20150915131846-virgen-de-la-caridad-del-co.jpg

 

7:15:09 a.m.

La devoción que los historiadores constatan por la Madre de Cristo en Cuba colonial se relacionaba, en los siglos XVI y XVII, con las representaciones europeas de la Madre de Cristo. Tendrían que pasar muchos años del hallazgo en la Bahía de Nipe, en 1612, de aquella imagen con la inscripción “Yo soy la virgen de la Caridad”, para que ocupara el centro del culto mariano en la Isla.

Casi siglo y medio después, en 1756, la declaración del entonces obispo de Cuba, Pedro Morell de Santa Cruz, de que la de la Caridad del Cobre era la más milagrosa de las devociones de la Isla, distante aún de soñar siquiera su independencia de España, indica cuánto había avanzado en posicionarse en el corazón de la fe cristiana de los criollos.

No sabemos hasta qué punto pueda haberse sentido el poder colonial amenazado por este culto un siglo después, pero seguramente lo fue si recordamos que el Padre de la Patria oró ante su imagen en el santuario del Cobre el 2 de enero de 1869, con el poblado ocupado por las tropas independentistas.

Los mambises fueron a la lucha bajo la advocación de la Caridad del Cobre, la imagen que muchos de ellos, esclavos africanos libertos, conocían y adoraban ya como la divinidad yoruba de Ochún. Se trata de un proceso de sincretización que el erudito cubanoamericano Emilio Cueto ha localizado, en su minuciosa investigación sobre nuestra Patrona, hacia la década de los 40 del siglo XIX, como resultado de la entrada masiva de esclavos de Benin y Nigeria.

El hecho que me parece poco discutible es que la devoción a la Caridad del Cobre cobró el lugar cimero de la devoción religiosa de los cubanos, y no solo de la criollización del culto mariano: cubana ya, más que criolla. Se había extendido por el país, primero a Camagüey (Puerto Príncipe), donde se le dedicó la primera capilla que tuvo la virgen fuera de Oriente. En La Habana reapareció también en la imagen de la Virgen de Regla, que Torres Cuevas nos muestra vinculada a una imposición de don Pedro de Aranda y Avellaneda, castellano de La Punta, evidentemente bajo la presión devocional de la cubanía en el puerto capitalino.

No se desconectó el culto a la Virgen de Regla del dedicado a la Caridad ni se confundió en el imaginario popular, más importante que las teologías para encontrar definiciones. Se celebran normalmente en días sucesivos, y la localización marinera de este cobró identidad en la deidad yoruba Yemayá, y no en una reiteración mimética de Ochún, como creyeron ver algunos autores de finales del XIX. 

A pesar de remontarse el hallazgo de la imagen de la Caridad por los tres remeros a 1612, tuvo que esperar más de tres siglos la virgen cubana para ser consagrada como Patrona de Cuba, legitimación que solo corresponde al pontífice romano hacer. Fue Benedicto XV, en 1916, cuando el patronato regio había desaparecido junto al poder colonial hacía casi dos décadas. La alta jerarquía católica la reconocía, al fin, a plenitud. El 8 de septiembre de 1927 se inauguró el actual santuario de El Cobre, donde, en 1936, Mons. Valentín Zubizarreta coronó a la imagen en nombre del Papa Pío XI. No estoy seguro de que las coronaciones signifiquen un momento relevante desde una perspectiva doctrinal cristiana.

Ciertamente, la imagen de la Caridad del Cobre es la de una Virgen coronada desde las más antiguas reproducciones que han recogido los estudiosos, a diferencia de otras imágenes de la Madre de Cristo que se veneran sin que una corona remate su manto. Pero se explica muy bien que en este caso fuera hallada una imagen coronada y que el sentido de María Reina fuera exaltado en la época. La Virgen de la Caridad del Cobre volvió a ser coronada por el Papa Juan Pablo II el 24 de enero de 1998, en la misa que le dedicó a su advocación en Santiago de Cuba, y al día siguiente, al rezar el Ángelus, después de la misa en la Plaza de la Revolución de La Habana, expresó: “Desde su santuario la Reina y Madre de todos los cubanos —sin distingo de razas, opciones políticas o ideológicas— guía y sostiene, como en el pasado, los pasos de sus hijos hacia la Patria celeste y los alienta a vivir de tal modo que en la sociedad reinen para siempre los auténticos valores morales…”.

El Papa Wojtyla reconoció, con todo el peso de su autoridad eclesial, el alcance espiritual de la Caridad del Cobre en el sentir del pueblo cubano. Lo confirmaron sus palabras en la primera audiencia general después de su regreso al Vaticano: “La Virgen de la Caridad del Cobre, Madre y Reina de Cuba, acompaña a cada uno de sus hijos de esta tierra con su presencia materna… a ella le confío todos los anhelos y esperanzas de este pueblo”.

En vísperas de una nueva visita del pontífice, ahora en la persona del Padre Francisco, de la cual hay motivo para esperar nuevos alientos, vale recordar, una vez más, el significado de María de la Caridad del Cobre en la espiritualidad propia de la cubanía.

(Fuente: CC)

Leer también: