerino organizado es como una ramera frígida; y que mucha gente sueña con lugares que nunca conocerá. (Los Alpes Suizos la esperan aún. A Mahoma no lo dejan ir a la montaña...) Como queda dicho, admira al hombre que va de visita a un lugar y se queda, lo ama, lo hace suyo y lo abandona. Halla un encanto sublime en desplazarse; desplazarse llevando todo cuanto somos a cuestas, como el caracol. A dondequiera que vaya el ser humano lleva siempre su esencia; de modo que todos pueden ser lugares de paso, y todos pueden ser nuestra casa: un buen lugar para vivir, un buen lugar para morir, ha dicho, aunque desde niña haya anhelado morir en África.

¿Será hora de pisar tierra firme?, se ha preguntado Alejandra estas mañanas, camino al trabajo. Cuando quedó embarazada por primera vez, la incertidumbre impidió que germinara y creciera en ella la vocación maternal. Ha supuesto que llegará un momento en que aflora algo así, a fin de cuentas hay un tiempo para cada cosa (sabiduría bíblica). Sinceramente en aquel entonces no podía imaginarse a una personita en una cuna dependiendo de ella, le daba miedo. Y lo que más la asustaba no era siquiera la supervivencia de un ser tan frágil; sino su inseguridad acerca de qué le debía enseñar, de cómo educarlo en muchos sentidos. No le quería decir, claro está, que lo mejor del mundo era andar de saltimbanqui por toda Cuba, sin hacer vida hogareña; pero para ella, tan joven, era una de las mejores cosas en aquel momento. (En ocasión del legrado soñó con un lugar lejano, frío y blanco como el Polo Norte, donde hallaba la piedra filosofal; y con una paloma que moría de solo tocarla: "La paloma que vino a María cuando tenía tres meses de embarazo".) Ha sido hasta el presente bastante abierta a la hora de entregar amor -que conste, lo que se dice amor-; pero encontró personas con mucho miedo de enamorarse o muy heridas como para reaccionar correctamente, y todas acabaron dañándola también. La soledad es interesante a veces, necesaria, mas quisiera ahora a alguien especial, preferiblemente lleno de defectos, aunque sin faltas ortográficas. Está convencida de que nada, siquiera eso, puede condicionar su actual crisis de despropósito.

Camino al trabajo, estas mañanas, Alejandra se distrae pensando cosas así, tejiendo retóricas y sinsentidos. Hasta donde tiene entendido, por ejemplo, aquí todo es de todos, y todos tenemos los mismos derechos; de modo que si su vecino tiene una mansión y ella una casa sin techo, y además tiene un puerco y él no, entonces lo justo es dar ese puerco al vecino por el precio de un techo decente. Obvio: el puerco encarecerá bárbaramente; pero, qué le va a hacer, lo único que tiene es un puerquito y la voluntad justiciera de luchar por emparejarlo todo para que no haya diferencia de clases: "El que no tenga la mansión que no coma puerco". Lo malo es cuando, por casualidad, el que tiene la mansión también tiene el puerco; se dificulta un poco más aquello del emparejamiento, de las clases sociales, de los mismos derechos... y a Alejandra se le enreda la Economía Política. No queda más remedio que deshacer el entuerto echando un ojo a las mismas contradicciones de sus planteamientos: ¿cabe "tener" algo en una sociedad sin propiedad privada? No, por supuesto. Luego, si fuera ella la dueña de la mansión y el puerco, terminaría tendiéndole la mano a su pobre vecino: "Amigo mío, de todo corazón te digo que lo mío es tuyo también, no entiendo qué te preocupa tanto"... Pero no. Pensar que siempre hay alguien más mal que tú solo sirve para ponerlo todo peor. Ojalá todas las personas estuvieran siempre mejor, así solo sería cuestión de preocuparse por sí misma, y de paso los demás también podrían preocuparse por ella. Desgraciadamente también es cierto que siempre hay alguien mejor.

Algunas mañanas, camino al trabajo, Alejandra envidia a los homosexuales reprimidos. Al menos siempre tendrán la opción de salir del armario y vivir la vida que quieren y encontrar personas como ellos. Ella, en cambio, nunca podrá vivir la vida anhelada, está atada de pies y manos a una sociedad en la que todos nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, haciendo las mismas cosas; una sociedad donde la vida sigue siendo lo de siempre, un discurrir irrefrenable hacia la nada, sin grandes desasosiegos que perturben la perfección. Suena bastante patético, en efecto, aunque no tanto como para no estar aún en pie, esperando por "el gran día".

Discreta, crítica, mimética, pragmática, liberal. Compasiva e implacable, dulce e iracunda, definitivamente impredecible y contradictoria. Ante cada violación de su espacio o entrometimiento en su privacidad, mira el reloj en silencio y respira hondo; una vez estuvo a punto de descalabrar a su propia madre arrojándole un angelito de yeso. Detesta el acoso de los masturbadores, que se metan con ella en la calle, los piropos vulgares y las preguntas tontas, que la gente vocifere cerca, que le pisen los zapatos. Le gusta coleccionar plumas (no cualesquiera, tampoco es que encuentre una gallina desplumada y se la lleve a casa), el rojo vino y el número 13, el cuarto menguante, la malta con leche y el coctel de mariscos, los Alpes Suizos (al menos idealmente), el otoño, el gato tatuado en el tobillo y otro que nadie nunca vio; de la sortija que le obsequiara su tía, el impúdico tintineo de la esmeralda en el cristal; de las tazas de café con leche, el modesto encanto sereno, susurrante; así como le fascinan las alcobas y las tormentas, aunque su casa sea como la del cerdito uno. Le tiene miedo a las cucarachas, al "proceso de cacatuización" de su agradable apariencia, a que cada vez le queda menos tiempo para que se la coman los gusanos. Tiene la manía de leer el último párrafo de cada libro que comienza como si fuera el primero, pero no pagaría un centavo por ver el futuro; agradece la posibilidad de sorprenderse y la esperanza de lo que trae el día de mañana: paga para que nadie se lo cuente. Disfruta la vaga e inasible sensación que le provoca la palabra "verdemar"; es de las que confunden las "góndolas" con las "pérgolas"; e involuntariamente asocia los delirios de la "liturgia" con los rituales de la "lujuria". De los estados de ánimo, prefiere el de las despedidas; de los estados del cuerpo, el de viajar a gran velocidad; de todos los sentimientos, la seguridad; adora pasar por debajo de los puentes en la autopista y bajo los árboles arcados sobre la carretera, la antropología y los elevadores, las orquídeas y los mapas. Es, según piensa, lo que todos al fin y al cabo: la consecuencia de una serie larguísima de eventos y de las más disímiles cosas, inexplicables aun para sí misma, como las "Aves de paso", de Sabina; una "Rapsodia en agosto", de Kurosawa; "La muerte de Sardanápalo", de Delacroix... o de Proust, las últimas líneas de "Por el camino de Swann".  

Párate en una línea de tren o en un surco muy largo y verás -suspira-: verás la esperanza, la eterna posibilidad del próximo paso, la materialización de la mismísima filosofía de vivir, todos tus días desplegados hacia el infinito, la irresistible tentación de una carrera desenfrenada hacia la felicidad. A veces, camino al trabajo en las mañanas, Alejandra tiene ganas de salir corriendo y seguir, y seguir, seguir sin mirar atrás... por pueblos y ciudades, por países, montañas, mares, y no parar nunca, y no regresar jamás, y que su huella se borre de sobre la tierra de una vez y para siempre, justo al alcanzar la inefable plenitud de la fugacidad mucho más allá de todos los horizontes.

Pero siempre se detiene a las ocho, en la entrada de su trabajo... baja la cabeza y comienza otro día... vacío.

Hay, sin embargo, muchas rutas para viajar, no todas tangibles. Hay frustración momentánea cuando se acaba un camino. Mas ya llegará otro, semejante al que no termina, sino empieza en el mar, empedrado, largo, desconocido... es la belleza.

 

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La aventura del estilo

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Por Yandrey Lay Fabregat (Alumno de Periodismo)

Miguel de Unamuno decía que las palabras no son la expresión del pensamiento, sino el pensamiento mismo. Debido a eso, todo escritor o periodista, comparten los gajes del oficio, deben manejarlos con tanto virtuosismo como un músico opera su instrumento o un cirujano utiliza el bisturí. No ofrecemos recetas para escribir mejor. Sería bastante hipócrita, viniendo de alguien que no cree en ellas. Le propongo discutir algunos principios importantes acerca del arte de la palabra.

Un antiguo proverbio chino reza que la naturaleza nos dio dos ojos, dos oídos y una sola boca, para que hablásemos sólo la mitad de lo que vemos u oímos. Donde quiera colocar diez palabras, utilice cinco. Los vocablos que no le añaden a su texto, indudablemente le quitan brillo. El mismo Monterroso plantea en un brevísimo cuento: “Hoy me siento un Balzac; estoy terminando esta línea.”. Él concedía tanto valor a una simple oración como a las noventa y tantos volúmenes de la Comedia Humana. 

A nadie le gusta que le digan qué hacer ni qué pensar. Muestre los hechos y que el lector decida. Sálvese a sí mismo: usted no ha dicho nada malo, los otros han entendido mal. Tóquele la fibra sensible, pero sin exagerar. Como diciendo: “Mira, ya ves, a ti te hubiese podido suceder lo mismo”. No lo diga todo, sugiera. En cualquier caso el Código Penal aclara que el delito de insinuación siempre conlleva menos responsabilidad que el de propalar verdades cuestionables.

Niels Bohr, en su metodología científica, oponía los conceptos de claridad y verdad. “La realidad está en lo complejo; lo sencillo casi siempre resulta falso”, escribió el físico danés. Usted debe tener en cuenta de que todo artesano de la palabra es un potencial mentiroso. Le queda una oportunidad remanente: Ya que va a estafar a las personas, por lo menos hágalo con sinceridad. Hábleles claro.

La historia del ajedrez ha tenido grandes campeones. Tres de ellos son recordados con singular fervor: José Raúl Capablanca, Mikhail Talh y Robert Fischer. ¿La causa?, muy simple. Parecían ganar sin esfuerzo, como si no tuvieran oponente. La literatura es también como un deporte mágico. Los lectores no juzgan sólo una obra excelente sino también la manera en que esta se escribió. Usted podrá ser el autor de En busca del tiempo perdido, el Ulysses o La Montaña Mágica, pero la gente no apreciará su obra por la calidad que pueda tener, sino por el trabajo que le llevó terminarla. El arte verdadero reside en hacer de cada miniatura una obra monumental.  
 
Hechice al lector, pero sin que se note que usted ha echado los pulmones en el intento. Diga una frase célebre a cada paso, pero no intente explicarla. Pula cada sentencia, cada adjetivo, sin que se vea de donde saca los ases. Si es posible, use un smoking sin mangas. Hágales abrir la boca de sorpresa, maraville. Jostein Gaardner escribió que sólo los niños y los sabios nunca pierden la capacidad de asombrarse. 

Convierta a cada lector en niño y en sabio al mismo tiempo. Entonces la gente lo pondrá al lado de los grandes estilistas: Wilde, Hesse, Borges.  
Un último consejo. Walt Whitman solía decir que “el escritor es un pequeño Dios”, un demiurgo que hace y deshace mundos a su antojo. No le tenga lástima al lector. Golpéelo fuerte. Jab de izquierda al rostro, gancho al estómago. Cuando despierte del knock out, el lector se lo agradecerá. En definitiva, usted le ha hecho desmayarse de placer. “En literatura, la única regla fija es que no hay reglas fijas”. 

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Dádiva para un colega octogenario

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Esta constituye la respuesta de las entonces alumnas de Periodismo Dailyn Ruano Martínez y Sandra Cristina Hernández Gutiérrez, de cuya tesis fui tutora, a una de las preguntas de la oponencia que le hiciera a su Trabajo de Diploma Noticias de un Alerta, la Dra. Miriam Rodríguez Betancourt. Hoy la reproduzco en mi weblog por la vigencia del tema que cobra vida en las actuales Reflexiones de Fidel Castro.

 

El sabor insaciable de quien investiga y descubre aspectos novedosos y otros no tanto, pero sí enriquecedores de la historia del líder de la Revolución Cubana, nos hizo eternas devotas de su personalidad.

 

Y en el afán por desempolvar huellas, vestigios de la presencia de Fidel Castro en el Periodismo, hallamos infinitos motivos para reconocer la significación que otorgó siempre a la prensa para alcanzar el triunfo del Primero de Enero. La visión periodística del  —en aquel entonces— joven revolucionario, lo distinguía al decir del ya fallecido camarada Jesús Montané Oropeza:

 

“Quiero subrayar que encontramos en Fidel a un compañero que sabía apreciar en todo su alcance el papel de la prensa y la movilización de la opinión pública. Él tenía mucho más experiencia que todos nosotros en este terreno (…)”

 

Nos inquieta entonces, la curiosidad de quien pregunta, ¿qué aportes hubiera hecho Fidel Castro Ruz periodista a la prensa cubana revolucionaria luego de 1959? 

 

Ante todo, dejamos definido que se trata de un líder político que se vale de esta trinchera para denunciar los desmanes, la corrupción, la injusticia social y la opresión del desgobierno en la Cuba de los años 50.   

 

Sin embargo, no podemos deslindar el periodismo de la política al punto de caer en disquisiciones. El propio Comandante en Jefe, en varias de sus intervenciones durante el VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba celebrado en marzo de 1999, se refirió a ello aunque desde otro ángulo: los estudios universitarios de Periodismo.

 El periodismo, dijo, “es una carrera política y eso no se puede perder de vista en toda su formación. Esta carrera podrá estar en la Universidad, pero es una carrera política”.

Desde esta definición, pudiéramos dejar sentado la meridianidad del concepto fidelista sobre la misión social, y la función política e ideológica del periodismo, desde la cual asumirlo y ejercerlo constituye una gran responsabilidad y un serio compromiso.

 

Confesamos que imaginar a un Fidel periodista no nos resulta difícil porque tal vez, hubiera constituido un paradigma del que estamos muy necesitados. Eso sí, la respuesta debe fundamentarse desde presupuestos nada soñadores. Está basado sobre argumentos que el propio político ha expuesto a lo largo del decursar en la historia de la nación y de modo particular en sus numerosos intercambios con los periodistas y demás profesionales del sector en Congresos, plenos de la UPEC y en festivales de la prensa.

 En cada momento ha expresado su satisfacción por la profesión Periodista. Así aconteció durante el VII Congreso de la UPEC: “Me gusta mucho el oficio, de verdad…Ténganme por uno de ustedes”

El primero de enero de 1959 abrió paso a transformaciones profundas en las esferas de la educación, la cultura, la salud, la economía, entre otras, marcadas por el afán de hacer realidad los proyectos de José Martì de crear una República democrática  “Con todos y para el bien de todos”.

