&wid LA TECLA CON CAFÉ

Lo que tú censuras la gente lo busca más, dice quien no vive del cuento

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8:35:28 a.m. 

De visita en Sancti Spíritus por estos días, el destacado humorista Andy Vázquez , Premio Caricato 2014, revela al periódico Escambray intimidades del programa televisivo Vivir del cuento. 

No desembarcó en la redacción enfundado en la ajustadísima guayabera de Facundo Correcto, ni en la informal camiseta de Aguaje, ni engolando la voz al estilo de Bienvenido Blanco, los tres personajes que interpreta en el programa Vivir del cuento: Andy Vázquez, el popular humorista de la televisión cubana, se echó en un bolsillo al colectivo de Escambray sin necesidad de maquillaje, afeites, ni de más recurso histriónico que su innegable carisma. 

Recién llegado a Sancti Spíritus, donde desde hacía meses se le reclamaba con vehemencia, el camaleónico actor de 39 años, nacido y criado en Baracoa, compartió anécdotas y respondió las interrogantes de reporteros, fotógrafos, editores, directivos, choferes y hasta algún vecino alebrestado que se colara en el intercambio; un diálogo que gravitó, inevitablemente, en torno a ese fenómeno de teleaudiencias que es Vivir del cuento o, como le llaman algunos, el programa de Pánfilo. 

Escambray reproduce de forma íntegra la media hora en que Andy Vázquez reveló interioridades del espacio, de su proceso creativo y de la entrañable familiaridad alcanzada por el equipo de realización. 

—De los tres personajes que interpreta en Vivir del cuento, ¿cuál le gusta más? ¿Cómo los construye? 

—Los tres fueron creados a partir de la vida real. Te empiezo por el que menos sale: Bienvenido Blanco Blanco, un señor muy refinado, una persona muy culta, pero que a la vez llega a ser campeón de dominó y dice que él es la pareja de Pánfilo, en el dominó, para jugar con el doble sentido. 

“Ese personaje tiene un antecedente en uno anterior que yo creé para el programa que tenía Carlos Otero antes de irse y que se llamaba Hércules Varona. A Hércules lo monté a partir de una persona real que yo conocía allá en Baracoa. Él vestía unos mocasines con unas medias blancas con rayas de colores, un short carmelita y un pulóver con un letrero del festival de Varadero 88, un sombrero de guano y una carterita; era cantante de la Casa de Cultura. Luego, yo aprovecho algunas de las cosas de este personaje y lo trato de adecuar a Bienvenido. 

“Aguaje lo creó Antonio Berazaín, uno de los escritores del programa, y es un muchacho llamado Ángel Bueno. El personaje es negativo, pero en el fondo no es un bandolero, sino un raterito de barrio. Yo hice un espectáculo en el Carlos Marx invitado por el proyecto de la Neurona Intranquila y fue muy aplaudido, a la gente ese personaje le encanta. 

“Y Facundo salió sin pensarlo. Como yo había hecho ya 21 personajes diferentes en la televisión, un día necesitaban un vecino y yo no sabía cómo hacerlo; me puse una guayabera y me recorté el pelo parodiando al personaje de Chema en Aida, un show español. Me puse el bigote, ensayé los gestos… 

“Fue una escena que duró 30 segundos y cuando terminé la asesora me dijo: “Tú no sabes lo que acabas de crear”. Entonces le dieron la cuerda del tipo correcto del barrio que viene siempre a pedir dinero para cualquier cosa. He dejado eso de pedir dinero porque hubo un momento en que la gente veía llegar al personaje y me decían: “Mi madre, ahora pide dos pesos”. 

“El capítulo de la leche en polvo fue uno de los que más me han hecho divertir en mi vida porque tú no te puedes imaginar a Facundo vendiendo leche en polvo de Aguaje. Jaime Fors, que es uno de los escritores, vive en España y escribe desde allá, se comunicó conmigo y me dijo: ‘Voy a escribir un programa donde vas a vender una leche en polvo que Aguaje se robó’. Yo le dije: ‘Pero cómo tú vas a hacer eso’, y al final a la gente le encantó. 

