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Jonder Martínez, por los Cocodrilos y Yoalkis Cruz, en la lomita de los Piratas, serán los abridores de mañana, bajo la mística del quinto juego de este domingo.

El béisbol es un libro que se escribe diariamente, es pecado darlo por terminado cuando aún quede una página en blanco. Esa es la lección que ha de sacar Isla de la Juventud para sellar el cuaderno de la semifinal e incluirse por primera vez en la disputa del cetro beisbolero de la Mayor de las Antillas. A los yumurinos les queda mucho más por escribir y por supuesto, a esta altura son cuartillas bien complejas de leer.

Así terminaba mi nota ayer tras el cuarto partido de esta semifinal, ganado por la Isla, con el cual ponía la serie a su favor 3-1 y obligaba a Matanzas a no ceder en lo que resta de cotejo.

Y es que este deporte se vive como la vida misma, un día no es igual al otro, aunque los de los yumurinos desde el domingo son cada vez más tensos, pues los pineros han puesto delante una alacena llena de voluntad para multiplicar sus cualidades e impedir que un adversario como los líderes de la campaña pudieran desplegar su agresivo juego en toda su magnitud.

Matanzas pasó tres días, los de sus reveses consecutivos con anémica ofensiva de 219 (25 jits en 114 turnos); errática defensa de 946 (ocho errores en 139 lances) y un pitcheo, de 3,48, que si bien fue mejor que el de sus adversarios, sufrió por el pésimo respaldo al campo de sus jugadores.

Sin embargo, en el desafío de ayer, cuando no tenían un mañana más, el día en que era obligado ganar, pegaron 17 imparables, incluyendo seis dobles, un triple y dos jonrones. Y como si fuera poco, octavo y noveno, produjeron de 8-4 para apuntalar a un efectivo Yoanni Yera, que dejó sin marcar a los anfitriones en seis y un tercio.

Los rojos yumurinos consiguieron así su segunda victoria, otra vez por KO, ahora de 13-0 y alcanzaron llevarse la semifinal de nuevo al Palacio de los Cocodrilos para seguir soñando en grande. Los Piratas tampoco quieren quedarse sin el parche en el ojo. ¿Cómo se pueden ganar tres partidos tan peleados y perder dos por paliza?, le preguntamos a José Luis Rodríguez Pantoja, director insular.

“No todos los juegos son iguales, no todos los lanzadores son Danny Aguilera o Héctor Mendoza, esa son unas de las razones”. ¿Hay otras?, le pregunté. “Estamos frente al mejor equipo de la campaña, lo cual no quiere decir que nos entregamos ni mucho menos, pero si las barridas son difíciles, ante los matanceros son todavía más engorrosas”, afirmó.

Lo primero que me dijo su rival fue, “aunque no lo creas tengo las baterías descargadas” ¡Descargadas tú! No le oculté mi asombro a Víctor Mesa por su expresión. “Tres derrotas de la manera en que la sufrimos no estaban en ningún cálculo, fue muy tenso pasar por esos tres días, pero estamos tranquilos”, aseguró.

Le hablé de la falta de un hombre que se echara al equipo arriba, más allá de los atributos de muchos de sus jugadores. “Es difícil, pero aquí todos tienen su responsabilidad y se les dice, se perdió porque usted no hizo aquello, porque le faltó llegar, porque no cumplió con su rol. No puede ser que le conectes a cualquier pitcher con facilidad en la fase regular y llegues a esta y no hagas lo mismo. A este oponente de nueve encuentros, les vencimos en siete, cómo entonces no saber qué hacer ahora. Y fíjate, yo felicito a los pineros, han jugado una pelota como a mí me gusta, agresiva, sacándole provecho a todo”, sentenció.

Ambos mentores anunciaron a los mismos lanzadores que emplearon en el segundo duelo, el pasado miércoles 25. Jonder Martínez defenderá a los rojos y Yoalkis Cruz a los pineros. Los dos estarán bajo la mística o el embrujo de este quinto partido, que da ganador en más de un 80 % en una serie de siete choques al que coroné ese duelo. Cruz tendrá la misión de que no se cumpla y Martínez la de seguir —vista ya la luz— adelante para salir de la cueva del pirata donde se han sumergido los cocodrilos.

Matanzas e Isla de la Juventud han llevado su semifinal más allá de las fronteras, han hecho vivir a la geografía nacional días de intensos sentimientos, aunque no podemos decir que haya brillado el béisbol ni en perdedores ni en ganadores. Pero lo que parecía que se acaba aquí el domingo, continúa mañana en el Victoria de Girón y no bajo el sol sino con las estrellas de sombrillas y en el campo.

(Fuente: Granma)