 

El país se adentraba en grandes y profundos cambios y transformaciones políticas donde el periodismo desempeñaba un papel esencial. Se trataba de defender la verdad contra el ataque desinformativo desatado por la maquinaria imperialista. En medio de la Revolución se gestaba la contrarrevolución y parafraseando a Fidel “Contra la Revolución, nada”. Había que salvar a toda costa la sociedad nueva, los nuevos valores y los nuevos principios. Por eso también, no resulta descabellado imaginarnos la pluma de Fidel Castro. De punto fino, pero de trazo firme.

 

Si bien fueron ciertas y muy valiosas en los primeros años, las  comparecencias del político en la televisión, reproducidas por otros medios de prensa, habría que preguntarse, -lógicamente, salvando la distancia- ¿no se hubiera comportado de manera similar desde un periódico, desde la radio o a través de la imagen con la misma habilidad de un periodista?

 

Como profesional de la palabra escrita, Fidel hubiera cumplido con excelencia la labor de un colega en lo que atañe a la formación y concientizaciòn de las masas, a la orientación de amplios sectores de la población ante la creciente complejidad de los procesos y tendencias sociales y políticas imperantes en aquel entonces.

 

A través del ejercicio de la opinión, hubiera posibilitado a las grandes masas la mejor comprensión de los fenómenos abordados en su amplio y exacto contexto, pues para nadie es extraño su valentía y objetividad analítica al enfrentar abiertamente los problemas, los errores, las dificultades.

 

Como corresponde a un periodismo de su tiempo, está capacitado para juzgar, enseñar, persuadir e interpretar, lo que sin duda es inherente y coherente con la madurez de pensamiento y capacidad de acción, que poseía al cabo de la tercera década de vida.

 

Con el triunfo de la Revolución, Fidel ratificaría la prensa como tribuna  para denunciar las inconsecuencias, los abusos de poder, la corrupción administrativa, las desigualdades y otros males que no por estar en Revolución dejaron de estar presente.

 

Sin duda es Fidel uno de los políticos mas universales por su cultura, su dominio de las estadísticas de todo tipo, de las intríngulis de la política y la economía mundiales, por su dominio  profundo del Derecho y  de las leyes  constitucionales.  Lo cual le hubiera proporcionado sin mayores contratiempos, el ejercicio de un periodismo crítico, analítico y creador; exigencias planteadas en ocasiones como, por ejemplo en 1979, durante el IX Pleno del Comité Central del Partido.

 Su visión del futuro, y otras cualidades de su personalidad, afines, imprescindibles para el ejercicio del buen periodismo, hubieran constituido un gran aporte a la prensa revolucionaria.  

Fidel como periodista de investigación, con su aptitud previsora, su sentido de la estrategia devenida capacidad para valorar determinada situación, como lo hace hoy desde las páginas de Granma con seriadas reflexiones, le interesarían el qué, los cómo, los cuándo, los dónde, los por qué y los para qué de los hechos, y sobre todo, los testimonios, las historias de la gente.

 

¿Cuántos fenómenos y sus consecuencias, hubiera podido advertir,   alertar desde una máquina de escribir, una página, un micrófono o desde la imagen? Gracias a esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, ejercida no por dotes de iluminación, sino como resultado del raciocinio.

 

Como todo buen periodista debe dominar el arte de preguntar, Fidel Castro es todo un experto en ese sentido. Su táctica maestra en indagar sobre elementos que domina para confirmar sus datos, y quienes lo conocen, saben que para él las respuestas tienen que ser exactas.

 

Otro aporte al periodismo revolucionario sería lo que reafirma  Gabriel García Márquez al enunciar que todo periodismo debe ser investigativo por definición, algo que urge en nuestras redacciones, que tanto aclama la prensa cubana y que por desgracia no abunda en nuestros medios de comunicación.

 

Fidel, investigador nato, a quien ninguna verdad le es aceptada de antemano, al decir del director de Le Monde Diplomatic Ignacio Ramonet, busca la raíz de los problemas, no se conforma con escasas fuentes, asume lo que dice con pasión, pero también con seguridad. Y como el Nóbel de Literatura Colombiano afirma en El Fidel Castro que yo conozco, “el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, al desafío, al reto.”

 

La búsqueda y el reflejo constante de la verdad, esa que a veces es adornada y ocultada por el periodismo inconsecuente, sería motivo que enrumbaría su pluma.

 

Imaginamos a Fidel como un periodista intranquilo, caminando a grandes zancadas de un lado a otro, incansable, enamorado de su profesión, dispuesto a promover la polémica, el debate cotidiano, limpio, libre de máscaras, dobleces, hipocresías, oportunismo.

 

Y para lo que muchos sería un defecto, lo imaginamos además irreverente, contestatario,  pero respetuoso y caballeroso. Quizás sea un Fidel periodista muy idealizado, pero es el que imaginamos.

 

Lo demás lo pudiera determinar el curso de la historia, y los que ojalá estudiaran la obra periodística del Comandante en Jefe, las huellas no abundantes, pero si esenciales en el periodismo cubano, porque ejemplos de políticos y estadistas que tomaron la pluma y la prensa como tribuna, abundan: Martí y Lenin, por sólo citar dos grandes exponentes.

 

Quizás, si quisiéramos continuar citando supuestos aportes de Fidel al periodismo revolucionario, ¿no sería mejor echar el tiempo atrás y luego preguntarle a la historia? Pensamos que no son reflexiones erradas sino válidas desde nuestra mirada de recién egresadas.

 

Quedarían muchos supuestos, y algunos defectos, que como todo ser humano, los tiene. También otras lagunas teóricas y técnicas de los lenguajes del periodismo. Porque en definitiva, y para suerte nuestra, Fidel es un político, un estadista habitado por el periodismo y un empírico periodista marcado por la política.

 Hemos imaginado a un colega, ya anciano, pero de mente ágil y corazón joven; al protagonista de un proceso sin antecedentes en las biografías de las revoluciones, al cual ofrecemos en su onomástico el mejor regalo: el serio compromiso de ejercer dada nuestra capacidad y esfuerzo el periodismo que necesita y exige hoy la humanidad. Bibliografía:García, G., (2006) “El Fidel Castro que yo conozco” en Red de Prensa No Alineados     [En línea] Francia, disponible en http://www.voltairenet.org/article142900.html, [Accesado el día 4 deabril de 2007] Montané, J., (1984) “Conferencia pronunciada en la escuela de Periodismo, Universidad de La Habana”, en Revista UPEC, mayo-junio 1984. Ramonet, I., (2006) Cien horas con Fidel, Conversaciones con Ignacio Ramonet. Segunda edición, revisada y enriquecida con nuevos datos La Habana Oficina de publicaciones del Consejo de Estado. 

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Los impúdicos amoríos del plebeyo y la doña

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Por Yansulier García Álvarez

Este alumno escribió el presente artículo cuando cursaba el quinto año de la carrera, pero desde el principio de sus estudios le apasionaba el tema del Periodismo y la Literatura. Al final, ese resultó el tema de su Tesis de Diploma, que terminó con calificación de Excelente. Ahora trabaja en la televisión de Cienfuegos, pero aún su tecla sigue sin cafeína, es decir, descontaminada. (Su profe, Mercedes) 

Cuenta el Nóbel colombiano Gabriel García Márquez que el buen novelista John Hersey escribió un reportaje sobre la ciudad de Hiroshima devastada por la bomba atómica, y es un relato tan apasionante que parece una novela. Entretanto, Daniel Defoe, que era también un gran periodista, escribió una novela sobre la ciudad de Londres devastada por la peste, y es un relato tan sobrecogedor que parece un reportaje (García Márquez, 1990).

Grande y polémico escarceo han levantado el impúdico coqueteo del plebeyo y la doña, periodismo y literatura; señaladas sus diferencias de clase: modalidades de trabajo y de técnica, estilo y función, perspectiva temporal o nivel de realidad. Tal hibridación, basada no tanto en las diferencias como en las afinidades, no es un fenómeno nuevo, por supuesto; mas solo ahora empezamos a reflexionar sobre ello y a crear concientemente desde ese baluarte.

Según la definición enciclopédica, el término literatura –excluyendo la científica– designa un acto peculiar de la comunicación humana, definido como arte cuyas manifestaciones son las obras literarias de un país, una época, estilo o movimiento; expresadas con palabras escritas, o bien de manera oral; con valor estético en sí mismas, que las hace trascendentes, apreciables, valorables o medibles por críticos y lectores no solo en su época, sino en cualquier momento.

En general, para que un texto tenga valor literario debe reunir las siguientes características: intención del autor en realizar una creación estética; uso de un lenguaje literario, aunque no recargado de figuras retóricas o de vocablos cultos y poéticos; validez universal; destinada a gustar, a proporcionar un placer estético por encima de consuelo, alegría, formación o información.Información, en particular la noticiosa, verídica, codificada en géneros y difundida por medios de comunicación social, es periodismo: tipo de literatura más utilitaria, menos elaborada en algunos de sus géneros; formación estilística de trabajo abierta, “pluriestilística”, por cuanto se alimenta de préstamos de la oralidad y del lenguaje tecnocrático y administrativo, y otras manifestaciones sociales y económicas, con las cuales cumple su esencial función informativa.

La estilización del híbrido que resulta de esa mezcla de lenguajes procura la claridad, la concisión y una estructura interesante capaz de seducir al receptor, tentándole la atención, la curiosidad, donde termina el alcance de su aparato técnico-estilístico (Sexto, 2006).De modo que ambas categorías buscan, como fin supremo, captar el interés del lector, gustar, comunicar; aunque con diferentes propósitos: la literatura enfatizando en lo estético, el periodismo en lo informativo. Ejercen, pues, funciones similares (informativas, educativas, gnoseológicas, cognoscitivas); pero las funciones primordiales los separan.

La estética caracteriza a la literatura, formación estilística de arte, y seguidamente las demás; al periodismo, formación estilística de trabajo, lo distingue la función que comunica el acontecer de actualidad, condicionado por factores como la brevedad y rapidez. La función informativa periodística es efímera, muere con el crepúsculo; la función estético literaria trasciende en el tiempo (Sexto, 2006).

En su Poética, lo dicho sobre el historiador y el poeta por Aristóteles, es aplicable, en ese orden, al periodista y al escritor: el primero escribe la cosa que ha sido, y el segundo la clase de cosa que podría ser. “Todo escritor que crea, es un mentiroso”, dijo Juan Rulfo: “la literatura es mentira pero de esa mentira sale una recreación de la realidad” (Rulfo, citado por Padrón, 2004: 42). E

l periodista ha de reconstruir la “realidad real” de manera veraz; mientras el escritor puede inventar una “realidad de ficción”, siempre y cuando sea verosímil. Sin embargo, hay recursos intercambiables, aunque la norma tiene injusticias de ambos lados. “En periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos”, advierte García Márquez.

“En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas (…) en periodismo hay que apegarse a la verdad aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto” (García Márquez, 1990: 368, 369).Hemos hecho un distingo entre periodista y escritor, aun cuando para Alejo Carpentier tal no es posible, pues ambas funciones se integran en una misma personalidad, sin que los oficios sean iguales.

“El periodista trabaja sobre la materia activa, cotidiana”, señala. “El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva, como un acontecer cumplido y terminado” (Carpentier, 2004: 6).   “El periodismo es síntesis”, ha dicho Marta Rojas; “la literatura no”. En efecto, apremiado por la inmediatez noticiosa y constreñido por la brevedad espacial del periódico, el periodista adopta un “estilo elíptico”, jerarquizando los acontecimientos en “pirámide invertida”; respondiendo desde el “lead”, también en orden decreciente de importancia, las clásicas preguntas de Quintiliano: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué. El novelista, en cambio, tiene un “estilo analítico” y usa técnicas narrativas, como los puntos de vista espacial, temporal y del nivel de realidad, el monólogo interior, las mudas, el salto cualitativo, los vasos comunicantes, la caja china, el dato escondido, etc.

Con todo, refuta Carpentier que ese estilo elíptico sea perjudicial al escritor, pues la práctica periodística constituye una maravillosa escuela de flexibilidad y entendimiento del mundo. Casi todos los grandes escritores, novelistas, historiadores –recuerda–, que vivieron desde comienzos del siglo XIX, fueron también admirables periodistas: Víctor Hugo, Emilio Zola, Anatole France, Mariano José de Larra, Marcel Proust, Marx y Lenin, John Reed, José Martí... Reportajes de Julius Fucik, Norman Mailer, Truman Capote o García Márquez, aún se estudian bajo la etiqueta de literatura, por el viejo prejuicio de no considerar dentro de los géneros del periodismo, tenidos como “menores”, textos de autores clásicos o famosos.

Hay géneros literarios que pueden ser acomodados al periodismo actual, como mismo algunas maneras de hacer periodismo han invadido a la literatura, enriqueciéndose ambos.En Cuba algunos géneros, sobre todo el reportaje y la crónica, se han erigido en una línea de demarcación invisible, en los dominios inciertos del llamado periodismo literario: periodismo que solicita el aporte de la literatura, aprovecha recursos poéticos y narrativos, deviniendo categoría estética (Sexto, 2006); “el que no solo refiere la peripecia histórica, la coyuntura accidental, sino aquel cuyo texto se arraiga en un medio ambiente para expresar toda una circunstancia social y quienes la han vivido” (según Lisandro Otero, citado por Rodríguez Betancourt, Miriam, 2005: 91).

Pues como mismo los novelistas han echado mano a recursos periodísticos para hacer verosímiles sus ficciones, los periodistas han aprovechado recursos técnicos y de estilo propios de la literatura, para contar una historia cual si fuera un cuento o una novela, conquistando el corazón de los lectores en una dimensión más duradera e influyente, semejantes a aquellos herejes del Nuevo Periodismo norteamericano en los años sesenta. Sea todo por un mejor periodismo, no solo informativo por antonomasia, sino también más poético.

En realidad, el llamado periodismo literario ha sido privativo de unos pocos creadores; pero si bien se ha dicho que necesita una afilada dote de aptitud y valor personales, hoy por hoy deviene norma, dada la competencia de medios más dinámicos que la prensa plana. Convocada a enriquecer la noticia valiéndose del análisis y la profundidad de las informaciones, combinando con armonía lo agradable con lo útil, al menos desde la perspectiva de un semanario de provincia, el obstáculo principal para consumar tales pretenciones no es tanto la inmediatez, sino la limitación del espacio.

Se pueden argüir asimismo otras objeciones. Cuando el ejercicio del periodismo es empleo y no vocación, difícilmente hay una vigorosa voluntad de estilo. Pero aun para quienes pugnen por trascender dentro del orden normativo periodístico y la política editorial del órgano de prensa, la masividad del destinatario supone una estandarización del lenguaje, en detrimento de la creación de un estilo personal. Aunque también son ciertos los progresos en la elevación del nivel cultural de nuestro pueblo; progresos de que la propia prensa ha sido constante artífice.

