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martes, 03 de noviembre de 2020
6:56:56 pm

La elección nacional para presidente y legislatura en Estados Unidos se realiza en una coyuntura sin precedente con la peor crisis de salud pública en un siglo, la peor crisis económica tal vez desde la Gran Depresión, el estallido de algunos de los movimientos de protesta social más grandes de la historia y un presidente minando la legitimidad de los comicios y hasta amenazando con no respetar los resultados si no lo favorecen.

No obstante, más de 100 millones de estadounidenses votaron anticipadamente —tanto de manera presencial como por correo— en unos números que marcan la que puede ser una de las elecciones de mayor participación de la historia. Según el U.S. Elections Proiect de la Universidad de Florida, votaron 101, 167, 740 personas, es decir el 73.4% del total en 2016.

Según la Asociación Nacional de Latinos Electos y Designados (Naleo) se espera una participación récord de latinos. Un número que resalta la organización es el referido a los latinos jóvenes, entre 18 y 29 años: estiman que 1.7 millones de hispanos en esas edades votaron de forma anticipada: 313% más que en 2016.

Según AP, es muy probable que no conozcamos al ganador de las elecciones presidenciales este martes por la noche. Y de ser así, no necesariamente es señal de que algo sea fallido, fraudulento, corrupto o malo, como ha sugerido el presidente Donald Trump. Pero es una práctica estándar seguir contando votos después del día de las elecciones.

El factor más importante que puede volver lentas las cosas este año es claro: millones de estadounidenses decidieron votar por correo en vez de arriesgarse a contraer el coronavirus en un centro de votación. Y, en general, los votos postales tardan más en contarse.

El candidato demócrata Joe Biden insistió en la importancia de estos comicios y en cuál será su posición si no hay resultados claros esta noche: "Hay tanto en juego en este momento... Ya veremos. Si hay algo de que hablar esta noche, lo hablaré. Si no, esperaré hasta que se cuenten los votos al día siguiente", dijo Biden.


Sobre el mismo tema, el presidente Donald Trump dijo a miembros de su campaña que creía que ganaría un segundo mandato, pero admitió que también podía perder. “Ganar es fácil”, aseguró en la sede de su campaña en Arlington, Virginia. “Perder nunca es fácil. No para mí, no lo es".


El candidato republicano Donald Trump obtuvo la mayoría de los votos en el estado de Kentucky. Trump sigue siendo, sin lugar a dudas, el más débil de cara a las elecciones de hoy. Sin embargo, hay un mapa electoral algo plausible que puede llevarlo a 270 votos electorales y un segundo mandato.

El diario El País, recuerda que Biden lidera la carrera por 6,7 puntos, según el promedio de las encuestas de Real Clear Politics. Biden es favorito. No obstante, Trump conserva una opción entre seis de ganar.

En el caso de Florida, según Real Clear Polítics, Biden supera en intención de voto directo a Trump por apenas 1,8 puntos.

En Texas la diferencia es aún menor y la misma fuente otorga una ventaja de 1,2 puntos a Trump sobre Biden. Este estado reparte nada menos que 38 delegados, mientras que Pensilvania, que reparte 20, se tiñe de azul en las encuestas con 2,3 puntos de diferencia.


En Carolina del Norte, que reparte 15 delegados, parece que habrá que esperar hasta el último voto para tener un ganador. Las encuestas no se ponen de acuerdo y se decantan por uno u otro candidato dejando una media en los sondeos de empate técnico con una muy leve ventaja de Biden de 0,2 puntos, la misma que obtendría Trump en el estado de Georgia, que otorga 16 delegados al ganador.

Una derrota contundente de Donald Trump supondría un repudio al giro nacionalista y divisivo que ha experimentado el país, del mismo modo que su reelección causaría conmoción en medio mundo. Su rival demócrata y favorito en las encuestas, Joe Biden, encarna a un político tradicional y moderado, un veterano ejemplar de ese establishment de Washington al que, con sus glorias y miserias, muchos añoran.

Los estadounidenses eligen algo más que a su líder de los próximos cuatro años, escogen a la persona con la que salir de la crisis económica más grave desde la Gran Depresión de 1929; la peor pandemia en un siglo y, también, deben superar una ola de tensiones raciales que no vivían desde la muerte de Martin Luther King.

La polarización política se ha agravado y el país que siempre se ha enorgullecido de sus transiciones pacíficas de poder, amaneció ayer tapiado y repleto de guardias de seguridad adicionales ante el temor a disturbios…

Sea quien sea, el hombre que gane las elecciones. asume las riendas de un país roto.

(Fuentes: elpaís/cubadebate/elordenmuncial/agencias)