20150730182958-antman-27-07-15.jpg


12:19:44 p.m.

 “Sus hallazgos expresivos acaban siendo tan pequeños como sus intenciones y apenas un par de fogonazos —la citada escena del tren, una pelea con iPod de por medio y “Disintegration”, de The Cure, como banda sonora— no sirven para no echar de menos una fuerza creativa mucho mayor”

La secuencia que mejor da la medida de los logros de “Ant-Man” y de todo aquello que pudo ser tiene lugar hacia su conclusión. El micro-superhéroe se enfrenta al villano de la función en un tren eléctrico de Thomas & Friends y la mesa de juegos en la habitación de una niña se convierte en el escenario de una batalla.

En ese momento, la película alterna planos espectaculares desde el interior de ese combate a muerte con otros que revelan lo puramente anecdótico de que un vagón de un tren se salga de los raíles. En el origen de la escena, probablemente, reside mucho de las gigantes capacidades de Edgar Wright para ese tipo de contrapuntos que dislocan la acción y los géneros de sus lugares comunes.

Pese a que Peyton Reed entiende y ejecuta acertadamente el dispositivo en cuestión, uno no puede evitar preguntarse hasta dónde hubiera llegado Wright con un material tan prometedor nacido de una suma de talentos que también comprende a Adam McKay, Joe Cornish y el propio Paul Rudd.

“Ant-Man” resulta ser una de las entregas más conformistas del Marvel Cinematic Universe. Reducida en ambiciones a una película de atracos, esta primera incursión de Scott Lang (Rudd) se ajusta a presupuestos menos ambiciosos y dibuja a su protagonista como secundario de lujo para los futuros Vengadores.

De hecho, en su aproximación el filme forja su identidad en el tópico familiar del padre ausente y relega a la mera cita el potencial dramático de Hank Pym (Michael Douglas) y la traumática pérdida de la Avispa (Hayley Lovitt).

Por supuesto, no hay ni sombra del salvaje perfil del superhéroe propuesto por Mark Millar en los “The Ultimates” ni era realista esperar tal cosa. Pero no es menos cierto que el relato, abordado desde el legado mitológico del personaje creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber, ve diluida su fuerza en un conjunto excesivamente supeditado a su condición de película menor dentro del MCU.

Lejos de echar el resto a sabiendas de que puede ser su primer y último disparo —algo que sucedía, para bien, en “Guardianes de la galaxia” (“Guardians of the Galaxy”, James Gunn, 2014)—, Ant-Man se adecúa impecablemente a un modesto esquema que se inserta en la lógica del cross-over y la franquicia. Lo hace con solvencia y espíritu lúdico, se divierte entre golpes de diversos tamaños y chistes siempre diminutos que proporcionan una agradable —y fugaz— digestión.

Sin embargo, sus hallazgos expresivos acaban siendo tan pequeños como sus intenciones y apenas un par de fogonazos —la citada escena del tren, una pelea con iPod de por medio y “Disintegration”, de The Cure, como banda sonora— no sirven para no echar de menos una fuerza creativa mucho mayor e inspirada que arranque las rígidas costuras que dicta el orden superior.

(Fuente: EFEEME)