El resultado, en fin, ha sido más bien pobre en cantidad: apenas se han recogido en unos libritos un puñado de crónicas, y muy pocos reportajes han devenido libros.  Luis Sexto opina, sin embargo, que la práctica de la narración literaria y el empleo estético del lenguaje, como alternativas periodísticas, pueden adaptarse al espacio. Agotada hasta sus máximas posibilidades o adecuada al mínimo espacio disponible, enriquecen el reportaje, la entrevista, el artículo y la crónica incorporándoles un toque de vigor, realce y vigencia (Sexto, 2006: 12). Y agrega: “Lo más grave, sin embargo, es creer que uno nunca podrá saltar la barda, o que no es necesario emprender el vuelo. Lo otro, la duda, es tan solo el instante previo a la carrera de despegue”.

Bibliografía: 

Carpentier, Alejo (2004). El periodista, un cronista de su tiempo, Editorial Letras Cubanas.

García Márquez, Gabriel (1990). La soledad de América Latina. Escritos sobre arte y literatura, 1948-1984, Selección y prólogo de Víctor Rodríguez Núñez, Editorial Arte y Literatura.Heras León, Eduardo (compilador) (2001). Los desafíos de la ficción (técnicas narrativas), Editorial Abril.Padrón, Juan Nicolás (2004). Los géneros literarios y periodísticos, Editorial de Universidad Autónoma de Nayarit.  Rodríguez Betancourt, Miriam (2005). Tendencias del periodismo contemporáneo  (Selección de lecturas), Editorial Pablo de la Torriente.  Sexto, Luis (2006). Periodismo y literatura, el arte de las alianzas, Editorial Pablo de la Torriente.Wolf, Tom (2005). El nuevo periodismo, Editorial Pablo de la Torriente.   

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La lealtad radica en un periodismo crítico y ameno

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Clausurado la víspera el VIII Festival Nacional de la Prensa Escrita, con un llamado a elevar la calidad de las publicaciones impresas en Cuba.

Por Liliana Portela y Yoelvis Lázaro, estudiantes de PeriodismoUniversidad Central de Las Villas.  

El propio lema del Festival: Creación Periodística en la lealtad a la Revolución, suscitó las mayores polémicas entre sus más de 350 participantes, al abordarse en varias intervenciones que  la mejor manera de ser leales radica en construir un discurso ameno y crítico que refleje las problemáticas de la sociedad sin un lenguaje oficialista.

 

Una vez más la publicación digital del periódico Vanguardia se ratificó entre las mejores de su tipo en el país, al recibir mención  por sus excelentes elementos de interactividad y la  buena actualización, según consta en el acta del jurado.

 También estuvo entre los finalistas que aspiraban al Premio al mejor titulaje.

Además, el evento que sesionó los días 11 y 12 de este mes en el Palacio de las Convenciones, ubicó en el centro de los debates la presencia de los lectores en el perfil editorial de las publicaciones, así como la intencionalidad, el tono y el lenguaje en el mensaje comunicativo.

 «En Cuba se percibe hoy una voluntad, pero sin estabilidad aún, para abrir espacio  a los trabajos de periodismo investigativo, de precisión e interpretación, es decir,  las tres corrientes que se funden en el llamado periodismo en  profundidad. Sin embargo, todavía la balanza se inclina de manera evidente hacia cortes de nota informativa», expresó Ariel Terrero, reportero de Bohemia.

Acerca de las perspectivas de la informatización de la prensa cubana, Internet como fuente de los periodistas y  los recursos para un mejor diseño integral de las publicaciones giraron las ponencias de los talleres realizados.

 

Señal ACN, un nuevo proyecto de la  Agencia de Información Nacional (AIN) fue presentado en el encuentro. El principal objetivo de este canal, que trasmite en formato digital las 24 horas del día,  reside en mantener informados a los cooperantes cubanos en el exterior a través de la prensa nacional.

 

También se conoció de la creación de la multimedia Pasión Fecunda, un importante material de trabajo, elaborado por el Centro de Información para la Prensa, que recoge  los discursos pronunciados por el Comandante en Jefe desde 1959 hasta el 2005.

 En la clausura del Festival, presidida por Esteban Lazo Hernández, miembro del Buró Político del Partido, y con la presencia de familiares de los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, fueron distinguidos los semanarios Invasor, de Ciego de Ávila, y Ahora, de Holguín como las publicaciones provinciales más integral, lauro que a nivel nacional compartieron Juventud Rebelde y Bohemia. 
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Info-entretenimiento: to ber or not to be

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Por: Miguel Angel Valdés Lizano

Estudiante de Periodismo en la Universidad Central de Las Villas. Se graduó en el curso 2006-2007 con Sobresaliente. Actualmente es corresponsal del diario Juventud Rebelde, en Sancti Spíritus. Este artículo constituyó su evaluación en  la asignatura Periodismo Especializado.

El desplazamiento del paradigma pasivo del receptor en  los estudios de la comunicación de masas, el progreso tecnológico y las particularidades del sistema mediático en las sociedades de consumo; han configurado en el lapsus de medio siglo, las tendencias del periodismo contemporáneo.

Entre los rasgos distintivos del trabajo de la prensa al modelar la opinión pública, de acuerdo con los más diversos intereses, encontramos el proceso de hibridación del quehacer noticioso con lo humanamente atractivo y hasta con aquello que pudiera generar diversión en las grandes audiencias.El fenómeno conocido como info-entretenimiento resulta apreciable hoy en revistas, diarios, en la radio, e incluso, en el ciber-periodismo. Su presencia en la televisión, debido al poder del sonido y la imagen en movimiento,  promueven polémicas entre realizadores, directivos y líderes de movimientos cívicos.Los apocalípticos del orden establecido en los mass media se persignan con la mera mención de esta tendencia. Cuestionan, entre otros aspectos, su carencia frecuente de un componente ético.

Sin embargo, según el criterio de numerosos estudiosos, no podría ocultarse el influjo vital aportado por esta modalidad al periodismo tradicional en las últimas décadas, al consolidar el nivel de recepción de los mensajes informativos.Nuestro artículo propone una revisión desprejuiciada del info-entretenimiento. Pretendemos señalar no solo sus rasgos negativos, sino también exponer aquellos elementos aprovechables para perfeccionar nuestros medios, en especial la televisión, de acuerdo a los principios del proyecto social que construye el pueblo cubano.

DE HEARST A LAS TELE-BONDADES

Desde el surgimiento de los medios de difusión el concepto de noticiabilidad ha permanecido muy vinculado al de distracción. Sin embargo, el entretenimiento, como agregado de lo informativo, comenzó a valorarse con mayor seriedad a finales del siglo XIX  y principios del XX, relacionado con las estrategias comerciales de la prensa escrita, promovidas por el nuevo periodismo de Randolph Hearst y Pulitzzer.En esta época Gargurevich enmarca el nacimiento de un género que evidencia la concientización de las exigencias de distracción propias de los públicos.

La escuela norteamericana, desarrolló el interés hacia hombres y mujeres comunes en las noticias, para producir, como su mejor resultado, la llamada crónica de interés humano (Gargurevich, 2002, 63).

Agrega el teórico que los pensamientos, emociones, ambiciones, los diversos datos sociales y psicológicos son harina para llenar sacos de atracción hacia lo cotidiano. Al respecto Jonson plantea que el género posee el objetivo de entretener y dar a conocer, remarcar la naturaleza y hábitos de la gente (Gargurevich, 2002).

En la década de 1940 ocurre otro suceso que acentúa el entretenimiento como ingrediente de lo noticioso: los primeros estudios que arrojan la hipótesis de usos y gratificaciones, síntoma del desplazamiento del modelo unidireccional en la teoría de la comunicación masiva.

La perspectiva contenida en esta corriente de la investigación mediológica desmiente el rol pasivo de los receptores, vistos por la corriente conductista como subordinados a la dictadura informativa trazada desde los buroes en las redacciones.

La comunicación de masas sería incomprensible si no se considera su importancia respecto a los criterios de experiencia y a los contextos situacionales del público: los mensajes son disfrutados, interpretados y adaptados al contexto subjetivo de experiencia, conocimiento, motivaciones. (Merton citado por Wolf, 2005, 39).

Wright agrega a las funciones de la comunicación de masas expuestas por Lasswell en 1948, la de entretener al espectador, proporcionándoles un medio de evasión de la ansiedad y de los problemas de la vida social. Katz Gurevitch también incluye la relajación de tensiones y de los conflictos como una de las necesidades que los mass media satisfacen (Ver Wolf, 2005).

Investigaciones más recientes inscritas en la misma línea han analizado las necesidades de los televidentes. El consumo televisivo está típicamente motivado y destinado a ser entretenido. El papel normativo adscrito a la televisión, en la sociedad norteamericana, por parte del público es el del entretenimiento (fenómeno extensivo a gran parte del mundo)*, aunque pueda ser considerada una importante fuente de noticias e independientemente que puedan producir efectos sobre los conocimientos y los comportamientos (Comostock citado por Wolf, 2005, 42).

El papel central de la televisión como medio de entretenimiento abarca tanto a los más instruidos como a los menos escolarizados y probablemente también a otros sectores de la población aunque entre los distintos segmentos de público existen variaciones en la actitud hacia los medios, a la cantidad de exposición y con respecto a otros factores (Comostock citado por Wolf, 2005).

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Los últimos cincuenta años poseen las marcas de transformaciones que han variado radicalmente la fisonomía de la civilización humana. Los embates de la “guerra fría”, escándalos como el Water Gate, la derrota estadounidense en Viet Nam y  la desaparición del “socialismo real”; conforman la lista de acontecimientos de profunda repercusión en el imaginario de las grandes multitudes en el ámbito global.

María Elena Hernández al referirse a  las transformaciones en las prácticas informativas plantea que deben entenderse en su contexto: el de una serie de cambios en los planos político, económico, tecnológico, jurídico y social que trastornaron el entorno general de los medios al finalizar el siglo XX, un contexto de inestabilidad en el que el gran público, por mucho tiempo visto como una entidad monolítica, se fragmentó progresivamente (Hernández, 2006).

Tal segmentación puede explicar las maniobras de sobrevivencia de ciertos medios que han venido generando productos “a la carta o a la medida” (Hernández, 2006). Ante el escepticismo masivo los medios debieron reorientar su estrategia en función de un individuo que subestima su rol en el devenir humano. Lo entretenido que debiera emplearse en función de lo noticioso aparece como elemento protagónico.

El empleo del entretenimiento como una de las principales gratificaciones de los receptores hacia sus medios, se convirtió en rasgo medular para los criterios actuales de noticiablidad. Desde este momento se agudiza la banalización del acontecer social. Trivialidades y lo frivolidades resultan priorizadas frente a temas medulares como la política, factor que agudiza el estado de enajenación del receptor como mecanismo para mantener el estatus quo. Rodrigo Gómez explica el fenómeno, al analizar la evolución de tv Azteca en México, canal representativo de las rutinas de los grandes medios en Latinoamérica.

El proceder de la empresa durante los últimos ocho años podemos relacionarlo claramente con el paradigma crítico de la economía política al plantear que los medios de comunicación, dentro de la lógica del sistema capitalista y estar controlados por las manos del negocio, tienden a limitar el rango de representación de puntos de vista y lo noticiable, sesgándolo hacia los intereses comerciales e ideológicos de sus propietarios, mediante la conversión de la información pública en info-entretenimiento (Gómez, 2004).

La orientación hacia lo cotidiano, lo trivial, sensacionalista y hacia la crónica roja caracteriza el contenido informativo como rasgo característico del info-entretenimiento. Sin embargo, esta tendencia se manifiesta además en las particularidades formales con que los periodistas construyen las disímiles parcelas de la realidad.Una de las prácticas observables en los sistemas mediáticos del mundo, la desacralización de la información o presencia creciente de comentarios, valoraciones en la noticia y tomas de posición en los espacios tradicionalmente libres de enjuiciamientos (Hernández, 2006).

Esto evidentemente se encuentra muy relacionado con las tendencias del nuevo lead. Las preguntas típicas de la entrada muchas veces resultan sustituidas por otras más atractivas desde el punto de vista humano.Además debe mencionarse dentro del info-entretenimiento la aparición de nuevos productos mediáticos promocionales en los contenidos periodísticos como resultado de la peculiar asociación entre empresas periodísticas y organizaciones públicas o privadas.

Dentro de esta arista se aprecia la multiplicación en los medios de mensajes de doble identidad, los publirreportajes y los infomerciales (Hernández, 2006).Hoy los relacionistas se han convertido en maestros en el arte de la hibridación de mensajes, apoyándose en las prácticas desarrolladas por los otros productores profesionales de la comunicación pública; los periodistas y los publicistas (Hernández, 2006).

Los infomerciales, en la televisión, y los publirreportajes, en la prensa, son un fenómeno en el que las fronteras entre las categorías de mensajes tradicionales aparecen quebrantadas, lo que también puede verse como emergencia de nuevos géneros (Hernández, 2006). Estos mecanismos evidencian las tácticas del periodismo actual para informar, transmitir ideología y aprovechar las necesidades de orientación para el consumo en las sociedades actuales.

CRISTINA 'S SHOW: MUTACIONES POSTMODERNAS

La consolidación del principio de info-entretenimiento en los últimos años ha provocado una redefinición y reestructuración de los programas informativos en la tv. Al mismo tiempo se aprecia la aparición de cambios en los formatos de los espacios noticiosos.Como aplicación de los estudios de semiótica ocurre un énfasis en el tratamiento de la imagen, que incluye desde los elementos de escenografía, infografía, diseño de presentación, sets, vestuario, musicalización y la personalidad de los comunicadores. La búsqueda de un atractivo audiovisual mediante estos elementos centró la atención de los realizadores a la hora de captar la aceptación de las multitudes.

El caso de Telesur resulta loable en este sentido. Por otro lado, en las parrillas de programación de numerosos canales reciben mayor prioridad las revistas informativas ante los noticieros. Estos últimos se mantienen como los programas estelares, pero el número de emisiones diarias ha sido reducido en comparación con décadas anteriores. En estos momentos las funciones de programas informativos se encuentran bien marcadas, se ha comprobado que no poseen los mismos públicos según criterios de calidad ni cuantitativamente.

El desenfado de las revistas informativas, más propicio para la variedad de géneros y tópicos atemporales, desplazó la solemnidad noticiaria, a pesar de su marcada inmediatez. Las teles magazines se comenzaron a grabar desde escenografía que simulaban oficinas y hasta salas familiares, en busca de desacralizar la figura del comunicador, con el objetivo de estrechar lazos de confianza y credibilidad.

Aparecen también los neo-géneros que conforman lo que autores españoles denominan tele-realidad, conjunto de prácticas productivas que construye el relato televisual de historias humanas, de gente ordinaria y extraordinaria, cuya vida resulta relatadas por sus protagonistas (Renero, 2005).Dentro de la tele-realidad se insertan los reallity shows y los talk shows, formatos que intentan venderle al perceptor la idea de representar la realidad, casi siempre en vivo (Renero, 2005) . Como poseen el objetivo de construir determinadas parcelas del devenir, de forma “objetiva”, muchos autores lo sitúan dentro del universo de lo informativo.Los reallity shows se caracterizan por realizar coberturas diferidas de acontecimientos de la vida cotidiana, destinados a llamar la atención hacia hechos comunes. Por ejemplo grandes incendios, la niña que cae en el pozo, el suicida en el último piso del edificio.

