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Por Mercedes Rodríguez García 

¿Fue una larga espera o una espera infinita de sol? 

En el encierro el deber se vuelve luz; y luz, el amor infinito a la familia, a la Patria, que persiste en un extraño reposo turbulento ante la justicia violada. Y luz, las voces pidiendo libertad desde los cuatro confines. Y luz, mucha más luz, la promesa de un Jefe que anda y desanda de memoria el pensamiento martiano: «Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército». 

Ellos siempre lo supieron, y sellaron un pacto con la historia que fue acatar el silencio para, desde las sombras, preservar la vida de sus compatriotas, salvándolos del terror y de la muerte. 

Lo sabían. El corazón les iba en medio del pecho, y bien al centro, la compostura del hombre que arriesga todo por sus ideales. 

Soportaron. El juicio amañado, la rudeza del hueco, a verdad manipulada y la mentira tarifada. Y fue Martí ambién quien les acrecentó la paciencia: «En la justicia no cabe demora: y el que dilata su cumplimiento, la vuelve contra sí». 

Lucharon. Ejercitaron el cuerpo y la memoria para vencer el hastío, acorralar la rabia, disipar los dolores y acrecentar los recuerdos: el padre, la madre, los hijos, los hermanos, los sobrinos; los amigos y vecinos, que desbordaron el barrio e inundaron el archipiélago. 

Regresaron. Dos, cumplidas sus condenas. Primero, René. Y Cuba se volvió un abrazo. Luego, Fernando. Cuba seguía luchando por los Cinco. Raras matemáticas, pensarían. Pero entre Héroes la cuestión no es numérica, sino de astros, que son cinco las puntas, o no es estrella. 

Por eso tanta luz cuando las voces elevadas desde os cuatro confines acrecentaron la esperanza de tener también entre sus hijos a Gerardo, a Tony, a Ramón. 

Entonces, ¡Cuba fue un sueño! Un sueño acrisolado en el amor y la capacidad de resistencia de una nación que se respeta. 

Vencieron. Vencimos. Volvieron. La Patria los contempla orgullosa. La luz irradia de oriente a occidente. 

No, no fue una larga espera. Fue una espera infinita de sol. De un sol indeclinable y bravío bajo el cual Cuba vuelve a levantarse, en la cumbre de América, para todos los tiempos.