&wid LA TECLA CON CAFÉ

¡Obama viene! ¡Llegó Obama!

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9:25:22 p.m. 

Sobre las intenciones expansionistas de EE. UU. y los retos que nos impone el acercamiento entre ese país y el nuestro, la colega Laura Lyanet Blanco Betancourt, del periódico Vanguardia  (PDF),  dialogó con el doctor en Ciencias Edgardo Romero Fernández, profesor titular de Ciencia Política y Filosofía Política, de la Universidad Central “Marta Abreu” de  Las Villas. A continuación reproducimos íntegramente la entrevista: 

Medios de comunicación de todas partes del mundo se hacen eco de la noticia: Barack Obama viaja a Cuba. Y como para aumentar el sensacionalismo de la visita, que bien clasificaría entre los sucesos de este 2016, el presidente norteamericano se hace preceder por varias medidas que continúan el desmontaje del bloqueo norteamericano, con la  autorización de viajes individuales bajo la licencia para intercambios educacionales «pueblo a pueblo», y el permiso a Cuba para usar el dólar en sus transacciones internacionales. Una vez comprobada la efectividad de esta última, el gobierno cubano eliminará el gravamen del 10 % que aplica al dólar estadounidense cuando entra a la isla. 

Desde acá, no pocos se dejan impresionar por el hecho. No es para menos: Obama es el primer presidente estadounidense que pisa suelo cubano durante su mandato, después del triunfo de la Revolución. Pero ¡ojo!, no nos dejemos llevar por las impresiones. La dominación continúa entre los objetivos del gobierno vecino, ya por vías sutiles, ya por deseos manifiestos. Sobre las intenciones expansionistas de EE. UU. y los retos que nos impone el acercamiento entre ese país y el nuestro, responde el doctor en Ciencias Edgardo Romero Fernández, profesor titular de Ciencia Política y Filosofía Política, de la Universidad Central «Marta Abreu»de Las Villas. 

—Antes y después del restablecimiento de relaciones entre EE. UU. y Cuba, la democracia y los derechos humanos han constituido puntos de crítica del gobierno norteamericano hacia el nuestro, y del discurso de Obama en varios escenarios internacionales. ¿Cuál es su percepción respecto a esos criterios? 

—Cuando Estados Unidos defiende su modelo de democracia, siempre recurre al tema del pluripartidismo. Este fue el primer país en contar con partidos políticos organizados, y a lo largo de su historia ha registrado unos 40. También fue el primero en organizar sufragio masivo, pero según algunos estudiosos del tema, esto se hizo de manera tal que, desde su inicio hasta nuestros días, más del 90 % de los votos los han recibido republicanos o demócratas, por lo que otras opciones clasistas, representadas o no en partidos, nunca han tenido opciones reales de llegar al poder. 

“Además, el sistema electoral estadounidense se diseñó para que, sea cual sea el resultado de las elecciones, el sistema político responda siempre a los intereses de la clase que tiene el poder económico. En sus inicios, solo los propietarios blancos más ricos podían elegir a los representantes de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; quedaban fuera las mujeres, los pequeños propietarios blancos, los no propietarios, la población negra e india. 

“Eso deja mucho que desear de la democracia estadounidense, y podríamos cuestionarla tanto como la ateniense. Ahora, no solo los blancos ricos constituyen los grandes electores, pero el sistema de colegios y maquinarias electorales condiciona que sin dinero no se puede ganar una elección en EE.UU. Por tanto, los donantes tienen una importancia fundamental en el proceso electoral. 

“Por otra parte, el sistema político estadounidense está apoyado en un sistema de pesos y contrapesos, donde cada fracción de poder tiene facultades reguladoras sobre las otras. Este sistema se diseñó para que el poder no residiera en un hombre, y que no se pudiera gobernar solo desde los poderes formales del sistema político. Se creó para permitir una influencia desde la ciudadanía: aquí está el espíritu del liberalismo burgués moderno, según el cual los derechos y libertades individuales (entre ellos, la propiedad privada) constituyen lo fundamental a defender en una república democrática. Pero repito, la ciudadanía está concebida como esos grandes propietarios o se manifiesta a través de grupos de presión. 