“Bienvenido sale menos porque nosotros tenemos cuidado con el tema de la diversidad sexual para no tratarlo de forma que pueda herir a alguien. El otro día nos encontramos con Mariela (Castro Espín) y ella nos dijo: ‘Hay que hacer un programa sobre eso, siempre que sea basado en el respeto y que nadie se sienta mal, pero hay que hacerlo’. Está por salir uno en el que Ruperto pregunta qué se celebra el 17 de mayo y Pánfilo no sabe cómo explicarle”. 

—¿Cuántos programas les han censurado? 

—¿A nosotros? Tres nada más. La gente luego los ha visto en la calle y ha dicho: “Pero si han salido programas más duros que esos”. El primero fue el del Moscovich, pero en ese momento yo no estaba en Vivir del cuento; ese salió por Cubavisión Internacional y todo el mundo lo vio en el paquete porque lo que tú censuras la gente lo busca más. 

“Después, el del turrón, porque la televisión entendió que se estaba haciendo propaganda a un negocio particular, que por cierto antes vendía 10 turrones al día y ahora vende 500. Y el tercero fue el del paquete, que lo llegó a autorizar la televisión cubana pero estaba caminando la idea de hacer un paquete cubano de verdad y ese programa podía parecer una burla. Creo que lo piensan sacar en estos días. 

“El programa de nosotros se ha hecho popular y a la gente le gusta tanto porque criticamos lo que hay que criticar, como hace todo el mundo, como dijo Raúl que hay que criticar y hacerlo bien. Nosotros los hacemos de una forma que no hiere a nadie. Por ejemplo: nosotros hablamos del gerente que vive arriba, no de los gerentes. Cuando yo entré quería hacer un chiste sobre los relojeros que sacan patentes para cambiar pilas y manillas, pero entonces Luis Silva, un hombre con una capacidad intelectual muy amplia, me dijo: ‘Nunca hables de los relojeros en general, habla del relojero de la esquina y ya, para que no se sienta mal nadie’. Así, gracias a Dios, nuestra crítica ha gustado mucho. 

“Es un programa que increíblemente les gusta a los niños de cuatro años y a las personas de 90. Mi niño tiene cuatro años y yo a esa hora no le puedo hablar. Por cierto, el otro día yo salí como Facundo y como Aguaje en la misma escena y él me preguntó: ‘Ay, ¿cómo tú eres dos ahí?’.” 

—¿Nos visitará algún día Luis Silva como nos está visitando usted? 

—Sí, solo que Silva está bastante complicado. Él es un muchacho que tiene una vida muy agitada con tanto trabajo: está en Lucas, tuvo que salir del Canal Habana porque no le alcanzaba el tiempo, los ensayos de Vivir del cuento son diarios… 

—¿Cuánto improvisan los actores en el programa? 

Imagínate que hay veces en que los escritores ven sus programas y no los reconocen. Se han cambiado finales en la escena, a veces los guionistas hasta se molestan porque son un poco celosos con su obra, aunque siempre tratamos de respetarlos. 

También se prepara la improvisación. Creo que Silva le dio un giro de 90 grados a la forma de hacer humor en la televisión. La gente antes —lo digo porque yo lo hice en Jura decir la verdad y otros espacios— para este tipo de cosas grabadas con público, ¿qué hacía? Guardaban los chistes improvisados, ensayaban sin el chiste para en el momento de grabarlo provocar la risa en el estudio y que saliera luego en la grabación. 

Silva me dijo: ‘Nosotros no trabajamos solo para la gente en el estudio, sino sobre todo para la gente en su casa, para el pueblo, y esa risa del público en el estudio no va a salir al aire, porque el éxito de nosotros no está en que se rían en el estudio los técnicos y los camarógrafos, sino que se ría el televidente’. Nosotros montamos, ensayamos y grabamos, pero siempre incluyendo los chistes buenos, y como lo haces tantas veces, cuando se graba ya definitivamente te queda casi perfecto. Entonces sale en televisión y la gente se muere de la risa.sancti spiritus, andy vazquez, humorista, vivir del cuento.” 

