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domingo, 29 de octubre de 2017
6:19:43 a.m.
 

Estados Unidos tiene presencia militar en al menos 172 países. Resurge debate sobre autorización de presidentes para enviar tropas a acciones bélicas. (Foto: Myeshia Johnson recibió el cuerpo de su esposo, el sargento LaDavid Johnson, en un aeropuerto de la ciudad de Miami, Florida. El soldado fue muerto el 4 de octubre, en Níger, África). 

Pocos dentro y fuera del gobierno sabían que casi mil militares estadunidenses operan en Níger, hasta que la viuda del sargento LaDavid Johnson, uno de los cuatro caídos en el país africano, destapó la controversia cuando declaró a la prensa —hace ya varios días— que Trump no recordó el nombre de su marido el día que la llamó para consolarla.

Parecerá extraño, pero los legisladores encargados de supervisar el Pentágono no estaban enterados de la operación ni de las dimensiones de la presencia estadunidense. “No sabía que había mil tropas (estadunidenses) en Níger”, dijo el influyente senador republicano Lindsey Graham, del Comité de Fuerzas Armadas.


El líder de la minoría demócrata en la cámara alta, Chuck Schumer, también afirmó que no tenía conocimiento de la presencia de tantas tropas de su país ahí. El presidente del Comité de Fuerzas Armadas y veterano de guerra John McCain insistió en que el Pentágono —después informó que tiene 800 efectivos en Níger— debe proporcionar más datos sobre sus operaciones en África.

Según datos oficiales, Estados Unidos tiene hoy día más de 240 mil tropas desplegadas en por lo menos 172 países —casi todas las naciones—, más otros 40 mil que aparentemente cubren misiones secretas, ya que el Pentágono no revela tales ubicaciones.

Hasta ahora, la lista de países donde hay militares estadunidenses incluye lugares menos conocidos, como Níger, junto con Jordania, Tailandia y Somalia, además de los frentes más conocidos: Afganistán, Irak, Siria y Yemen. El Pentágono informó —después de lo ocurrido en Níger— que tiene
aproximadamente seis mil efectivos en 53 países en África.

Suman miles las tropas que han permanecido durante décadas en Europa o Japón y Corea del Sur desde que Estados Unidos se convirtió en el superpoder militar tras la Segunda Guerra Mundial, solo que en estos tiempos la misión militar en diversas regiones gira en torno al “contraterrorismo”, y se les llama “operaciones de contingencia”.

 

Aunque el nivel total de tropas estadunidenses desplegadas en el exterior se ha reducido en las últimas décadas, su alcance es tal vez más amplio. Vale señalar que el Congreso aprobó unos 700 mil millones para el presupuesto militar del próximo año, más de los que había solicitado el comandante en jefe Donald Trump, quien carece de credibilidad, entre otras cosas porque evadió el servicio militar durante la guerra de Vietnam.

Ante las tensiones con Corea del Norte, tal comandante en jefe ha regresado al centro de atención, pues calificado de mentalmente inestable por expertos, tiene bajo su influencia a 25 millones de habitantes, y su dedo sobre el botón del "almacen" atómico más grande del mundo, con unas cuatro mil ojivas, arsenal que considera “debería de multiplicarse por 10”, según expresó durante una reunión en julio.

Por el momento, bajo la Ley de Energía Atómica de 1946, el presidente tiene el control exclusivo para lanzar bombas nucleares. “Podría desatar la fuerza apocalíptica del arsenal nuclear sólo por su palabra, y en minutos”, recuerda el New York Times en un editorial reciente . No por gusto el Congreso está considerando promover una ley que prohíbe al mandatario lanzar un ataque nuclear sin una previa declaración de guerra por el poder legislativo.

El experto militar y ex coronel Andrew Bacevich, en un texto de ha afirmado que hoy día dos hechos son indisputables: Estados Unidos está permanentemente involucrado en operaciones de conflicto en por lo menos siete países, y el segundo es que a la mayoría de los estadunidenses no les importa.

En el Estados Unidos del siglo 21 la guerra dejó de ser un gran tema. Los estadunidenses podrían no darle la bienvenida a la guerra, pero han aprendido a vivir con ella… hasta el día que la “degusten” en su territorio, aunque ¡ojalá! no llegue nunca.

(Fuente: La Jornada/David Brooks)