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domingo, 23 de abril de 2017
6:59:58 p.m. 

Comunicativa, carismática, conversadora, la doctora Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo lo es más cuando conversa sobre el Día Mundial del Idioma Español, instituido Organización de las Naciones Unidas para crear conciencia acerca de la historia, la cultura y el uso del español, lengua materna de más de 500 millones de hablantes. 

El buen humor deja al descubierto su personalidad. Aun en circunstancias de apuro, explica, convence, responde las interrogantes que le ha planteado la colega Alina M. Lotti, de Cuba Sí: 

Aquí les dejo el texto íntegro:


—¿Cómo se habla hoy en Cuba? 

—En Cuba, como en todos los países del mundo, hay personas que hablan bien y otras lo hacen mal. El español es la lengua materna de más de 500 millones de personas. Después del idioma chino, es el de mayor número de hablantes. 

“La unidad lingüística de la comunidad hispanohablante es muy fuerte, aunque exista una rica diversidad léxica de pronunciación y entonación. Es muy difícil —mejor dicho, imposible— que los hispanohablantes de diversos países no podamos entendernos entre sí. Si eso pasara, no se trataría de un problema lingüístico, sino, simplemente, de entendimiento. Y eso ya es otra historia. 

“Hoy los países hispanohablantes hacemos juntos diccionarios de la lengua y otros textos de gramática y ortografía. Sin embargo, esto no siempre fue así. Durante muchísimo tiempo, las propuestas que se hacían desde América a la Real Academia Española para incluir léxico en los diccionarios, muchas veces no eran tomadas en cuenta o, simplemente, dilatadas hasta el olvido. 

“Por ejemplo, no fue hasta 1956 que se aprobó por el Congreso de las Academias de la Lengua Española que la pronunciación de la c y la z como s era correcta. Eso fue posible gracias a una idea (sobre la legitimidad del seseo americano) presentada en ese evento por el académico cubano Adolfo Tortoló. 

“Hasta ese entonces, los aproximadamente 340 millones de hispanohablantes de América Latina y el Caribe `pronunciábamos mal`, porque no articulábamos la z ni la c como lo hacen los españoles. Solo a partir de entonces se admitió que ambas formas eran correctas. 

“Hasta hace poco más de medio siglo, el ‘ideal’ o ‘modelo’ de la lengua española se ubicaba, exclusivamente, entre las personas ilustradas e instruidas de Madrid. En la actualidad esta estrecha concepción ha sido superada, pues está definido que el `mejor español‘ es el que hablan y escriben los hispanohablantes de Madrid, Guantánamo, Sevilla, La Habana, Santiago de Cuba, Buenos Aires, Caracas, México DF, Valparaíso, Managua, San Juan, Santo Domingo, Bogotá, Cartagena de Indias y un largo etcétera. 

“Como ya lo había adelantado siglos atrás en sabias palabras Don Quijote a Sancho Panza: ’El lenguaje puro, Sancho, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majadahonda’”. 


—¿Qué opinión tiene sobre el lenguaje que emplean los escolares? 

—Las primitivas tribus humanas emitían sonidos que les servían como lenguaje, y este fue evolucionando y desarrollándose paralelamente, en la medida que la raza humana fue adelantando en la escala de la inteligencia. 

“Se ha comprobado que desde que el niño está en el vientre de su madre puede escuchar su voz y reconocerla. En la familia, junto a sus padres, abuelos, hermanos, primos, vecinos, comienza a balbucear las primeras palabras, las cuales imita de aquellos, y también de los “muñe” y de todos los programas aptos para su edad que ve en la televisión. Crece en edad y en inteligencia. En los infantes la adquisición del lenguaje se desarrolla en un período muy breve, y entre los dos y los cuatro años su vocabulario irá en aumento y pronunciará mejor. 

“Luego, en el círculo, en la escuela o en otros espacios, aprenderá a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar; conocerá la historia y la literatura de su país; recitará versos y se irá formando como ciudadano. 

“Nuestros jóvenes hablan como todos los del mundo. Su jerga es propia de la edad y no de la cultura, y a medida que maduran, abandonan el lenguaje juvenil característico de todas las sociedades y lenguas del planeta. Hablan lo que han aprendido en el hogar, en el barrio y, por supuesto, en la escuela. Y también lo que no han aprendido. Sin embargo, a pesar de todo eso, lo más preocupante es la pobreza léxica que se observa en muchos, la escasez de vocabulario, la reiteración de las mismas palabras porque no conocen otras”. 