Estos seguimientos suelen realizarse dentro de espacios informativos variados o en horarios exclusivos en la parrilla del canal. Los talk shows se han convertido en el modo predominante de producir entretenimiento por parte de la industria de la televisión comercial, en su intento para satisfacer la devoradora demanda de contenidos populares (Renero, 2005).

En la mayoría de estos shows la privacidad del invitado pasa a un segundo plano porque se utiliza un trasfondo afectivo y psicológico de desahogo emocional, generado entorno a conflictos interpersonales de los invitados. Para dar sentido a la emisión el programa se auto-presenta como si fuera producto de un esfuerzo coordinado para ejercer “ayuda” institucional hacia quienes no pueden manejar con éxito su vida social y afectiva (Renero, 2005).

Resulta cuestionable la carencia casi siempre de un componente ético en estos espacios que pudiéramos considerar como deformaciones del principio de la vinculación del entretenimiento con lo noticioso, consecuencia de las exigencias de la sociedad de consumo y la normativa periodística propia del modelo liberal.

Estos programas lejos de colaborar en la solución de conflictos sociales o individuales agudizan la deformación de valores morales, la imagen de los medios ante sus receptores y ni hablar del prestigio de las “víctimas” que participan como invitados en estos espacios.Un caso tristemente ilustrativo resulta el Show de Cristina, conocido en Cuba a través de video-cassettes.

En el mes de marzo de 1993 la ciudad de Guadalajara presenció múltiples manifestaciones de indignación popular contra el mal uso del idioma y el rechazo a los valores nacionales en este espacio recién estrenado por entonces, con la conducción de la presentadora y productora de origen cubano Cristina Saralegui. ( Renero, 2005). Al asumir la visibilidad televisual a fines de los años noventa, esta mujer se autopresentaba como periodista.

Su show hereda, por así decirlo, la mala reputación de la prensa “popular”, objeto de crítica para sectores conservadores que la aborrecen, mientras que la izquierda y la centro-izquierda la menosprecian, reservándole burlas y parodias (Renero, 2005).La inserción del espacio dentro del género, caracterizado por el empleo de testimonios reales, resulta cuestionable porque en el Show de Cristina los invitados son pagados (Renero, 2005).

CUBA: UN CAMBIO DE CANAL

Nuestro país representa un caso único en el concierto mediático del mundo en el siglo XXI. En la isla la televisión se encuentra diseñada para educar e informar en primera instancia, libre de los designios enajenantes del mercado, como reflejo del proyecto social que construye nuestro pueblo.Debido a las constantes agresiones del imperialismo yanqui, la política informativa cubana apunta a contrarrestar la guerra ideológica que desde hace más de cuarenta años mantienen los grandes medios, principalmente los radicados en Estados Unidos.

La formación de un individuo comprometido por la realidad nacional e internacional constituye prioridad para nuestra prensa, en contraste con los grandes medios capitalistas que otorgan mayor prioridad a la estimulación del consumo y la banalización de la realidad.

A pesar de algunas transformaciones recientes, aún no aprovechamos suficientemente lo positivo de las tendencias contemporáneas que marcan el quehacer periodístico en el mundo, sobretodo en la televisión.No se trata de imitar patrones como los reallity shows  al estilo de Cristina, pero sí instrumentar elementos del info-entretenimiento, con el fin de lograr un mayor atractivo de los televidentes hacia las temáticas que diariamente refleja nuestra pequeña pantalla.

El exiguo interés de los jóvenes por los espacios informativos y criterios bastante generalizados como “en el noticiero todo lo bueno sucede en Cuba y lo malo en el mundo”, evidencian incorrecciones en la labor persuasiva de nuestros canales.

Tal vez uno de las deficiencias se encuentra en los criterios de noticiablidad que se manejan en las redacciones, donde generalmente se prioriza, algo muy importante, temas señalados por la dirección del país. Recordemos el rasgo clasista de la prensa desde su surgimiento. Sin embargo, muchas veces no se toman en cuenta  las gratificaciones del espectador que busca informarse, pero sobretodo, entretenimiento (Comostock citado por Wolf, 2005).

La sobresaturación de determinados temas puede provocar efectos contrarios. Según la teoría de Festinger, la aparición de inconsistencias entre dos o más elementos cognitivos provoca disonancia, lo que crea una molestia psicológica que las personas tratan de reducir mediante la evasión de informaciones y situaciones que podrían aumentar la disonancia (Bello, 2003).

El ejemplo clásico que ilustra esta relevante teoría de la psicología social lo constituye una investigación realizada en México según la cual entre los jóvenes de ese país existe una preferencia por los noticieros estadounidenses al enfocar la noticia, mientras que los espacios informativos de su propia nación resultaban deprimentes porque solo transmitían robos, asaltos y asesinatos. (González, 2006).El exceso de elementos violentos en los noticiarios de la nación latina constituía fuente de disonancia para los jóvenes mexicanos quienes convivían cotidianamente con los acontecimientos mostrados por los medios.

Por eso, tienden a evitar cualquier contacto con informaciones que les recordara su entorno. El estudio se basa en los jóvenes mexicanos pero el principio de disonancia es aplicable a toda clase de audiencia.A la televisión cubana le falta mirar  hacia lo más profundo de la sociedad. Somos un Estado construido por el pueblo y no hemos logrado en nuestros medios explotar el interés humano que pudiera generar la gente común, casi nunca humanizamos la noticia y cuando se hace, nos encasillamos en estereotipos.

Un balance entre lo políticamente jerárquico y lo atractivo o divertido beneficiaría los niveles de teleaudiencia de nuestros espacios y también el grado de persuasión. El auge de estos temas permitiría a las televisoras locales mostrar el rostro  de nuestras comunidades y de sus actores cotidianos.

Cuánto de educativo y entretenido tendría sacar con mayor periodicidad la historia del viejo campesino, de la madre que pasó hambre en el capitalismo, el profesional de la Sierra que logró estudiar gracias al socialismo, la fidelidad de un pequeño perrito…

No es que estos tópicos se encuentren ausentes en la totalidad, el problema es que no abundan.Pero el problema de la televisión en Cuba no se limita a las estrategias editoriales. Aunque se ha trabajado bastante, aún debemos perfeccionar el trabajo de los informativos con la infografía y los anuncios de bien público.

Si la prensa capitalista atiborra a los receptores con anuncios comerciales y aún así los sondeos demuestran el agrado de los receptores  ¿por qué en nuestros espacios informativos, sobretodo en las revistas, no incluimos propagandas más atractivas que realmente llamen la atención, y eduquen?Por otro lado, con frecuencia descuidamos la imagen de los comunicadores.

Recordemos que en la televisión resulta fundamental la expresión facial, el maquillaje, el vestuario, los peinados; sin pecar de frívolos. No se trata de discriminar el talento. Existen muchas personas que con su prestigio se han ganado un lugar en la pantalla aunque físicamente no resulten atractivas.

Sin embargo, hay ejemplos de profesionales frente a las cámaras con escasas aptitudes que obligan a preguntarnos: ¿por qué lo eligieron para trabajar en tv?Además no hemos asumido los cambios en las concepciones de los espacios informativos en el mundo de  hoy.

Asistimos a programas tan flexibles como las revistas informativas con el mismo carácter solemne que cuando surgió la televisión. Sin violar la formalidad ni el principio de credibilidad podemos hacer más familiares, nuestros sets, a nuestros comunicadores, esto rompería la barrera psicológica entre emisores y receptores.

El info-entretenimiento parte de la base de considerar las gratificaciones propias del receptor activo. Resultan condenables las deformaciones de esta tendencia en la sociedad de consumo, sin embargo, posee rasgos positivos de acuerdo a los retos de los medios en la sociedad de la información.

La problemática no se debe centrar en la mera discusión genérica que la ubica dentro de los límites informativos o las fronteras del entretenimiento. ¿Cómo emplearla de forma ética?; esa sí es la cuestión.

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*La acotación es nuestra. 

Bibliografía en orden alfabético:

Bello, Zoe: Psicología Social, Ed Félix Varela, La Habana, 2003.Gargurevich, Juan: Géneros periodísticos, Ed Pablo de la Torriente, La Habana, 2002Gómez, Rodrigo: “TV Azteca y la industria televisiva mexicana en tiempos de integración regional (TLCAN) y desregulación económica”, Comunicación y Sociedad, nº 1, enero- junio 2004.González Hernández, David: “En busca del entretenimiento juvenil”, Comunicación y Sociedad, nº 5, enero-junio 2006. Hernández Ramírez, María Elena: “La permanente reivindicación del periodismo”, Comunicación y Sociedad, nº 6, julio-diciembre 2006.Renero, Martha: La normativa programática del talk show y los ignorados derechos de la gente ordinaria a al imagen pública en televisión, Comunicación y Sociedad, nº 3, enero-junio, 2005.Wolf, Mauro: La investigación de la comunicación de masas, Ed Félix Varela, La Habana, 2005.          

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Senel Paz: Soy un animal de las sombras

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Por Miguel Angel Valdés Lizano

Alumno 5to. Año de Periodismo

Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas

 

Algunos amigos me alertaron sobre su condición de criatura esquiva. El anonimato era su madriguera y, como experimentado depredador, aún poseía la capacidad de intuir cualquier amenaza a su mundo de silencio. Cualquier error en mi estrategia le permitiría escapar fácilmente.  Oculto entre la jungla humana que escuchaba sus palabras, logré percibir con cautela el carácter lento, pero contundente de sus gestos.

Durante casi una hora, sin mostrarse agotado, habló sobre la obra de Heras León, su maestro y amigo. Recordaba con nostalgia aquella época de incomprendidos, los días en la escuela de Periodismo, la fe juvenil en el futuro. Me enfrentaba a un animal más que instintivo, calculador. Solo un disparo preciso lograría atraparlo.  Pululando en Revolución y Cultura encontré, por casualidad, algunas de sus primeras huellas en el mundo de las letras; de ahí podía sacar un buen gancho para atrapar a la bestia. Parecía olfatear mi presencia. Me acerqué lentamente después que concluyó la charla. Lo saludé frente a frente, y en el momento decisivo, el que define si se es cazador o cazado, aguanté la respiración y apreté el gatillo:

Senel, ¿usted recuerda aquella entrevista que le realizó a Soler Puig en sus inicios como periodista?

―Sí ―respondió sin poder contextualizar la interrogante, como intentando descubrir en vano algún rasgo familiar en mi rostro. ¿En realidad le resultó tan difícil como cuenta? ―inquirí, una vez más.  ―Lo difícil no fue por él, sino por mí ―confesó sonriendo―. Cuando uno comienza en el periodismo resulta un reto enfrentarse a aquellas personalidades que admira; eso me pasó a mí con Soler ―agregó con una llamita pícara en la mirada.  “Entonces usted conoce lo que siento yo ahora porque me propongo entrevistarlo” ―le propiné con mis palabras su golpe de gracia. Se sabía capturado. Simplemente sonrió y, casi sin opción, decidió premiarme con sus respuestas.  

—¿Se define como periodista, escritor o guionista?  

―Soy escritor: narrador y guionista; pero no periodista. Estudié Periodismo pero no creo que me pueda considerar como tal. Me sirvió como herramienta, un camino para buscar otros rumbos como los del séptimo arte. Me aportó mucho, pero no creo que sea bueno en este oficio, por ello, mi mayor muestra de respeto hacia esa profesión ha sido dejarla de ejercer.  

—¿Por qué el personaje de la abuela campesina se reitera en varias de sus obras literarias?  

―Aunque yo hablo en los relatos de una abuela, en realidad son dos.  «El prototipo de mi personaje resulta la fusión de mis dos abuelas. Crecer en el campo junto a dos seres como los que yo tuve resulta un privilegio. Como no había ni radio en aquellos montes era usual que la gente se sentara en torno a un buen narrador empírico bajo la luz de la chismosa. Hasta en los velorios se contaban cuentos. Las familias que no tuvieran una persona que narrara bien, estaban perdidas y hasta llevaban una vida más desgarradora.  

«Mi abuela paterna, casi analfabeta, era una gran cuentera de aventuras, se inspiraba en acontecimientos de su realidad a los que le otorgaba, a veces, un carácter fantástico, con un empleo asombroso de la organización dramática. Mi abuela materna poseía una gran capacidad para improvisar y sus cuentos se inspiraban también en elementos de su realidad inmediata, aunque resulta cómico que sus historias muchas veces se entrelazaran entre sí, provocando una desorientación casi total en sus receptores porque se perdía el hilo central.»  

—¿Por qué un medio tan hostil para la cultura como puede ser el campo, resulta en ocasiones, como en su caso, enorme fuente de inspiración?  ―La infancia deja huella en todo ser humano. Aunque tuve una vida dura en el campo, plagada de hambre y miseria, como la dibujan los reportajes del Granma, siempre existieron dos ingredientes hermosos en todo eso: mi familia y el paisaje geográfico donde crecí.  

«Nací en una zona de Fomento que parecía un mar verde, los arrieros surcaban las lomas del Escambray, hasta confundirse con las nubes allá en las alturas. Tuve abuelas maravillosas, hermanos muy traviesos. Los lazos existentes entre nosotros contrastaban con nuestro nivel de vida, incluso, nos ayudó a sobrellevar tanta miseria.  

«Recuerdo que cuando comencé a estudiar mis compañeros se quejaban por la beca, yo la pasaba bien porque, por lo menos, comía todos los días, y además, descubría cosas que nunca había comido. Sin embargo, la vida agreste del lomerío y luego la pueblerina que conocí al mudarme para Cabaiguán, me marcaron por siempre.  

—¿Por qué su reacción cuando se decidió separar a Heras León de su plaza de profesor en la Facultad de Periodismo?

―Heras fue mi profesor de técnicas periodísticas. Cuando nos informaron sobre su sanción surgió un estado de inconformidad muy grande entre todos mis compañeros que lo apreciábamos. Yo solo tenía 19 años y poseía un concepto vago sobre la política. Planteé mi inconformidad en la dirección de la facultad y a los dirigentes estudiantiles. No considero que me haya propuesto asumir una actitud contestataria, sino que actué movido por un principio de justicia que me enseñó desde niño mi familia. Casi pierdo mi carrera. Aquellos eran momentos muy complejos. Desde entonces me tildaron de “cabecita de playa”.  

—¿Hasta qué punto puede decirse que recibió el influjo de la narrativa cubana de los sesenta?  

―Soy un escritor que me formé bajo la influencia de los narradores de la generación que me antecedió, no solo de los cubanos, sino también de muchos otros de Latinoamérica. Los admiré mucho porque trataron temas como la tierra. Aprecio, por ejemplo, la obra de Juan Rulfo, Onelio Jorge Cardoso y también a otros más contemporáneos como Reinaldo Arenas. Ellos constituyen mi punto de partida. Sobre el legado de los escritores de los sesenta pretendí erigir mi propio mundo. Sin embargo, mis narraciones nacen más por necesidad que por influencias; gracias a eso logré encaminar mi forma propia de decir, aunque reconozco con orgullo y satisfacción la herencia obtenida.  

