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Por Mercedes Rodríguez García

La segunda edición de «Revolución, Socialismo y Periodismo: La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI», de Julio García Luis (Sagua la Grande, 1942-La Habana, 2012), ya se vende en la 24 edición de Feria Internacional del Libro, en La Habana.

Parecía que iba a dormir el sueño de los justos desde que su publicación fuera recomendada por el tribunal calificador de aquel aplaudido ejercicio académico, que le valió a su autor el título de Doctor en Ciencias de la Comunicación, en 2004.

Pero nunca es tarde si la dicha es buena, ocho años después, publicado por la editorial Pablo de la Torriente Brau, de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)— «Revolución, Socialismo y Periodismo…» fue presentado por primera vez en el IX Congreso de la UPEC, celebrado los días 14 y 15 de julio de 2013.

Entonces —como ahora en la Feria Internacional del Libro, en La Habana —  su presentadora, la colega Rosa Miriam Elizalde, editora y prologuista del texto, reconoció que no se trataba de un libro tardío, pero que no debió esperar al final del pasado siglo ni tampoco a los años que ya hemos avanzado de este XXI».

Y argumentó: « (…) sobre todo, porque es un libro que ya estaba escrito. Solo faltaba ponerlo en blanco y negro. Con todo y ello ¿por qué tan larga espera?». Me imagino el (los) argumento (s), y no creo que la dilación obedeciera entonces a causas editoriales, ya que en el transcurso varios textos salieron de la Pablo de la Torriente, y también otras casas editoras afines , incluso fuera de plan, y con premura.

Sucedía que el catalejo (el de la canción del dúo Buena Fe) seguía enfocado 180º al «más allá» y no hacia el interior de esta Isla nuestra, bella y heroica de cada día.

Ahora, Rosa Miriam pide que abracemos esta segunda edición, y se siente privilegiada porque «posee la copia digital, todavía con el rótulo que él le puso en enero de 2012, en la víspera de su muerte, y no hay día en que no surfee en ella con el buscador de mi laptop»… Lo mismo que yo hago, pero remando sobre el ejemplar de papel a falta de tablet o cualquier otro miniequipamiento electrónico portable.

En el libro «descubrimos cada vez nuevas aproximaciones a temas muy complejos de las Ciencias Sociales y a otros, ya bastante llevados y traídos entre nosotros.  En cualquier caso, Julio es una brújula en medio de la confusa sobreabundancia de información y en tiempos de Internet, de “Paquetes” semanales y redes jíbaras», como bien apunta Rosa Miriam.

Ella, que tuvo por años muy cerca a Julito, el Maestro, no puede escapar del influjo de este extraordinario hombre que aún físicamente ausente continúa dándonos lecciones de vida y compostura. De ahí, que más que una presentadora se haya comportado como una alumna agradecida o una buena amiga.

Y como ella misma dijo, «se supone que un presentador les recomiende la lectura del volumen que tiene en sus manos. Es lo que me ha pedido la Editorial Pablo de la Torriente, de la Unión de Periodistas de Cuba. Bien, compren el libro porque es inteligente, documentado y rotundo, pero hagan algo más: abrácenlo porque tendrán en sus manos la vida de un periodista genial, de un investigador sin el que no se puede interpretar la cultura cubana del último medio siglo, y de un padre, amigo, esposo y maestro inolvidable. Abracen este libro, abracen a este hombre bueno».

Yo hubiera recomendando, además —y ante los numerosos periodistas presentes— hacer lo que Julio propone en su texto, si es que de verdad luchamos por una sociedad próspera y sostenible, a la que mucho aportará un modelo de periodismo que informe de manera, oportuna, veraz y lo más amplia posible, afianzado siempre en valores humanos básicos como la dignidad, la justicia, la solidaridad y el apego a la verdad.

Y no creo se trate de reinventar, sino cambiar ese tan llevado y traído paradigma comunicacional basado no solo en la teoría sino en las realidades del país y del mundo, apoyado en la movilización de la opinión pública y en la fuerza política y moral que ella es capaz de ejercer. En otras palabras, un modelo comunicacional de servicio público que ayude a sustentar derechos y libertades ciudadanas —reconocidas constitucionalmente—, y con los cuales está estrechamente ligado el periodismo.

Desde estos ángulos, el libro de Julio no solo recupera el desdeñado acento del periodista cubano y su dignidad, sino que renueva y vigoriza las opiniones morales y políticas que  hoy angustian al sector, pero que pienso —y así lo ruego a los santos apócrifos culpables de tantas penurias y  desasosiegos— deberán ir desapareciendo más temprano que tarde.

