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9:07:44 a.m.

Por Norland Rosendo

Quien fuera uno de los más destacados árbitros cubanos, Luis César Valdés, al término de la Serie Nacional de Béisbol 52 se había quitado el traje negro que usan los jueces. Fue una decisión que generó mucha polémica.

Pero César dejó claro que seguiría en la pelota. Era una suerte de juego inconcluso y en esas circunstancias podía pasar de todo. Desde el toque de bola inesperado que representó su aparición como comentarista deportivo de la emisora provincial CMHW de Villa Clara, hasta el jonrón con el que se puede comparar su designación ahora como “jefe del grupo multidisciplinario” que reordenará el béisbol en esa provincia, tras el descalabro de su equipo en la actual temporada.

De cantar jugadas, a contarlas en la radio

Cuando empezó la Serie Nacional 54, una nueva voz se sumó al dueto de narradores de la CMHW. Luis César actuaría como comentarista, un analista de lujo para explicar las reglas, las jugadas. La novedad contribuiría mucho a elevar la cultura de los aficionados sobre el deporte de las bolas y los strike.

—¿Cómo surgió la idea?                         

—Debo decir que la iniciativa tuvo la intención de aportar algo nuevo a las narraciones deportivas en Cuba, ya que no existe la literatura necesaria para que nuestro pueblo sepa de reglas. Es ver el béisbol desde otro ángulo, diferente al del arbitraje. No te imaginas cuántas cosas pueden suceder en una cabina de transmisión en vivo.

Fue una gran experiencia animada por el destacado narrador Normando Hernández, a quien le doy las gracias por la ayuda y su profesionalidad. Él, como yo, es de los que dice la verdad, aunque duela.

—¿Primera vez que incursionabas en ese oficio?

—Francamente no, ya lo había hecho en Nicaragua, pero en televisión. El directivo del béisbol de ese país, Carlos Rey, también comentaba para el Canal 4 y me invitó a acompañarlo. La TV es diferente, tienes las cámaras ahí y puedes monitorearlas desde la cabina. En Cuba sí fue mi debut. En la radio debes explicar más para que el oyente comprenda bien la jugada.

—¿Y qué repercusión tuvo el proyecto?

—Lo que nos ha llegado por diferentes vías, incluida la gente que nos aborda por la calle, es positivo, de aliento, de elogios, aunque no han faltado las recomendaciones y sugerencias para perfeccionar el trabajo. La emisora de Villa Clara tiene mucha audiencia en el país.

—¿Satisfecho entonces?

—Se puede hacer mejor, pero sí, fue una buena experiencia, sobre todo porque ayuda al béisbol. Es una lástima que se haya acabado tan rápido la Serie para el equipo de Villa Cara.

—¿Muy difícil desprenderte del rol de árbitro?

—Yo sabía que mi carrera como ampaya no iba a ser como la de los demás colegas, tenía en mente darle un freno porque ya había llegado al techo del arbitraje en el mundo. Trabajé en Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales, en el Clásico Mundial y en muchas series nacionales. Todo lo que soy se lo debo al deporte, al béisbol específicamente.

“No me retiré con las mejores opciones porque todo el mundo sabe cómo fue y las razones que me llevaron a tomar esa decisión en aquel momento. Pero siempre dije que me iba del arbitraje, no de la pelota. Y así apareció la idea de la radio y otras propuestas que vendrán… y que sé que las podré cumplir con la misma entrega y profesionalidad. Confío en Dios”. 

El arbitraje visto desde la cabina

—¿Crees que hayan mejorado las condiciones de los ampayas desde tu retiro de esa profesión?

—Todavía no tienen el apoyo que merecen y requieren. No se acaba de crear la asociación de arbitraje, independiente de la Comisión Nacional de Béisbol. Y repito lo que siempre he dicho, no se puede ser juez y parte a la vez. Hasta que los árbitros no dejen de estar subordinados a los directivos encargados de la parte técnica de la pelota será difícil que la situación mejore.

—Vayamos por partes, analicemos jugadas, situaciones que se han dado. ¿Qué te pareció la decisión de decretar jonrón el polémico batazo de Yulieski Gourriel en el Latino en el juego contra Pinar del Río durante la primera etapa de la actual Serie?

—Pésima decisión. Todo se hubiera evitado si hubieran ratificado el veredicto del árbitro mejor posicionado. Con esa toma de la cámara era muy difícil establecer si era o no jonrón, entonces debió aplicarse lo que se dijo en el congresillo técnico: que en situaciones de duda se mantendría la decisión arbitral.

—¿Consideras entonces que la aplicación del vídeo para decidir en determinadas jugadas no ha sido todo lo beneficiosa que se pensaba?

—Hay varias aristas que tomar en consideración en los análisis. Primero, hay que decirle a la afición que las condiciones tecnológicas no son las ideales. Por ejemplo, en los juegos en el extranjero se emplean más de 15 cámaras; nosotros, a duras penas, utilizamos cinco o seis. Ya eso es un problema. Segundo: deberían ser árbitros de nuestras series nacionales los que vean las cámaras y decidan las reclamaciones. En el mundo sucede así, es lo correcto. No hacerlo así me parece una falta de respeto y de confianza con nuestros imparciales. Lamento mucho además que se haya dado esa situación con Alfonso Urquiola, excelente persona y muy buen director, que no había tenido acto de indisciplina hasta ese momento. Ojalá se sea así de intransigente con todos los infractores a partir de ahora, sean quienes sean.