—¿Cuál es su criterio sobre la novela cubana de los sesenta, unas veces tan endiosada y otras, tan marginada?

―Muchas veces se reduce la novela cubana de los sesenta a las que nacieron como simple reflejo del emergente ideal social revolucionario. En esta época también se escribieron otros textos valiosos como Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante; Celestino antes del alba, de Arenas; Paradiso, de Lezama y El siglo de las luces, de Carpentier.  

«Dentro de esas otras obras que sirvieron en esencia para promover las ideas revolucionarias, pueden encontrarse joyitas como Bertillón 166 de Soler Puig, que muchas veces resulta menospreciada y, aunque posee la maldición del escritor recién estrenado, no resulta para nada esquemática, ni complaciente. Además, en sentido general, todos estos textos con frecuencia no tuvieron la máxima calidad estética, pero sí se voltearon hacia temas marginados por la literatura precedente.»  

Oficialmente en los últimos tiempos se ha reconocido el lamentable matiz grisáceo que imperó en la política cultural cubana de los setenta. ¿Cree usted que esta cumplió con el objetivo ideológico que la originó o, como piensan muchos, logró el efecto contrario?  

―Creo que los mismos criterios de política cultural que primaron terminaron demostrando su carácter erróneo, en cuanto a la relación entre el arte y la Revolución. Debemos analizar ese período como evidencia de las tensiones propias de todo proceso radical. Sin dudas, resultó un momento gris pero, al mismo tiempo, demostró la solidez y lo genuino de las transformaciones. Nadie vino de afuera a corregirnos, fueron nuestros intelectuales y dirigentes quienes revirtieron la situación. Esta etapa hay que estudiarla con mayor profundidad y no verla simplemente como un trauma eterno, como algo frustrante.  

—¿Cuál es el aporte principal de los escritores de su generación a la narrativa cubana?  

―Mi generación se encuentra integrada por narradores de la talla de López Sacha, Reinaldo Montero, Arturo Arango, Leonardo Padura, Abel Prieto, Mejides... Estos escritores no rompieron de forma definitiva con los que le antecedieron, más bien constituyeron un puente que buscó la continuidad, se luchó porque no faltara ningún eslabón entre los dos períodos. Mantuvimos una actitud de búsqueda en las obras de la generación anterior que habían sido víctimas de incomprensiones e intentamos rescatarlos porque sentíamos que los necesitábamos. Necesitábamos a Heras, a Jesús Díaz, a Lezama, a Virgilio, a Novás Calvo, a Infante. Por eso, no ocurrió una ruptura virulenta con la literatura anterior, como sí sucedió con la generación posterior a nosotros. 

—¿Desde su condición de creador cómo valora la gestión de Abel Prieto frente al Ministerio de Cultura?  

―Me has hecho una pregunta que yo debía rechazar porque para mí Abel no es solo un ministro, sino también un amigo. Nos conocemos desde la universidad cuando nadie sospechaba, soy más categórico, nadie hubiera apostado que llegaría a ocupar ese cargo. Era el tipo del que cualquiera hubiera dicho: este llegará a ser cualquier cosa menos dirigente. El conocerlo desde hace tiempo me ha permitido palpar su perseverancia.  

«Cuando realizo una recapitulación de todos los años transcurridos, encuentro siempre su coherencia como persona, como revolucionario profundo, valiente y complejo; cualidades que siempre lo acompañaron, con mayor o menor grado de madurez. Si a eso le sumas su capacidad de diálogo, su sentido del humor criollo y sus profundos conceptos sobre la identidad nacional; te das cuenta que resulta un ministro de lujo.»  

—Por favor, dígame su criterio acerca de lo que algunos denominan “literatura de la diáspora”.  

―Considero que la categoría “literatura de la diáspora” se refiere más a los autores que a la literatura en sí. Las más importantes obras de estos escritores de la emigración nacieron en la Isla. Los principales libros de Infante, Novás Calvo, Montenegro, Labrador Ruiz, se gestaron antes que sus autores abandonaran el espacio físico de nuestra realidad insular.  

«Esto provoca una especie de frustración, un vacío... Lamentablemente resulta muy difícil chocar con ellos. Muchas veces las actitudes políticas asumidas por las partes no han sido positivas. Muchos creadores nunca superaron lo que escribieron en Cuba. La relación de un artista con su espacio es vital y casi siempre el vínculo directo, genuino, se quiebra con la lejanía. Las obras escritas en el exterior, que de alguna forma pudieran considerarse cubanas, se encuentran más marcadas por la nostalgia que por el espíritu de la Isla. Ellos rearman sobre la nostalgia una Cuba-otra.  

«Fuera de esta perspectiva traumática no ha madurado una literatura que refleje nuestra identidad real porque Suecia podrá producir muy buenos suecos; España, muy buenos españoles, pero solamente aquí pueden producirse cubanos. Muchos escritores abandonaron muy jóvenes nuestro país y su marco referencial se tornó exiguo, subjetivo. Otros, más que por valores estéticos, han trascendido por sus posiciones políticas.»  

—¿En qué medida reconoce en su obra la influencia de Reinaldo Arenas?  

―Reinaldo es un escritor muy importante para mí. Entre nosotros más que influencias existen coincidencias. Cuando se lee Celestino antes del alba y Un rey en el jardín, se encuentran convergencias en cuanto a la estructura familiar, con el ambiente agreste, en cuanto a la reconstrucción de la historia reciente... No obstante, lo que yo escribo proviene de influencias autobiográficas; no librescas. Me identifico con Reinaldo en lo relacionado con nuestra infancia, nuestras sensibilidades, los paisajes. Eso hace que los mundos literarios de ambos concuerden hasta cierto punto.  

«Luego cada cual siguió su rumbo. Alcanzamos nuestras definiciones estilísticas y conceptuales. Sus últimos textos no tienen nada que ver conmigo. Tampoco comparto con Reinaldo la actitud que asumió ante la vida, su sentimiento de frustración, su carácter irritado y maldito; en ese sentido somos antípodas.» 

—En su obra El lobo, el bosque y el hombre nuevo se aprecia un tratamiento original del tiempo, elementos del metarrelato e intertextualidad. ¿Coincide usted con quienes lo consideran el primer relato post-moderno de la literatura cubana?  

―Me considero un escritor primario e instintivo, aunque eso no quiere decir que no me mantenga de espaldas a las tendencias más actuales de la literatura. No reelaboro teóricamente lo que escribo, ni siquiera como profesor de Dramaturgia me gusta encasillarme en este mecanismo de pensamiento conceptual. Me salen las cosas sin necesidad de pincharlas para descubrir el misterio. El lobo… ciertamente posee una serie de características que no asumo de forma consciente ni porque esté de moda. Se encuentra en el ambiente como expresión de la naturaleza del escritor de estos tiempos, se convierte en una necesidad. Uno se inserta sin proponérselo.  

—¿Qué permanencia le augura a esta literatura post-moderna en la historia de las letras universales?  ―No puedo hacer vaticinios tan difíciles. La post-modernidad responde a un espíritu, a un momento. Solo el tiempo podría colocarla en el lugar preciso. Considero que es una expresión auténtica en correspondencia con la cosmovisión del hombre de hoy. Responde a una sensibilidad que refleja nuestros tiempos. He leído a escritores como Kundera, Kurt Vonnegurt Jr. y, aunque te confieso que no los ubico entre mis favoritos, debo reconocer que me resultan atractivos y pueden que, en determinadas ocasiones, afloren en mis relatos, de manera inconsciente.  

—Algunos especialistas consideran que la cinematografía cubana de los 90, e incluso la que se ha hecho en los 2000, no trasciende de la crítica vacua, simplista y metonímica de la realidad. Usted como guionista de filmes como Lista de Espera y Las noches de Constantinopla, ¿qué opina al respecto?  

―Criticar es un proceder muy complejo para encontrarle el tono, porque se somete a muchas desviaciones. Pienso que sí, que el cine por múltiples factores se ha banalizado, ha caído en la puya, en la sátira ciega, en el estereotipo de la realidad. Hemos perdido el carácter reflexivo que debe poseer la crítica. Aunque se han creado obras muy buenas en este período como Madagascar, y Suite Habana.  «Resulta incuestionable afirmar que el arte se ha subordinado a la industria. Hemos tenido que apoyarnos en las co-producciones para no dejar de filmar, y casi siempre debemos hacer concesiones, mostrar la imagen que se vende. .» 

—¿Siente especial predilección por algún director específico de la historia del cine cubano?  

―Yo creo que el cine vive mucho de festivales y de premios; eso daña el arte. Me opongo a toda esa publicidad. Frecuentemente como motor del consumo se promueven listas y nombres, sin ni siquiera señalar los criterios de selección. No me gusta ser excluyente, estas cosas no se comparan. Es como en la literatura: a veces tengo ganas de leer a López de Vega y otras a Balzac; no podría definir por eso cuál es mejor. Lo mismo me sucede con el cine: a veces quisiera ver un filme de Fernando Pérez; a veces a un director joven.  

—¿Cuán satisfecho se sintió con la adaptación de Fresa y Chocolate, realizada por Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea?  

―No me gusta decir que el tema de Fresa y Chocolate sea la intolerancia, sino el reconocimiento de la diversidad humana; eso te hace bueno o malo en función de la virtud. La película y el relato original van destinados a enseñar que la actitud ante el progreso debe ser la única forma de distinción entre los hombres. Pienso que ese mensaje llegó a las personas, y vive aún.  

«Resultaba necesario reflexionar sobre ese aspecto desde hace mucho tiempo. Vivíamos momentos peculiares para la historia cubana y, más que por obtener prestigio o fama, escribí el relato para desahogarme, para compartir mi meditación. Creo que esa es la misión de todo creador que aprecie su oficio. La adaptación en gran medida cumplió también con ese propósito desde las particularidades del lenguaje audiovisual.»

 —¿Por qué no se le ve en nuestros medios?  

―Creo que no hay por qué castigar a las personas. No me gusta el bombo y platillo. No soy de los artistas que para satisfacer el ego deben verse todos los días en la televisión. Disfruto mi intimidad, soy un animal de las sombras. http://www.laventana.casa.cult.cu      

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Sagua la Grande: acercamiento a una región

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Por Gisselle Morales Rodríguez

Alumna 5to. año. Periodismo 

 “El espíritu sagüero ha sido siemprei inquieto, activo, progresista...” [1] El origen incierto de los pueblos se remonta a la edad de sus raíces. Se gestan, crecen, se hacen grandes las ciudades y sus hijos salen al mundo con el sabor inconfundible del terruño, porque a él están atados desde el nacimiento.Lugares son estos donde el aire sabe diferente, los amaneceres parecen tener el sello de lo propio, y la gente camina orgullosa por las calles que le pertenecen. Cierto es que todas las ciudades poseen un encanto peculiar: edificios simbólicos, grandes fábricas, el mar a sus pies, pero para los habitantes de Sagua la Grande, el río es único. A sus crecidas achacan las desdichas del pueblo; a sus tiempos de quietud apacible, el bienestar de una villa acostumbrada a la prosperidad.A casi dos siglos de la fundación oficial del pueblo, algunos creen ver en los sagüeros rasgos de un marcado regionalismo. Mas no son ellos de la estirpe malsana de los chovinistas, no pretenden fomentar localismos mezquinos. El regionalismo de Sagua no es más que la identidad de una zona que se sabe poseedora de riqueza material, cultural e histórica.Desde sus orígenes y hasta nuestros días, la Villa del Undoso fue construyéndose en este centro norte de Cuba, una especie de isla dentro de la Isla. 

Aproximación al concepto regional  

Su espacio diferenciado tuvo Sagua en el siglo XIX cuando se abrió al mundo. Estudiar su historia puede ayudar a develar misterios porque así comienza la memoria nacional, por la unión de los sucesos regionales. Muchas y diversas son las definiciones de región. Algunas dan demasiado peso al elemento natural, como si el espacio geográfico definiera a priori la personalidad de la unidad social a crear. Hoy, casi todos los especialistas coinciden en que la región va más allá de un ámbito definido y meras características formales.Es, ante todo, un ente histórico-cultural asentado, eso sí, en una determinada comarca geográfica, que se va desarrollando de acuerdo a sus potencialidades y que se manifiesta en el surgimiento y posterior consolidación de intereses clasistas propios, que no se excluyen de devenir nacional.Según Hernán Venegas Delgado, el término debe concebirse como una categoría donde los elementos geográficos e histórico-culturales se den la mano. [2]

En Cuba, el proceso de identidad regional comenzó a manifestarse desde los primeros años de la colonización, pues los propios asentamientos iniciáticos no eran más que la expresión del aprovechamiento de los recursos naturales en pos de objetivos económicos. ¿Dónde se fundaron las originales siete villas? En las costas o a orillas de ríos, para propiciar la comunicación entre el Nuevo y el Viejo Mundo: lo prioritario era el destino cubano de puente para lanzar a España las riquezas de un continente áureo.Luego, cuando se impuso el desarrollo agrícola, la ocupación del espacio geográfico estuvo íntimamente vinculada a la acción transformadora del hombre sobre el medio, para fomentar las actividades económicas más propicias.De ahí que las divisiones político-administrativas que adoptó España durante los siglos XVIII y XIX se adecuaran y respondieran a los intereses en juego. El gobierno hispano delimitaba jurisdicciones y otorgaba tenencias de gobierno en realidades económico-sociales ya formadas.

De esta manera, la región era primero un hecho espiritual que luego se oficializaba.Los antecedentes más remotos de diferenciación regional en el centro de Cuba fueron las ciudades de Trinidad, Sancti Spíritus, Remedios (fundadas en el siglo XVI) y Santa Clara (en el XVII), a las que luego se sumaron, gracias a la expansión plantacionista azucarera del siglo XIX, Sagua y Cienfuegos.

Muchas y cruentas fueron las disputas entre estas jurisdicciones por el reparto territorial, y tan antiguas que se remontan a los tiempos en que las mercedaciones otorgadas por los cabildos locales provocaban litigios por los límites y violaciones de espacios.Así, fueron surgiendo y consolidándose características inherentes a grupos humanos distribuidos en todo el centro de Cuba, y que no solo se distinguirían por sus intereses económicos, sino también por los asideros espirituales a los que se aferraban. La política, las instituciones, las corrientes ideológicas, fueron formas de la conciencia social que expresaban el nivel alcanzado en el desarrollo material de la comunidad, sus intereses, sus aspiraciones de pueblo en ciernes.

En cada región surgieron por entonces líderes, personalidades, prensa, obras que mucho hablan de la perdurabilidad de un empeño: el engrandecimiento de la patria chica. Sucedió con Trinidad, Remedios, Villa Clara… ¿por qué no habría de ocurrirle a Sagua? Todas aquellas poblaciones fueron testigos de personas que devendrían benefactoras para la ciudad, que legaron su patrimonio espiritual o sus recursos en pos del desarrollo.Resulta asombroso que en el centro de la isla, tantas jurisdicciones hayan convivido con sus disímiles, y a veces antagónicas, características.

