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viernes, 18 de octubre de 2019
4:39:54 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García

No, no es como entonces. No es el mismo, ni es otro muy distinto.  Ni siquiera es exactamente el de los huesos salvados y memorializados en la emblemática cripta de la Plaza más guerrillera de esta isla.

Pudiera decir que —como el buen vino— su calidad humana y el tiempo de fermentación, nos lo han devuelto irrepetible, inimitable, renovado, irreconciliable con imperialistas, oportunistas, burócratas, timoratos, adulones, mentirosos, y chapuceros.

Porque de su marcha transcontinental con botas de siete leguas no regresó personaje, sino hombre perpetuado en ideas. Y —porque también los iconos hacen falta para identificarnos—, avivado en afiches, llaveros, manillas, bolsos, jarras, zapatos deportivos, pulóveres, camisetas, remeras, mochilas, gorras y pasamontañas y otros productos no tan «adorables» marcados con su firma o su imagen, la de Korda.

Y sí. Al cabo de 52 años recorre el mundo convertido en leyenda. Pero no en fantasma, ni en dogma, ni en credo. Si acaso basamento de pobres, miserables, explotados, desplazados, e indignados de los cuatro puntos cardinales.

Y muy aparte, ajeno a circunstancias, fechas o asuntos, debo decir: que de aquí nunca se ha marchado. Está. Reintegrado a la memoria de contemporáneos y extemporáneos, y por derecho y deber, habitándonos a tantísimos cubanos que lo acogimos comandante, ministro y nacional querido.

Pudiera ser asunto de leer —o releer—, de estudiar y contextualizar sus artículos, que nos dejó bastante. Pero nunca de clonar ni trasplantar al ídolo, que de carne y huesos fue, sino de ponerle contenido humano y de pensamiento al mito, al que soñó con el hombre nuevo, el Hombre del Siglo XXI; al que ponderó el papel de la conciencia, del trabajo voluntario, de los sindicatos y de la emulación en la construcción del socialismo; al que abrazó los movimientos de liberación en África, Asia y América Latina.

Ya nada es como entonces, pero a escala planetaria es, y la isla sigue única, luminosa, irredenta, aunque en cuestiones materiales siempre perseguida y torpedeada por el desabrido vecino del Norte, y un aluvión de propaganda mediática, caústica y venenosa, empeñados en quitarnos el sueño y el empeño de ser algún día como él, revolucionario como él: «Sobrio, tranquilo y tajante», que «Ni un solo instante se perdió en flojeras, nimiedades, jactancias, quejas», al decir de Samuel Feijóo. 

Reencarnado. Sí, «después de tanto tiempo y tanta tempestad». Aunque algunos se burlen y a algunos les duela, volvió de La Higuera, viva la utopía, revolucionario de América, faro, brújula, camino. 

Y volvió sonriente, pero con la mano en la maza, matador de canallas, para seguir pensando, hablando y actuando en consecuencia, para que teoría y práctica, decisión y discusión, dirección y orientación, análisis y síntesis, no dejen de ser nunca «contraposiciones dialécticas» que pidió dominar a los administradores revolucionarios. 

Aquí lo tenemos. Sigue médico, político, guerrillero, escritor, periodista, ideólogo, comandante inmanente de la Revolución cubana. Estoico, sacrificado,  combativo, internacionalista, proletario, sin prejuicios, chovinismos, ni egoísmos, «bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre» —escribió Benedetti. Naturaleza única, paisaje innombrable. 

Recojamos su lluvia, retomemos su sol.