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Fragmentos de tazones de arroz, tazas, platos y platones de porcelana correspondientes a tiempos del emperador chino Wanli, de la dinastía Ming (1573 a 1620), y traídos por la Nao de China, fueron recuperados por un grupo de arqueólogos mexicanos.

Los trabajos de recuperación se realizaron a un metro y medio del suelo del viejo Acapulco, estado de Guerrero, coincidiendo con la primera excavación formal que realiza en el Fuerte de San Diego el Proyecto de Arqueología Marítima del Puerto de Acapulco (PAMPA).

En una calle contigua a la catedral de Acapulco, en los perfiles de una zanja que contendrá un nuevo sistema hidráulico, eléctrico y de cableado de telecomunicaciones, sobresalieron pedazos de finas vajillas que viajaron a bordo del Galeón de Manila (la Nao de China), las cuales no llegaron a su destino.

Los fragmentos hallados pertenecieron a los cargamentos que llegaron a finales del siglo XVI y las primeras décadas del XVII, cuando en Acapulco atracaron los primeros galeones de Manila, en tiempos de Wanli, decimotercer emperador de la dinastía Ming, quien mantuvo el dominio de China durante casi 50 años.

Pese a que estas valiosas piezas terminaron en añicos, pueden observarse los diseños que las decoran, y en los que sobresalen representaciones de pequeños pájaros silvestres, coleópteros, cisnes sobre espejos de agua, aves fénix y venados.

A estos fragmentos de porcelana de distintas calidades se suman trozos de una cerámica más burda, pertenecientes a contenedores fabricados en el sureste asiático para transportar provisiones como especias y líquidos, en los viajes marítimos.

Durante la exploración preliminar realizada hace un año en los parapetos exteriores de la fortaleza, se localizaron también algunos tiestos prehispánicos, como restos de ollas, platos, jarras, escudillas y cuencos que datan de la Colonia, principalmente de los siglos XVIII y XIX, que debieron ser utilizados por los soldados acuartelados en este bastión.

Su menor presencia hace suponer a los arqueólogos del INAH que esta cerámica debió ser uso exclusivo de los mandos y administrativos de la fortaleza.

Tras el inicio de la primera excavación, el equipo continúa con el hallazgo de materiales similares en el "basurero colonial", una acumulación de tierra de 7,30 por 6 metros de extensión.

En el lugar se hallan mezclados lo mismo cerámica local, porcelana china, mayólicas, loza inglesa, una gran cantidad de huesos de animales destazados y cocinados (en su mayoría mamíferos), objetos de vidrio, balas de plomo, monedas de plata, hebillas, cuentas de vidrio y piedras de chispa para arma de carga.

(Fuente: SPD)