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8:22:59 a.m. 

La lucha contra la violencia de género en Cuba tiene muchos voceros, voceras y participantes, pero también es ajena e invisible para otras y otros tantos. Fortalecerla donde existe e inspirarla donde nunca se ha oido hablar de ella es principio del conocido Proyecto Palomas. Estoy viva… lo voy a contar, el más reciente documental de la casa productora para el activismo social, expresa tal principio… alto y claro. 

Dirigido por Lizette Vila e Ingrid León, el filme tendrá su premier el 20 de marzo en el cine Chaplin a las 3:00 p.m., como parte de la celebración por el aniversario 57 del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En el lobby de la sala se inaugurará, además, la muestra Lo que se ve existe, lo que existe tiene derecho, de los fotógrafos Humberto Mayol, Laura Alejo y Javier Rodríguez. 

Según Vila, este es el primer documental en Cuba que aborda todos los tipos de violencia. Catorce mujeres brindan sus testimonios en aproximadamente 40 minutos. Historias de violencia física, sexual, psicológica, laboral, económica… se entrelazan para conmover al espectador quien, de cierta manera, se convierte en testigo de las agresiones que sufrieron y sufren estas mujeres por su género, orientación sexual, color de la piel, lugar de procedencia o padecimiento de alguna discapacidad. 

Durante la conferencia de prensa que ofrecieran las realizadoras y parte del equipo de producción este miércoles en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC Fresa y Chocolate, se generó gran debate en torno al deconocimiento que existe en el país sobre los tipos de violencia y las disposiciones jurídicas relacionadas con tal delito. 

De hecho, en el documental aparecen fragmentos de la Constitución de la República de Cuba relacionados con la libertad e inviolabilidad de las personas que residen en el territorio nacional, tristemente, poco conocidos en la Isla. 

La integrante de la Unión de Juristas de Cuba, Ana María Puzo, alertó durante la conferencia sobre el desconocimiento en la población de las leyes cubanas que sancionan la violencia, su incumplimiento y poca divulgación. Sin embargo, la especialista apuntó que la mayor batalla está en lograr sensibilizar a las personas responsables de implementar tales disposiciones. 

“Si a juristas, miembros de la Policía Nacional Revolucionaria y demás encargados de imponer el orden en la sociedad no se les enseña la cultura de paz y son capaces de sensibilizarse con el tema de la violencia de género, no conseguiremos nada”, afirmó. 

Por su parte, la profesora e investigadora titular del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, Dra. Rosa Campoalegre, comentó sobre el desencuentro entre las políticas públicas y la familia presente en América Latina y el Caribe, así como la necesidad en Cuba de una ley de prevención de la violencia que se centre tanto en víctimas como en victimarios. 

También sugirió la Dra. Campoalegre la creación de casas de acogida para aquellas mujeres que no pueden o quieren residir en sus hogares por ser víctimas de agresiones. “Se pueden hacer, hay condiciones para crearlas, solo se trata de voluntad y deseo”. 

Sobre la necesidad de difundir la obra audiovisual del Proyecto Palomas por la televisión —medio de comunicación de mayor alcance en el país—, los cines y otros espacios alternativos como las comunidades y hasta el paquete semanal, se debatió, además, en el encuentro. 

“No solo nuestro trabajo tiene poca difusión. Muchísimos creadores y creadoras no tienen maneras de visibilizar sus obras. Nuestra estartegia de comunicación es, pues, llegar hasta donde nos dejen llegar”, acotó Vila. 

“¿Qué ha logrado el Proyecto Palomas con sus documentales?” fue una interrogante reiterada durante el debate por periodistas y demás asistentes. 

Según Vila, nada se ha solucionado en concreto, porque la violencia persiste y el desconocimiento también. No obstante, la directora del proyecto señala la denuncia presente en sus filmes como su mayor aporte. “Registrar testimonios como los de Estoy viva… lo voy a contar es nuestro logro”. Ello y la posibilidad de darle voz a muchas mujeres que por años mantienen su sufrimiento en silencio por miedo, vergüenza o culpa. 

(Fuente: CC)