—En la Serie pasada se dio también una situación inaudita cuando fue expulsado de un juego un árbitro, Loren Lobaina, por expulsar a un lanzador…

—Esa ha sido la falta de respeto más grande que ha existido en el béisbol cubano, eso no se había dado nunca. Donde único ocurre un hecho así es en los juegos de placeres, pero en la pelota organizada, nunca. Que alguien desde su oficina pudiera llamar por teléfono a un estadio de otra provincia y mandar a quitar a un árbitro en el medio del partido por haber expulsado a un lanzador, eso es increíble, una violación total del reglamento. Y mayor falta de respeto aun es decirle que lo ibas a cambiar de posición. Por suerte, el hombre tuvo hidalguía y dignidad y dijo: “si no es en home me voy”, y se fue.

—¿Qué hubiera hecho usted de ser el árbitro?

—A mí no me saca nadie del terreno, y después podrían haber venido las sanciones, pero en medio del juego quitarme o moverme de base por decisión de alguien desde La Habana, jamás.

—También sucedieron los hechos de Matanzas, donde Ramón Lunar salió lesionado y Freddy Asiel se salvó por un milímetro.

—Ese fue otro hecho triste, que forma parte de una escalada de acontecimientos deplorables por falta de disciplina en la pelota cubana.

—¿Y crees justas las sanciones tras el incidente?

—Debo decir que en ese momento no existía en la Comisión Nacional ningún comité de apelación. Mandaba una sola persona y se hacía lo que él quería. Sé que era así porque trabajé en esa instancia y por esa razón la abandoné.

—¿Por qué consideras que los directores y jugadores no saben todo lo que deben de reglas y arbitraje?

—No solo saben poco los directores y jugadores; tampoco los entrenadores, los técnicos y profesionales recién graduados de las universidades deportivas conocen a fondo el tema. Del béisbol se estudia solo el componente técnico, casi nada de la parte arbitral. Si acaso, le pasan por encima al libro de reglas pero todo muy superficial. Debería haber libros especializados para venderle, incluso, al pueblo.

—Hablemos un poco del estado actual de la pelota cubana.

—No está en un nivel alto, imagínate que para ganar los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz hubo que mandar a la selección principal con todas las estrellas. Es verdad que había sed de victoria, hacía tiempo que no se ganaba ningún torneo internacional importante, pero ese equipo no puede salir a todas las competencias. Hay que variar.

—Parecía que después del segundo lugar en el primer Clásico Mundial el béisbol cubano iría en ascenso. ¿Qué pasó?

—Parecía, pero no fue. Fidel tuvo luz larga. Cuando regresamos de aquella competencia nos dijo que el béisbol en el país debía ser uno antes y otro después del Clásico. Explicó cosas muy interesantes. Él estuvo todo el tiempo al tanto del entrenamiento. Pero sus palabras no encontraron oídos receptivos en los dirigentes de ese deporte en Cuba. Es como si hubieran engavetado aquel discurso. 

—¿A qué se refirió Fidel específicamente?

—Habló de fortalecer el béisbol, del famoso entrenamiento en una guagua, de que no era posible que el equipo nacional no tuviera un campo de entrenamiento propio, un lugar para hacer pesas. Algo inconcebible. Recorrían 70 kilómetros diarios desde el sitio donde estaban alojados hasta el Latino y después hasta la sede de la Policía Nacional para hacer las pesas. De todo eso habló Fidel, pero nada se tuvo en cuenta después, y el béisbol cubano, lejos de avanzar, retrocedió, y bastante.

—Afortunadamente, se ha rescatado el salón de la fama del béisbol cubano y en la exaltación más reciente se incluyó a un árbitro, un paradigma de ampaya, Amado Maestri. ¿A quiénes más sugieres que deban valorar en el futuro?

—Muy justa la exaltación de Maestri. Él es el modelo, el ejemplo de profesionalidad, entrega, rectitud, disciplina. Creo que merecen similar puesto otros hombres que también fueron excepcionales en el ejercicio de esta difícil profesión, entre ellos Alfredo Paz, Nelson Díaz, Iván Davis, Raúl Hernández...

—Concluyamos entonces con el tema caliente de los últimos días en Villa Clara y un poco más allá. Apenas llegué a la provincia me lo comentaron varios aficionados y hasta algunos peloteros, que usted es uno de los nombres que se valora para dirigir al equipo de los Naranjas en la próxima temporada. ¿Es cierto?

—Es muy lamentable lo que le sucedió a Villa Clara este año. Habrá cambios en la dirección del conjunto y contamos con técnicos capaces que pueden asumir esa responsabilidad. No obstante, es una posibilidad. Lo único que te puedo decir es que donde esté Luis César Valdés habrá disciplina y orden.

—¿Conoces de algún árbitro que haya dirigido también?

—El matancero Gerardo Sile Junco. Quien, por cierto, me auguró un buen futuro en el arbitraje cuando yo empezaba.

Pero árbitro, comentarista y manager, debes ser, al menos, el primero en Cuba.