Seis regiones compartieron un espacio geográfico muy similar y, sin embargo, sus historias reflejan las diferencias de aquellos momentos iniciales.Deslumbra el hecho de que, a pesar de los orígenes diversos y separados en el tiempo, todas hayan logrado tal grado de independencia y ganas de individualidad. Más allá de los siglos que han pasado desde las fundaciones de Trinidad, Sancti Spíritus (ambas en 1514) y Remedios (1514-1520), pueblos surgidos en la colonización temprana; a pesar de la historia más reciente de Santa Clara (1689), ciudad típica del poblamiento interno; o del cercano surgimiento de las jóvenes Sagua la Grande (1812) y Cienfuegos (1819), derivadas de la expansión plantacionista azucarera, todas han trascendido por un apego fuera de los común a sus raíces, a las actividades que fomentaron y a su desarrollo intelectual.

En unas, las cualidades tuvieron siglos para asentarse; en otras, la identidad como región surgió en un período corto pero intenso. Tal fue el caso de Sagua la Grande, que en solo décadas transitó de la insignificancia más dolorosa, a un desarrollo económico y espiritual extraordinario. Dejó de ser territorio mercedado para convertirse en región.

 Los albores de Sagua

Lejanos, perdidos en las brumas del pasado se hallan los orígenes de Sagua. Se habla de un poblamiento aborigen que vivió en la costa norte del actual territorio villaclareño, en parte del otrora Sabana o Sabaneque.  Referencias a esos asentamientos se encuentran en las Crónicas de Indias pero, ¿cuánto de verdad hay en todo esto?

Lo cierto es que allá por 1511 Pánfilo de Narváez y Fray Bartolomé de Las Casas bojearon estas costas. Las precisiones geográficas y latitudinales de aquellos primeros cronistas hacen pensar que fueron recibidos por los indios de esta zona, que respiraron el aire de un supuesto poblado Cagua.Sin embargo, desde ese entonces hasta 1590 la zona pareció estar sumergida en un terrible letargo.

El río no pasó desapercibido y sus aguas supieron de la presencia de corsarios y piratas durante los siglos XVI y XVII, que escondían en sus márgenes el producto de los saqueos y hallaban refugio seguro en los montes de sus orillas.

Mas no solo fueron los forajidos quienes se interesaron por estas tierras. En la etapa pirática de Sagua hubo asentamientos de trabajadores que desmontaban los bosques de maderas preciosas de la zona. Por el río se trasladaron hasta la metrópoli barcos cargados de maderas que luego serían utilizadas para la construcción del monasterio y sitio real de San Lorenzo del Escorial. Acaso fue esta una de las actividades económicas iniciales de la región. No fue hasta el 13 de junio de 1590 que estas tierras fueron mercedadas.

El cabildo de Sancti Spíritus, por aquella época sumamente extenso y rico, otorgó a Don Alonso de Cepeda la hacienda de Sabana de Sagua, hoy Jumagua, y el español “espirituano” vino a establecerse, no en un paraje desolado, sino en un lugar ya habitado por seres anónimos que no dejarían otra huella que la certidumbre de su presencia. Cepeda estableció una Casa de Pasajeros y se dedicó a lo que tantos beneficios reportaba por aquel entonces: la ganadería y el desmonte de los bosques de maderas preciosas.

Aún sin identidad de pueblo, el asentamiento crecía. Sus hijos legítimos estaban por nacer, pues hasta ese momento la población consistía en una amalgama difusa de españoles y  nativos de otras ciudades ya fundadas. La comarca de Sagua perteneció primitivamente a Sancti Spíritus, cuyo cabildo proveía.

Luego, bajo la tutela de San Juan de los Remedios permaneció hasta el último cuarto del siglo XVII, fecha en que el cabildo de Villa Clara [3] comenzara a tomar las riendas de la zona.  Los habitantes aumentaban a medida que se descubrían las potencialidades de la región geográfica. Ya desde 1785, fecha en que Don Santiago Contreras estableció la primera vega de tabacos, este nuevo renglón económico fue fomentado y utilizado para el progreso del lugar.Añádase a esto el hecho de contar con una salida al mar en excelentes condiciones y situación geográfica. De ahí que en 1795 se estableciesen las matrículas del mar y fuera nombrado jefe el vecino de Villa Clara, Don Sebastián Oramas.

No podía aquella jurisdicción perder el control sobre tan prometedora zona. Ya hacia 1800 Sagua era conocida por los villaclareños como El Embarcadero, por ser el punto hasta donde llegaban las goletas. Fueron estas, y no otras, las grandezas de Sagua hasta su fundación oficial. A su favor tenía una ubicación excepcional para el comercio marítimo, condiciones navegables de su río, la riqueza de unas tierras que solo habían sido explotadas para el tabaco y la ganadería, pero que se convertirían décadas después en su más envidiable tesoro.

El 8 de diciembre de 1812, gracias a la gestión de los vecinos, en especial de Don Juan Caballero, se ofició una misa que dio a luz al pueblo. En aquella pequeña iglesia de madera y bajo la advocación de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, quedó fundada la ciudad que se venía gestando desde tantos años antes.Sobre este día, Antonio Miguel y Beltrán, historiador de la villa, escribió en 1905: La fundación de un pueblo no constituye ni puede constituir un hecho aislado y sin importancia en la historia de la humanidad. Algo de grande interés hay, de trascendental y majestuoso en ese acto, que no puede ni debe pasar inadvertido para los que forman la colectividad que se historia (...) El pueblo no muere, como una hecatombe, un cataclismo o el Juicio Final no lo hagan desaparecer para consternación del mundo de los vivos. Los pueblos viven siglos, y el origen de muchos se pierde en la oscura y  eterna noche de los tiempos. [4] 

Mas no solo la ciudad se inició nominalmente. Caballero repartió el terreno en solares entre algunos isleños de Canarias con el loable propósito de fomentar la urbanización y productividad de la región naciente.El caso sagüero es interesante. Prácticamente desde sus orígenes andaban los pobladores en afanes de independencia para desarrollar sus principales rubros.

Con una economía sólida para el sustento de las familias asentadas en el pueblo, aún de pocas y cortas calles, pero sin esa impetuosa prosperidad de otras villas vecinas, en 1822 ya Sagua había creado su Ayuntamiento. La libertad la concedía el Real Decreto del 23 de mayo de ese año y otorgaba a todo poblado de creciente importancia económica, la facultad de constituirse en Ayuntamiento. Pero poco duró la independencia, porque el 1ro de abril de 1823 se declararon nulos todos los actos del Gobierno Constitucional. Volvía Sagua a caer bajo los designios de Villa Clara en calidad de simple partido pedáneo.

El intento sería apenas el preludio de la separación futura. 

Sagua 1835: despegue “dulce” 

En 1833 Sagua contaba con 2 ingenios de raspadura y una economía básicamente ganadera, al igual que el resto de la región villaclareña a la cual pertenecía. Hasta entonces, solo había sitios de labor, potreros, bosques, vegas de tabaco. Pero en 1835 se introdujo la caña de azúcar en los campos sagüeros.

El Occidente de la Isla ya había despertado al oro dulce desde el siglo XVIII. La incorporación de Cuba a la economía de plantación cañera había provocado un vertiginoso desarrollo, tanto de la tecnología y la mecanización, como de las relaciones capitalistas de apropiación y propiedad.La invasión azucarera de Occidente a Oriente se detuvo casi en la llanura de Colón. Solamente penetró en el centro norte, por Sagua la Grande, y al sur, por Cienfuegos.

La región de Villa Clara quedó en buena medida al margen de esa difusión. Quizás ahí radicó el inicio de las disputas entre una Sagua cada vez más azucarera y una Villa Clara a la saga de la explosión cañera.A raíz de la naciente industria sagüera el poblado, que hasta entonces no pasaba de ser un caserío escuálido, sin movimiento comercial, comenzó a ganar importancia. Los primeros hacendados en introducir la caña a gran escala en las fértiles márgenes del río fueron Francisco Peraza, Roberto Stell, Santiago Macomb, y Jorge Bartlett, iniciadores de los que serían luego poderosos clanes azucareros.El creciente interés que despertaba el territorio para los inversionistas occidentales y extranjeros propició la urbanización y cuidados estéticos de la ciudad, así como el aumento de los habitantes. Si en 1827 solo vivían en Sagua 463 pobladores, hacia 1839 eran más de 4 mil 800.

En 1840, apenas 5 años después de la introducción de la caña en la región, se habían construido ya 26 ingenios, algunos de los cuales contaban con máquinas de vapor, sueño inalcanzable para casi todos los propietarios orientales.Sin embargo, el aumento de población no solo estuvo dado por la elevación del nivel de vida, sino porque, además, para la prometedora industria se hacía imprescindible la introducción de mano de obra esclava.

Si durante los siglos XVI y XVII la esclavitud en la zona fue casi inexistente (algún que otro esclavo doméstico de los colonos de otros tiempos) debido a que la ganadería, la tala y la vega de tabaco eran espacios para hombres libres, el auge azucarero trajo aparejado para Sagua la introducción excesiva de negros esclavos.El censo de 1841 sacó a la luz los alarmantes por cientos que luego se agravaría más. De los 17 mil 497 habitantes, 10 mil 934 eran blancos, 5 mil 566 negros esclavos y solo 995 negros libres. Por esa misma época Remedios, la octava villa de Cuba, solo contaba con 2 mil 732 esclavos.

Evidente resulta, entonces, el inusual despegue esclavista sagüero. Se convirtió así, en el polo azucarero más importante del centro cubano pues sus producciones eran exorbitantes (566 mil 619 arrobas de azúcar en 1846), poseía una enorme cantidad de ingenios modernizados (59 en ese mismo año) y un número cada vez mayor de esclavos (más de 5 mil 500).En 1862 ya habitaban los campos de Sagua alrededor de 19 mil 150 esclavos. La avidez de los propietarios por obtener mano de obra para la plantación aumentaba con el tiempo, a pesar de la Ley Penal del 2 de marzo de 1845 que prohibía el tráfico de negros. Pero ahí cerca estaba el puerto, habilitado para el comercio exterior desde 1847, y la región se convirtió en plaza fuerte del comercio ilícito de esclavos. No obstante, los negros se encarecían a diario porque entraban ilegalmente.

Se hacía imprescindible recurrir a la civilización china: hacia 1862 en Sagua la Grande ya habitaban 3 mil 113 asiáticos en calidad de semi-esclavos, que establecieron en el pueblo el primer Casino Chino de Cuba (1880).[5]La esclavitud del negro y la semi-esclavitud del chino en Sagua fueron fenómenos tanto intensivos como extensivos, que no solo ayudaron al desarrollo económico de la ciudad, sino que conformaron toda una mezcla de culturas que daría origen a una identidad interracial tan común en toda Cuba.

Con tales condiciones materiales y la ventaja de una situación geográfica envidiable para el comercio marítimo, tanto con el Occidente como con el extranjero [6], solo faltaba a los intereses latifundistas sagüeros el establecimiento de comunicación rápida con el interior del país. Así surgió, en la década de 1840, la idea de construir el ferrocarril, que se llevaría a vías de hecho en el decenio posterior. Ese sería uno de los momentos cumbres de la defensa de los intereses esclavistas de Sagua, no ya en el plano personal, sino regional.

Sagua vs. Villa Clara: historia de un litigio limítrofe 

El vertiginoso desarrollo económico, el progreso que en todos los órdenes se apreciaba en la Sagua de 1840 dio pie a la conformación de una conciencia social marcada, ante todo, por los intereses de hacendados y latifundistas preponderantes. Estos oligarcas sagüeros fueron formulando sus necesidades económicas pero, más allá del aspecto material, fueron consolidando sus aspiraciones de reconocimiento.

El auge económico devino catalizador para la consolidación de las esencias regionales de los pobladores de Sagua la Grande.Pocas comenzaron a parecerles las concesiones que otorgaba el cabildo villaclareño a la zona que le pertenecía desde el siglo XVII. El reconocimiento social debía convertirse en reconocimiento político. Es este uno de los pasos ineludibles en la conformación del territorio regional.Un primer intento de separación se había efectuado en 1822, que poco había durado pero que les había permitido a los sagüeros valorar el sabor de la toma de decisiones propias. Inconformes estuvieron desde entonces bajo la administración villaclareña. En 1843 comenzaron a manifestarse nuevamente las aspiraciones de independizar a Sagua la Grande de la jurisdicción de Villa Clara.

Según el historiador santaclareño Miguel Dionisio González en su libro Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, los sagüeros nunca estuvieron gustosos con la dependencia de Villa Clara. [7] 

Y es que no hallaban razones los habitantes de Sagua para seguir atados a una zona con intereses económicos tan ajenos. ¿No se convertiría Villa Clara en un freno para las aspiraciones de los sagüeros?Nada ilustra más la situación de desencanto de la ciudad hacia su instancia superior, que las palabras del propio Antonio Miguel Alcover en su Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdicción: Por aquí por Sagua existía un verdadero descontento que no reconocía otra causa que la apatía o indiferencia con la que en Villa Clara se tomaban las cosas de Sagua, que no fueran veneros de explotación. Aquel cabildo jamás hizo nada en obsequio del progreso de Sagua, pues cuanto había y se conseguía de los centros superiores, era obra exclusiva de los vecinos del Puerto. Villa Clara, más bien fue rémora al fomento, que palanca impulsora en lo que a su administración sobre Sagua se refiere. Sus cabildos se pusieron siempre en frente, aun en los momentos en que el nuevo pueblo, con vitalidad propia, quería con justicia declararse en mayoría de edad.[8] 

Ante la petición de los vecinos de Sagua, el Gobernador Superior Civil de la Isla solicitó en diciembre de 1843 al cabildo de Villa Clara que le informara sobre la situación real de la zona. Reportes económicos, comerciales y sociales era todo lo que le pedía.