—¿Cuánto demoran en grabar un programa? 

—La rutina de producción de Vivir del cuento es: dos semanas de ensayo, una de grabación y una de descanso. En la semana de grabación, de lunes a jueves hacemos cada día un programa, y el viernes, lo que haya quedado de cada capítulo. El viernes es una locura porque puedes llegar a grabar muchos pedacitos de todos los días y es trabajoso. Así han pasado tantas cosas como que yo una vez grabé un capítulo en un tren con (Jorge) Losada, yo iba manejando el tren, y digo: Hay alguien allá abajo; y paro el tren, voy abajo y era Indirita que estaba amarrada en la línea; estoy con ella ahí y cuando subo de nuevo para filmar ese pedazo pasaron seis meses, porque Losada fue de visita a Estados Unidos y ese capítulo se quedó congelado. Cuando Losada regresó hicimos la otra parte”. 

—¿Qué ha sido de Indirita? 

—Ella (Olivia Manrufo) vive en Perú, ahora estuvo tres meses en Cuba porque vino a hacer un trabajo, así que la cogimos y logramos hacer un programa con ella. Tiene una escena en el aeropuerto en que todos nosotros estamos esperándola. Ruperto cuando entró al aeropuerto, como estuvo 20 años en coma, pensó que estaba en otro país. Nos divertimos mucho. 

—¿De quién fue la idea de incorporar a Ruperto? 

—De Silva, de Ruperto (Omar Franco) y del director Ignacio Hernández, que es una de las personas más inteligentes que yo he conocido en mi vida, con un tremendo sentido del humor. Ahora me dieron el Premio Caricato a mí pero Ruperto estaba nominado y yo dije: Ah, eso es de Ruperto. Me lo dieron a mí para que yo no tirara piedras, porque yo teniendo a Ruperto al lado… pero bueno, como su personaje empezó hace unos meses… 

—Grabar en exteriores debe ser muy complicado para ustedes… 

—Sí, los productores casi siempre buscan lugares apartados, sin tanta gente. Un día grabamos en La Habana Vieja y era policía por aquí, policía por allá porque estaba el pueblo completo en la calle. Nosotros nos hemos tenido que ir de locaciones por la cantidad de gente. Es muy bonito para los actores porque la gente lo que quiere es saludarte, darte un beso, pero para el equipo técnico es fatal. 

—¿Cómo es la interrelación entre el guionista, el director y los actores en la práctica? 

—Normalmente el escritor lleva su guion en persona, allí en el trabajo de mesa debatimos, incorporamos opiniones: ¿por qué no se hace esto?, ¿por qué no añadir aquello? El escritor sugiere, nosotros sugerimos, nos ponemos de acuerdo al final entre todos y hay veces en que se viran para atrás los guiones, se reescriben. Al final de ese proceso casi siempre el resultado es mejor, porque el guion queda enriquecido con las opiniones de todo un equipo de 12 personas. 

“Por ejemplo: hay un programa en que sale una vaca que nunca estuvo en el guion original, y fue una idea que alguien dio: ‘Oye, ¿por qué no hacemos algo loco? Vamos a meter una vaca en el estudio’, y el productor dijo: ‘Dale, yo busco la vaca’. Y fue un éxito”. 

—¿Los programas se conservan? 

—Yo creo que sí, que Silva los tiene todos porque él los va archivando. Ahora con la cajita de la televisión digital la gente los graba. Los programas salen el lunes y el martes ya están en Youtube. Hay cubanos de misión en el exterior, otros que viven fuera y que se comunican con nosotros y nos dicen que lo ven. 

“En Miami se ve muchísimo, de hecho, estamos preparando un viaje —de ida y vuelta— pero dice Silva que es increíble cómo lo conocen allá, cuando él ha ido lo han parado para tirarse fotos con él, para que les firme autógrafos. También viajó a Canadá y trajo los videos grabados de la acogida que le dio la comunidad cubana en Toronto y Montreal. Allá sacó un pan: “Miren lo que traigo aquí”. Y la gente se arrebató, le querían dar 50 dólares por ese pan”. 

