20171008002455-pablo-guadarrama.jpg

 

sábado, 07 de octubre de 2017
6:05:55 p.m.
 

Un hombre que en su vida personal dio potencial para muchas leyendas y sobre lo cual expresa su criterio el Doctor en Filosofía Pablo Guadarrama González. 

Por Mercedes Rodríguez García

Aunque naciera en Argentina el Che pertenece a la Humanidad; sin embargo, los cubanos lo hicieron suyo para siempre. Su rostro, inmortalizado por el lente de Korda, compite con el de Jesucristo y se erige como el mito más revolucionario de la historia. Su imagen, estampada en carteles, ropas y hasta perforada en la piel, deviene icono genético de los rebeldes, explotados y oprimidos del universo. Su estatua de Guerrillero Heroico encuentra sitio en los más diversos parques y plazas del mundo.

Pero existe otro Che, más humanizado, real y polémico, y sobre el cual expresa su criterio el Hijo Ilustre de la ciudad de Santa Clara, Doctor en Ciencias y Doctor en Filosofía Pablo Guadarrama González.

Profesor de Mérito de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, Guadarrama González es autor de varios libros sobre problemas de la cultura y el pensamiento filosófico latinoamericano, así como de numerosos artículos publicados en Cuba y otros países. De hecho, esta apretada síntesis curricular le otorga crédito suficiente para debatir y opinar sobre cualquier tema por muy difícil que sea.


—En carta al semanario uruguayo Marcha*, el Che decía: «El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje: los crearemos». En este sentido, ¿cuánto le falta a la sociedad cubana?

—Permíteme primero dos anécdotas. En 2007, en un hotel de Cochabamba, me percato de que el jefe de la policía, muy indígena y viril él, además de todos los atavíos de un guardia normal, traía el rostro del Che impreso en su gorro pasamontañas. ¡Quién se iba a imaginar que 40 años después el jefe de una unidad de la policía boliviana iba a portar, con un orgullo extraordinario, la imagen de Guerrillero Heroico.

—Bueno, los tiempos cambian y las mentalidades también. ¿Le preguntaste por qué la llevaba?

—Claro. Me explicó que para él el Che era un héroe. Y es verdad.


—¿Admites al Che como un símbolo?

—El simbolismo es importante y debe tomarse en consideración, sobre todo en estos tiempos necesitados de revivir imágenes, porque no solo de ideas se vive, se vive también de imágenes, de símbolos. Y así un símbolo de la cruz ha marcado a la humanidad y una imagen puede ser para bien o para mal, porque una cruz puede ser también para el Ku Klux Klan o puede convertirse en una esvástica, depende de cómo se utilice. En el caso del Che, que es una figura tan simbólica, ha sido utilizado hasta para mercantilizarlo. Un hombre que en su vida personal dio potencial para muchas leyendas.

—¿Y como un heterodoxo...?

—El Che poseía una sólida formación filosófica, nutrida no solamente de los clásicos: Marx, Engels y Lenin, como algunos piensan. También de Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Hegel, Mao Tse Tung, Trotski, Gramsci, lo que le permitió tener una visión muy heterodoxa, muy herética, de lo que se conoce como marxismo, porque el Che es ante todo un hereje de todos los dogmas, y ante todo del dogma de la construcción de una sociedad nueva.

«Su pensamiento económico reconoce que la construcción de una sociedad nueva —llámese socialismo, comunismo, no vamos a entrar en esa discusión— requiere de una serie de ingredientes que, primero, no están en ningún libro».


 —¿Che retoma algunas de las ideas del socialismo que no estaban en Marx, y sí en el teórico marxista Antonio Gramsci, por ejemplo?

—Para el Che el socialismo no es simplemente un cambio de economía, un cambio de fuerzas productivas, sino un cambio de concepción, de cultura, de ideas; es el cambio de mentalidad de las personas. O sea, el Che aspiraba a un hombre distinto para una sociedad distinta. Gramsci había dicho que el socialismo no es solo un cambio de relaciones de producción, sino también un cambio de cultura, de ideología, de formas de pensamiento. Y eso parece que el Che lo interiorizó bastante temprano. Y además, la idea de oponerse también a los determinismos históricos. Es decir, que si usted toma este algoritmo y este otro y este otro, entonces tiene que darse el socialismo y tiene que darse el comunismo. El Che era totalmente enemigo de tales criterios.

