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miércoles, 18 de octubre de 2017
11:14:38 p.m. 
 

El show reiterado acerca del inexistente ataque a sus diplomáticos alimenta la tesis que sobre Donald Trump fundamentan 27 prestigiosos profesionales de la salud. 

Semanas atrás —argumentaba el articulista— cómo el jefe de la Casa “Oscura” en su relación con la Mayor de las Antillas demostraba su insensatez al provocar el retiro de funcionarios de las embajadas en ambos lados del Estrecho de la Florida a partir de un ilusorio ataque de su personal en la Isla (1). Y en las últimas horas —respaldado por el bochinche mediático (2)—, el aprendiz de estadista vuelve a sus andanzas al declararles a periodistas: “Creo que Cuba es responsable. Creo eso y es un ataque muy inusual, pero creo que Cuba es responsable” (3). 

La información tiene lugar después de que el jefe de gabinete de Donald John, el general John Kelly, insistiera en que Cuba no había hecho lo suficiente para prevenir una serie de “ataques” que según habían sugerido funcionarios estadounidenses pudieron haberse llevado a cabo con algún tipo de dispositivo acústico. “Creemos que el gobierno cubano podía detener los ataques a nuestros diplomáticos” —dijo Kelly en rueda de prensa la semana pasada. 

Quizá para aminorar el ridículo, R.C. Hammond, principal asesor de asuntos públicos del secretario de Estado Rex Tillerson, expresó que Trump quiso decir que el Caimán Verde tiene una “responsabilidad de prevenir ataques, proteger a los diplomáticos” a contrapelo de la imposibilidad para dar señal alguna de que nuestro Gobierno tenga la menor responsabilidad en la trama, mucho menos luego de The New York Times divulgó que “los científicos dudan que un arma de ultrasonido oculta pueda explicar lo que sucedió en Cuba” (4). 

En este ambiente, es significativo que Philip Zimbardo, profesor emérito en la Universidad Stanford (California) e integrante del equipo conformado por 27 psiquiatras y profesionales de la salud mental, sentenciara: “Creemos que Trump es el hombre más peligroso del mundo, un poderoso líder de una nación poderosa que puede ordenar disparar misiles contra otra nación debido a la angustia personal que siente él o un miembro de su familia al ver escenas tristes de personas que han sido gaseadas hasta la muerte” (5). 

Entonces, no dudo en acreditar que el “odiador en jefe” (6) con el show reiterado acerca del inexistente ataque a sus diplomáticos en la embajada de Washington en La Habana alimenta la tesis que sobre él fundamentan esos prestigiosos especialistas en la salud mental y, consiguientemente, asimismo certifico que con el espectáculo de marras la actitud de Trump vs. Cuba constituye más revelación de su demencia. ¡Qué pena! —en el mejor de los escenarios. 

(Fuente: KELR/Noel Manzanares Blanco)