—¿Qué anécdotas puede contar de la gente en la calle a partir de la popularidad de Vivir del cuento? 

—¿Por la calle? Ay, Dios: gente que me ha preguntado a mí que si ya llegó Aguaje, porque no saben que soy yo mismo. Gente que te ve y quiere que tú hables como Facundo, como alguno de tus personajes, y a mí me da un poco de pena porque soy medio tímido, pero tengo que hacerlo. 

“También me pasó que tuve un personaje en El selecto club de la neurona intranquila que era medio pesa’o, y la gente a veces no perdona, y unos cuantos me dijeron: ‘Oye, deja eso que te está quedando mal’. Ahora con Vivir del cuento, gracias a Dios, todo lo que recibo es positivo. 

“A mí lo que no me gusta para nada es que me pase esto: que una gente en la calle me pare y le diga a otra señalando para mí: ‘¿Tú no sabes quién es él?, ¿tú no sabes quién es él?’. Y el otro ahí sufriendo sin reconocerme, y el tipo insistiendo: ‘Mira pa’ acá, dime, ¿sabes quién es?’. ¡Que no sabe quién soy, compadre! Y de pronto me dice: ‘Dile quién tú eres, háblale como Facundo’. Es una situación incómoda. Los niños te reconocen más que las personas mayores. Tú los ves que dicen: ‘Mamá, ese es Aguaje’. Aguaje, que es el malo de la película y que lleva patilla y gorra, así que no sé ni cómo me reconocen”. 

—¿En qué momento Andy Vázquez se descubre como humorista? 

—Desde niño. Un primo mío me dice que yo siempre estaba haciendo monerías para que la gente se riera, yo viraba los ojos, que ahora no lo puedo hacer ya, para hacerme el cómico. Nos mudamos de Baracoa para La Habana —por cierto, los dos hijos míos los he hecho en La Habana y los he llevado a nacer a Baracoa—, y empecé a estudiar Construcción Civil; en esa época había que estudiar asignaturas de educación artística y yo escogí teatro. Entonces el profesor me escogió a mí y a un mulato amigo mío para que representáramos la Protesta de Baraguá. Yo hacía de Martínez Campos y él era Maceo en uno de esos matutinos en que había que representar el hecho. Cuando nosotros nos paramos frente a la escuela, ya la gente nos conocía y nada más que nos vieron salir, aquello se cayó abajo. Al final nos regañaron porque decían que habíamos provocado la risa, pero nosotros lo hicimos todo bien, fue la gente la que se rió. Y el director dijo: ‘No, no, ustedes para lo que sirven es para cómicos’”. 

“Allí empecé, tomé clases de actuación para hacer obras serias, integré un grupo de artistas aficionados en el que éramos cuatro y nos llamábamos Los Tres. Trabajábamos mucho en cabaret, nos vestíamos de mujer y nos tirábamos encima de la gente; yo pensé que eso era el humor, hasta un día en que vi una obra muy buena en el teatro y me dije: ‘Ño, qué lindo esto, no hay que vestirse de mujer, no hay que tirarse encima de la gente’. Y empecé a tratar de mejorar. Después formé parte de Onondivepa a partir del año 2000 y ya en el 2004 me separo y empiezo a trabajar solo, empujado por Gustavito y Antolín que me decían: ‘Tú tienes que ser solista’. De ahí para acá les he hecho caso”. 

—¿Cómo llega a Sancti Spíritus? 

—El productor llevaba tiempo diciéndome: “Oye, la gente de Sancti Spíritus quiere que vayas por allá, me están insistiendo”, y para mí es un honor que eso pase. En La Habana no he tenido el valor, y creo que todavía no lo tengo, para presentarme solo en un teatro porque tengo miedo de que no vaya a verme nadie, pero yo me he presentado en Pinar del Río solo y se ha llenado el teatro, y no es fácil porque yo pienso que no va a ir nadie. Llegar a un teatro, verlo vacío, irte para el camerino a prepararte, virar y encontrar el teatro lleno de gente que viene por ti, eso es algo que reconforta enormemente.

 

 

 


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