“El presidente Obama alude a los derechos humanos entendidos, mayormente, como las libertades civiles de las personas en un estilo muy a lo John Locke, llamado padre del liberalismo burgués, o a lo Jefferson si nos ubicamos en la revolución de independencia norteamericana. Para nosotros, por ejemplo, son tan o más importantes que esas libertades los derechos sociales a la educación, la salud, la seguridad social, la maternidad remunerada, difíciles de alcanzar en EE. UU. Obama no los reconoce así, prefiere centrarse en las libertades individuales. Pero se contradice, pues su propio gobierno les impide a sus ciudadanos viajar libremente a Cuba, por causa del bloqueo”. 

—¿Qué papel desempeñan los grupos de presión en el sistema político estadounidense? 

—Son parte consustancial del sistema político y del sistema electoral norteamericano. Constituyen grupos de la sociedad civil, con poder económico o financiados  por alguien poderoso, asociados en torno a un interés común. Se valen del dinero para hacer lobby, o sea, para influenciar indirectamente en la vida política, social, económica de EE. UU. Su mecanismo fundamental de acción consiste en apoyar campañas políticas; por lo tanto, resultan muy útiles a los políticos que carecen de fondos necesarios para costear sus procesos.

“Pongo otro ejemplo: EE. UU. es el país que más armas vende a su  población. Una parte de la opinión pública nacional no está de acuerdo con esto. El propio Obama ha manifestado su oposición en varias ocasiones, dado el aumento de los hechos de violencia con armas de fuego en su país. Pero la “Asociación Nacional del Rifle”, un grupo de fabricantes de armas, hace todo lo posible, por distintas vías, para que los norteamericanos crean que la forma primordial de protegerse es comprando armas. Así conservan, por supuesto, sus intereses económicos”. 

—¿Podríamos hablar de influencia de ciertos grupos de presión sobre el actual contexto de acercamiento entre EE. UU. y Cuba? 

—Hay un lobby agrícola fuerte, sobre todo de grandes propietarios del sur de EEUU, con intereses manifiestos por Cuba. Ya han visitado varias veces el país, y no podríamos negar que estuvieron, están o estarán vinculados a la flexibilización de las relaciones comerciales entre los dos países. 

“De hecho, creo que este proceso de distensión dependerá mucho del interés que demuestren los grandes inversores norteamericanos por Cuba. Ya se han divulgado algunos cálculos tentadores: el turismo en la isla podría ser una verdadera locomotora si llegara a duplicar la cantidad de visitantes que registra actualmente, de cerca de tres millones. Los servicios turísticos del país no cuentan con la infraestructura suficiente para cubrir esa cifra de clientes. Hay aquí una posibilidad de inversión, y si las firmas multimillonarias estadounidenses del turismo se interesan en el asunto, se lanzarán con todo”. 

—¿Qué riesgos enfrentamos los cubanos en este contexto de distensión de relaciones con EE. UU.? 

—No podemos olvidar que el sistema político estadounidense se  caracteriza por el expansionismo imperial. Y no podemos someternos,  por unos dólares, a un tipo de capitalismo que sí está acostumbrado a dominar. Su esencia a través de la historia ha sido de dominación de otros territorios, aunque no a través de la ocupación directa, pues entendieron que lo importante para un sistema imperial moderno no era tanto ocupar y poseer los territorios, sino las personas, sus mentes. 

“Nosotros hemos ganado una parte de esta batalla: cuando resistimos en el vórtice de la guerra, cuando mantuvimos nuestros principios y dignidad. Esa resistencia ha hecho posible que hoy dialoguen los dos países en calidad de iguales, sobre bases de respeto. Pero tenemos que organizar mejor nuestro discurso político y nuestro accionar político, particularmente el de la cotidianidad. 

