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miércoles, 29 de noviembre de 2017
10:59:52 a.m.
 

La estampa de centenares de bicicletas de colores abandonadas y apiladas en las inmediaciones de una gran ciudad china empieza a ser habitual. 

Es la otra cara de la enorme burbuja registrada en el sector de estos vehículos compartidos (1), que si bien ha revolucionado el transporte urbano y recibido inyecciones de capital multimillonarias, se ha topado con un modelo de negocio cuya viabilidad está en cuestión. 

Nacidas apenas hace un par de años, varias startup chinas se han sumado al también llamado "Uber de las bicicletas". Cada una con su distintivo color (rojo para Mobike, amarillo para Ofo, azul para Bluegogo), y así un sinfín de tonalidades distintas), las compañías han desplegado millones de vehículos en las principales ciudades.  

   

 

El sistema ha sido bien acogido porque es sencillo, práctico y barato. A través de una aplicación y tras haber abonado un depósito a la empresa, cualquiera puede montar en uno de sus vehículos por un yuan (13 céntimos de euro) por cada media hora de uso. Al ir equipados con GPS, el usuario puede dejarlos en cualquier sitio para que otro los use. El pago se efectúa a través del móvil. 


El secreto del negocio, de hecho, es que haya muchas y que estas se usen varias veces al día. Pero si esta última condición no se cumple, el coste de fabricación de la bicicleta apenas puede amortizarse y acaba convirtiéndose en un estorbo en las ya de por sí muy concurridas calles y aceras de las grandes urbes. Así que las autoridades locales ponen en marcha de vez en cuando sus particulares "operaciones de limpieza". 

Las últimas imágenes que han sorprendido a centenares de internautas son de Xiamen, ciudad costera situada en el sureste de China. 

En las afueras de la urbe, dos grúas de gran tamaño tratan de lidiar con lo que se ha convertido en una colina de velocípedos apilados en una superficie equivalente a la de un campo de fútbol. Muchos en las redes han comparado la estampa con "una obra de arte" por su colorido. 

La realidad, sin embargo, es algo más mundana: hay muchas bicicletas para no tanta demanda, lo que empieza a poner en serios aprietos a varias empresas. Bluegogo, tercera compañía del sector en China, declaró hace unos días el fin de su actividad por sus dificultades financieras. 

La firma había desplegado unas 700.000 bicis en todo el país y recaudó fondos de varios inversores por valor de más de 70 millones de euros. Muchos usuarios (llegó a alcanzar los 20 millones) se han quedado por el momento sin poder recuperar su depósito. 

 

En el último año y medio el sector ha sido la diana de un inmenso apetito de los inversores. Mobike y Ofo, líderes indiscutibles, tienen el apoyo financiero de Alibaba y Tencent, gigantes del comercio electrónico y de las redes sociales en China, respectivamente, y están inmersas en una guerra de precios para hacerse con el control del mercado. La prácticamente en bancarrota Bluegogo espera que una de estas dos grandes se haga con sus operaciones. 

Este invierno puede pillar desabrigadas a muchas de estas empresas, sobre todo a las pequeñas. No solamente porque cuesta más coger una bici si hace frío (los ingresos, por lo tanto, caen), sino también por la entrada en vigor de restricciones al número de bicicletas que se pueden desplegar en las ciudades. 

Será cada vez más difícil tener el calor de los inversores en un sector en el que solamente se puede sobrevivir gastando grandes cantidades de dinero hasta que quede uno, el que se comerá el pastel. 

(Fuente: CS/EL) 

(1) Servicio en el que las bicicletas están disponibles para uso compartido de los individuos por corto plazo y a precio razonable. El sistema permite préstamos a las personas desde un punto A y la devuelven al punto B. Esto permite que cada bicicleta sirva a varios usuarios diariamente, en paseos ocasionales durante varias horas o días.