El cabildo de Villa Clara se prestó solícito a cumplir la orden; pero no incluyó en la comisión encargada de atender el caso a ningún sagüero. Después de exponer en un informe las características del pueblo y la región en general, los comisionados pidieron al Gobernador que no aprobara la solicitud de Sagua, pues habían llegado al consenso unánime y ¿objetivo? de que no ha llegado todavía el momento en que aquel caserío pueda emanciparse sin ocasionar perjuicios a los vecinos de esta villa, lo mismo que a los de Sagua la Grande, aún cuando estos se presuman mejorados con la creación de la Tenencia de Gobierno que han solicitado. [9] 

El objetivo era evidente. No quería Villa Clara prescindir de la única salida al mar que aún le quedaba, pues al sur ya Cienfuegos ocupaba un lugar preponderante. Una vez independizada Sagua, Villa Clara quedaría aislada u obligada a transitar por jurisdicciones ajenas. Y la “presunción” sagüera de quererse erigir como Tenencia de Gobierno se llevó a vías de hecho en 1844. Ese 13 de diciembre, el Capitán General de la Isla, Don Leopoldo O’Donell otorgó la Tenencia de Gobierno político–militar a Sagua la Grande, ciudad que desde entonces se levantaría al frente de los partidos jurisdiccionales de Rancho Veloz, Quemado, Alvarez, Amaro, Calabazar y San Lorenzo.En enero de 1845 la noticia llegó al cabildo de Villa Clara y las autoridades se opusieron rotundamente pues no solo consideraban la demarcación excesiva, sino también irregular.Según Manuel Dionisio González: Al desmembramiento que había sufrido nuestro distrito con la demarcación de límites hecha a Cienfuegos, se añadió esa otra pérdida de territorio por la parte del norte, con lo que se le desposeyó de la más rica porción que le quedaba; y en vano el cabildo aspiró entonces a un nuevo arreglo de términos...[10] 

En años posteriores la jurisdicción de Villa Clara lucharía legalmente por tener una salida al mar y consiguió el territorio del Embarcadero del Granadillo, aunque de forma arbitraria para sus habitantes. Este punto de la costa norte le fue usurpado a Sagua la Grande.Sin embargo, Sagua tampoco quedaba estática en esta pelea por las zonas limítrofes.

En 1849 consiguió que se incorporara a su territorio la Colonia de Vives o Santo Domingo, ciudad fundada en 1819 para fomentar el poblamiento blanco, pero que por sus pobres condiciones geográficas y el acoso constante de Villa Clara, no pudo fructificar. A la jurisdicción sagüera se adhirió cuando perdió su independencia, en detrimento de Villa Clara, que la había deseado desde sus inicios.Este ir y venir de fronteras es expresión directa del desarrollo alcanzado por una región que no solo luchaba para ser reconocida como gobierno independiente, sino que, además, intentaba evidenciar su preponderancia sobre villas mucho más antiguas. Sagua la Grande a partir de la década de 1830 vivió su época de esplendor económico y consolidó los rasgos de una identidad fraguada desde años anteriores. 

Empeños del gobierno propio

El auge plantacionista azucarero de Sagua la Grande se basó en pilares sólidos: la esclavitud generalizada de miles de negros, en su mayoría bozales; la fertilidad de las tierras bañadas por el río, y las facilidades comerciales que implicaban la posesión de un puerto tan bien enclavado.Pero la transportación del azúcar, hasta entonces envasada en cajas de casi 20 arrobas y llevada de una zona a otra en carretas, se hacía sumamente difícil para una región prolífera que aspiraba a ampliar sus miras.Fue por la década de 1840 cuando la idea comenzó a tomar forma en los sagüeros.

Mas no solo el capital de la zona se empleó en la construcción del camino de hierros. Desde La Habana, varios hacendados compraron acciones en el que fuera, en su momento, un proyecto de avanzada.

Tal fue el caso de José Morales Lemus, que, junto a los propietarios locales José Eugenio Moré, Tomás Ribalta y  Fernando Eguileor, costearon la mayor parte de las obras.Fueron los años de 1856 y hasta 1860, tiempos de trabajo en los que con orgullo los sagüeros fueron viendo satisfechas sus expectativas.

En varias ocasiones se cambiaron los planes iniciales, dificultades inesperadas del terreno retrasaban a deshora la marcha del ferrocarril, pero la idea titánica de unos pocos se convirtió, al fin, en beneficio de muchos. El 25 de enero de 1860 se unió la línea que había tenido su origen en La Boca (hoy Isabela) con los raíles de Cienfuegos. Quedaban así en comunicación directa ambas costas, las dos ciudades más representativas del despegue azucarero en la zona central de Cuba.Las ventajas para Sagua fueron enormes. No solo el ferrocarril depararía enriquecimiento aún mayor a los inversionistas y propietarios de ingenios, sino que contribuyó a fortalecer el proceso de regionalización al centro norte de la Isla.

¿Cómo? Pues precisamente por la identificación que se urdió alrededor del nuevo fenómeno. La concepción de los latifundistas azucareros cambió: ya no producían para satisfacer a la jurisdicción de Sagua o para enviar sacarosa a La Habana y esporádicamente a Estados Unidos. El ferrocarril les daba ahora la oportunidad de introducirse en la economía de las demás zonas centrales y de establecer vínculos comerciales con regiones de intereses diferentes y actividades económicas distintas.

Este arduo ejercicio de lidiar con realidades histórico-geográficas tan disímiles como Cienfuegos y Villa Clara, solo podía efectuarse desde una plena conciencia de las potencialidades de la propia localidad.  Así se proyectó la burguesía esclavista sagüera, respondiendo a los intereses económicos pero, sobre todo, con la certeza de estar abogando por la prosperidad, no solo de una familia, sino de toda la región.Los horizontes monetario-mercantiles se ampliaron y el sentido de pertenencia se afianzó. No podía ser diferente.Unido al auge azucarero, a la inauguración del ferrocarril, que fuera en aquel tiempo uno de los primeros en Cuba, la jurisdicción sagüera se vio honrada con el título de Villa, tan largamente ansiado por sus habitantes.

En la conciencia colectiva del pueblo, ya lo eran desde mucho tiempo antes, pero no fue hasta 1867 que oficialmente la ciudad comenzó a llamarse Villa de la Purísima Concepción de Sagua la Grande. Bajo la égida de Nuestra Señora se siguió desarrollando la región. Sus características fundamentales las determinó el grupo oligárquico hegemónico: los hacendados azucareros mantuvieron siempre una postura política conservadora.

 ¿Quién sino la metrópoli podría mantener el interés creciente en la esclavitud? ¿Acaso la corriente independentista podía asegurar la estabilidad de un régimen beneficioso para ellos? De ahí que no se dieran en Sagua descollantes ejemplos de sublevaciones abolicionistas ni pensadores de un marcado reformismo, como sí sucedió en Villa Clara. 

Sagua, región Grande

El origen incierto de los pueblos se remonta a la edad de sus raíces; el presente se aquilata por el legado histórico-cultural de un pasado único. Sagua surgió y se convirtió en región por obra y gracia del plantacionismo esclavista azucarero. Hoy, a casi dos siglos de su fundación, los sagüeros se saben hijos de una villa próspera, diferente a todas las que convivieron en el siglo XIX cubano. Distinta y, como todas, con una identidad propia. Sin chovinismos ni pretensiones de villa engreída, Sagua logró convertirse en una especie de isla dentro de la Isla. Y para eso lucha desde entonces, para seguir siendo una ciudad grande.          

Bibliografía:  

  1. Alcover y Beltrán, Antonio Miguel: Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdicción, Imprentas Unidas La Historia y El Correo Español, Sagua la Grande, 1905
 
  1. Cabrera Cuello, Migdalia: Las corrientes políticas e ideológicas en Villa Clara en el siglo XIX hasta el inicio de la Guerra Grande, Editorial Capiro, Santa Clara, 2002
 
  1. González, Miguel Dionisio: Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, Imprenta La Ristra, Santa Clara, 1942
 
  1. Guerra Díaz, Carmen: Colonización y región: aproximaciones al estudio del caso villaclareño, Islas (116), Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, Santa Clara, enero-abril, 1998
 
  1. Le Riverend, Julio: Historia económica de Cuba, Ediciones Revolucionarias, La Habana, 1971
 
  1. Venegas Delgado, Hernán: Notas críticas sobre la economía colonial de Villa Clara, Islas (81), Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, Santa Clara, mayo-agosto, 1985
 
  1. _____________________: Teoría y método en historia regional cubana, Editorial Capiro, Santa Clara, 1994
                                   


[1] Alcover, Antonio Miguel: Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdicción, Imprentas Unidas La Historia y el Correo Español, Sagua la Grande, 1905
[2] Venegas Delgado, Hernán: Teoría y método en historia regional cubana, Editorial Capiro, Santa Clara, 1994
[3] La villa de Santa Clara también se conoció como Villa Clara o Villaclara, al parecer como una contracción del verdadero nombre. En la bibliografía consultada sobre este tema, los tres términos se emplean indistintamente para referirse al mismo territorio.
[4] Alcover, Antonio Miguel: Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdicción, Imprentas Unidas La Historia y el Correo Español, Sagua la Grande, 1905
[5] Recientes investigaciones documentales han probado que el Casino Chung Wah sagüero se fundó varios años antes que el de La Habana,  que hasta hace poco estaba considerado el más antiguo de Cuba
[6] Hacia 1842 se habían establecido relaciones comerciales por mar con La Habana, Matanzas y Estados Unidos.
[7] González, Manuel Dionisio: Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, Imprenta La Ristra, Santa Clara, 1942.
[8] Alcover, Antonio Miguel: Historia de la Villa de Sagua la Grande y su jurisdicción, Imprentas Unidas La Historia y El Correo Español, Sagua la Grande, 1905
[9] González, Manuel Dionisio: Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción, Imprenta La Ristra, Santa Clara, 1942.
[10] Íbidem

La última mujer del Benny

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Por Danny González Lucena (Estudiante de Periodismo, UH)

¿Quién le iba a decir a Limara Meneses que, después de estudiar en una escuela de deportes, se convertiría en la última mujer de Benny Moré, con tan solo 16 años? Actuar en la película sobre ese popular músico, considerada la más taquillera de la última década en nuestro país, le abrió a esta joven las puertas de un mundo diferente donde se enamoró perdidamente de este emblemático personaje cubano. Limara cuenta entusiasmada su historia, una historia en la que yo abro ventanas para preguntar. “Yo cursaba estudios en la Escuela de Deportes Girardo Córdoba Cardín, y no tenía nada que ver con el arte. Cuando quise actuar por primera vez, fui a pedirle una audición a Humberto Rodríguez, director del grupo de teatro aficionado de la Casa de la Cultura del municipio Plaza.  “No sé si fue cuestión de suerte, pero ese mismo día Ernesto Sánchez, asistente de casting de la película, estuvo allí. Quería buscar una muchacha para un papel que de hecho no sale en la película. Después de hacer la prueba no me escogieron. “Lo vi en la calle días más tarde y obstinada en el asunto le ofrecí mis datos personales. Al día siguiente el teléfono sonó, y a partir de ese momento, comenzaron a abrirse muchas puertas en mi vida: tenía que ir al ICAIC para ponerme al tanto sobre mi futura actuación.  “Terminé con el coprotagónico que interpreta a Aida porque la muchacha que lo iba a hacer tuvo un problema y comenzaron nuevas rondas de casting hasta que finalmente la elegida resulté ser yo. “¿Impresionarme?, lloré mucho. Yo no creía lo que me estaba sucediendo. Mientras más pienso en todo eso, menos me convenzo del inmenso salto que acabo de dar. Un día me levanté tomando clases en una escuela de deportes; y al otro día amanecí en una escuela de arte, con una película hecha, rompiendo récord en los cines. La vida te da sorpresas”. El Benny es una figura muy importante en la música cubana, pero muy poco popular entre los jóvenes. ¿Cuánto llegaste a acercarte a él? El Benny ya no es tan poco popular. Después de esta película yo puedo asegurarte que el Benny se siente en todos los rincones de La Habana. Lo mismo debe ocurrir en el país. Si te hablara de mí, para ser completamente sincera, debo confesar que yo no tenía ninguna relación con la figura del Benny. A la hora de prepararme para el rodaje me ayudaron mucho mis abuelas Margarita y Juliana, que sí vivieron esa época. También utilicé los quinescopios. Amé más a Benny Moré cuando terminó la película, porque en el período de rodaje tenía tanto miedo que espiritualmente no llegué a acercarme mucho a su persona; sin embargo, hoy estoy completamente enamorada de él.  Tu poca experiencia en la actuación tuvo como reto la presencia de actores de primer nivel en el proceso de rodaje… Cuando me dijeron que Olimpio, mi tío en la película, iba a ser Enrique Molina, comencé a llamar a todo el mundo para decirle. En ese momento yo no sabía si reírme o llorar…, lo mismo me ocurrió con Isabel Santos. Aunque nunca la vi en la filmación, actuar en una película donde ella estuviera, era sencillamente fantástico.  Tuve el gran apoyo de Mario Guerra, al cual le agradezco eternamente sus consejos, a Renny Arozarena, por enseñarme a amar ‘de verdad’ a Benny Moré, y a Enrique Molina, que para mí, después del Instituto Superior de Arte, es mi segunda escuela. Enfrentarse a una escena de sexo con 16 años de edad, supone un gran reto profesional, ¿Qué puedes decir al respecto? Cuando llegó la escena de sexo me preocupé mucho por las personas que me verían desnuda, pero no en el equipo técnico, sino en los miles y miles de espectadores de los cines; para una mujer se torna muy difícil. En aquella época lo pensé demasiado, ahora no me importa tanto. No creo que por haberme desnudado en la película, vaya a hacerlo en cada filme nuevo en el que actúe; pero si alimenta mi personaje y la historia, estoy completamente dispuesta. Aunque mucha gente me pregunta sobre ese asunto, yo desearía que tomaran más en cuenta otras características psicológicas del personaje. Limara actualmente estudia actuación en el Instituto Superior de Arte, donde ha obtenido excelentes resultados académicos,  gracias a muchos amigos, y sobre todo, a una fuerza de voluntad extraordinaria. La presión entre la escuela y los horarios de filmación, fue muy dura. A nadie le cae nada del cielo, los amigos únicamente. Eso lo comprendí cuando comencé a llegar a la escuela a las tres de la madrugada, y mis compañeros de aula me esperaban despiertos, con las clases copiadas, para no atrasarme ni un día. Ellos tenían ejercicio de actuación conmigo, y a esa hora comenzábamos los ensayos porque yo no podía suspender en los exámenes. Fue una prueba de amistad inolvidable. Te exige el profesor en la universidad, pero también te exige el director de la película. En esa paradoja me enfrenté a muchas personas, me impuse frente a un mundo que me caía encima, y esforzándome y llorando mucho llegué hasta el final… La cinta El Benny es la propuesta cubana a la categoría de mejor película extranjera en los premios Oscar. ¿Te imaginas en los Oscar? La crítica devora algunos filmes por detalles no perceptibles a primera vista en varias ocasiones; pero no ocurrirá con El Benny. Cuando me pongo en el papel de espectadora y la veo repetidas veces, más me convenzo del buen trabajo realizado, un trabajo transparente, limpio, muy completo en cuanto a contenido, a la fidelidad de la historia, a la música utilizada, y también al magistral nivel actoral. Renny se transformó en el Benny muy en serio; ver cómo bailaba, los gestos de la boca, el magnífico doblaje musical… Si la cinta llegase a ser nominada a los Oscar, la vida cambiaría por completo para mí; en primer lugar le daría la posibilidad a mi país de darse un lugar merecido en la lista de grandes producciones cinematográficas, y también porque me conocería mucha gente y podrían aparecer infinitas posibilidades. Y sí, creo que sí me gustaría hacer historia. ¿Imaginarme?, a todo el mundo le gusta imaginarse cosas buenas. Acabas de filmar Camino al Edén, una coproducción entre Cuba y España… Es una película muy linda, del director Daniel Díaz Torres. Mario Guerra actúa nuevamente conmigo, también está en el elenco Fernando Echevarría, y los españoles Álvaro de Luna y Pilar Punzano. En esta oportunidad soy uno de los papeles protagónicos. Mi personaje se llama Natividad, una mujer que vive muy malos momentos y termina completamente destruida, pero es un personaje lindo, fresco y muy a mi alcance. Vuelvo a la época en este filme, específicamente al año 1895. La historia refleja un poco las vivencias de las familias de aquellos tiempos, mientras transcurría la guerra de independencia y el país era sometido a la reconcentración de Valeriano Weyler. No te puedo decir más… Limara, has sido una joven que saltó de la nada, y caíste donde cualquier actor desea estar, en el cine. ¿Qué aspiraciones tiene una estudiante de actuación que recién comienza en ese maravilloso mundo?  Seguir haciendo cine, trabajar en televisión, pero más que todo teatro, me encanta el teatro. Quisiera hacer el papel de María Antonia cuando tenga treinta años, ese es mi gran sueño. Lo otro a lo que puedo aspirar es a lo que cualquier ser humano desea, mi familia es fundamental y sin el apoyo de ella no hubiese llegado a ninguna parte. Pero creo que realmente existe algo muy importante para realizarme como mujer y como actriz, y es gustarle a mi público toda la vida.   

