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martes, 11 de julio de 2017
10:56:07 a.m.
 

Los perros que viajaban en el Titanic forman parte de legendaria historia del no tan insumergible, tragado por las aguas la noche del 14 a la madrugada del 15 de abril de 1912 durante su viaje inaugural desde Southampton a Nueva York. 

A 105 años de la catástrofe es bastante lo escrito sobre los perros que viajaban a bordo del trasatlántico británico, y puede que ello esté rodeado de falsedad o de la inexacta imaginación de quienes han querido hacer del caso una verdadera novela. 

De todos los documentos de la empresa White Star —operadora de la nave—, y testimonios de los sobrevivientes, se sabe que a bordo del Titanic viajaban entre 10 y 12 costosas mascotas, como sus dueños, pasajeras de primera clase. 

El Titanic tenía un lugar específico para los perros en la cubierta F en el costado de estribor, entremedia de la proa y la popa. Contaba con todo tipo de comodidades, desde confortables jaulas, hasta un sistema de calefacción. El encargado de cuidarlos era el carpintero del buque, John Hall Hutchinson, un inglés de 26 años.

El lunes 15 de abril el Capitán Edward John Smith, un gran amante de los perros, había organizado un desfile de mascotas para que todos pudieran deleitarse con los hermosos ejemplares que transportaba el Titanic. No podría ser. Un día antes, a las 23,40 horas, el buque chocaría con un iceberg que lo hundiría en apenas dos horas y 40 minutos.

Tan sólo tres de sobrevivieron al naufragio:

Sun Yat Sen, un Pekinés, propiedad de Henry Harper, acaudalado empresario británico, quien junto con su esposa Myra lograron ser rescatados.

Lady, de raza Pomerania, que viajaba con su dueña Margaret Hays. Ambas fueron rescatadas del bote salvavidas número siete.

Otro Pomerania, del cual se desconoce su nombre, propiedad de Elizabeth Barrett Rothschild, quien viajaba junto a su esposo Martin Rothschild. Este último perdió la vida en el naufragio.

Otros canes pasajeros conocidos fueron: 

Un chow-chow que viajaba con el señor Harry Anderson.

      

Kitty, un Airedale terrier del Sr. Coronel John Jacob Astor.

Frou frou, un perro pequeño, que había sido adquirido pocas semanas antes en Florencia (Italia) por Helen Bishop, que se encontraba de viaje de luna de miel por Europa.

  

Un viejo Airedale terrier y otro perro de raza desconocida, propiedad de la familia Carter.

Gamin de Pycombre, un bulldog francés propiedad de Robert Daniel. Su dueño sobrevivió al naufragio y meses después exigió a la empresa propietaria del Titanic la devolución de los 750 dólares que —sostenía en la demanda—, había pagado por su perro, una verdadera fortuna para la época.

Un dogo alemán (también conocido como gran danés) propiedad de Ann Isham.

Rigel, ¿el héroe? 

Se habla un perro de raza terranova llamado Rigel, para muchos uno más de los héroes que tuvo el Titanic. Sin embargo, conocedores del tema afirman que Rigel nunca existió.


Para ellos todo parte de una leyenda, surgida el 21 de abril de 1912, cuando el periódico New York Herald publicó que Jonas Briggs, un marinero del Carpahia, había adoptado al perro salvador de los pasajeros del bote 4. Cuenta el periódico que cuando el bote se acercaba peligrosamente a las hélices, el valiente perro comenzó a ladrar avisando del peligro.

  

El can parecía pertenecer William Murdoch, primer oficial del Titanic. Sin embargo no existe constancia ninguna de que él viajase de este junto a su mascota. 

Se dice que tal marinero, nunca lo fue, y quienes lo niegan sostienen además, que es imposible que un perro pudiese soportar las heladas temperaturas de las aguas donde tuvo lugar el hundimiento a unos 600 km al sur de Terranova.

Aún así la leyenda de este perro sigue viva y casi siempre aparece en publicaciones sobre el tema.

(Fuente: VHDT)