Ya todo o casi todo, se ha dicho y redicho. Lo que faltaba, nos lo deja Julio por escrito. Mas, siempre habrá ciegos que no quieren ver y sordos que no quieren oír. A esos, tendremos que pasarles como una aplanadora por encima, y no continuar esperando a que sea  la historia  quien les pase la cuenta. Sus deudas son impagables y no tienen absolución posible.

Con su experiencia académica, afianzada en el más legítimo y auténtico magisterio normalista y en el sostenido ejercicio reporteril, Julio García Luis sostiene que «solo una prensa más libre, cubana y autorregulada» puede llegar a convertirse en ese «can guardador de la casa paterna» del que habla Martí refiriéndose al periodismo. Y solo será así «en la medida que vigile, indague y alerte con suficiente autonomía, que trabaje sin temor y de modo responsable».

Son muchos, muchos, los postulados contenidos en este texto que tienen para los del gremio una concreción palpable en el día a día de nuestra profesión. Sin embargo su gran valor no radica en decir lo que no hayamos dicho nosotros mismos, sino —como dijera Omar George Carpi—«en el sustrato conceptual y teórico que nos aporta para explicarnos mejor el por qué de nuestras frustraciones y de nuestras expectativas».

Al respecto es bien clara la dedicatoria de Julio. «A las compañeras y los compañeros del gremio: lo que hemos conversado tantas veces».

Reitero, nada que desconozcamos, ni que no hayamos padecido, ni que no constituya tema de tertulias o corrillos en las redacciones o en los encuentros formales e informales entre colegas.

Y es Omar —miembro del Comité Nacional de UPEC—  quien me refresca la memoria al referirse concretamente  al origen de esta cita, y que no es otro que la intervención de Julio en el VI Encuentro Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre, celebrado en Cienfuegos, en noviembre  de 2011, apenas dos meses antes de su fallecimiento (La Habana el 12 de enero de 2012).

Transcribo textualmente: «Ustedes saben, igual que yo que nadie va a llegar un día a decirnos: hasta ayer, llegaron hasta aquí; a partir de hoy, van a llegar hasta acá. Eso no existe y nunca existirá. Nadie hablará por nosotros. Nadie hará lo que nos toca hacer a nosotros. Tendremos lo que nos ganemos, lograremos lo que nos merezcamos, dispondremos del espacio que sepamos ocupar. En el mundo del poder no se regala nada y nada viene por añadidura. Ideas, prácticas y hechos son los únicos que pueden movernos hacia delante».

Así lo dijo Julio entonces y así está sugerido en su obra póstuma al referirse a las potencialidades para generar un mejor periodismo, capaz de cumplir una función más eficaz de legitimación y fortalecimiento de nuestro socialismo».

Idea de Omar a la que me sumo, es la capacidad  de Julio para fortalecernos con elementos de juicio indispensables para el conocimiento y la acción, dignificándonos como  profesionales, en momentos en que la autoestima no es precisamente un sentimiento muy arraigado en el sector. Nos reafirma algo que se supone sepamos pero que a veces olvidamos: el deber principal de un periodista es producir información según criterios profesionales.

Y Nunca será así mientras que sigamos esperando a que nos digan lo que debiéramos decir nosotros. Hay cosas que nadie puede decir por nosotros, porque corresponden al discurso de la profesión.

¿Cuál es el deber elemental de un periodista si no cuestionar lo que la población cuestiona y preguntar lo que el pueblo pregunta a quienes están en la obligación de responderle, en virtud de sus responsabilidades públicas, con total transparencia?

Por eso, el libro de Julito nos hace, en verdad, mucha falta. Sin embargo, por sí solo no va a mover conciencias ni sensibilidades a favor de un mejor periodismo. Ese complemento tendremos que ponérselo nosotros con nuestra actuación y, si es necesario, hasta con nuestra intransigencia.

Ojalá que llegue a muchos más actores, y sobre todo a quienes en cumplimiento de otras funciones se relacionan con el quehacer de la prensa. Ojalá que este libro cada vez más deje de ser teoría para convertirse en práctica.

Como afirmara el miembro del Buró Político y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura del IX Congreso de la UPEC; «Se necesita mucho de la prensa cubana para construir un socialismo próspero y sostenible».

Para los periodistas y comunicadores en ejercicio, para estudiantes de periodismo y de comunicación social, el texto de Julio García Luis constituye más que lectura obligatoria, manual de estudio y consulta permanente.

Esperamos que el mejor libro que García Luis nos dejó esté presente en la Feria del Libro en Villa Clara, y a un precio asequible en honor a la modestia, la dignidad, la honestidad, la fidelidad y el genio de ese Doctor ido antes de tiempo, y al que invariablemente seguiremos llamando Julito, ese profesor, amigo y revolucionario a quien abrazo todos los días.