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6:15:13 p.m.

"La tierra tembló bajo mis pies, como si fuese un terremoto". En el momento de la explosión, Ali Ibrahim Peltek estaba de pie ante su kiosco de comida, justo delante de la plaza de Sultanahmet donde un terrorista kamikaze de Estado Islámico se hizo saltar por los aires matando a 10 turistas, en su mayoría alemanes, e hiriendo a otros 15.

"Fue una explosión muy fuerte, estaba de pie y tuve la impresión de que el piso se moviese", relató a ANSA. "El año pasado hubo otra cerca, ante una estación de policía, pero nada que ver con la de hoy, vi a varias personas por el suelo y después de dos o tres minutos las ambulancias que llegaron", añadió.

Como él, los numerosos testigos presentes en la zona en el momento del ataque, en su mayoría comerciantes de las tiendas de comida y souvenirs de la plaza, hablaron de un estallido repentino que sacudió el corazón turístico de Estambul mientras todavía no era la hora punta.

"No me imagino que habría podido pasar si hubiese ocurrido unas horas después, hacia mediodía", dijo Ahmet, vendedor ambulante de simit, las típicos buñuelos de pan al sésamo.

"Una situación de pánico absoluto, la gente corría y no se entendía qué había pasado, pero yo pensé inmediatamente a un kamikaze, porque después de Ankara todos sabíamos que antes o después habría un ataque en Estambul", agregó.

Los primeros testimonios oculares evocaron escenas aún más dramáticas, con cuerpos hechos jirones, esparcidos en torno al lugar de la explosión, a dos pasos de la neo-bizantina fuente alemana. Imágenes terribles que hicieron pensar en un dramático balance de víctimas.

Llegada al lugar, la policía acordonó la zona. Poco más de una hora después de la deflagración, la plaza, normalmente llena de turistas, estaba desierta. No había nadie ante la basílica de Santa Sofía, pocos curiosos sentados en los bancos callejeros. 

Una pareja de ingleses, que en el momento del estallido se encontraba cerca del vecino Gran Bazar, relató haber escuchado el estruendo y haberse alejado corriendo. Después, en cambio, volvieron atrás para intentar entender qué había pasado. 

Pero son pocos los que decidieron quedarse en la zona del atentado. Solo se veía un desierto espectral entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, en el corazón de la ciudad, que Estambul espera no tener que volver a ver.

(Fuente: ANSA)