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Soberano
Eres el rey de un tiempo y su nostalgia,
de este hijo que lleva sobre la piel el olor del campo.
eres el rey de esta isla y sus vientos,
de los barcos que parten en cada atardecer
con tu herencia de remos en la noche.
con un poco de suerte descubro una voz,
una lámpara iluminando el sitio donde reposa tu aroma,
el murmuro ardoroso de tu reinado.
no olvides que de niño
juré descansar bajo el árbol de tu sombra,
romper los puntos cardinales que diseñaban tu destino,
serte fiel ante el espejo y su historia.
si el tiempo pariera de nuevo su nostalgia
evitaría el suicidio de las palomas.
si pariera de nuevo la luna y tu reinado
pero pasa sin detenerse y sin memoria,
mientras
sin temor a la escarcha yo espero.
no demores demasiado,
afuera llueve y es inevitable revivir tantos sueños.
Dignidad
Y yo seré el que salga por el mundo con tu luz,
el que herede tu saliva inquietante,
esa temeridad siempre al borde de la guillotina.
seré el niño precoz que censure las sombras
que intenten profanar tu esqueleto,
el mar bravo o en calma custodiado por sus olas,
el cielo por donde vuele el mensaje de tu voz.
seré tantas cosas.
el leñador que limpie los caminos por donde crucen tus pies,
el telegrafista que en el aire codifique los mensajes.
y yo seré el fanático seguidor de tus ideas,
el rey sin trono
feliz de llevar como animal tu dignidad sobre el pecho.
Dignidad
Y yo seré el que salga por el mundo con tu luz,
el que herede tu saliva inquietante,
esa temeridad siempre al borde de la guillotina.
seré el niño precoz que censure las sombras
que intenten profanar tu esqueleto,
el mar

A Raúl Rodríguez La O (Manzanillo, 1946) se debe el conocimiento detallado de una faceta poco conocida de nuestro Héroe Nacional: la de un verdadero especialista que creó y estructuró un sistema de inteligencia que jamás pudo ser burlado. Fruto de su investigación afloran los seudónimos utilizados por nuestro Héroe Nacional; claves, cifrados, siglas, palabras y frases para comunicarse con los patriotas, así como la legendaria figura del santaclareño Pons y Naranjo, bajo cuyas orientaciones funcionó la más importante agencia de espionaje de la Guerra Necesaria. En conversación con la autora, el también historiador y periodista, comenta sobre estos y otros interesantísimos aspectos recogidos en el título Los escudos invisibles.
Por Mercedes Rodríguez García
Enero de 1985. Desde una mesa del restaurante Delmónico, —el más famoso del New York de entonces—, el agente JP vigila a un hombre de levita y chaleco algo gastados. Ese día, junto a amigos de la familia Miranda, celebra su cumpleaños 45. Los gastos de vigilancia (0.30 USD) serían cobrados por el espía con posterioridad. Todo debía quedar bien claro para los dueños de la Pinkerton’s National Detective Agency.
Otro agente llamado CDB, también asentaría sus gastos (4.00 USD), por concepto del alquiler de una habitación en 51 East 29th Street, en la mismísima casa de huéspedes de los Mantilla, refugio de cubanidad donde el vigilad
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