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Investigadores encuentran pruebas preliminares de que la aspirina y el diflunisal detienen el avance de un tipo de leucemia. Y descubren el mecanismo por el cual lo hace.

Gracias a una investigación revelada hace pocos días, muchos economistas y políticos corren el riesgo de tener un arma retórica menos en su arsenal cuando se trata de despreciar las medidas o acciones de sus adversarios: un grupo de científicos de los Institutos Gladstone, afiliados a la Universidad de California, en Estados Unidos, ha logrado demostrar que el ácido salicílico y uno de sus derivados, llamado diflunisal, detienen el crecimiento de la leucemia en un experimento con ratones. Es decir, “curar un cáncer con una aspirina” es imposible; pero con varias podría ser.

Lo más interesante no es el efecto en sí, sino que se identificó una nueva vía por la cual el ácido salicílico -un compuesto clave en la fármacos anti-inflamatorios no esteroideos aspirina y diflunisal- detiene la inflamación y el cáncer.

En un estudio publicado en eLife, los investigadores encontraron que ambos suprimen dos proteínas clave que ayudan a la expresión de genes de control en todo el cuerpo. Estas proteínas hermanas, llamadas p300 y la proteína de unión CREB (CBP), son reguladores epigenéticos que controlan los niveles de proteínas que causan inflamación o están involucrados en el crecimiento celular. Entonces, mediante la inhibición de esas p300 y CBP, el ácido salicílico y diflunisal bloquean la activación de estas proteínas y previenen el daño celular causado por la inflamación. Este estudio proporciona la primera demostración concreta de que ambos puede ser objetivo de las drogas y pueden tener importantes implicaciones clínicas.

“La capacidad de cambiar la finalidad de fármacos que ya están aprobados por la FDA para ser parte de nuevas terapias útiles para pacientes con cáncer es increíblemente emocionante”, dice al respecto Stephen D. Nimer, MD, director del Centro de Cáncer Sylvester Comprehensive en la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami Miller, quien es uno de los coautores de la investigación.

“Hemos llevado a cabo un ensayo clínico de ácido salicílico en pacientes con cánceres hematológicos y se encontró que es seguro”, agrega el científico. Por lo tanto, “este esfuerzo de colaboración para desarrollar nuevas terapias epigenéticas es un paso importante en nuestro viaje para encontrar un tratamiento más eficaz para los pacientes de leucemia”.

Por su parte, Eric Verdin, director asociado del Instituto Gladstone de Virología e Inmunología, comenta que “el ácido salicílico es uno de los fármacos más antiguos del planeta, que se remonta a los egipcios y los griegos, pero aún estamos descubriendo nuevas cosas al respecto”.

El avance se debe, también, a un trabajo previo que estableció un vínculo entre la proteína p300 y la proteína que promueve la leucemia conocida como AML1-ETO. Luego, en el estudio mencionado, los científicos de Gladstone y Sylvester trabajaron juntos para probar si la supresión de p300 con diflunisal ayudaría a suprimir el crecimiento de la leucemia en ratones. Como se predijo, en efecto, el diflunisal detuvo la progresión del cáncer.

Los científicos están ahora llevando a cabo un ensayo clínico con seres humanos que pondrá a prueba la capacidad del ácido salicílico para tratar a pacientes con leucemia, como parte de nuevas terapias de combinación. Según ellos, nuevas aplicaciones clínicas posibles de ácido salicílico incluyen otras formas de cáncer, la diabetes tipo 2, enfermedades inflamatorias, e incluso los trastornos neurodegenerativos, tales como la enfermedad de Alzheimer. En el centro Gladstone, una investigación previa demostró que otro medicamento que contiene ácido salicílico impedía la acumulación de las proteínas tau en las neuronas y las protegía contra el deterioro cognitivo, usando un modelo experimental de la demencia con ratones.

Por supuesto, no se trata de ponerse a tomar aspirinas como si fuera miguitas de pan. Es necesario testear las dosis y sus efectos secundarios. Aún así, se trata de un trabajo señero. A las terapias tradicionales (cirugía, radio y quimioterapia), como a las inmunes nuevas (anticuerpos monoclonales y virales), se sumarían las epigenéticas, las que impiden que ciertos aspectos de la genéticas de los tumores se pongan en marcha, destruyéndolos. Y que ello comience con la humilde aspirina no deja de impresionar. Los políticos y economistas deberían tomar nota de ello: a veces, remedios poco espectaculares tienen un alcance de lo más inesperado.

(Fuente: CS)