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jueves, 19 de octubre de 2017
7:47:47 p.m. 

 “Secretos de Estado. La historia desclasificada de la dictadura chilena”, ofrece a los visitantes del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago una experiencia envolvente de la intervención de Washington en Chile y su relación de 17 años con la dictadura militar del general Augusto Pinochet.

Los visitantes pueden escuchar la conversación entre el expresidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, —recreada por dos actores hispanohablantes con base en una transcripción desclasificada—sostenida un domingo de mañana, en septiembre de 1973, sobre el violento derrocamiento de un gobierno elegido democráticamente a 8000 kilómetros de donde estaban ellos.

 “Secretos de Estado. La historia desclasificada de la dictadura chilena”, es una exposición que ofrece a los visitantes una experiencia envolvente de la intervención de Washington en Chile y su relación de 17 años con la dictadura militar del general Augusto Pinochet.


Un documento ampliado e enfocado dramáticamente establece el tono de la muestra en la entrada. Es un informe presidencial con fecha del 11 de septiembre de 1973, el día del golpe. Sus párrafos están censurados por completo; cada palabra ha sido oscurecida.

A través de galería subterránea iluminada con sutileza, los visitantes pueden adentrarse en un laberinto de documentos —informes presidenciales, reportes de inteligencia, cables y memorandos— que describen operaciones secretas y reuniones de inteligencia llevadas a cabo en Chile por parte de Estados Unidos desde los años de Nixon hasta la presidencia de Reagan.


  

Peter Kornbluh, el curador, dirigió una campaña para convencer a la Casa Blanca de publicar registros clasificados que podrían servir en un posible juicio contra Pinochet, pues otros países europeos también buscaron la extradición de Pinochet con base en el principio de la jurisdicción universal. “La importancia de tener estos documentos es que las nuevas generaciones de chilenos pueden verlos”, dijo Kornbluh.

A la vista documentos que revelan intercambios secretos acerca de cómo prevenir que el Congreso de Chile ratificara la victoria de Allende en 1970, planes de operaciones encubiertas para desestabilizar su gobierno e informes acerca de un oficial militar chileno que informaba al gobierno estadounidense del próximo golpe y también pedía ayuda.

Hay un cable de la CIA a sus funcionarios en Santiago después de una operación fallida en octubre de 1970 para evitar que Allende tomara el cargo, lo cual hizo ese noviembre. La CIA proporcionó armas para el plan, lo cual dio como resultado el asesinato del comandante en jefe del ejército, el general René Schneider, y la agencia después envió dinero para ayudar a algunos de los conspiradores a escapar del país.

La exposición incluye solo una pequeña muestra de los 23.000 documentos acerca de Chile que la administración de Clinton desclasificó entre 1999 y 2000 en respuesta a las peticiones internacionales de evidencia relacionadas con los crímenes de Pinochet. El antiguo dictador chileno fue arrestado en Londres en octubre de 1998 y esperó su extradición a España para enfrentar un juicio por cargos de violaciones a los derechos humanos durante su mandato.

Documentos sobre Chile de 1968 a 1991 provenientes de siete agencias gubernamentales estadounidenses, algunos de ellos fuertemente censurados, se publicaron como parte del Proyecto de Desclasificación de Chile del Departamento de Estado de EE.UU., la mayoría desclasificados meses después de que Pinochet fuera enviado a casa desde Londres por razones humanitarias, pero aún a tiempo para contribuir con nuevas investigaciones judiciales en Chile.

Los registros de la exposición también describen a Pinochet, rastrean la información de inteligencia en torno a la represión brutal patrocinada por el Estado y detallan cómo el gobierno de Reagan dejó a Pinochet a su suerte en 1988, pues temían una mayor radicalización de la oposición.

El Archivo de Seguridad Nacional donó una selección de 3000 documentos desclasificados al museo hace varios años, mientras que el Departamento de Estado proporcionó al gobierno chileno copias de toda la colección. Sin embargo, los chilenos casi no los han visto.


“Ver en un pedazo de papel, por ejemplo, que el presidente de Estados Unidos haya ordenado a la CIA que derrocara como medida preventiva a un presidente democráticamente electo en Chile todavía es sorprendente (...) La importancia de tener estos documentos en el museo es que las nuevas generaciones de chilenos en realidad los vean”, dijo Kornbluh.

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos abrió en 2010 durante el primer periodo de la presidenta Michelle Bachelet, y cada año es visitado por cerca de 150.000 personas, un tercio de ellas estudiantes.

(Fuente: NYT)