—¿Crees que el ideal del Che se haya materializado en la Cuba de hoy?

—La historia demuestra, y eso es de Marx en El capital, que hay que tratar de que lo real se aproxime a lo ideal para que lo ideal se aproxime a lo real. Nosotros asumimos una sociedad que no es ideal, pero tenemos ideales y conservamos una serie de cambios que se han ido produciendo en la sociedad cubana en medio de adversidades terribles.


—¿Optimista en relación con la Revolución Cubana?

—Cuando salgo fuera del país siempre me preguntan: ¿cómo está Cuba? Y yo digo siempre: mejorando. Por los años 90 me interrogaban: ¿y cómo está aquello? Y respondía: está muy mal, pero mejorando. Lo malo es que en algunos países latinoamericanos lo veo todo empeorando. En esa misma década nuestro optimismo pudo resquebrajarse un poco ante ciertas situaciones difíciles que atravesó la Revolución Cubana, pero había confianza. Y el Che sí tenía confianza en el pueblo, porque si algo caracterizó a Fidel fue eso, y si algo ha caracterizado a esta Revolución y a este pueblo mismo es la confianza. No solamente en Fidel, sino en sí mismo, en el pueblo mismo. Entonces, yo sí creo que la Revolución Cubana avanza.

—¿Razones?

—Tengo más de una razón para seguir siendo optimista, para seguir siendo revolucionario y seguir siendo comunista en el sentido en que algunos no profundizaron mucho sobre el concepto, y en que Marx insistía. Porque el comunismo no es un estado de cosas por implantar, es un movimiento crítico, de superación permanente de un estado de cosas.  ¡Ah!, que hay problemas, sí; que hay enajenación, eso no se va a acabar nunca. Entonces yo sí creo que el ideal comunista se está realizando, y el ideal del Che se está realizando, al menos en Cuba. 

—Lo que pasa es que el ser humano se enfrenta a formas históricamente enajenables y las supera para asumir otras, digo yo.

—Pero la sociedad sí avanza, y avanza con creces, y sobre todo avanza gracias a la juventud, o a nosotros que fuimos jóvenes también y en un momento determinado tuvimos que alfabetizar, cortar caña. Entonces las revoluciones son eso: la confianza en la juventud. Y yo creo que tenemos razones suficientes para confiar en los jóvenes. Si algo caracteriza a las juventudes en las sociedades capitalistas contemporáneas es la crisis existencial, la pérdida de referente, la pérdida de valores esenciales, en esperando del Mesías, un nuevo presidente con su varita mágica para resolver todos los problemas de esa sociedad, la droga, el alcoholismo, la inseguridad en los empleos...

«Yo sí creo que el Che criticaría algunas actitudes y posiciones asumidas por determinados personajes y personajillos nuestros de cada día, pero también se sentiría muy satisfecho de ver realizado en esta Revolución el humanismo práctico, asumido de Marx, que él mismo preconizó en muchas cosas, en muchos aspectos. Existen paradigmas y “paradogmas”. El Che está en Santa Clara no solo porque aquí descansan sus restos, él mismo anda diseminado por toda Cuba llena de gente buena, saludable, alegre, solidaria, humana, capaz».


—Y su imagen recorre el mundo, y no precisamente como un fantasma.

—Pero no es la imagen, es el mensaje de que sí es posible una sociedad distinta al capitalismo. Entonces yo sí me siento cada vez más optimista, pues si bien el futuro de la humanidad no deberá ser el socialismo real, tampoco debe ser el capitalismo real. Deberá ser una sociedad que supere las falencias de ambos y no solo sea más eficiente, sino sobre todo más justa y humana, es decir, más culta y más libre.

* Marcha fue un semanario uruguayo fundado el 23 de junio de 1939, y que se editó hasta el 22 de noviembre de 1974.