 

—Respecto a esta situación, ¿qué rol les corresponde a los medios de comunicación? 

—Si la invención de la imprenta (en 1451) tuvo un enorme efecto para el desarrollo y difusión de los textos escritos y ayudó a la normalización de las lenguas (pues evitó las variantes que introducían a los originales los copistas), el surgimiento casi cinco siglos después de la radio, el cine, la televisión, y en fecha más reciente, internet, ha tenido una decisiva repercusión en la difusión, estandarización y unificación de las lenguas en su forma oral y escrita. 

“Los medios de comunicación tienen un inmenso poder en la sociedad contemporánea, puesto que su función básica es la de difundir información y cultura a una audiencia amplia, heterogénea y geográficamente dispersa. Esto se logra exitosamente mediante una moderna y avanzada tecnología que permite que las palabras y las imágenes se transmitan de forma instantánea y lleguen de manera simultánea a millones de personas en segundos. 

“De ahí también su enorme valor y la gran responsabilidad y compromiso que tienen ante la sociedad estos y quienes los dirigen, en la selección y preparación de las personas que ejercen como periodistas, locutores, animadores, narradores. 

“Los lingüistas, investigadores y académicos requerimos de una alianza estrecha con los medios de comunicación. A estos, por su impresionante poder, hemos de unir la autoridad del conocimiento, pues no es un secreto para nadie que hoy ejercen una influencia superior a la del sistema docente. 

“Maestros, profesores, escritores, investigadores, académicos, locutores, artistas, periodistas, y medios de comunicación en su conjunto; si todos nos unimos, habremos prestado un servicio histórico a la comunidad hispanohablante, y también —¿por qué no?— a los otros pueblos que conviven con nosotros y que hablan otras lenguas (también nuestras), pues juntos hemos construido el pasado, el presente, y edificaremos el futuro. 

“La reafirmación de nuestras identidades lingüísticas y culturales constituye una necesidad impostergable ante un mundo cada vez más globalizado y homogéneo, por lo que no sería lícito adoptar una posición de indiferencia ante nuestra lengua. 

“Por supuesto, la elevación permanente de la calidad de la enseñanza de la lengua materna constituye una prioridad para el sistema nacional de educación, por la importante función que cumple, tanto para el desarrollo mental del ciudadano como para su formación integral, su especialización en cualquier rama de la ciencia y la técnica y su integración social”. 


—En el argot popular se habla de “malas” y “buenas” palabras. Sin embargo, sucede que las primeras ya resultan comunes, por lo menos en nuestro país. ¿Qué cree de ello? 

—El léxico puede ser grosero, vulgar, injurioso, insultante; de igual modo la pronunciación, la entonación, los gestos. No se puede pensar que estos últimos sean algo aparte del lenguaje o superfluo. Los estudios sobre la comunicación gestual (lenguaje de gestos o de señas) entre sordomudos de todas partes del mundo han puesto de manifiesto que su aprendizaje y su funcionamiento son prácticamente idénticos a los del lenguaje oral. 

“Un lenguaje gestual es tan lengua materna como uno oral. Así, nuestra lengua de señas cubana es un ejemplo de ello. 

“Pero hay más: al usar el lenguaje oral, gesticulamos, aunque en unas culturas se hace más que en otras. El lenguaje oral va siempre acompañado de gestos en mayor o menor grado. 

“Las personas que habitualmente, en su comunicación cotidiana, son groseras y vulgares, están expresando quiénes son en realidad, y la sociedad las rechaza, aunque —lamentablemente— no se les llame la atención por su mala conducta social. 

“Toda sociedad civilizada cuenta con sus normas de comportamiento, y quienes no las siguen son maleducados, ordinarios, al margen de que puedan tener estudios universitarios o grados científicos. Poseen instrucción, pero no cultura, ni educación. 

“Es necesario saber que se debe caminar por nuestra derecha, ceder el paso a otra persona, que las cosas se piden por favor, que se dan las gracias, que se desean los buenos días, buenas noches. Utilizar las formas de tratamiento adecuadas: usted, tú, señor, señora, compañero, joven, agente. Escuchar cuando otro habla y no interrumpir. Hablar en voz baja, sentarse correctamente y otras pequeñas cosas no resultan difíciles de aprender, y hacen que la vida cotidiana sea más agradable y feliz. 

“A diario, en cualquier situación, se puede ser cortés. No hay que desaprovechar la ocasión, por dos motivos: poner en práctica lo que nos han enseñado y educar a los que no lo son. Así tendremos una sociedad culta, desarrollada y próspera con todos y para el bien de todos”.