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domingo, 25 de julio de 2021 
2:34:42 pm 

La llegada a la Presidencia de Perú de Pedro Castillo es una gran victoria política de las fuerzas de izquierda, populares y progresistas agrupadas en torno a su candidatura.

Llamada sin duda a tener una sensible repercusión, no solo en el importante país andino sino en la geopolítica de América Latina y el Caribe. La corta distancia entre los votos alcanzados por él y los de su rival Keiko Fujimori, los insólitos 42 días que ha debido esperar desde su elección para ser proclamado presidente, la feroz campaña durante ese tiempo del fujimorismo, las élites locales y los medios hegemónicos para crear la matriz de un fraude electoral y deslegitimar su victoria, lejos de disminuirla, la engrandecen.


Cada voto a Pedro vale, cuando menos, por dos de su adversaria, pues labró su triunfo sin disponer apenas de recursos, mientras ella gastaba una millonada; con la prensa, los grandes capitales y la derecha internacional disparando hasta hoy mentiras contra el maestro cajamarquino de 51 años.

Inscrito como candidato el último día del plazo establecido, su campaña fue boca a boca, a lomo de su yegua o en camiones, de pueblo en pueblo, en mítines a veces envueltos por las nubes andinas. Fue tan cerca de la gente que se contagió de Covid-19, lo que le valió muchas simpatías en una nación minada, como pocas por la enfermedad, gracias a la corrupción gubernamental.


Aunque no tuvo asesores de imagen, ni agencias de publicidad ni granjas de bots, no desdeñó las nuevas tecnologías y los videos, circulados en el país, con sus discursos en nutridos mítines del empobrecido VRAE (Valle de los ríos Apurimac, Ene y Mantaro), ganaron la admiración de muchos.

 

Su victoria significa la esperanza de las grandes mayorías en Perú; el arribo a la Casa de Gobierno de Lima, de los cholos, de la sierra, la Amazonia y las zonas urbanas marginales y empobrecidas de la costa, hombres y mujeres víctimas de la desigualdad, la marginación e injusticia capitalistas.

Mas, Pedro Castillo arriba a la Presidencia con la herencia maldita del neoliberalismo salvaje y de un país roto por una larga y profunda crisis política y por la pandemia.

Ante una derecha que no le dará tregua y un parlamento atomizado donde de 130 puestos solo cuenta en principio con los 42 que suman la alianza de su partido con Juntos por el Perú-Nuevo Perú, de Verónika Mendoza, el ahora presidente peruano, maestro de oficio, deberá actuar con inteligencia y andar en lo adelante con pies de plomo.  

(Fuente: teleSurtv)