domingo, 17 de marzo de 2019
11:04:44 p.m.

Desanda su interior. Recorre los pasillos y vericuetos de lo que aún anida en ella de la Academia —la siempre Real y Pontificia Universidad de La Habana—, cuyas escalinatas bajó, con destino a su natal Ciego de Ávila, cargando un título de Licenciada en Periodismo, hace 12 años, y ofrece su sagacidad y sabiduría, convertidas en reportajes, comentarios, crónicas, informaciones… 

Mas, su necesario y oportuno andar encuentra asideros: el primero, entre la gente que la admira (incluidos los del gremio) por poner en la palestra pública problemáticas polémicas; el segundo, porque la esperan cada sábado las páginas de este Semanario y, día a día, las de su página web Plaza de Sayli, y ella lo sabe; y tercero, y para nada menos importante: los premios en concursos que, entre una larga lista, la acaban de ubicar en uno de los estrados más altos: el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año 2018, en la categoría de Prensa Escrita; o lo que es lo mismo, la mejor periodista de la Prensa Escrita de 2018 en Cuba.

Dicho así, sobreviene el impulso de revisitar las páginas de Invasor y, sin abusar de los prefijos, (re)leer trabajos periodísticos con el pie de firma de Sayli Sosa Barceló, tales como: La verdad es que grietas no faltanFaltan recursos, pero también trabajo, Debajo de las facturas no hay carne ni dinero, Incivilidad, El papel lo aguanta todo, o Las fábulas (que no son fábulas) de La Yaya; que son apenas algunos ejemplos de la confirmación del merecimiento este viernes concedido.

Y, aunque se rompa el ritmo psicológico del texto, ya con este son cinco los Juan Gualberto ganados por profesionales de Invasor: José Aurelio Paz (1995 y 1997), Katia Siberia García (2015 y 2016), y ahora ella, la periodista moderna, apegada a las redes sociales, y estudiosa y conocedora de estas como pocos.

Por eso es grato verla desandar los pasillos de la Internet, los de Invasor, los de la Delegación de Base de la Unión de Periodistas de Cuba, los de su alma, esparcida entre sueños y proyectos reales (que sus sueños también lo son), y entrar así, ávida e insatisfecha, como quien no quiere las cosas, en catarsis profundas en la consecución del bien común, aunque para ello la superen jornadas de investigación y sudor.  

(Fuente: Invasor digital/ Alexey Fajardo)