“Los dirigentes, los medios de comunicación, las instituciones de la sociedad civil cubana deben ser capaces de movilizar mejor a la población en torno a nuestros valores, a nuestros argumentos; pero los de hoy, pues simplemente no se puede apelar solo a la historia. La historia da fundamentos, explica hechos acontecidos; mas existen un presente y un futuro por explicar y argumentar, y no hay guion escrito; hay que pulsar constantemente las necesidades, los intereses, las motivaciones y aspiraciones de las personas que viven en el país y de los que no viven en el país, pero siguen de cerca el desarrollo de nuestro socialismo, para co-construir con ellos nuestro proceso. 

“Este es un pueblo acostumbrado a comprometerse con una explicación o una convocatoria lanzada desde la máxima dirección del PCC o del Gobierno. Sin embargo, necesitamos dinamizar ese diálogo, trascender el verticalismo y el voluntarismo. No podemos quedarnos solo con la instrucción, necesitamos educar mejor a las personas, a los jóvenes, a los profesionales, a los obreros, a los dirigentes comunitarios. 

“Las organizaciones políticas deben contar con un sistema de retroalimentación más activo con el público. No quiero decir que las razones correctas provengan siempre de las bases, pero de ahí debemos partir para trazar caminos más argumentativos a la hora de acometer y enfrentar cambios. No podemos quedarnos con el mismo discurso político de hace 30 años, porque ese ya no moviliza, la realidad es otra”. 

—¿Considera el liderazgo como uno de los puntos por reforzar en nuestra sociedad? ¿Qué podría aportar la sociedad civil cubana en ese sentido? 

—Creo que todavía tenemos la potencialidad de los liderazgos múltiples. Hay personas con aptitudes para liderar determinados procesos en determinadas circunstancias, y ese conocimiento debemos tenerlo bien establecido en los espacios comunitarios, para saber a quién convocar, cuándo y para qué. No podemos pensar que una sola persona siempre movilizará a todas las demás, con la misma intensidad y las mismas posibilidades de éxito. 

“Por otra parte, la movilización social debe potenciarse con fines bien establecidos, en torno a nuestros valores, a nuestra resistencia ideológica, y no por voluntarismo. Cuando hacemos las cosas por salir del paso o resolver una situación coyuntural, generalmente no triunfamos. Eso genera escenarios de frustración y apatía en las personas, algo que no podemos permitirnos. 

“Si no hay una promoción, convocatoria o apertura desde el propio Partido o el Estado, resulta difícil creer que la sociedad civil cubana tendrá ese protagonismo, dadas las condiciones estadocentristas y partidocéntricas del sistema político cubano, que obedecen a razones históricas y que no estoy cuestionando en cuanto a su forma de constitución en ese ámbito, pero por lo mismo es improbable esperar que de la sociedad civil cubana provenga el cambio de estilo en las convocatorias a las masas. No quiero decir que la sociedad civil sea incapaz de incidir en el pueblo; de hecho, debe proponérselo y hacerlo. De una u otra forma, debemos apelar más a la movilización social a través del debate público. El objetivo debe ser gobernar con todos, pues la inteligencia colectiva puede ser más positiva que el pensamiento de determinados líderes o funcionarios. 

“Obama no vino a Cuba solo por su buena voluntad. Trae consigo algunas medidas “sensacionalistas” o muy favorables a Cuba según la prensa extranjera, porque quiere que su viaje sea recordado como algo exitoso. Nuestro gobierno ha estado sistemáticamente explicando el real alcance de las medidas para desmontar ese sensacionalismo, pero todos debemos darnos a la tarea de explicar, pues las medidas tomadas no son más que  el lento restablecimiento del estado de justicia, igualdad y respeto que debe primar entre dos países. 

“Dicho proceso además nos está imponiendo el reto de resistir a mecanismos más sutiles de dominación. Nosotros debemos prepararnos para aprovechar todas las oportunidades que nos ofrece el proceso de distensión, y salir airosos. La nueva coyuntura de las relaciones Cuba-EE. UU. Al menos nos propone el reto, y nos ofrece la oportunidad de crecer como nación, como pueblo, como gobierno. Es una oportunidad que nos ganamos y que gestionaron con gran sagacidad nuestros líderes. ¡Aprovechémosla!”.
 



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