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domingo, 18 de junio de 2017
3:55:46 a.m. 
 

Por Mercedes Rodríguez García 

Aunque se trataba de “asuntos” importantes, no creo haya asustado a los cubanos, primero, el montón de especulaciones “filtradas” o copiada de borradores, sobre lo que discursaría Donald Trump en Miami, repositorio desde donde confirmó este viernes que recrudecerá las medidas que afectan al pueblo cubano, o dicho de otro modo, que dará marcha atrás a la política de Obama hacia Cuba. 

Luego, tras años de “colisiones” de todo tipo, lo dicho  en el teatro Manuel Artime por el presidente de los Estados Unidos, debió sonar “estándarizado” en los oídos de gente que, si algo ha aprendido en tantos años de Revolución, es a mantener el control de los hechos que nos implican con la poderosa nación. 

Son más de una las situaciones que perturban la vida cotidiana de los cubanos de la isla —no tan aislados como algunos pudieran pensar—, de varias maneras vinculados al llamado exilio cubano en Miami, ciudad floridana donde, según una vecina muy entrada en años, hasta los gatos de Liborio tienen familiares o amigos. Y allá los hay de todos los colores, olores y sabores. 

Lo cierto: valiéndonos de la virtud y la razón del carácter personal, los criollitos de Malecón adentro estamos acostumbrados a “escapar”, a “ir tirando”, en las verdes y en las maduras, y pienso que nada más allá del cambio climático nos pueda sacar del paso, que no es solo el del “invento” y la “bellaquería” que nos endilgan por mantener funcionando prehistóricos autos rusos y americanos, para delicia de turistas y famosos. ¡No! 

De modo que lo que dicho por Trump —ni tan loco ni tan impredecible— respecto a un cambio de la política hacia Cuba, solo ralentizará la continuidad del camino de acercamiento iniciado por el gobierno de Obama, sin que ello signifique una ruptura de las relaciones entre ambas naciones. Aunque siempre queda la hendija abierta de las invitaciones de terceros a conversar, o ese tipo de "consejos" que —directa o indirectamente— suelen dar mandatarios, políticos o inlelectuales que bien quieren a la Isla.

Recordemos que en materia de política lo que se ve es solo la punta del iceberg, y lo cierto, lo que no se dice. Nada sabemos de lo que ocurre tras bambalinas, de lo que sacará Wikileads, de lo que se negocia mediante “embajadores” personales, a través de terceros, o en conversaciones mediante hilo telefónico directo. Lo demás, puras predicciones con un margen de posibilidades, pero en fin —y es el caso— nada nuevo bajo el sol, nada que no pueda ser variado en el transcurso de los acontecimientos. 

Y ahora me pongo frente a la bola de cristal y asumo aires de pitonisa, porque a Trump no le auguro mucho tiempo en el poder poderoso. Menos ahora que acaba de reafirmar su incapacidad estratégica al desoír a los seis de cada diez republicanos —miembros de su partido— que apoyan los nexos normales entre ambos países, y prestar oídos a unos pocos y habilidosos legisladores de origen cubano que a base de chantajes han raptado la política hacia Cuba llevándola en dirección contraria a la mayoría. 

Torpe, muy torpe Donald Trump al definir el futuro de las relaciones con un país a solo 90 millas de sus costas. Pero en fin, él sabrá lo que hace, y del lado de acá, también sabremos, incluso no dejar vacante el fondo habitacional cinco estrellas, ni vacíos los varaderos en las marinas, ni subutilizadas las pistas de aterrizaje. 

La “transformación” de Cuba no va a venir desde los Estados Unidos, ni desde China, ni desde Rusia, ni desde ninguna parte, porque ya sabemos las consecuencias del papel carbón. Los cubanos somos quienes tendremos que cambiar lo que haya que cambiar, sin culpar más al bloqueo, y modificando en primer lugar —y de rabo a cano— la actitud hacia el trabajo, que es donde sale la verdadera riqueza. Lo sabemos, el listado de transformaciones es largo, pero es nuestro listado, y con seguridad menos extenso que el de la extensa nación norteamericana. 

Lo que venga de allá vendrá, como ha venido siempre, intencionadamente. 

Lo que sea, ya sonó. Llegó con ruido. Y no sé más porque ya me cansé de contar nueces, y hasta de leer trumpenianos trinos, que poco tienen de pajarito azul, y sí mucho de rapaz tupeamarillo.

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