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miércoles, 22 de marzo de 2017
7:43:06 a.m.
 

No sé mucho de béisbol pero de vez en cuando me embullo con ciertos topes, eventos, copas y hasta juegos manigüeros —lo mismo de fútbol que pelota— en las áreas verdes del edificio donde vivo. 

Y no digo emocionarme, porque a estas alturas de la vida debo cuidarme para que, durante la extrasístole auricular que padezco, no ocurra un lamentable accidente, prevenible si no fuera porque en tales situaciones aumento la ingestión de cafeína, quemo un cigarrillo tras otro y, por supuesto, se eleva a niveles nada permisibles el stress respiratorio…

Pero bueno, si no me infarté en el tope Cuba vs Holanda del Clásico Mundial 2017, puede que suceda esta noche, en el desafío por el campeonato Estados Unidos y Puerto Rico, este último invicto en siete salidas, y decidido a repetir la victoria de 2013, cuando destronaron a los yanquis 3-1.  

Porque si en la otra ala del pájaro* —por los versos de Lola Rodríguez de Tió— la actuación de sus peloteros ha levantado el ánimo de una isla sumida en la recesión de una década y a la que espera un tortuoso camino hacia la recuperación, en medio de duras medidas de austeridad, que esperar en la mayor antillana, llena de una fanaticada solidarizada con los sueños anticolonialistas de quienes impulsan el referéndum estadidad —versus independencia— que quiere aprobar en San Juan el gobierno del Partido Nuevo Progresista (PNP).

Lo otro que me sucede de vez en cuando con ciertos topes, eventos, copas y hasta juegos manigüeros, son los presentimientos. Esa sensación de que “algo” va a ocurrir, de adivinar una cosa antes que suceda, por algunos indicios o señales que la preceden. Y tal es el caso. Porque me acabo de levantar viendo frente a mí a Marcus Stroman permitiendo en la primera entrada una de las carreras que sellarán la victoria puertorriqueña de la final WBC2017.

A lo mejor es que me quedé con la impresión de Marcus —lanzador abridor del juego del viernes 17 entre Puerto Rico y Estados Unidos—, permitiendo en la primera entrada cuatro de las seis carreras que determinaron el triunfo boricua en ese partido.

Tal vez sea cierto rechazo a Marcus, quien pidió perdón a su madre por rechazar jugar como parte de la novena puertorriqueña. Stroman, de 25 años, era elegible tanto para el equipo estadounidense como para el puertorriqueño. Su madre, Adlin Auffant, nació y se crió en la Isla pero el lanzador es nativo de Medford, Nueva York, y estudió en la Universidad de Duke. 

De todas maneras, Stroman no es el primer pelotero de raíces puertorriqueñas que se decide por Estados Unidos. Nolan Arenado, de los Rockies de Colorado, lo hizo antes. 

Quizás haya quedado deslumbrada por lo que comenzó como una broma entre algunos integrantes del equipo, y se ha transformado en una especie de locura en Puerto Rico. Me refiero a las cabelleras teñidas de rubio, que dicen trae mejor suerte que el oscuro, color que prima en una isla donde la mayoría de los hombres tiene el pelo negro y grueso, y ahora la fanaticada ha decidido cambiarlo. ¡Hasta los calvos!, que  han optado por decolorarse la barba, en un homenaje al coach Carlos Delgado, ex jugador de béisbol profesional puertorriqueño, que con 473 jonrones y 1.512 carreras impulsadas, mantiene la marca de todos los tiempos entre los jugadores puertorriqueños.


Lo cierto: desde conductores de noticiarios hasta estudiantes universitarios de la isla hermana han abrazado la moda. Y eso me ha gustado. Así que esta noche espero que el "Team Rubio" tenga la oportunidad de levantar el trofeo de campeón de un torneo mundial por segunda ocasión en su historia. 

El corazón me lo dice. Y no me va a fallar. Y porque no sé nada —o casi nada—de pelota, fuera de Cuba, ¿por quién puedo apostar viviendo en esta ala?

Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas,/ reciben flores y balas/sobre un mismo corazón.Ver poema completo