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miércoles, 25 de marzo de 2020
4:48:28 pm

Desde hace cientos de años una enfermedad ha mantenido en jaque al ser humano.  La peste negra ha sido una de las plagas más letales de la historia de la humanidad. Esta terrible pandemia, causada por la bacteria Yersinia pestis, asoló diversas zonas del planeta a lo largo de varias oleadas durante siglos.

   

La peste de Justiniano, en 561 d.C., mató a unas 10.000 personas al día, pero una de las más famosas y mortíferas fue, sin duda alguna, la epidemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV y que acabó con la vida de millones de personas.


En el siglo XVII, la peste también causó estragos en brotes recurrentes de la enfermedad que fueron letales en el viejo continente, y continuó con brotes intermitentes hasta 1879.

   

En 1348 el espanto invadió la Europa asolada por tan devastador mal, los reinos se sumieron en la ruina: Inglaterra perdió el 25% de su población, Escocia el 30%; Francia, Alemania e Italia, el 50%; peor aún la ciudad de Venecia, que vio morir a 70.000 de sus 100.000 moradores. En Tunez, durante la fase más aguda de la epidemia, llegaron a morir 1202 personas diarias.

Estos personajes también registraban testamentos y realizaban autopsias. Pero los "médicos de la peste" del siglo XVII no trataban a los enfermos sin ningún tipo de protección, sino que llevaban un atuendo que hoy podemos considerar sorprendente: iban tapados de pies a cabeza con una larga túnica y llevaban una máscara picuda.

 

Los "médicos de la peste" del siglo XVII iban tapados de pies a cabeza con una larga túnica y llevaban una máscara picuda.

Esta indumentaria se atribuye a Charles de Lorme, que fue médico personal de muchos miembros de la realeza europea del siglo XVII, como el rey Luis XIII de Francia y Gastón de Orleans, hijo de la reina María de Médicis.

Lorme describe un atuendo que incluye un abrigo revestido de ceras aromáticas, unos calzones dentro de las botas, una camisa metida dentro del pantalón, y sombrero y guantes de piel de cabra.

Los médicos también llevaban una vara para no tocar a las víctimas con las manos.

El "sombrero" incluía anteojos y una máscara con una nariz de 15 centímetros en forma de pico, según de Lorme, "llena de perfume y con dos agujeros, uno a cada lado de las fosas nasales, suficiente para respirar y transportar en el aire que se respira la impresión de las hierbas colocadas en la punta del pico".

 

El objetivo de este singular atuendo era proteger al médico de los "miasmas" que causaban la enfermedad, que en la época se pensaba que se propagaban por el aire envenenado y que podían causar desequilibrio en los "humores" o fluidos de las personas.

Para evitar estos "miasmas", los facultativos de la época llenaban estas máscaras con triaca, una elaboración de más de 55 hierbas, polvo de víbora, canela, mirra y miel. De Lorme afirmaba que la forma picuda de la máscara daría al aire el tiempo suficiente para impregnarse de esta solución protectora antes de llegar a las fosas nasales del médico, que así no respiraría aire contaminado.

En realidad, estos trajes y máscaras no eran efectivos para proteger a los galenos (aunque sí contribuían a que fuesen reconocidos a simple vista por todos), y sus métodos tampoco salvaban muchas vidas.

Pero la imagen de estos personajes ha pasado a la historia, y su aspecto ha sido tan emblemático que, por ejemplo, en Italia, el "médico de la peste" se convirtió en un personaje fundamental en la commedia del l’arte, en las festividades de carnaval y aún es un disfraz muy popular en la actualidad.


Pandemias históricas- Imágenes semejantes

Antes de la peste bubónica que asoló la Europa del siglo XIV, la primera gran enfermedad epidémica fue la plaga de Justiniano. Por su alta mortalidad, creó un pánico masivo en las ciudades y países donde aparecía. Sus diferentes brotes se repitieron durante más de dos siglos y acabó con 50 millones de personas en todo el mundo. 

  

    

Seis siglos y 72 años después de la primera gran enfermedad epidémica, que en sus diferentes brotes acabó con 50 millones de personas en todo el mundo, otra pandemia, la del covid-19 ya se ha expandido a todos los continentes (excepto la Antártica), contagiando a 451.419 y matando, hasta el día de hoy, a 20 500 seres humanos.