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Por Luis Machado Ordetx


Guido Emilio de Armas Bermúdez, el periodista bohemio del centro de Cuba, falleció este martes ya octogenario, en Santa Clara. Allá en los primeros lustros de los años 70 del pasado siglo se incorporó a la redacción de Vanguardia, y desde la página cultural asumió con un estilo desenfadado los principales acontecimientos artístico-literarios que transcurrieron en al antigua provincia de Las Villas.

A partir de ese momento acuñó el seudónimo de Giovanni para rubricar los textos que aparecieron en el diario, y luego en las emisiones radiales que ofrecían los servicios de la Agencia de Información Nacional (AIN) o CMHW, redacción en la cual laboró luego de la jubilación profesional a finales de 1990 cuando decidió tomar un alto en el universo periodístico.

En 2013, junto a sus colegas de Vanguardia: Mercedes Rodríguez García, Nelson García Santos y Luis Machado Ordetx. Momento del agasajo a De Armas Bermúdez por su condición de fundador de la UPEC en Villa Clara. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

La formación profesional surgió de la mano del padre, Rafael, y del hermano Emilio, integrantes de las nóminas de La Publicidad, El Pueblo y El Villareño, rotativos existentes en la región durante la segunda mitad de los años 40 del pasado siglo.

En todos los sitios consumió Giovanni parte de su juventud, y su formación autodidacta lo llevó, fundada la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, al departamento de Relaciones Culturales de la institución docente. Allí hizo boletines de divulgación académica estrechó vínculos con los estudios folklóricos y aparece registrado entre los animadores iniciales de Islas, la revista dirigió Samuel Feijóo.  

En Vanguardia, de la pluma y el olfato periodístico de Guido de Armas Bermúdez, los lectores conocieron en 1970 de los sucesos del primer Festival Internacional de la Canción de Varadero, y del universo del filing, la trova tradicional y el bolero, así como de la vida nocturna que acontecía en los cabarets villareños, centros desde los cuales ramificó las presentaciones de Marta Estrada, Meme Solis, Argelio García (Chaflán), o las orquestas Venecia y  la jazz-band de Armando Romeo, entre sus ídolos favoritos.

Hablaba entusiasmado del béisbol de los años 40 y de los estadios habaneros, a los que acudió en compañía del tío paterno, uno de los gerentes del Almendares Park. También dialogaba sobre otras confrontaciones deportivas, o comentaba sobre aquellos enfrentamientos bélicos en Playa Girón y la Limpia del Escambray, territorios en los que estuvo en calidad de soldado.

De sus polémicas con José Marcelino Castillo (Harold Lloys), Roberto González Quesada, el Patriarca del periodismo villaclareño, así como de Otto Avilio Palmero Rodríguez, o Juan José Pérez Palmero, los inseparables colegas, a quienes, vaso en mano, los escoltó en las barras del Maga Bar, El Louvre, o el 1830, en Santa Clara, hay infinidades de anécdotas. Allí iban los periodistas, escritores o artistas a ingerir algún que otro licor y conversar sobre los sucesos culturales del momento.

A esa generación llegamos después, allá en los años 80, otros colegas que, jóvenes, convertimos la redacción de Vanguardia en un hervidero de diálogos y conocimientos.  Ya entonces Guido Emilio de Armas Bermúdez se desempeñaba en la corresponsalía de la AIN en Villa Clara, y después de las cinco de la tarde, entre coberturas de prensa, dejó un instante para la tertulia o compartir un sencillo trago de ron mientras elucubraba algún artículo histórico y cultural, temas que incluyó entre sus pasiones fundamentales de investigación o divulgación.

Con vestimenta a la antigua, siempre en perfecta combinación, de hablar pausado, y cabello lacio, negro y engominado, muchos de los colegas que tuvimos la posibilidad de conocerlo y disfrutar de su palabra elocuente, precisa, y de consejero, encontramos en Giovanni, como solo ya lo normaban algunos pocos, un referente cultural.

La mañana de este martes, cuando lo sabía enfermo por el agotamiento físico, y llegó temprano la noticia del fallecimiento, por supuesto, hubo un estremecimiento, y busque aquellas anécdotas en las cuales siempre primó el esclarecimiento y el consejo por colocar en primer orden el verdadero dato sobre la historia de nuestra cultura cubana.

Allá en su barriada de La Pastora, lugar en el cual nació junto a la legendaria iglesia de igual nombre, fue el sitio de recordación permanente que tuvo De Armas Bermúdez de  aquellos años de adolescencia.

Por allí correteó en la plazoleta que conserva el monumento al patriota Miguel Jerónimo Gutiérrez, y también intimó con Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor, o con Severo Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas, y el ir y venir por redacciones de los principales periódicos de la ciudad de entonces, donde disfrutó de los periodistas mayores y de los universos por recrear la realidad cubana o foránea desde la objetividad y la imparcialidad del que mira una historia cotidiana.

Se fue a otro lugar del mundo el fraterno Guido Emilio, Giovanni, y descansa siempre en paz en la mirada permanente al periodismo cubano.

Así lo recordó Jesús Díaz Loyola en su página de Facebook:

"Hace unos días lo rememorábamos el colega José Antonio Fulgueiras y yo. Hay una décima suya que le recordará toda la vida con esa peculiar y suspicaz manera de Fulgueiras para caracterizar en verso a los exponentes de nuestra generación:

"Me gusta el cielo cubano Cuando la tarde declina Me gusta ver a SabinaCon una jaba en la mano.Me gusta escuchar a RuanoHablando lo que no es cierto,Me gusta ver a RobertoManotear enfurecidoY me gusta ver a GuidoDándole una tunda al Muerto»Nota: ”El muerto" como recordarán los colegas de mi tiempo es Nelson García, y Guido, nuestro irredimible Guido de Armas que desde hoy ya no está “cuando nos emborrachábamos toda la noche con aquel placer justificado de la peña, le caía a pescozones a Nelson —recuerda ’El Fulgue’— y Nelson más borracho que Guido no se defendía y solo lo que hacía era gritar".Me quedo con los años más adorables de Guido, los de las ocurrencias y las enseñanzas del oficio que nos curtió, pero de esto le escribiré otra crónica. Hasta siempre Guido, "Armitas" nuestro. Hoy nos tocaste el alma, pero no dandole una bofetada a Nelson, porque ahora eres tú el que desgraciadamente estás muerto.