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La imagen del Che, ¿en la etiqueta floja?

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Por Leydi Torres Arias

(Alumna de Periodismo)

El comercio desmedido de los más diversos productos y artículos  con el rostro del Guerrillero Heroico, aumenta en la actualidad. No pocas empresas y entidades utilizan el nombre del héroe para atraer compradores tanto en Cuba como en el extranjero.

 

« ¿La venta de artículos con la figura del Che? ¡Muchacha, tremendo negocio!» -afirmó una vendedora cuentapropista de la tienda santaclareña El Ten Cent. Y enfatizó, ante las miradas apacibles de algunos compradores, que todos los meses ganaba mil 500 pesos nada más en la comercialización de colgantes con el semblante del combatiente argentino-cubano.

 

Pero el mítico héroe viaja de polizonte en camisetas, gorras, llaveros y, en ocasiones, ilustra cajetillas de cigarros, bebidas y bikinis. Todo esto forma parte de la llamada industria cultural y atenta contra los principios de muchas personas.

 

Su hija, Aleida Guevara March, declaró a la periodista Alicia Elizundia en el libro Bajo la Piel del Che: «Nosotros estamos en contra de la explotación indiscriminada de la imagen de mi papá. Y no aceptamos que la foto del Che esté en ninguna botella de vino o en ropa interior. Nos parece una falta de respeto todo eso; pero siempre habrá hombres en este país con la cabeza muy bien puesta y muy bien despejada como para atajar cualquier dificultad de idealizar demasiado la figura o de convertirlo en algo que sea más bien estético y no profundo».

 

Sin embargo, la Empresa Nacional Comercializadora de la Cultura (ARTEX) desde su fundación, hace 14 años, utiliza la efigie de Ernesto Guevara en una variada gama de objetos: pulóveres, llaveros, boinas, postales, afiches, calendarios, artesanías.

 

Juan Fernández, gerente comercial de ARTEX en Villa Clara, manifiesta que el artículo más vendido es el pulóver con la famosa instantánea de Korda, aunque existen siete imágenes distintas para prendas de este tipo.

 

—¿Cuáles son los principales productores y consumidores?

Una comisión técnica evalúa la calidad del producto y aprueba la venta. Constituyen nuestros principales proveedores, los artesanos y la empresa Puntex-Unipro. En Santa Clara, los puntos de ventas se encuentran ubicados cerca de los sitios históricos y culturales más visitados por turistas, nuestros compradores fundamentales.

—Para la población nacional, los precios  no resultan asequibles…

—Los altos precios se hacen necesarios para recaudar divisas para la sectorial de Cultura. Los objetos con el rostro del Che no constituyen una necesidad básica, sino un gusto personal. El precio de la camiseta oscila entre 12 a 13 pesos convertibles (CUC) y obtenemos  alrededor de mil 500 o 2 mil CUC mensuales.

 

En este caso, la tienda mejor surtida se encuentra a pocos pasos del Memorial y, paradójicamente, resulta la menos visitada. Maira Castellanos, trabajadora de ese establecimiento, resalta el poco poder adquisitivo de los turistas que llegan, encuentran caros los productos. La preferencia extranjera va desde los afiches y postales hasta los pulóveres  con retratos pequeños, porque el “Che-Korda”  resulta muy llamativo.

 

Surgió entonces otra inquietud: ¿Detrás de la venta existe una intención política o responde únicamente a fines comerciales?

 

Rosa María Pérez Gutiérrez, presidenta de la Asociación de Comunicadores Sociales en Villa Clara, opina: « El carácter político,  razón que mueve a los diseñadores, pero cuando le pones un precio, lo asocias a un valor de venta y el fin político se minimiza. En lo referente al costo elevado del producto, creo que de esa forma tratan de cualificar lo que significa el Che para el pueblo cubano, mas, debemos buscar otras alternativas para demostrar la valía de un héroe revolucionario sin necesidad de vender. Y pensar: si el Che viviera, ¿le gustaría lo que hacen con su imagen?

 

La periodista Mónica Lugones, añade: « ¡La imagen se comercializa de forma tan burda! Puede incluso dar un reflejo falso de lo que en Cuba se respeta.»

 

—¿Cree que Ernesto Guevara constituye hoy un arquetipo o un estereotipo?

—«Supuestamente debe ser un arquetipo, un ideal, lo ven asociado a las utopías, multitudes aspiran a igualarlo.  Sin embargo, el hecho de mercantilizar la imagen lo va convirtiendo en un estereotipo, una figura manipulada por la industria cultural para llegar a todo el mundo, le dan un valor mercantil, lo destruyen». 

EN LA INMOVILIDAD DE UN SÍMBOLO 

Pocos seres humanos del pasado siglo suscitaron un interés tan universal como Ernesto  Guevara. El potencial movilizador de esta figura fue captado rápidamente –aún antes de su muerte- por la industria cultural y propagandística del imperialismo.

 

Según  Adys Cupull y Froilán González en el libro La CIA contra el Che, la Agencia Central de Inteligencia transformó la silueta del comandante guerrillero en un mito a través de una operación ideológica para desvanecer su pensamiento revolucionario.

 

Esa estampa suya falseada la multiplicaron en formas disímiles; fabricaron incluso diversos objetos de consumo temporal, para saturar el mercado y tratar de desgastarla.

Suficientes razones tuvo Mario Benedetti en junio de 1997 para hacer un poema al Che donde expresó: « Lo han cubierto de afiches/ de pancartas/ de voces en los muros […] / Lo han transformado/ en pieza de consumo/ en memoria trivial/ en ayer sin retorno[…]/ Y quizás han resuelto/ que la única forma/ de desprenderse de él/ o dejarlo al garete/ es vaciarlo de lumbre/ convertirlo en un héroe/ de mármol o de yeso/ y por lo tanto inmóvil.»

Independientes a los criterios preestablecidos y tras varias semanas de sondeo a 105 personas, las opiniones continúan siendo diversas.

El 33% de los entrevistados asegura que mientras conozcan quien fue Guevara, no está mal llevarlo en objetos, pues se identifican con él. 

En un aula de periodismo surge la polémica: Arnaldo tiene tatuada la imagen del Guerrillero Heroico y, como otros estudiantes, usa las camisetas con el semblante del mítico héroe «por lo que representan las ideas del Che» afirma. «Utilizo ropa con su rostro hasta para ir a discotecas, así encuentro una forma de alzarlo,  de llenarlo de contenido frente a tantos jóvenes que usan ropa de marca.»

«Pero esas artesanías y productos solo se venden porque tienen impresas la imagen del Che. Es una forma para los vendedores de ganar dinero fácil, mientras manipulan sentimientos. No considero correcto que alguien muera combatiendo y vaya luego estampado en un objeto. ¿Acaso a los familiares no les duele?» reclama Osmary, quien comparte el pensar de la mayoría de los interrogados. 

Contrario a estos argumentos, el 6 % de los encuestados proclaman con seguridad la existencia  del culto a la personalidad de Guevara.

Roberto Brito Camacho, combatiente de la lucha clandestina, alega: «No existe tal idealización en nuestro país. Al Che no le gustaba el realce desmedido. Él no aceptaba regalos ni privilegios, era único, por eso el pueblo lo admira.» 

LA FIGURA MÁS CONTROVERTIDA 

La fotografía más reproducida en la historia de la humanidad, la captó Korda en octubre de 1960 en el entierro de las víctimas de La Coubre y la tituló “Guerrillero Heroico”. Explotada hasta la saciedad por la propaganda política en los ’70, quedó lista para el comercio masivo en los ’80 a través de boinas, camisetas…En los ’90 llegaron los excesos: vodka, tabaco, cervezas, con la silueta del Che.

 

La venta de la objetos con la famosa imagen suscitó las siguientes declaraciones de Alberto Díaz Gutiérrez (Korda), también tomadas del libro Bajo la Piel del Che, de Alicia Elizundia: «Hay algunas comercializaciones respetuosas y serias y otras; de mala calidad, hechas por artesanos o gente sin un buen nivel artístico; y hay un uso, por el cual yo he nombrado a un grupo de abogados en Europa, para proceder contra gente que han hecho un perfume para hombres que se llama Che Guevara, con mi imagen; hay un tipo de fosforera norteamericana muy famosa que está utilizando la imagen; hay anuncios de una revista inglesa, en una doble página a colores, con la foto, y llena de botellitas con un Vodka que es muy popular en el mundo capitalista que se llama Smirnoff. Lo anuncian con la foto del Che y dice: “Bebida caliente”. Y más recientemente, una religión protestante en Europa, ha hecho un póster llamando a la juventud a participar en actos de Semana Santa, y la imagen es el Che de mi foto, sin la boina negra y con una corona de espinas. Se llama “Chesucristo”, han hecho 50 mil copias. »

 

En diciembre del 2005, una exposición en Nueva York analizó esa particular trayectoria de símbolo revolucionario a ícono de consumo en la muestra titulada: “¡Che! Revolución y Comercio”. La galería desplegó todas las posibilidades de fetichismo en torno a la famosa imagen de Korda, desde ropa interior, tazas, pantalones de mezclilla Furor de la serie Habana. Por otro lado, intentó dejar registros del inoxidable poder de la imagen como vínculo comunista.

 

El Che de Korda funciona para causas diversas que van desde la defensa de las minorías sexuales –utilizado en manifestaciones gay-lésbicas– a muros pintados en lugares remotos de China.

 

«Resulta insultante la desmedida forma de comercializar la figura del Che en el extranjero» -confiesa  Antonio Rodríguez Palacio, primer presidente de la FEU de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas en 1952. Conoció personalmente al Che y hoy, con más de 70 años de edad, retiene el tiempo dibujando al hombre de la boina negra. «Yo vendo mis cuadros al Fondo de Bienes Culturales. Después que Korda reclamara su famosa imagen de Guevara, tuvimos que llevar una carta de autorización del autor de la fotografía para poder utilizarla.»

 

Desde una pared, la estampa del legendario combatiente, atestigua las palabras de Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante la apertura  de  la exposición titulada La imagen constante. «La figura del Che convoca a creadores de todo el mundo, pero para reflejarlo en toda su dimensión, hay que huir del arte conformista, repetidor y mediocre, descalificado, para captarlo en su verdadera amplitud.

 

El arte auténtico, el que es desgarramiento, exploración, búsqueda en lo oscuro, ayudará en sus lenguajes peculiares a esa resurrección, y nos descubrirá nuevas aristas en la futuridad de ese símbolo que es el Che.»

Ver imágenes en: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_2991000/2991926.stmwww.tshirt-printing-uk.com   www.dcthornton.com http://www.informativos.telecinco.es/che-guevara/foto/derechos-autor/dn_11308.htm

www.buyersnetclub.com

 http://www.bbc.co.uk/spanish/seriemilenio02fotos.htm 

                

 

  

Por:


Desprecio al mejor amigo

20060803143211-perros-callejers.jpg

Por Linet Hernández Moredo
(Alumna de Periodismo)

¡Estudiantes, ¡no alimenten a los perros! Insólita orden, pero común en las reuniones de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas. ¿El profesorado pretende que un joven ignore a otro ser vivo hambriento, solo por ser un cuadrúpedo carcomido por la sarna? Evidentemente, no debe razonarse así en el esfuerzo contra el entristecedor merodeo de estos animales, problema que se extiende actualmente a las calles y a buena parte de los centros laborales en nuestro país.

Un buen día, el hombre se aburre de su mejor amigo y le hace el último favor de abandonarlo en un lugar espacioso, con comida y muchos “dueños”. El desgraciado deambula, maloliente, entre mesas de comedor y piernas extrañas, por pasillos y áreas verdes de nuestro centro.  Al mediodía gusta de refugiarse bajo las escaleras.

Siempre hay compadecidos que lo reciben en su cuarto, en detrimento del reglamento escolar. Peor, hacen peligrar su salud y la de todos los vecinos, ecologistas o no. 

Pero hay más, cuando los trabajadores de Salud Pública acuden a la solicitud de los directivos de la escuela, se activa una “brigada de salvamento”. Se adjudica a los estudiantes el delito de esconder a los animales para evitar su dramática captura: las víctimas vuelan antes de impactarse sobre el carro. No se dispone de otros recursos, tales como disparo de tranquilizantes, para su traslado.

Si algunos estudiantes se identifican con los protagonistas de ARK, inclinación encomiable, comprendan que la institución docente no cuenta con las condiciones materiales de aquella serie televisiva, ni figura entre sus funciones el rescate de animales.

Ahora bien, por eficiente que sea la actividad de los defensores, la lógica llama a no cargarles absolutamente la persistencia de numerosos caninos distribuidos en todas las zonas de la universidad.

La situación, común en el país, repito,   evidencia la inconstancia por parte del Ministerio de Salud frente a este conflicto.

En cuanto al sacrificio de los atrapados, proceso desagradable para todos, está condicionado por dos cuestiones fundamentales: la difícil situación económica que propicia el creciente número de ejemplares abandonados y enfermos, y el desenfado con que el pueblo cubano asume la cría de perros callejeros, sin sacarlos de su vida vagabunda. Por ejemplo: se limitan a darle algo de comida y no les importa que los desechos atiborren el entorno.

Por tanto, hasta ahora, la opción más viable es respetar las recogidas por parte de la institución sanitaria.  Un proyecto para encontrar personas dispuestas a atendenderlos, valdría. Pero busquemos casa limpias si queremos a los perros.

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La página de MercyLaTecla,
desde el centro de Cuba.
Una mujer que desde hace
mucho decidió sus destinos
por el periodismo y el magisterio,
y aún sigue apostando por ambos.



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