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11:32:49 a.m.

La ola arcoris se desparramó sobre Irlanda: millones de electores, muchos de los cuales incluso habían regresado para la ocasión desde el extranjero, fueron a votar en un histórico referéndum destinado a aceptar o rechazar el matrimonio entre las personas del mismo sexo.

La afluencia fue elevada, en particular en Dublín, con algunas zonas de la capital que en torno a las cinco de la tarde superaban el 40%, mientras en las áreas rurales la participación fue más baja: una señal, según los expertos, de que la parte del electorado más abierta al cambio fue en masa a las urnas.

Por muchas razones se trata de una cita "histórica", como subrayó incluso el diario The New York Times. Solo hasta hace dos décadas en el país la homosexualidad estaba considerada un delito. Pero tiempos rápidos cambiaron todo. En 2010 se aprobaron las uniones civiles entre personas del mismo sexo y ahora los irlandeses pueden llegar a convertirse en los primeros del mundo que aprueban los estos enlaces mediante votación popular. Esto podría empujar a otros países, sobre todo los más tradicionalistas, a reexaminar su política en esta cuestión.

Seguramente en estas horas tomó forma una suerte de movimiento internacional, hecho de miles de expatriados, inmigrantes, en gran parte favorables al sí, que volvieron de todos los rincones del planeta, incluso de Australia, Canadá y Estados Unidos, solo para votar, respondiendo a la campaña lanzada por Twitter con el hashtag ''HomeToVote''.

Entre los casos más sorprendentes, el de Cormac O'Sullivan, un operador humanitario de 34 años que viajó el jueves desde Nairobi hasta su Cork natal. "La igualdad para las personas de toda orientación sexual siempre fue defendida por mi familia, mi madre y mi padre participaron en el primer Gay Pride en Cork en los años ochenta", dijo.

El referéndum, sin embargo, dividió al país y desató un enfrentamiento en parte generacional, entre jóvenes más abiertos al cambio y ancianos más vinculados con la tradición, con repercusiones también de tipo religioso.

La misma Iglesia Católica, cuya influencia se ha reducido en el país, no parece del todo unida. Los obispos dijeron a los ciudadanos que voten respetando los principios morales en defensa de la familia tradicional, pero hubo sacerdotes y monjas "rebeldes" que, en cambio, se expresaron a favor de una apertura.

El frente del "no" está encabezado por una serie de grupos conservadores y de inspiración cristiana. Mientras, el variado bloque del "sí" reagrupa a la mayor parte de los partidos, los medios, las empresas, los sindicatos, los estudiantes y personalidades del mundo del deporte y del espectáculo.

La tensión se sintió incluso en los colegios electorales: algún elector protestó hoy por la presencia de la Biblia, temiendo que fuese un modo ideado por algún grupo religioso para influenciar el voto.

Pero las autoridades precisaron que los libros sagrados estaban allí sólo para permitir jurar sobre su identidad a quien se presentaba sin documentos.

El del matrimonio homosexual no era el único referéndum sometido hoy a los irlandeses, que debían expresarse también sobre la propuesta de rebajar la edad para ser elegido presidente de la República, de los 35 a los 21 años.

(Fuente: ANSA)