La Tecla con Café![]() |
http://lateclaconcafe.blogia.com En el centro de Cuba. Una página pensada desde el periodismo en todos sus géneros y manifestaciones. Como el café criollo ¡cargadito y humeante! Valiente y sincero. Noticias y comentarios sobre lo que ocurre en nuestra Isla y en el Mundo. Un espacio para teorizar, exponer, argumentar, opinar, reflexionar, polemizar, denunciar. Siempre acercándonos a la verdad y a las causas justas. Lea, saque sus propias conclusiones y envíeme sus comentarios a:
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Café para leer. No sé por qué piensas tú, Nicolás Guillén, 1937 Por Mario Benedetti Padre nuestro que estás en los cielos con las golondrinas y los misiles quiero que vuelvas antes de que olvides como se llega al sur de Río Grande Padre nuestro que estás en el exilio casi nunca te acuerdas de los míos de todos modos dondequiera que estés santificado sea tu nombre no quienes santifican en tu nombre cerrando un ojo para no ver la uñas sucias de la miseria en agosto de mil novecientos sesenta ya no sirve pedirte venga a nos el tu reino porque tu reino también está aquí abajo metido en los rencores y en el miedo en las vacilaciones y en la mugre en la desilusión y en la modorra en esta ansia de verte pese a todo Soberano Dignidad Y yo seré el que salga por el mundo con tu luz, A Raúl Rodríguez La O (Manzanillo, 1946) se debe el conocimiento detallado de una faceta poco conocida de nuestro Héroe Nacional: la de un verdadero especialista que creó y estructuró un sistema de inteligencia que jamás pudo ser burlado. Fruto de su investigación afloran los seudónimos utilizados por nuestro Héroe Nacional; claves, cifrados, siglas, palabras y frases para comunicarse con los patriotas, así como la legendaria figura del santaclareño Pons y Naranjo, bajo cuyas orientaciones funcionó la más importante agencia de espionaje de la Guerra Necesaria. En conversación con la autora, el también historiador y periodista, comenta sobre estos y otros interesantísimos aspectos recogidos en el título Los escudos invisibles. Por Mercedes Rodríguez García Enero de 1985. Desde una mesa del restaurante Delmónico, —el más famoso del New York de entonces—, el agente JP vigila a un hombre de levita y chaleco algo gastados. Ese día, junto a amigos de la familia Miranda, celebra su cumpleaños 45. Los gastos de vigilancia (0.30 USD) serían cobrados por el espía con posterioridad. Todo debía quedar bien claro para los dueños de la Pinkerton’s National Detective Agency. Otro agente llamado CDB, también asentaría sus gastos (4.00 USD), por concepto del alquiler de una habitación en 51 East 29th Street, en la mismísima casa de huéspedes de los Mantilla, refugio de cubanidad donde el vigilado «sienta sus reales por espacio d |